El filibusterismo is the second novel written by Jose Rizal and is the continuation of Noli me tangere. Rizal began to write his novel in 1887. The manuscript was finished March 29, 1891. The book addressed the return of main character of Noli me tangerre to the Phillippines, Crisostomo Ibarra, now the rich and famous jeweler Simoun. Disillusioned by the abuses of the Spanish, Ibarra convenes to Basilio to detonate a bomb in a social reunion, demonstrating the beginning of a revolution. The novel presents a dilemma, lived by Rizal himself: Can violence be the solution to injustice or is it possible to achieve social change by means of pacifist positions?
?
El filibusterismo es la segunda novela escrita por José Rizal y es la continuación de Noli me tangere. Rizal empezó a escribir su novela en 1887. El manuscrito fue terminado el 29 de marzo de 1891, en Biarritz. El libro trata sobre el regreso a Filipinas del principal personaje de la novela Noli me tangere, Crisóstomo Ibarra, convertido en el rico y famoso joyero Simoun. Desilusionado por los abusos de los españoles, Ibarra convence a Basilio para que detone una bomba en una reunión social, señalando el principio de una revolución. La novela muestra un dilema, vivido por el propio Rizal. ¿La violencia puede ser la solución a la injusticia o es posible conseguir cambios sociales mediante posiciones pacifistas?

- 288 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
El filibusterismo
Descripción del libro
Cuenta con la confianza de 375,005 estudiantes
Acceso a más de 1 millón de títulos por un precio mensual asequible.
Estudia de forma más eficiente usando nuestras herramientas de estudio.
XI. Los baños
Su Excelencia el capitán general y gobernador de las Islas Filipinas había estado cazando en Bosoboso. Pero como tenía que ir acompañado de una banda de música —porque tan elevado personaje no iba a ser menos que las imágenes de palo que llevan en procesión— y como la afición al divino arte de Santa Cecilia aún no se ha popularizado entre los ciervos y jabalíes de Bosoboso, S. E. con la banda de música y su cortejo de frailes, militares y empleados no pudo pillar ni un solo ratón, ni una sola ave.
Las primeras autoridades de la provincia previeron futuras cesantías o cambios de destino; los pobres gobernadorcillos y cabezas de barangay se inquietaron y no pudieron dormir, temiendo no vaya a antojársele al divino cazador sustituir con sus personas la falta de sumisión de los cuadrúpedos del bosque, como ya lo había hecho años antes un alcalde viajando en hombros de polistas porque no había caballos tan mansos para responder de su persona. No faltó un mal intencionado susurro de que S. E. estaba decidido a hacer algo, porque en aquello veía los primeros síntomas de una rebelión que convenía sofocar en su cuna, que una caza sin resultados desprestigia el nombre español, etc., y ya se echaba el ojo a un infeliz para vestirle de venado, cuando S. E. en un acto de clemencia que Ben Zayb no sabía con qué frases encomiar, disipó todas las inquietudes, declarando que le daba pena sacrificar a su placer los animales del bosque.
A decir verdad, S. E. estaba contento y satisfecho inter se, pues ¿qué habría sucedido si hubiese fallado una pieza, un ciervo de esos que no están al tanto de las conveniencias políticas? ¿a dónde iba a parar el prestigio soberano? ¿Cómo? ¿Todo un capitán general de Filipinas errando una pieza, como un cazador novel? ¿Qué dirían los indios entre los cuales hay regulares cazadores? Peligraría la integridad de la patria...
Así es como S. E., con una risa de conejo y echándoselas de cazador descontento, ordenó la inmediata vuelta a Los Baños, no sin hablar durante el viaje de sus hazañas cinegéticas en tal o cual soto de la Península como quien no quiere la cosa, adoptando un tono algo despreciativo, muy conveniente al caso, para las cacerías de Filipinas, ¡psé! Los baños en el Dampalit (Daang pa liit), las estufas a orillas del lago, y los tresillos en el palacio con tal o cual excursión a la vecina cascada o a la laguna de los caimanes ofrecían más atractivos y menos riesgos para la integridad de la patria.
Allá por los últimos días de diciembre encontrábase S. E. en la sala jugando al tresillo, en tanto esperaba la hora del almuerzo. Venía de tomar el baño con el consabido vaso de agua y carne tierna de coco y estaba en la mejor disposición posible para conceder gracias y favores. Aumentaba su buen humor la circunstancia de dar muchos codillos, pues el padre Irene y el padre Sibyla que con él jugaban, desplegaban cada uno toda su inteligencia para hacerse perder disimuladamente, con gran irritación del padre Camorra que por haber llegado, tan solo aquella mañana no estaba al tanto de lo que se intrigaba. El fraile-artillero como jugaba de buena fe y ponía atención, se ponía colorado y se mordía los labios cada vez que el padre Sibyla se distraía o calculaba mal, pero no se atrevía a decir palabra por el respeto que el dominico le inspiraba; en cambio se desquitaba contra el padre Irene a quien tenía por bajo y zalamero y despreciaba en medio de su rudeza. El padre Sibyla ni le miraba siquiera; le dejaba bufar; el padre Irene, más humilde, procuraba excusarse acariciando la punta de su larga nariz. S. E. se divertía y se aprovechaba, a fuer de buen táctico como se lo insinuaba el canónigo, de las equivocaciones de sus contrarios. Ignoraba el padre Camorra que sobre la mesita se jugaba el desenvolvimiento intelectual de los filipinos, la enseñanza del castellano, y a haberlo sabido, acaso con alegría hubiera tomado parte en el juego.
Al través del balcón abierto en todo su largo, entraba la brisa, fresca y pura, y se descubría el lago cuyas aguas murmuraban dulcemente al pie del edificio como rindiendo homenaje. A la derecha, a lo lejos, se veía la isla de Talim, de un puro azul; en medio del lago y en frente casi, una islita verde, la isla de Kalamba, desierta, en forma de medialuna, a la izquierda, la hermosa costa bordada de cañaverales, un montecillo que domina el lago, después vastas sementeras después techos rojos por entre el verde oscuro de los árboles, el pueblo de Kalamba, después la costa se pierde a lo lejos, y en el fondo, el cielo cierra el horizonte descendiendo sobre las aguas dando al lago apariencias de mar y justificando la denominación que los indios le dan de dagat na tabang.
Hacia un extremo de la sala, sentado y delante de una mesita donde se veían algunos papeles estaba el secretario. Su Excelencia era muy trabajador y no le gustaba perder tiempo así es que despachaba con él mientras servía de alcalde en el tresillo y en los momentos en que se daban las cartas.
En el entretanto el pobre secretario bostezaba y se desesperaba. Aquella mañana trabajaba como todos los días en cambios de destino, suspensión de empleos, deportaciones, concesión de gracias, etc. y no se tocaba todavía la gran cuestión que tanta curiosidad despertaba, la petición de los estudiantes solicitando permiso para la creación de una Academia de castellano.
Paseándose de un extremo a otro y conversando animadamente aunque en voz baja se veía a don Custodio, a un alto empleado, y a un fraile que llevaba la cabeza baja con aire de pensativo o disgustado; llamábase el padre Fernández. De una habitación contigua salían ruidos de bolas chocando unas con otras, risas, carcajadas, entre ellas la voz de Simoun seca e incisiva: el joyero jugaba al billar con Ben Zayb.
De repente el padre Camorra se levantó.
—¡Que juegue Cristo, puñales! —exclamó arrojando las dos cartas que le quedaban, a la cabeza del padre Irene—; ¡puñales! ¡la puesta estaba segura cuando no el codillo, y lo perdemos por endose! ¡Puñales, que juegue Cristo!
Y furioso, explicaba a todos los que estaban en la sala el caso dirigiéndose especialmente a los tres paseantes como tomándoles por jueces. Jugaba el general, él hacía la contra, el padre Irene ya tenía su baza; arrastra él con el espadas y ¡puñales! el camote del padre Irene no rinde, no rinde la mala. ¡Que juegue Cristo! El hijo de su madre no se había ido allí a romperse la cabeza inútilmente y a perder su dinero.
—Si creerá el nene —añadía muy colorado—, que los gano de bóbilis bóbilis. ¡Tras de que mis indios ya empiezan a regatear...!
Y gruñendo y sin hacer caso de las disculpas del padre Irene que trataba de explicarse frotándose la trompa para ocultar su fina sonrisa, se ...
Índice
- Créditos
- Presentación
- Novela Filipina
- I. Sobre-cubierta
- II. Bajo-cubierta
- III. Leyendas
- IV. Cabesang Tales
- V. La Nochebuena de un cochero
- VI. Basilio
- VII. Simoun
- VIII. ¡Buenas pascuas!
- IX. Pilatos
- X. Riqueza y miseria
- XI. Los baños
- XII. Plácido penitente
- XIII. La clase de física
- XIV. Una casa de estudiantes
- XV. El señor Pasta
- XVI. Las tribulaciones de un chino
- XVII. La feria de Kiapò
- XVIII. Supercherías
- XIX. La mecha
- XX. El ponente
- XXI. Tipos manilenses
- XXII. La función
- XXIII. Un cadáver
- XXIV. Sueños
- XXV. Risas-llantos
- XXVI. Pasquinadas
- XXVII. El fraile y el filipino
- XXVIII. Tatakut
- XXIX. Últimas palabras sobre capitán Tiago
- XXX. Julî
- XXXI. El alto empleado
- XXXII. Efectos de los pasquines
- XXXIII. La última razón
- XXXIV. Las bodas
- XXXV. La fiesta
- XXXVI. Apuros de Ben Zayb
- XXXVII. El misterio
- XXXVIII. Fatalidad
- XXXIX
- Libros a la carta
Preguntas frecuentes
Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Descubre cómo descargar libros para leer sin conexión
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
- El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
- Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 990 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Descubre nuestra misión
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información sobre la lectura en voz alta
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS y Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación
Sí, puedes acceder a El filibusterismo de José Rizal y Alonso en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de Literatura y Clásicos. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.