Manifiesto de un feminismo para el 99%
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Manifiesto de un feminismo para el 99%

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Manifiesto de un feminismo para el 99%

Descripción del libro

Este manifiesto tiene un propósito: llevar a cabo una operación de rescate y corrección de rumbo de las luchas feministas hacia el resto de la población, y proponer con ella una reorganización total de la sociedad. El feminismo no debería detenerse con ver a las mujeres representadas en la cima de la sociedad, sino que debe involucrarse en las perturbaciones políticas, la precariedad económica y el agotamiento socio-reproductivo. Vivimos hoy una crisis de la sociedad en su conjunto. El capitalismo, más allá de sus problemas económicos, también alberga contradicciones y desequilibrios de tipo ecológico, político, social y reproductivo: viviendas inasequibles, violencia policial, imperialismo, salarios insuficientes... Sin embargo, estos temas son obviados por las políticas del feminismo actual, que difunde una versión elitista y corporativa para proyectar una apariencia emancipadora sobre un programa oligárquico y depredador: un feminismo solo apto para la poderosa minoría acomodada. Para resolver la crisis actual, que es una crisis social total, hace falta otro feminismo, un feminismo para el 99 por ciento.

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Información

Año
2019
ISBN de la versión impresa
9788425442865
ISBN del libro electrónico
9788425442872
Categoría
Sociología

Tesis 1

Una nueva ola feminista reinventa la huelga
El reciente movimiento huelguista comenzó en Polonia en octubre de 2016, cuando más de 100 000 mujeres organizaron paros en el trabajo y marchas para oponerse a la prohibición del aborto en ese país. A finales de ese mismo mes, una marejada de rechazo radical ya había cruzado el océano hasta Argentina, donde mujeres en huelga se enfrentaban al atroz asesinato de Lucía Pérez con el grito militante «Ni una menos». Pronto se extendió a Italia, España, Brasil, Turquía, Perú, Estados Unidos, México y Chile y docenas de otros países. Empezó en las calles, pero explosionó luego en los lugares de trabajo y en las escuelas, envolviendo finalmente los mundos de altos vuelos de los negocios del espectáculo, los medios y la política. En los dos últimos años, sus lemas han resonado poderosamente por el mundo: #NosotrasParamos, #WeStrike, #VivasNosQueremos, #NiUnaMenos, #TimesUp, #Feminism­4the99%. Al principio una onda y luego una ola, se ha convertido en una marea enorme: un nuevo movimiento feminista mundial que puede alcanzar fuerza suficiente para romper las alianzas existentes y redibujar el mapa político.
Lo que comenzó como una serie de acciones de ámbito nacional se convirtió en un movimiento transnacional el 8 de marzo de 2017, cuando organizadoras de todas las partes del mundo decidieron atacar juntas. Con ese golpe audaz, dieron un nuevo sentido político al Día Internacional de la Mujer. Dejando atrás las fruslerías de mal gusto y despolitizadas —los brunches, las flores y las felicitaciones—, las huelguistas han reavivado las prácticamente olvidadas raíces históricas de ese día en el feminismo socialista y la clase trabajadora. Sus actuaciones evocan el espíritu de la movilización de las mujeres de clase trabajadora de comienzos del siglo XX; paradigmáticamente fueron las huelgas y las grandes manifestaciones, llevadas a cabo sobre todo por mujeres judías e inmigrantes en los Estados Unidos, lo que incentivó a las socialistas estadounidenses a organizar el primer Día Nacional de la Mujer y a las socialistas alemanas Luise Zietz y Clara Zetkin a convocar un Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Reencarnando ese espíritu militante, las huelgas feministas de hoy están proclamando nuestras raíces en las luchas históricas por los derechos de los trabajadores y la justicia social. Uniendo a mujeres separadas por océanos, montañas y continentes, así como por fronteras, alambradas de púas y muros, dan un nuevo sentido al lema «La solidaridad es nuestra arma». Rompiendo el aislamiento de las paredes domésticas y simbólicas, las huelgas demuestran el enorme potencial político del poder de las mujeres: el poder de aquellas cuyo trabajo remunerado o no remunerado sostiene el mundo.
Pero eso no es todo: este floreciente movimiento ha inventado nuevas formas de hacer huelga, y ha infundido esas mismas formas en un nuevo tipo de política. Combinando el paro laboral con marchas, manifestaciones, cierres de pequeñas empresas, bloqueos y boicots, el movimiento reabastece el repertorio de acciones de huelga, antes considerable pero enormemente reducido por la ofensiva neoliberal a lo largo de décadas. A la vez, esa nueva oleada democratiza las huelgas y ensancha su campo, sobre todo ampliando la idea misma de lo que se entiende por «trabajo». Rechazando limitar esa categoría al trabajo asalariado, el activismo de las mujeres en huelga es también retraimiento del trabajo doméstico, del sexo y de las sonrisas. Al hacer visible el papel indispensable que desempeña el trabajo no remunerado y de género en la sociedad capitalista, llama la atención hacia las actividades de las que el capital se beneficia, pero que no paga. Y con respecto al trabajo remunerado, las huelguistas adoptan una visión amplia de lo que se entiende por cuestión laboral. Lejos de centrarse solo en los salarios y las horas, también apuntan al acoso y a la agresión sexual, a las barreras a la justicia reproductiva y a las restricciones al derecho de huelga.
Como consecuencia, esta nueva ola feminista tiene el potencial de superar la oposición obstinada y divisiva entre «política de identidad» y «política de clase». Al poner de manifiesto la unidad entre «lugar de trabajo» y «vida privada», rechaza limitar sus luchas a uno solo de esos dos ámbitos. Y al redefinir qué se entiende por «trabajo» y quién cuenta como «trabajador/a», rechaza la infravaloración estructural que hace el capitalismo del trabajo de las mujeres, sea remunerado o no. En resumen, el feminismo de la huelga de las mujeres anticipa la posibilidad de una nueva fase sin precedentes de la lucha de clases: feminista, internacionalista, ecologista y antirracista.
Esta intervención es perfectamente oportuna. La militancia de las mujeres en huelga ha estallado en un momento en el que los antes poderosos sindicatos, centrados en la manufactura, se han debilitado seriamente. Para revitalizar la lucha de clases, las activistas se han pasado a otro terreno: al del asalto neoliberal a la asistencia médica, a la educación, a las pensiones y a la vivienda. Teniendo como objetivo este otro flanco del ataque de cuatro décadas por parte del capital a las condiciones de vida de las clases media y trabajadora, han puesto su punto de mira en el trabajo y los servicios necesarios para el sustento de los seres humanos y de las comunidades sociales. Es aquí, en la esfera de la «reproducción social», donde encontramos buena parte de las huelgas y las luchas más militantes. Desde la ola de huelgas de maestras en los Estados Unidos hasta la lucha contra la privatización del agua en Irlanda y las huelgas de recolectoras dalit de excrementos en la India —todas dirigidas e impulsadas por mujeres—, las trabajadoras se rebelan contra la agresión del capital a la reproducción social. Aunque no estén afiliadas formalmente al movimiento International Women’s Strike (Huelga Internacional de las Mujeres), estas huelgas tienen mucho en común con él. También ellas dan valor al trabajo necesario para reproducir nuestras vidas, mientras que se oponen a su explotación; y también ellas combinan las exigencias de salarios y lugar de trabajo con las exigencias de un mayor gasto público en los servicios sociales.
Además, en países como Argentina, España e Italia, el movimiento de la huelga feminista ha recibido un amplio apoyo por parte de las fuerzas que se oponen a la austeridad. No solo mujeres y personas de género no conforme, sino también hombres se han unido a las manifestaciones masivas del movimiento en protesta por los recortes de fondos para las escuelas, la atención médica, la vivienda, el transporte y la protección del medio ambiente. Oponiéndose a la agresión del capital financiero a esos «bienes públicos», las huelgas feministas se convierten en el catalizador y el modelo de iniciativas de base más amplia para defender nuestras comunidades.
En resumen, la nueva ola de activismo feminista militante redescubre la idea de lo imposible, exigiendo a un tiempo pan y rosas: el pan que décadas de neoliberalismo han quitado de nuestras mesas, pero también la belleza que nutre nuestro espíritu a través de la euforia de la rebelión.

Tesis 2

El feminismo liberal está en bancarrota. Es hora de superarlo
Sin embargo, los medios de comunicación dominantes continúan equiparando el feminismo como tal con el feminismo liberal. Pero lejos de aportar la solución, el feminismo liberal es parte del problema. Concentrado en el Norte global entre el estrato profesional-gerencial, enfoca la mirada en el leaning-in y en la ruptura del «techo de cristal». Orientado a propiciar que un pequeño grupo de mujeres privilegiadas ascienda en la escala empresarial y en los rangos del ejército, propone una visión de la igualdad centrada en el mercado, que encaja perfectamente con el dominante entusiasmo empresarial por la «diversidad». Aunque condena la «discriminación» y aboga por la «libertad de elección», el feminismo liberal se niega rotundamente a hacer frente a las restricciones socioeconómicas que hacen que la libertad y el empoderamiento sean inaccesibles para la gran mayoría de las mujeres. Su objetivo real no es la igualdad, sino la meritocracia. Más que intentar abolir la jerarquía social, busca «diversificarla», «empoderando» a mujeres «talentosas» para que lleguen hasta la cima. Al tratar a las mujeres simplemente como un «grupo subrepresentado», sus promotoras buscan asegurarse de que unas pocas almas privilegiadas puedan alcanzar posiciones y sueldos en nivel de igualdad con los hombres de su propia clase. Por definición, las principales beneficiarias son aquellas que ya poseen considerables ventajas sociales, culturales y económicas. Todas las demás quedan varadas en el sótano.
Totalmente compatible con una desigualdad galopante, el feminismo liberal subcontrata la opresión. Consigue que las mujeres con cargos directivos puedan alcanzar sus metas (lean in) precisamente porque ese liberalismo les permite apoyarse (lean on) en mujeres migrantes mal pagadas a las que subcontratan para la prestación de los cuidados y el trabajo doméstico. Falto de sensibilidad ante la clase y la raza, une nuestra causa al elitismo y al individualismo. Al estimar el feminismo como un movimiento «independiente», nos asocia con políticas que van contra la mayoría, y nos aísla de las luchas que se oponen a esas políticas. En resumen, el feminismo liberal le da al feminismo mala reputación.
El ethos del feminismo liberal converge no solo con las costumbres empresariales, sino también con las corrientes supuestamente «transgresoras» de la cultura neoliberal. Su romance con el progreso individual impregna igualmente el mundo de las celebridades de los medios sociales, que también confunde el feminismo con el ascenso de la mujer individual. En ese mundo, el «feminismo» corre el riesgo de convertirse en trending hashtag y en vehículo de autopromoción, puesto en marcha no para liberar a la mayoría, sino para elevar a unas pocas.
En general, pues, el feminismo liberal proporciona la coartada perfecta al neoliberalismo. Al encubrir políticas regresivas bajo un aura de emancipación, hace posible que las fuerzas que apoyan al capital global se presenten como «progresistas». Aliado de las finanzas globales en los Estados Unidos, a la vez que proporciona cobertura a la islamofobia en Europa, este es el feminismo de las mujeres con poder: las gurús empresarias que predican el lean in, las femócratas que presionan por el ajuste estructural y el microcrédito en el Sur global, y las políticas profesionales en traje chaqueta que cobran honorarios de seis cifras por dar conferencias en Wall Street.
Nuestra respuesta al feminismo del lean in es el feminismo de la reacción activa (feminismo del kick-back). No tenemos ningún interés en romper techos de cristal y dejar que la gran mayoría limpie los vidrios rotos. Lejos de celebrar directoras generales que ocupen las oficinas con mejores vistas, queremos deshacernos de ellas y de esas oficinas prestigiosas.

Tesis 3

Necesitamos un feminismo anticapitalista, un feminismo para el 99 %
El feminismo que tenemos en mente reconoce que debe responder a una crisis de proporciones que hacen época: el desplome de los niveles de vida y el amenazante desastre ecológico; las guerras devastadoras y las expropiaciones intensificadas; las migraciones en masa recibidas con alambradas de púas; el racismo y la xenofobia envalentonados, y la abolición de derechos ganados con mucho esfuerzo, tanto sociales como políticos.
Aspiramos a hacer frente a todos esos desafíos. Evitando medias tintas, el feminismo que visualizamos apunta a abordar las raíces capitalistas de la barbarie metastatizada. Rechazando sacrificar el bienestar de una mayoría para proteger la libertad de unas pocas, defiende las necesidades y los derechos de las muchas: de las mu­jeres pobres y de clase trabajadora, de las racializadas y migrantes, de las mujeres queer, las trans, las discapacitadas, las alentadas a verse como «clase media», aun cuando el capital no pare de explotarlas. Pero eso no es todo. Este feminismo no se limita a «cuestiones femeninas», tal como se definen tradicionalmente. Representando a todas las explotadas, dominadas y oprimidas, quiere convertirse en una fuente de esperanza para la humanidad entera. Por eso lo llamamos feminismo para el 99 %.
Inspirándose en la nueva ola de huelgas de mujeres, el feminismo para el 99 % emerge del crisol de la experiencia práctica y de la reflexión teórica. Puesto que el neoliberalismo remodela la opresión de género ante nuestros propios ojos, vemos que la única forma de que las mujeres y las personas de género no conforme hagan realidad los derechos que tienen sobre el papel, o que aún pudieran conseguir, consiste en perseguir la transformación del sistema social subyacente que vacía de contenido esos derechos. De por sí, el aborto legal significa poco para las mujeres pobres y de clase trabajadora que no tienen ni medios para pagarlo ni acceso a las clínicas que lo procuran. La justicia reproductiva exige, al contrario, atención médica libre, universal y gratuita, así como el fin de las prácticas racistas y eugenésicas en la profesión médica. Asimismo, para las mujeres pobres y de clase trabajadora, la igualdad salarial puede significar simplemente igualdad en ...

Índice

  1. Cubierta
  2. Portada
  3. Créditos
  4. Dedicatoria
  5. Índice
  6. PREFACIO. El camino se bifurca
  7. TESIS
  8. 1. Una nueva ola feminista reinventa la huelga
  9. 2. El feminismo liberal está en bancarrota. Es hora de superarlo
  10. 3. Necesitamos un feminismo anticapitalista, un feminismo para el 99 %
  11. 4. Lo que estamos viviendo es una crisis de la sociedad en su conjunto, y su causa primordial es el capitalismo
  12. 5. La opresión de género en las sociedades capitalistas arraiga en la subordinación de la reproducción social a la producción para la obtención de beneficios. Queremos darle la vuelta a la situación
  13. 6. La violencia de género adopta muchas formas, todas ellas ligadas a las relaciones sociales capitalistas. Nos conjuramos para combatirlas todas
  14. 7. El capitalismo trata de regular la sexualidad. Nosotras queremos liberarla
  15. 8. El capitalismo nació de la violencia racista y colonial. El feminismo para el 99 % es antirracista y antiimperialista
  16. 9. Porque lucha por revertir la destrucción de la Tierra por el capital, el feminismo para el 99 % es ecosocialista
  17. 10. El capitalismo es incompatible con la democracia real y con la paz. Nuestra respuesta es internacionalismo feminista
  18. 11. El feminismo para el 99 % llama a todos los movimientos radicales a unirse en una insurrección común anticapitalista
  19. EPÍLOGO
  20. Entrando in medias res
  21. Información adicional