1.1 El objeto de estudio: la cuasi-sinonimia de los verbos de colocación
El fenómeno de la cuasi-sinonimia ha sido objeto de estudio de numerosos trabajos anteriores, desde planteamientos muy diversos, tanto en español como en otras lenguas del mundo (i.a. Baldinger 1980; Salvador 1985; Pottier 1992; Casas Gómez 1997a; 1997b; 2004; García Hernández 1997a; 1997b; Rodríguez-Piñero Alcalá 2003; 2004; Divjak 2010a; Regueiro Rodríguez 2010; Brezina/McEnery/Wattam 2015). Incluso hasta el día de hoy sigue siendo un tema candente que logra recabar el interés de muchos lingüistas, gramáticos y filósofos de la lengua.
Los cuasi-sinónimos, ya sean morfológicamente cognados o no, solo comparten una identidad parcial, de ahí la denominación de sinonimia parcial (Lyons 1995, 87–88). Difieren en el plano semántico (al expresar significados o matices (ligeramente) diferentes) y/o sintáctico (al presentar por ejemplo una distribución sintáctica diferente). A veces, estas diferencias son consabidas y ampliamente descritas en manuales escolares o diccionarios. Pensemos en ejemplos como rincón – esquina (‘ángulo interior’ vs. ‘ángulo exterior’) en español, fleuve – rivière en francés (‘río que desemboca en el mar’ vs. ‘río que desemboca en otro río’) o jung – neu en alemán (‘aplicado a animados’ vs. ‘aplicado a inanimados’) (Rodríguez-Piñero Alcalá 2003, 168). Otros pares o grupos de cuasi-sinónimos, sin embargo, presentan diferencias más sutiles de las que no nos percatamos inmediatamente. Así, se destacan pares como rage y fureur que denotan ambos un sentimiento de rabia (Sorba/Goossens 2016) o los verbos neerlandeses vernietigen y vernielen que expresan ambos un acto de destrucción (Geeraerts 1985).1 Además, notamos que muchas veces los vocablos parecidos difieren en otros niveles más, como el nivel diastrático (rosse – bourin ‘rocín’), el diatópico (plátano – banana), el diafásico (influenza – grippe) o el diageneracional (daddy – father) (Rodríguez-Piñero Alcalá 2007, 38–40).
Para captar con mayor nitidez las posibles diferencias entre tales grupos de cuasi-sinónimos, resulta imprescindible efectuar un extenso estudio lingüístico de corpus, dado que muchas veces la intuición nos falla o no satisface. Teniendo en cuenta tales consideraciones, pretendemos en la presente tesis llevar a cabo una comparación entre los cuasi-sinónimos poner y meter en español. Son dos verbos que, en su acepción más elemental y prototípica, denotan un movimiento o cambio de lugar de un objeto, provocado por un agente consciente. En este uso, destaca que poner y meter alternan en determinados contextos, como ilustra el ejemplo siguiente:
(1) -
Ya no hay que ir a ponerse en la cola (CREA: Sánchez-Ostiz, Miguel, Un infierno en el jardín, 1995).
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Álvaro busca a algún conocido para colarse en la cola. No ve a nadie. (…) No, mejor será que vaya primero a cumplir con su deber y luego, al regreso, podrá meterse en la cola (CREA: Álvarez Gil, Antonio, Naufragios, 2002).
Sin embargo, cuando observamos los ejemplos siguientes, la alternancia de los dos verbos no siempre parece evidente:
(2) -
Tan metido me encontraba en el relato que no me di cuenta de que María José estaba llorando (CORPES XXI: Millás, Juan, El mundo, 2007).
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- ¿Cuándo fue la primera vez que se puso al volante de un coche? – Debía tener aproximadamente doce años, no llegaba a los pedales y tenía que ser mi hermana la que manejaba los pies y yo el volante (CREA: Tiempo, 1990).
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Las juventudes del Partido Nacionalista Vasco señalaron ayer que la banda criminal ETA y su entorno «se han metido en un callejón sin salida porque las conductas mafiosas superan y anulan cualquier planteamiento político» (CREA: ABC, 1997).
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(…) sin saber por qué, en esa pulsión subterránea y monótona del quebrantado carguero presiente la huida ya consumada del tiempo, el eco último de la precaria esperanza que lo ha traído hasta aquí, en medio del viento y las olas enfurecidas, para poner en sus manos un libro abierto en la página 77 más por efecto de un fortuito golpe de mar que por decisión propia (CREA: Marsé, Juan, El embrujo de Shangai, 1993).
Suena poco natural decir «ponerse en un callejón sin salida» o «encontrarse puesto en un relato o película». De igual modo, resulta extraño, e incluso agramatical, reemplazar el verbo por meter en «se puso al volante» o «poner en sus manos un libro abierto». Así pues, a veces solo uno de los dos verbos parece acertado. Esto vale no solamente para los contextos locativos básicos, sino también para los demás usos. Efectivamente, como tendremos la ocasión de comprobar más adelante (cf. Capítulo 2), poner y meter tienen una intricada polisemia y sus campos de aplicación se extienden más allá de los contextos locativos. Resalta que en estos usos, los dos verbos también funcionan como cuasi-sinónimos. Así por ejemplo, en cuanto funcionen como auxiliar incoativo, pueden alternar (como en 3a-3b), o no (3c): ?se pone a solucionar lo que no es de su competencia:
(3) -
Yo me senté en una silla -ese día las sillas estaban cojas- y me puse a pensar en el abuelo. (CORPES XXI: Sánchez-Andrade, Cristina, Bueyes y rosas dormían, 2001).
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Declaraciones del Cardenal Cipriani: «Un ministro de salud que reparte píldoras abortivas tiene que irse a su casa». Se ve que el hombre no se ha enterado que en este país el gobierno es (o debería ser ...