EL AMOR SUPERA TODAS LAS FRONTERAS
La vida nos demuestra continuamente que todo cambia. Los árboles florecen, las hojas caen, las estaciones vienen y van, de la caída nace nueva vida. Sin muerte y destrucción no habría nuevas vidas. El cambio constante es la verdadera maravilla de la vida. Nacer, vivir y morir son la perfección de la vida. El Cielo no significa una existencia estática en algún momento de un futuro lejano. El Cielo significa experimentar como la propia vida esta danza divina del nacimiento y la muerte. La muerte es el símbolo de la fragilidad, pero también de la vida nueva. Y a la perfección de la vida pertenece la disposición a dejarse transformar por la muerte.
El amor es el que otorga confianza y fuerza, y con ello la seguridad de que seremos recogidos y llevados. Nos transforma y finalmente también nos da el valor para morir, para resucitar a una nueva vida. El juego de amor de Dios es el juego de la transformación, y depende de nosotros si participamos de este juego de amor y nos liberamos de los deseos de permanencia. El amor nos otorga el valor para transformarnos, supera el miedo y nos conduce hacia la libertad.
Para mí es a Dios, ese gran misterio, la «nada»,3 al que me puedo entrega con amor y sin reticencias, y al que sólo puedo amar si acepto y amo el mundo tal como es. La senda conduce a una vida de amor y solidaridad que no cierra los ojos ante el dolor y que acepta la responsabilidad del lugar en el que uno se encuentra y donde es necesario.
Jesús extendió la mano y tocó al leproso. En ese mismo instante se curó. Un leproso que hasta ese momento se encontraba solo y estaba marcado. La vida empieza a través de una relación, un regalo y un roce. La senda mística conduce hacia la cotidianidad y también conduce al prójimo. Quien haya tenido la experiencia del amor divino, la comparte con sus congéneres y les trasmite la cercanía y la seguridad que él mismo ha experimentado.
¿Podemos soportar la cercanía, tenemos el valor de confiar en los demás? Este amor no se trata de dar ni de recibir, sólo existe, es libre y deja libertad. Siempre está dispuesto a un nuevo comienzo. Destruye todo lo duro, nos muestra todo lo suave. Limpia nuestros pensamientos. El amor verdadero también sobrevive cuando tenemos puntos de vista diferentes, cuando chocan las convicciones, en un grupo, un estado, una religión. Precisamente entonces puede mostrar el amor universal que no es estrecho ni rencoroso y que está dispuesto a la reconciliación. No aparta a nadie. Se muestra con amigos y compañeros cuando no tenemos escapatoria. La desaparición de las fronteras con los demás pertenece al crecimiento de nuestra vida. En la mística significa abrirnos a nuestra esencia más profunda para, a través de ello, poder unirnos a los demás.
Mientras sigamos con la ilusión de un yo separado, actuamos en contra de la vida. Vivir significa relacionarnos, tocarnos. Tener el valor para toca...