Things My Son Needs to Know About the World
eBook - ePub

Things My Son Needs to Know About the World

Cosas que mi hijo necesita saber sobre el mundo

  1. 352 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Things My Son Needs to Know About the World

Cosas que mi hijo necesita saber sobre el mundo

Descripción del libro

No existe un manual para aprender a ejercer uno de los trabajos más difíciles que existe: ser padre. Afortunadamente para nosotros, el autor sueco más reconocido e interesante de nuestros tiempos, Fredrik Backman (Un hombre llamado OveGente ansiosa, Britt-Marie estuvo aquí), nos alumbra el camino con anécdotas personales tan graciosas como enternecedoras.

A mi hijo: Quiero pedirte disculpas por todo lo que haré durante más o menos los próximos dieciocho años. Pero, cuando me ponga difícil, cuando me comporte de forma bochornosa, o arbitraria o injusta contigo, quiero que recuerdes bien aquel día que te negaste a decirme dónde diablos habías escondido las malditas llaves del coche. Entonces, quiero que recuerdes que fuiste tú quien lo empezó todo. Tu papá.

Cosas que mi hijo necesita saber sobre el mundo abarca las preocupaciones, situaciones y temáticas de la paternidad de forma lúdica y sensible como pocos saben hacerlo. Una invitación honesta y conmovedora a celebrar los altibajos y el camino imperfecto de la paternidad.

FREDRIK BACKMAN es autor de nueve libros, entre ellos el bestseller internacional Un hombre llamado Ove, cuya versión cinematográfica fue candidata a dos Óscar, y Gente ansiosa, una futura serie en Netflix. Sus obras han sido traducidas a cuarenta y seis idiomas. Backman vive en Estocolmo con su esposa y sus dos hijos.

Cuenta con la confianza de 375,005 estudiantes

Acceso a más de 1,5 millones de títulos por un precio mensual justo.

Estudia de forma más eficiente usando nuestras herramientas de estudio.

Información

Año
2022
ISBN del libro electrónico
9780062930699
ISBN de la versión impresa
9780062930682

Lo que necesitas saber sobre las cosas

image
Resulta que anoche alguien rayó el costado de nuestro coche con una llave. Pero no pasa nada.
No estoy enfadado con ese «alguien» por haberlo hecho.
Sí, fue totalmente innecesario. Totalmente. Pero seguro que tenía sus razones. Quizás tuvo un mal día. Quizás lo dejó la novia. Quizás es fan del Tottenham. No debemos juzgar. Hemos de tener empatía.
Es sólo un coche, ¿sabes? Es sólo una cosa.
Y tienes que saber que vas a acumular una gran cantidad de cosas durante tu vida, así que no puedes apegarte demasiado a ninguna de ellas. No es saludable. Porque habrá muchísimas cosas. Mucho antes de que tú nacieras, un hombre inteligentísimo llamado George Carlin le enseñó eso a tu padre. Es mejor que lo aprendas cuanto antes.
Habrá un MONTÓN de cosas.
Cosas pequeñas. Cosas grandes. Cosas malas. Maquinaria cuyo único propósito es producir más cosas. Cosas destinadas a formar parte de otras cosas. Cosas que ni siquiera son cosas, cosas que llevarás al mostrador de la tienda y el dependiente, un muchacho de diecinueve años con olor a resaca y Cheetos, te dedicará una mirada condescendiente y te preguntará si ya tienes «las cosas que necesitas para usar estas cosas». Y cuando le preguntes «¿qué cosas?», negará con la cabeza como un búho y resoplará exasperado: «¡Los accesorios! ¡Sin los accesorios, esto ni siquiera es una cosa! Sin los accesorios, es sólo una . . . ¡cosa!».
Dirá «cosa» como tu abuela dice los peores insultos. Como si los escupiera. Por eso darás por sentado que él conoce bien estas cosas y le preguntarás por los accesorios, y luego exhalará y responderá que podrías haberlo dicho desde un principio. Entonces, tendrá que ir a revisar en el almacén para ver si le quedan cosas. Y para entonces quizás empieces a pensar que está exagerando. Aunque no deberás señalárselo.
A la gente le gustan las cosas. Las cosas nuevas. Y las cosas aún más nuevas. Las cosas para reemplazar cosas viejas y las cosas viejas que son tan antiguas que se convierten en cosas «retro» y comienzan a usarse en lugar de las cosas nuevas. Créeme: todo esto son cosas divertidas.
A veces tenemos que deshacernos de las cosas y hacer sitio para cosas nuevas, pero después empezamos a extrañar tanto las cosas viejas que construimos cosas nuevas que se parezcan a las viejas.
Como colocar esas pantallas de frente a las cintas de correr en el gimnasio en las que se ven videos de árboles para sentir que corremos por el bosque. Sí, sé lo que estás pensando: «¿Por qué no vas y corres en el bosque directamente?». Y está muy bien que me lo preguntes. Aún no sabes cómo son las cosas. Pero, mira, tuvimos que talar los árboles del bosque para construir una carretera para conducir nuestros coches al gimnasio. Y sí, ya puedo adivinar tu siguiente pregunta: «¿Por qué tuvieron que talar los árboles?». Pero oye, ¿qué querías que hiciéramos? ¡Estaban plantados en medio de la carretera!
No son cosas fáciles de explicar.
Así que permíteme aclarar que no estoy enfadado con la persona que rayó el coche. El coche es sólo una cosa.
Y nunca podemos permitir que las cosas se vuelvan más importantes que las personas. Como en tu caso. Quiero decir, me he deshecho de mis mejores cosas para tener espacio para tus cosas. Porque tus cosas son más importantes. ¡Y la verdad es que tienes muchísimas cosas! A todos los padres les encanta quejarse de las cosas de sus niños pequeños. Nos miramos y nos decimos: «¡Estos niños tienen muchas COSAS!». Como si la culpa fuera de ustedes. Como si ustedes compraran todo. Como si ustedes fueran los que van a las tiendas y examinan unos pedazos de goma negra, o lo que sea, que tienen unos estúpidos fantasmas pintados y que cuestan un billete de cincuenta mientras una voz interior te pregunta: «¿Seré un mal padre si no le compro esta porquería?».
Y luego el vendedor sonríe de oreja a oreja, te da un golpecito en la espalda y te dice: «La seguridad de un niño no tiene precio, ¿a que no?». Pero no le devuelves la sonrisa porque queda muy claro que en realidad sí tiene precio: un billete de cincuenta. Lo dice la etiqueta. Y acabas comprando la porquería. Y te convences a ti mismo de que eso es ser padre.
Si tan solo supieras cuántas porquerías para niños existen en el mundo. Las peores son las que compramos antes de que nacieras, como aquella oveja de juguete con su altavoz de «cantos de ballena» para que durmieras mejor. ¿Por qué no tendría forma de ballena? Eso aún me molesta.
Porquerías. Por todas partes, porquerías. La gran mayoría ni siquiera es de calidad. Son sólo porquerías de porquería. Y tan pronto como tienes un hijo, necesitas porquerías para todo. Necesitas porquerías especiales que sean compatibles con las porquerías que ya tienes. Porquerías para el coche. Porquerías para la mesa de la cocina. Porquerías para el baño. Ni me recuerdes la cantidad de porquerías que necesitas para hacer caca. Regresé a casa de la tienda justo después de que nacieras y tu madre me gritó: «¿Compraste los pañales?». Y le respondí: «¡Claro que compré los pañales!». Ella los sacó de la bolsa, con una mirada desconfiada, leyó la etiqueta y dijo: «¿Compraste pañales para bebés de seis a nueve meses?», y le contesté «bueno, eso es sólo una sugerencia». Y exclamó: «¡Es un bebé de apenas nueve días!», y yo le señalé «¡¿crees que no me doy cuenta?!», y ella me respondió: «¡¡¡Parece que no!!!». Volvió a mirar dentro de la bolsa y añadió: «Estas toallitas húmedas están perfumadas», y yo «no», y ella «sí», y yo «no», y ella «dice “perfumadas” en el paquete», y yo «¡eso es lo que quieren que pienses!». Volvió a mirar dentro de la bolsa una vez más y me preguntó: «¿Qué es esto?» y le contesté «creo que es una funda de plástico para parrillas al carbón», y ella volvió a preguntar «¿por qué diablos compraste una cubierta para la lluvia para una . . .», y yo sólo pude decir «¡¡PORQUE ENTRÉ EN PÁ-NI-CO!! ¿¿ENTIENDES??». Y luego dijo: «Está bieeeeen . . .». Puso los ojos en blanco y le lancé un: «¡Eso, perdóname la vida! ¡Pero no tienes idea de lo complicado que es! ¡Hay quinientos tipos de pañales diferentes! ¿Sabes? La sección de bebés es como el hangar de un aeropuerto. Intenté encontrar los que querías, ¡pero había tantos! ¡Tantos y tantos pañales! Perfumados, sin perfumar, con Winnie-the-Pooh, sin Winnie-the-Pooh, con cierres de velcro, con elásticos, estilo calzón, hipoalergénicos, unos que vienen con un juego de computadora gratis, otros que te dan millas de viajero frecuente, ¡A LA MIERDA YA!», a lo que ella respondió «¡cálmate, Fredrik», y a lo que yo contesté: «¡Cálmate TÚ!». Ella me preguntó: «¿Por qué te enojas tanto?». Yo le contesté: «¡Porque de repente había a mi alrededor un montón de otros padres! Y todos llegaban sabiendo exactamente cuáles necesitaban. ¡Directo a la canasta! Y yo estaba allí de pie como un payaso, sentía que todos me observaban, hasta que al final ¡ESCOGÍ EL QUE FUERA!».
Tu madre no entendía lo que era aquello. Ella se quedaba sentada en casa como una especie de burócrata, dando órdenes. Pero ahí fuera, en la jungla, ¡es un sálvese quien pueda! ¡Y apenas tienes unos segundos para tomar la decisión correcta!
Y . . . porquerías. Terminas ahogándote en porquerías. Crees que vas a ser ese joven padre que mantiene la cabeza fría y nunca pierde la calma, pero un día te encuentras en el pasillo de comidas para bebé y te das cuenta de que hay siete tipos diferentes de sustitutos de leche. Y entonces te tiras al suelo a llorar.
Así que ya lo sabes.
No estoy enfadado porque hayan rayado el coche. Ni estoy enfadado por tener que llamar a la compañía de seguros. Ni estoy enfadado porque no tendremos coche durante una semana mientras retocan la pintura.
El problema es que la mitad de las porquerías que necesitas una vez que tienes un hijo ni siquiera son de uso fácil. Es el tipo de porquerías que tienes que montar. Tienes que atornillar y ajustar hasta que el pasillo es un completo caos, como si el mismísimo MacGyver hubiera estado fumando hachís afgano en la bañera de la casa de una anciana de esas que nunca tiran los periódicos.
Ahora todos mis fines de semana parecen un episodio de Manny a la obra que Disney tuvo que cancelar porque Manny se volvió loco y comenzó a maldecir y a amenazar con «pegarle al hijo de #% & que escribió estas instrucciones de m#!%& en su p&#% cara!».
Así que no estoy enfadado con esa persona que rayó el coche. Para nada.
No estoy enfadado porque alguien arrastró lo que el perito de la aseguradora llamó una «llave, u objeto de forma similar» a lo largo de la parte lateral trasera del coche; toda la puerta trasera y una parte de la delantera.
No estoy enfadado por el papeleo.
Ni estoy enfadado por la situación en general.
Sólo hay un pequeñísimo detalle que todavía quiero que sepa ese alguien que rayó el coche.
Y es que hoy tuve que pasar una HORA colocando la sillita para bebé DE NUEVO porque tuvimos que usar un coche de alquiler. Por algo así sería capaz de investigar hasta encontrar a ese alguien.
Y lo mataría.
Pero en fin. Aparte de eso, no estoy enfadado.
Porque antes de ser padre, te crees que todos los padres son superhéroes. Crees que la crianza es algo muy complicado y difícil, pero confías en que la naturaleza es sabia y que lo resolverá de alguna manera. Incluso si te atacara una enfermera pediátrica zombi o tuvieras un misterioso «accidente» y te despertaras en un hospital militar secreto con un esqueleto de acero o algo así. Todo se acabaría resolviendo.
Pero las cosas no funcionan así. El único superpoder que vi hasta ahora fue el increíble sentido del olfato que tu madre desarrolló durante el embarazo. Y voy a ser muy honesto contigo. Fue el superpoder más inútil de la historia. No me dejó cocinar tocino en casa durante casi un año.
Cuando uno regresa a casa desde el hospital con un niño recién nacido lo hace sin superpoderes, y se siente totalmente abandonado y aterrorizado. Miras al personal del hospital cuando te dan de alta de la sala de maternidad como si te estuvieran dejando morir en el desierto. Como si se negaran a abrir la puerta de esa aldea de sobrevivientes al final de la película Soy leyenda y dejaran que los zombis te alcanzaran.
Llegas a casa, te sientas y miras a tu hijo dormido y te preguntas quién va a hacerse responsable a partir de este momento. Porque está claro que nosotros no. Yo bebo el jugo de la botella y tu madre nunca vuelve a poner los DVD en la caja. No estamos hechos para estas cosas. Deberían haber diseñado una prueba de aptitud para ser padres de familia. Y haberla hecho obligatoria, como cuando salió el juego Los Sims 2. Dejé de jugarlo porque sentía que era demasiada responsabilidad. Estoy bastante seguro de que sencillamente no tengo lo que hay que tener para ser padre.
Entonces, ¿qué haces?
Entras en pánico. Y compras cosas. Eso es lo que haces.
Cosas de diseño ergonómico, orgánico, pedagógico y anatómico. La gente te dice: «¡Tienes que comprarte uno de estos sin falta!». Y tú piensas de inmediato: «Sí, quizás sí, suena razonable». Peluches, termómetros láser, anillos de dentición, un retrete que parece Jabba el Hutt y una tortuga de plástico que toca música de Mozart cuando le presionas la entrepierna con un palo. Digamos que es como cuando estás borracho y te pones a ver el canal de televentas y te das cuenta de que no tendrás una vida realmente plena hasta que tengas ese utensilio para cortar cebollas en forma de estrellas. O como cuando te pasas dos semanas en Tailandia y te crees que las rastas te quedan bien.
O sea que compras todas esas porquerías. Y luego compras aún más porquerías: un teléfono, una cámara de video y una computadora con la única intención de poder grabarse usando todas las demás porquerías. Como si los hijos fueran una especie de experimento científico. No exagero cuando digo que pocas cosas han revolucionado la forma en que mi generación se relaciona con la tuya tanto como el iPhone 4 con su cámara frontal que nos permite sentarnos uno al lado del otro mientras te observo en la pantalla. Existió una época anterior a las selfis, ¿sabes? Y fue TERRIBLE.
Así es mi vida ahora.
Me he convertido en uno esos padres que piensan que su hijo es un genio porque descubrió cómo subir el volumen al altavoz. Pagas un dineral por un iPad y luego llamas a Mensa para contarles que tu hijo ha aprendido a desbloquear el tec...

Índice

  1. Cubrir
  2. Pagina del titulo
  3. Dedicación
  4. Contenido
  5. A mi hijo:
  6. Lo que necesitas saber sobre las luces con sensor en los baños
  7. Lo que necesitas saber sobre IKEA
  8. Lo que necesitas saber sobre el fútbol
  9. Lo que necesitas saber sobre las cosas
  10. Lo que necesitas saber sobre ser un hombre
  11. Lo que necesitas saber sobre Dios y los aeropuertos
  12. Lo que necesitas saber sobre lo que le pasó a la jirafa de plástico que cantaba
  13. Lo que necesitas saber sobre por qué me odia la madre de esa niña, felicia
  14. Lo que necesitas saber sobre el bien y el mal
  15. Lo que necesitas saber para formar una banda de rock
  16. Lo que necesitas saber sobre el amor
  17. Lo que necesitas saber sobre esos momentos en que aprieto tu mano muy fuerte
  18. Sobre la autora
  19. Derechos de autor
  20. Sobre el editor

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Descubre cómo descargar libros para leer sin conexión
Perlego ofrece dos planes: Esencial y Avanzado
  • El plan Esencial es ideal para estudiantes y profesionales que disfrutan explorando una amplia gama de categorías. Accede a la Biblioteca Esencial con más de 800.000 títulos confiables y superventas en negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye tiempo de lectura ilimitado y voz estándar de Lectura en voz alta.
  • Avanzado: perfecto para estudiantes avanzados e investigadores que necesitan acceso total y sin restricciones. Desbloquea más de 1,5 millones de libros en cientos de categorías, incluyendo títulos académicos y especializados. El plan Avanzado también incluye características avanzadas como Lectura en voz alta Premium y Asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con ciclos de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea, donde puedes acceder a toda una biblioteca digital por menos del precio de un solo libro al mes. Con más de 1,5 millones de libros en más de 990 categorías, ¡te tenemos cubierto! Conoce nuestra misión
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información sobre la lectura en voz alta
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS y Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación
Sí, puedes acceder a Things My Son Needs to Know About the World de Fredrik Backman en formato PDF o ePub. Tenemos más de 1,5 millones de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.