Dostoyevski entre Rusia y Occidente
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Dostoyevski entre Rusia y Occidente

Descripción del libro

El conflicto y la fascinación mutua entre Rusia y Occidente es un tema que sigue vigente en nuestros días, teniendo incluso una influencia directa en los acontecimientos más inmediatos del escenario global a principios del siglo XXI. Dostoyevski retrata de manera profunda este duelo, marcado no sólo por diferentes tradiciones, sino también por numerosos prejuicios. El libro ilumina las claves del peculiar desarrollo histórico y espiritual de Rusia que ha ido marcando y, posiblemente, radicalizando esta compleja relación. A este respecto la obra de Dostoyevski es uno de los cauces más poderosos para comprender la riqueza de un paisaje cultural y moral que se extiende hasta nuestro presente.

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Información

ISBN de la versión impresa
9788425424786
ISBN del libro electrónico
9788425432156

SEGUNDA PARTE

El duelo entre Rusia y Occidente en la obra de Dostoyevski

Preludio a los tres textos:
Apuntes del subsuelo, Los demonios y Los hermanos Karamázov

Apuntes del subsuelo es la novela en la que Dostoyevski por primera vez se plantea, como uno de sus objetivos principales, lanzar una crítica explícita al mundo occidental. La escribe en 1864, dos años después de hacer su primer viaje por Europa, con lo cual el conocimiento de la cultura occidental que había adquirido por medio del estudio del pensamiento, el arte y la literatura occidentales se ve complementado por el contacto real con la vida europea.
El racionalismo, el positivismo y las ideas de la Ilustración europea se convierten en blanco de su protagonista, que considera la irracionalidad como una de las características fundamentales del ser humano. Dostoyevski establece un diálogo sarcástico con la sociedad occidental, pero también con la rusa.
En primer lugar, el discurso de su héroe es crítico con la creencia sobre la posibilidad de entender la naturaleza humana desde la perspectiva de la lógica científica. Dostoyevski se levanta contra el positivismo y el racionalismo que habían empezado a florecer en Europa en el siglo xviii: «Las leyes de la naturaleza son las que más constantemente me han ofendido a lo largo de toda la vida» (V, 107). No obstante, también ajusta cuentas con la inercia y el nihilismo propios de los intelectuales rusos de su época, propagadores de grandes ideas pero incapaces de realizar nada en la práctica. «De las impresiones externas me abría sólo a las lecturas [...] no había nada en este mundo que pudiese respetar o que me pudiese interesar excepto los libros» (V, 127), reconoce su personaje del subsuelo. La percepción «literaria» de las cosas que Dostoyevski le atribuye explica el fracaso de su héroe ante las situaciones de la vida real: «Tan acostumbrado estaba yo a pensar e imaginar todo de modo novelesco y representármelo todo según me imaginaba en mis sueños, que tardé en comprender lo que entonces ocurrió» (V, 174). La inclinación rusa por los grandes sueños que nunca se realizan, que aquí se retrata como característica de una generación, es contemplada en Los hermanos Karamázov como una constante peculiaridad del carácter ruso: «¿Por qué vivir la vida real, si es mejor seguir soñando?» (XV, 22).
Apuntes del subsuelo presenta dos aspectos predominantes: uno es de carácter filosófico, el otro es eminentemente psicológico. Asimismo, la novela está construida en dos partes, escritas según discursos diferentes: la primera, reflexiva, se encuentra expresada por medio de un monólogo interior en el cual el autor enumera importantes ideas metafísicas que desea comunicar. En la segunda, más novelesca, el héroe afirma en la práctica las reflexiones expuestas en la primera parte. Esto coincide con el estilo narrativo de Dostoyevski: aunque sus héroes viven adentrados en pensamientos y sentimientos, están poseídos por alguna fuerza «elemental» que se suele manifestar a través de una acción frenética.
Ya en el primer capítulo el autor advierte que hay que entender el «subsuelo» en su dimensión metafórica, simbólica: son los abismos que se abren en el interior del ser humano. El protagonista es representante de una parte de la intelligentsia rusa, al mismo tiempo que simboliza algo profundamente universal. Experimenta terror ante la realidad; para salvarse, Dostoyevski le hace refugiarse en sus pensamientos. Pero lo que allí encuentra es el subsuelo. Se realiza así plenamente el propósito que este escritor reivindica como el principal impulso creativo cuando empieza a escribir, el de ser «explorador del alma».87
En este contexto, la profunda creencia en la irracionalidad humana actúa como idea central que enlaza la parte metafísica del relato con la parte novelesca. De este tema surgen otros subyacentes: la cuestión de la libertad, el fatalismo, el nihilismo, el pesimismo antropológico. El impulso destructivo y autodestructivo, el ansia de sufrimiento, el individualismo antirracionalista, encarnados en el comportamiento de la figura principal, también se inscriben en esta idea nuclear sobre el carácter irracional del hombre. Dostoyevski no pretende justificar estas debilidades psicológicas, sino expresar su opinión de que los más grandes alcances tecnológicos o científicos no pueden eliminarlas o superarlas. Así, la denuncia acerca del inevitable fracaso del proyecto, que él atribuye al mundo occidental, de solventar los problemas espirituales por medio del progreso material, encabeza su protesta en esta novela. El «Palacio de Cristal», «dos por dos cuatro», «el muro de piedra», las «teclas de piano», aparecen como fórmulas paradigmáticas del racionalismo occidental contra el cual Dostoyevski quiere alzar su voz.
Los episodios que se suceden en la segunda parte siguen el desarrollo de lo expuesto en el monólogo contemplativo de la primera, manifestando que hay un abismo entre la conducta racional del hombre y las oscuras profundidades de sus reacciones sentimentales, inexplicables racionalmente. La incapacidad de «realizarse positivamente» del protagonista alude continuamente a la reflexión dostoyevskiana sobre el abismo que existe entre los ideales y el comportamiento humano.
Detenerse en Apuntes de subsuelo para hablar de la relación de Rusia y Occidente tiene también su razón de ser por la enorme influencia que este texto ha ejercido en el pensamiento y en la literatura europeos del siglo xx. El héroe subterráneo ha tenido distintas interpretaciones por parte de múltiples líneas del pensamiento moderno. «Ha sido interpretado como autorrevelación psicológica de una personalidad patológica, o como un teológico grito de desesperación por los males de la “naturaleza humana”, o como declaración de la supuesta adhesión de Dostoyevski a la filosofía nietzscheana del “amoralismo” y la voluntad de poder, o como una desafiante afirmación de la revuelta de la personalidad humana contra todos los intentos de limitar sus inagotables potencialidades [...]. El término “hombre del subsuelo” ha pasado a formar parte del vocabulario de la cultura contemporánea, y este personaje ha adquirido hoy —como Hamlet, Don Juan, Don Quijote, Fausto— la estatura de una de las grandes creaciones literarias arquetípicas.»88 Precisamente esta novela, en la que Dostoyevski lanza uno de los anatemas más directos y sarcásticos contra algunos de los dogmas especialmente caros a la civilización moderna europea, y contra su «aplicación» en Rusia, parece ser su libro más reivindicado por el pensamiento occidental.
En cierto sentido, el personaje del subsuelo ha perseguido a Dostoyevski toda la vida, tanto existencial como creativamente. Raskólnikov, Stavroguin e Iván Karamázov germinaron de este personaje, en tanto figuras que encarnan al individuo hiperconsciente, que se alimenta de ideas, cuya vida contemplativa prevalece sobre la vida activa, que siempre es una mera consecuencia de la primera. Dostoyevski retrataba con maestría a este tipo de figuras, ya que la perspectiva fundamental de su filosofía vital se encuentra retratada en el hombre que se contempla a sí mismo separado de la humanidad entera, tal como magistralmente recapitula su protagonista: «Yo soy uno, ellos son todos» (V, 125).89
* * *
Los demonios es la única obra donde Dostoyevski confiesa la ambición de retratar el ambiente socio-político «a costa del arte». No obstante, la mayor parte de esta novela, más directamente comprometida con la realidad rusa, está redactada en el extranjero. En 1870, cuando empieza a escribir, la estancia de los Dostoyevski entre Suiza y Alemania se prolonga por cuatro años consecutivos. Esto agudiza su añoranza de Rusia y también la intolerancia respecto al modo de vida europeo. Hablando de la nostalgia de Rusia que consume a su esposa Anna Grigórievna, Fiódor Mijáilovich confiesa en una carta que escribe en marzo de ese año: «Yo también la echo de menos [a Rusia], y ésa es precisamente la base de todas mis tristezas y preocupaciones» (XXIX, 121).
Dostoyevski se mantiene informado sobre los acontecimientos de su país leyendo a diario la prensa rusa: «Leo tres periódicos rusos diariamente, hasta el último renglón, y recibo dos revistas», escribe el 25 de marzo de 1870 (XXIX, 115). El antagonismo entre los eslavófilos y los occidentalistas, los nihilistas, los liberales, los populistas (de los que un grupo se desvía hacia el anarquismo y el terrorismo) inspiran el contenido de la novela.
También le inquieta notablemente el escenario histórico-político europeo: la derrota francesa en la guerra franco-prusiana, el fracaso de la Comuna de París y la inmediata destrucción de la ciudad, el progresivo fortalecimiento de Alemania, etcétera. Ya el epígrafe bíblico que abre Los demonios (Lc 8.32-37) ciertamente indica que los endemoniados que Dostoyevski quiere retratar habían sido llevados al escenario ruso por los vientos que soplaban desde Europa occidental. En este contexto, el socialismo utópico francés se señala como la base de la agitación entre los jóvenes revolucionarios. En la novela, Dostoyevski indica que uno de los problemas era que «el socialismo derrotó las viejas fuerzas sin crear aún las nuevas» (X, 325). Le inspira también el recuerdo del período de su juventud durante el cual había militado en el Círculo Petrashevski y había compartido ideas liberales,90 de las que ya estaba profundamente desengañado y a las que ahora quería denunciar.
El fracaso de las rebeliones sociales en Europa en 1848-1849 fue además un duro golpe para el optimismo de una parte de los círculos intelectuales rusos, después de lo cual muchos, como Dostoyevski mismo, se refugiaron «en Cristo». De ahí que no es de extrañar que en esta novela el problema religioso también esté planteado desde una perspectiva ideológica. Uno de los personajes, Shatov, pronuncia la visionaria afirmación de que «la revolución tiene que empezar con el ateísmo» (X, 180). La ilustración de esta reflexión en la novela es la imagen simbólica del icono agredido. Un día el icono de la Virgen que decoraba el pórtico de una de las iglesias amanece sin algunas de las piedras preciosas que adornaban su marco y con un ratón colocado en un lugar anteriormente protegido por el cristal ahora roto. Este sacrilegio provoca una gran conmoción social:
La gente se congregó desde la mañana en el lugar del delito [...] Llegaban unos y se marchaban otros. Los que llegaban se santiguaban y besaban la imagen. Empezaron los donativos [...] el gentío guardaba silencio y los semblantes expresaban consternación y tristeza. (X, 253)
Lo que Dostoyevski en primer lugar quería denunciar del ethos revolucionario es el espíritu de la destrucción que veía: «¿No te das cuenta de que si ponéis la guillotina en primer plano, y con tanto entusiasmo, es sólo porque cercenar las cabezas es lo más fácil de todo y tener una idea lo más difícil?» (X, 173). Los personajes endemoniados quieren acabar con el viejo mundo y con todos sus valores éticos, estéticos y religiosos, utilizando el crimen y la violencia. La concepción atea del mundo según la cual «una décima parte de la humanidad tiene que gobernar sobre el restante noventa por ciento», expuesta por el personaje de Shigaliov, es una variante de la teoría del Gran Inquisidor que luego se expondrá en Los hermanos Karamázov. En este período, la relación entre el socialismo y el catolicismo se manifiesta ya de manera aguda en la conciencia de Dostoyevski.
Necháyev, Bakunin, el Catecismo revolucionario, sirven de inspiración más inmediata, junto con las otras voces de la época, como Herzen, Belinski, Dobroliúbov, Granovski, Chernishevski, etcétera. Asimismo, Dostoyevski expone lo que consideraba los defectos de su generación, es decir, de la generación de los padres de estos nihilistas y radicales, que mientras todo el país estaba en ebullición se dedicaban a conversar sobre la Madonna Sistina de Rafael u otros temas abstractos del ámbito filosófico-artístico europeo. Así, por ejemplo, otro personaje, Fon Lempke, antes de salir al encuentro de los trabajadores rebeldes, acude a consultar el Cándido de Voltaire. Después de encontrarse con la famosa frase: «Tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles», escupe al suelo y se dirige a la fábrica (X, 340-341). En estas críticas destaca la admirable capacidad (auto)irónica del novelista.
Una de las líneas fundamentales en la construcción de los personajes de Los demonios es su posición con respecto a la relación existente entre Rusia y Occidente. Dostoyevski alude a que todos entienden mal o no entienden en absoluto ni la realidad rusa ni la europea, y además señala que todas las cuestiones fundamentales giran en torno a lo ruso en contraposición a lo occidental. En este sentido, afirma: «En Rusia el socialismo se ha expandido sólo por el sentimentalismo» (X, 298). La novela plantea uno de los grandes interrogantes de la época: en su evolución social, ¿debe Rusia seguir el modelo europeo o tiene un camino propio, posiblemente más directo?
Ésta y otras preocupaciones claves en relación con el destino histórico de Rusia se plantean también en un nivel metafísico. La ambición de no prescindir de un profundo análisis psicológico-filosófico se manifiesta en el hecho de que Dostoyevski decide otorgar protagonismo a Stavroguin, un personaje universal, en vez de otorgárselo a algún joven revolucionario de la época. Este héroe manifiesta la capacidad del escritor de desarrollar hasta el extremo, a través de sus figuras literarias, algunas características que él tenía en potencia y de las que quería liberarse mediante el...

Índice

  1. Cubierta
  2. Portada
  3. Créditos
  4. Índice
  5. Nota preliminar
  6. Prefacio
  7. PRIMERA PARTE
  8. SEGUNDA PARTE
  9. A modo de conclusión
  10. Bibliografía
  11. Índice analítico
  12. Índice onomástico
  13. Notas
  14. Información adicional