1 Introducción
1.1 Preliminares
La Comunidad Autónoma Vasca (CAV), que denominaremos también País Vasco,1 se sitúa en el norte de España, a orillas del mar Cantábrico. Limita con las comunidades autónomas de Cantabria al oeste, Castilla y León al suroeste, La Rioja al sur y la Comunidad Foral de Nafarroa/Navarra al este. Su límite noreste lo establecen los Pirineos, en la frontera con Francia. La CAV abarca una superficie de 7234,8 km2. Su población alcanza en la actualidad más de dos millones de habitantes (EUSTAT 2012a), esto es, el 4,6% de la población española. Los tres territorios que la conforman son Araba/Álava (3037,3 km2), Bizkaia (2217,2 km2) y Gipuzkoa (1980,3 km2) (EUSTAT 2011).2 La densidad de población es muy desigual y diverge mucho en cuanto a su dispersión tanto intraprovincial como interprovincial. El municipio de Portugalete (Bizkaia) posee la mayor densidad de población, con 14.829,6 habitantes por km2. Arraia-Maeztu (Araba/Álava) registra la menor densidad, con 5,9 habitantes por km2.
Durante los años transcurridos desde el fin de la dictadura franquista (1939–1975), pasando por la transición española (1975–1979) hacia la democracia, la situación política, social y lingüística del País Vasco ha sufrido un cambio esencial. No queremos repasar toda la historia común del castellano y el euskera en las provincias de la CAV,3 dado que constituye un tema demasiado amplio para abordarlo en pocas líneas. Además, dichos aspectos han sido frecuentemente tratados, sobre todo desde la perspectiva del euskera.4 El presente estudio busca, más bien, destacar algunos aspectos relevantes.
El castellano y el euskera coexisten en el territorio vasco desde la incorporación de las tres provincias Araba/Álava, Bizkaia y Gipuzkoa al reino de Castilla y León en el año 1200, hecho que favoreció la expansión del castellano frente al euskera. En un primer momento, el castellano se empleó únicamente como lengua de comunicación escrita,5 sustituyendo al latín; no olvidemos que el euskera fue, hasta el tardomedievo, una lengua empleada casi exclusivamente para la comunicación oral.6 Más tarde, el castellano se convirtió en la lengua hablada de las élites sociales, políticas y mercantiles, especialmente en las grandes villas urbanas, como fue el caso de Bilbao, Donostia-San Sebastián y Portugalete. La razón la encontramos en la necesidad de emplear el castellano para comunicarse oralmente y por escrito con las instituciones del gobierno central, cuyos empleados procedían de otras zonas del reino. Poco a poco, el castellano fue ganando terreno también en las áreas rurales, al convertirse en la lengua vehicular de la comunicación escrita oficial de la Administración. El euskera siguió funcionando como lengua hablada a lo largo de los siglos, en algunas zonas hasta la Edad Moderna (Monreal Cia/Rica Esnaola 1977, 349–367 y 372–375). Sin embargo, el hecho de que no se hablara euskera en la zona occidental de Bizkaia, esto es, en Enkarterriak (Las Encartaciones), limítrofe con Cantabria, ayudó al establecimiento del castellano en otros niveles de la Administración.7 Lo mismo ocurrió en Araba/Álava, según Cierbide Martinena (1990, 161), donde el retroceso del euskera empezó ya mucho antes del siglo XVI, principalmente en Valdegovía y Valderejo.8 Es de suponer, además, que el regreso a casa de vascos emigrados y de personas que habían partido a estudiar a otras zonas del reino de Castilla y León o como conquistadores de las tierras hispanoamericanas, contribuyera a expandir el uso del castellano, en detrimento del euskera en ciertos estratos y ámbitos sociales (Monreal Cia/Rica Esnaola 1977) —el euskera experimentó una fuerte marcación diastrática y diafásica—, por ejemplo, porque esas personas se negaran a hablar la lengua de sus ancestros que no habían empleado durante mucho tiempo.9
Los fueros otorgados por los reyes a las provincias vascas en la Edad Media concedieron a estas una cierta libertad y ayudaron a la conservación del euskera, sobre todo en las zonas rurales de la parte oriental de Bizkaia y en casi toda Gipuzkoa (Trask 1997, 16–18). Sin embargo, la abolición de los fueros a mediados del siglo XIX, tras las Guerras Carlistas (1833–1840, 1846–1849 y 1872–1876), dio un nuevo impulso al uso del castellano, sobre todo gracias a la introducción de dicha lengua en la Administración y en la educación, como única lengua de enseñanza (cf. section 3.3.6). A partir de los años ochenta del siglo XIX, el proceso de expansión del castellano se vio acentuado por las sucesivas oleadas de inmigración interna (cf. section 3.3.4). El retroceso del euskera continuó a pesar de los esfuerzos de diversos políticos, lingüistas y pedagogos, que se comprometieron a protegerlo y a emplearlo en las aulas escolares (Zuazo 1995, 17–21; Trask 1997, 22–28; Cid Abasolo 2002; cf. también section 3.3.6). La prohibición de las lenguas autóctonas durante la dictadura franquista supuso un nuevo revés para el euskera; tras la muerte de Franco solo el 22% de la población mayor de cinco años era bilingüe y seguía empleando el euskera como lengua habitual y dominante (Gobierno Vasco 2005a, 35). Los euskerahablantes monolingües habían desaparecido ya bajo las políticas lingüísticas represivas del gobierno franquista, que buscó la castellanización total del Estado español.10
Tras décadas de persecución y prohibición por parte del gobierno central de España, la adopción del Estatuto de Autonomía para el País Vasco o Estatuto de Gernika en 1979 (Gobierno Español 1979), hizo que el euskera se convirtiera en la lengua cooficial de la región autónoma, junto al castellano. La adopción, en 1982, de la Ley 10/1982, de 24 de noviembre, básica de normalización del uso del euskera (Gobierno Vasco 1982) supuso el punto de partida para el establecimiento de las dos lenguas, con los mismos derechos, en la administración pública, los medios de comunicación y la enseñanza.11 El objetivo de dicha ley era revalorar y extender el euskera así como establecer un bilingüismo general dentro de la CAV. Para lograrlo, se instauraron tres modelos escolares distintos que difieren en cuanto a la lengua vehicular de enseñanza y el número de horas lectivas de euskera y castellano, aunque comparten la obligación de enseñar euskera.12 Como resultado, todos los habitantes de la CAV escolarizados en esta Comunidad a partir de 1982 están, de algún modo, familiarizados con el euskera. El número de castellanohablantes monolingües está, por ello, en claro retroceso. Con castellanohablantes monolingües nos referimos a aquellas personas que nunca aprendieron euskera o que consideran que el euskera es para ellos una lengua secundaria «extranjera», porque no han alcanzado competencias suficientes para mantener una conversación (individuos con competencias mínimas en euskera). En la actualidad, el 51,5% de la población es castellanohablante sin competencias en euskera y el 18,3% tiene competencias mínimas en euskera (Gobierno Vasco 2008a, 17).
Tabla 1: Tabla de competencias lingüísticas por grupos etarios, elaborada por Ch. P.-K. a partir de Gobierno Vasco (2008a, 17 y 21).
Cabe señalar que los porcentajes de castellanohablantes monolingües y de euskerahablantes bilingües están estrechamente relacionados con la edad de los hablantes y con una determinada política lingüística oficial. Es decir, si analizamos a los hablantes de entre 50 y 64 años, cerca del 65,6% son monolingües sin competencias en euskera y el 13,2% tiene competencias mínimas en esta lengua. Solo el 21,3% de este grupo etario son hablantes bilingües euskera-castellano o castellano-euskera. El porcentaje es levemente mayor entre los hablantes mayores de 64 años, con un 66% de individuos sin competencias en euskera y solo un 9% de individuos con competencias mínimas en esta lengua. Los bilingües euskera-castellano y castellano-euskera constituyen el 25% de este grupo. Dentro del grupo de hablantes de entre 16 y 24 años, solo el 17,6% son castellanohablantes monolingües sin competencias en euskera, mientras que el 24,9% tiene competencias mínimas en esta lengua. Esto quiere decir que el 57,5% de este grupo etario son hablantes bilingües euskera-castellano o castellano-euskera (Gobierno Vasco 2008a, 21). En resumen: el castellanohablante monolingüe sin competencias en euskera es un tipo de hablante en lento proceso de desaparición, circunscrito a los mayores de cincuenta años.
La política de fomento del euskera ha obtenido, pues, buenos resultados tanto en el ámbito de la administración pública como en el de la educación, siendo considerable el aumento de hablantes bilingües en la CAV. Podemos constatar que gracias a las medidas políticas adoptadas por el Gobierno Vasco y a las iniciativas no gubernamentales, el número de hablantes bilingües euskeracastellano y castellano-euskera ha aumentado hasta situarse en un 30,1% sobre el total de las tres provincias desde el fin de la dictadura hasta 2006.
En la actualidad, en el territorio de la CAV se hablan, mayoritariamente, tres variedades13 diatópicas del euskera: bizkaiera, gipuzkera y goinafarrera, que se designan en euskera como euskalki, «dialecto de la lengua vasca» (Elhuyar 2013, s. v. euskalki).14 Desde 1968 existe, además, una lengua estándar, el euskara batua15, que se basa, principalmente, en las variedades gipuzkera y goinafarrera (Michelena 1968; 1982a, 72; Echenique Elizondo 1987, 117–118; Zuazo 1995). El Gobierno Vasco se esfuerza por extender esta variedad estándar, que se enseña, por ejemplo, en las escuelas y en los centros de euskaldunización para adultos. Hay que destacar que aún no se ha determinado el origen del euskera. Por lo que sabemos, no e...