El fundamento del Dharma
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El fundamento del Dharma

Una aproximación al Dzogchén

  1. 160 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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El fundamento del Dharma

Una aproximación al Dzogchén

Descripción del libro

Esta colección de enseñanzas del maestro Namkhai Norbu contiene las bases para observarnos, comprender nuestra verdadera condición y, así, poder integrar los fundamentos del Dharma budista.Con una lucidez y profundidad fuera de lo común, pero de una forma asequible y didáctica, aquí se exponen las Cuatro Comprensiones a tener presentes, los Tres Principios Sagrados (refugio, bodhichitta, dedicación de méritos), los Tres Entrenamientos y el Estado del Vajra. Además, el libro incluye un completísimo glosario elaborado por Elías Capriles.En definitiva, una inestimable aproximación a una de las más elevadas enseñanzas del budismo: el Dzogchén.

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Información

Año
2020
ISBN de la versión impresa
9788499885445
ISBN del libro electrónico
9788499888279
Edición
1
Categoría
Budismo

La bodhichitta1

El coraje del bodhisattva

La práctica del cultivo de la bodhichitta es un aspecto esencial de la enseñanza del Mahayana, y a su vez se considera como la base del Dzogchén y el Tantrismo. De hecho, al comienzo de una práctica de Dzogchén, tomamos Refugio y cultivamos la bodhichitta. Sin embargo, el Refugio y la bodhichitta no se reducen a la recitación de algunos versos; como siempre he explicado, el principio de la bodhichitta está ligado a nuestra intención.
En tibetano, el Mahayana se denomina thegpa chenpo. Thegpa significa «quien todo lo soporta», y chenpo, «grande» o «total». Algunas veces este término se refiere a la Tierra, porque la Tierra todo lo soporta. En ella reposan lo hermoso y lo feo, lo grande y lo pequeño, absolutamente todo; pero la Tierra nunca dice: «Estoy cansada y no aguanto más». Este es, pues, el principio del bodhisattva. En efecto, en tibetano bodhisattva se dice changchubsempa. La palabra sánscrita sattva se traduce como sempa, que significa «valiente» o «corajudo», aunque en este caso el término no se refiere a alguien que siempre está riñendo y discutiendo, sino a alguien que soporta todos los sufrimientos y las dificultades hasta la realización total, y que no lo hace por interés propio, sino por el bien de los demás.
Se compara una de las formas más elevadas de cultivar la bodhichitta con la actitud de un pastor. ¿Qué significa esto? Un pastor no es alguien que domina a las ovejas; tampoco es alguien condicionado por ellas; es una persona que las sigue, quedándose detrás de la última para cerciorarse de que ninguna se pierda por el camino. En el samsara hay infinitos seres que no han obtenido el Conocimiento y viven en la condición dualista, gobernados por las emociones y las pasiones. Quien tiene el Conocimiento también comprende la condición de sufrimiento, y se percata de que en el samsara todos los seres sufren. Así pues, el bodhisattva se comporta como el pastor que lleva a las ovejas a pastar y luego las conduce a casa, cuidando de que no se extravíen, protegiéndolas de los depredadores y siempre caminando detrás del rebaño, hasta que la última oveja haya entrado en el redil. El bodhisattva, a fin de ayudar a los seres, tiene el coraje de permanecer en el samsara hasta que todos obtengan la realización. Esta es la valentía del bodhisattva: no practicar por alcanzar su propia liberación sin importarle los demás. En efecto, quien no se preocupa por los demás no ha desarrollado la bodhichitta.
Puesto que la bodhichitta está ligada a la comprensión y el Conocimiento, en la enseñanza Dzogchén se habla más del Conocimiento –o, lo que es lo mismo, de la Presencia Instantánea– que del cultivo de la bodhichitta. A veces la gente no entiende esto y piensa que en el Dzogchén la bodhichitta es menos importante. Si pensamos de este modo, podremos practicar tanto como nos sea posible, pero con ello solo incrementaremos nuestro egoísmo.
Hablamos mucho de colaboración, pero colaborar no significa únicamente organizar algo; lo que significa es trabajar juntos en pro de la práctica y la realización. A menudo no lo logramos. ¿Por qué? Porque estamos dominados por el egoísmo. A veces ni siquiera notamos esto, e incluso si lo notamos no podemos hacer nada al respecto. Por eso es tan importante comprender el significado de la Bodhichitta. Es necesario comprender el verdadero sentido de la enseñanza y, en particular, es necesario comprender desde el comienzo mismo el significado del término bodhichitta.
De hecho, vivimos en el dualismo. Basta con observarnos por un minuto o dos para percatarnos de cuánto razonamiento viene a nuestra mente. ¿Y qué es razonar? Es la actividad de la mente, que está en el tiempo, y el tiempo pertenece a la condición relativa. La aplicación o el cultivo de la bodhichitta pertenece a la condición relativa, pero la verdadera Bodhichitta es el Conocimiento de nuestra verdadera condición, de nuestro Estado Primordial, que tiene lugar por medio de lo que en el Dzogchén se designa como Presencia Instantánea.

Bodhichitta absoluta y bodhichitta relativa

En sistema de Sutra del Mahayana, se habla de dos aspectos de la Bodhichitta: el relativo y el absoluto. La Bodhichitta absoluta es el Conocimiento de la verdadera condición de vacuidad o shunyatá. Esto implica encontrarnos en el Estado de Contemplación, pues cuando somos capaces de estar en él es porque hemos descubierto nuestra verdadera condición. En este caso, el Estado de Dzogchén, o Estado Primordial, es la verdadera Bodhichitta. Ello es así no solo en el Dzogchén, sino también en el Sutrayana o Sendero de Sutra.
Hasta ahora siempre nos hemos encontrado en la condición samsárica, en la cual se requiere un gran esfuerzo para hallar un momento de calma. Vivimos en la agitación y la distracción, estando condicionados por todas las cosas. Esta es la condición relativa en la que vivimos, razonando y siguiendo la mente que piensa y crea intenciones. Tenemos todo tipo de intenciones, buenas y malas, y siguiéndolas distraídamente realizamos muchas acciones, acumulando con ello una gran cantidad de causas kármicas. En efecto, esto es lo que ocurre en realidad, y si lo comprendemos, podremos entender lo que significa el término bodhichitta.
La bodhichitta relativa tiene que ver con la intención. Debemos examinar cuál es nuestra intención, y si vemos que no es buena, debemos abandonarla y cultivar buenas intenciones. Desde el comienzo mismo debemos aprender a cultivar la bodhichitta de esta manera. La enseñanza del Hinayana, el vehículo menor, se basa en el sistema de los votos, porque tomando votos podemos controlar los tres aspectos de la existencia –el cuerpo, la voz y la mente– a fin de no crear potencialidad negativa alguna. También en el sistema de Sutra del Mahayana se habla de votos, que son los de la bodhichitta o del Bodhisattva. Aunque en realidad el principio del Mahayana no es el de los votos, lo que sucede es que, puesto que la enseñanza del Buda está basada en el Hinayana, en el Mahayana se desarrollaron los votos de la bodhichitta, que incluyen dos sistemas principales.
El primero está relacionado con el Madhyamaka, una enseñanza originalmente transmitida por Mañjushri a Nagarjuna, fundador de la escuela del mismo nombre, que es considerada por el Mahayana como una de las más importantes escuelas filosóficas budistas. Shantideva también perteneció a esta escuela: él fue un maravilloso maestro, autor del famoso texto titulado Bodhisattvacharyavatara o Guía para la conducta del bodhisattva. A diferencia de otros textos, que se concentran solo en la filosofía, este describe, por encima de todo, las formas de aplicar la bodhichitta. Según Shantideva, también la bodhichitta está vinculada con los votos, porque tiene su origen en la enseñanza del sistema de Sutra del Hinayana, en la que se encuentra el Vinaya, que es el código de reglas para los diferentes tipos de monjes y laicos.
Originalmente, en el Mahayana no existía el Vinaya, pero dado que los bodhisattvas o practicantes de Mahayana conocían el Hinayana, que es la base de las enseñanzas budistas, el Mahayana adoptó el Vinaya del Hinayana, añadiéndole el principio de la intencionalidad, el cual está basado en el punto de vista y no en las reglas o en la forma. En conclusión, también el Mahayana contempla el Vinaya y admite la posibilidad de tomar votos para ordenarse como monje.
El segundo sistema está relacionado con la escuela Yogachara, una enseñanza transmitida por el Buda Maitreya, el Buda del Futuro, al famoso maestro Asanga. En el Tíbet, esta enseñanza fue transmitida por Atisha y, en general, está muy difundida, particularmente en las tradiciones Kagyupa y Gelugpa; por su parte, el sistema Madhyamaka está más extendido en la tradición Sakyapa, y ambos se hallan igualmente extendidos en la tradición Nyingmapa.

La relación con el maestro

Los puntos de vista del Madhyamaka y del Yogachara son ligeramente diferentes. Por ejemplo, en el Madhyamaka los votos pueden tomarse por medio de la visualización y la intención, sin que esté presente un maestro. Si quiero tomar los votos de la bodhichitta, imagino que el Buda y todos los bodhisattvas están presentes –a veces imaginando también un soporte, como por ejemplo una importante estatua del Buda– y, en base a la bodhichitta de la intención, tomo los votos. Si, después de haber tomado los votos, los quebranto –como, por ejemplo, no mostrando compasión hacia ciertos seres, lo cual constituye una gran transgresión para un bodhisattva–, pierdo los votos. En ese caso debo hacer la purificación y retomar los votos, manifestando, por ejemplo, que no era mi intención abandonarlos. La purificación también es válida si se hace visualizando al Buda, a los bodhisattvas y a todo el Árbol de Refugio, incluso sin necesidad de que un maestro esté presente.
En nuestra práctica habitual entonamos la sílaba «A» y visualizamos a Gurú Padmasambhava como la unión de todos los maestros, rodeado por Devas y Dakinis. Haciendo esto, también podemos tomar el voto de Refugio y los votos de la bodhichitta, y si los transgredimos podremos confesarnos y purificarlos, tomando de nuevo los votos. Naturalmente, se considera que es mejor tomar los votos frente a un maestro que tenga la Transmisión del linaje y que sea capaz de hacernos entender el verdadero sentido de lo que estamos haciendo, pero esto no siempre es posible. Tal vez al comienzo uno pueda hallar un maestro que le explique cómo cultivar la bodhichitta, pero uno no puede pretender tener siempre al maestro al lado.
Mucha gente posee este hábito y quiere tener al maestro siempre al lado, pero el maestro es necesario principalmente cuando hace falta recibir enseñanzas o aclarar dudas. En ningún caso se debe tratar al maestro como un cubo de basura. ¿Qué quiero decir con esto? Un cubo de basura es donde arrojas tus desechos. Del mismo modo, a veces las personas, cuando están agitadas y tensas, vierten todos sus problemas en el maestro.
Lógicamente, cuando no puedes solucionar un problema serio, puedes pedirle consejo al maestro, pero no debes arrojarle encima todas tus tensiones y problemas, tratándolo como un cubo de basura. Hay gente que me escribe dos o tres cartas semanales –no sé cómo tienen la paciencia para escribir tantas cartas y el dinero para comprar tantos sellos– y cuando las leo no les encuentro ningún sentido. Está claro que solo las escriben para desahogar sus neurosis. Esto es considerar al maestro como un cubo de basura. Normalmente, durante meses leo las cartas que estas personas me van enviando, pero después de un tiempo ya ni siquiera las abro, pues ya sé lo que dirán. En todo caso, las tengo guardadas en un gran cajón y tal vez un día terminen en los archivos de la Comunidad Dzogchén y puedan constituirse en casos de estudio, como los que describen los psicoanalistas.
El maestro es útil para darnos enseñanzas y así poder realizarnos. Como se dice en la enseñanza Dzogchén, el maestro es tu mejor amigo; pero en este caso «amigo» no debe entenderse como alguien con quien salir a pasear, charlar y pasar el rato. Mucha gente tiene la tendencia de considerarlo así. Practicantes que han estado en la Comunidad durante muchos años dicen que antes era mejor, porque podían pasar mucho tiempo con el maestro, y se quejan de que ahora es necesario pedir cita para hablar conmigo, y de que todo es más complicado. Pero esta gente debe recordar cómo eran las cosas antes y cómo son ahora.
Cuando se estableció Merigar, éramos unas diez personas y solíamos dormir en la misma habitación. La gente que quiere que volvamos a esos tiempos debería hacer lo mismo, pero en ese caso ni siquiera la gonpa sería suficiente para que todos durmiésemos juntos; necesitaríamos una gran sala de concierto. Debemos, pues, tomar esto en consideración, y quienes dicen que es complicado ver al maestro no deberían pensar solo en ellos mismos, sino que deberían tener en cuenta que también hay muchas otras personas.
Hoy en día tengo contacto con miles de personas en la Comunidad Dzogchén, no solo con treinta o cuarenta; y entre estos miles hay muchos que, en vez de darme algo que me fortalezca, lo que quieren es tomar de mí; son muy escasos los que quieren dar. De esta manera el maestro se vuelve una vaca lechera: ordeñas la vaca todos los días y, cuando ya no da leche, la sacrificas. Es fácil percatarse de que lo que ocurre es algo así. Pero como es mejor no sacrificar a nadie, hay que dejar espacio; hay que respetar el espacio del maestro. He oído que algunos dicen: «El maestro está Iluminado y, por tanto, nunca se cansa». Pero yo nunca he dicho que esté totalmente Iluminado, ni que no esté hecho de carne y hueso. Y esto no se aplica solo a mí. Está claro que, aunque se diga que están Iluminados y realicen milagros, los maestros comen, duermen, defecan y hacen todo lo que las demás personas. Hay que tener los pies en la tierra y reflexionar un poco. Los maestros se pueden cansar y, aunque tengan el coraje del bodhisattva, poseen las limitaciones inherentes al cuerpo físico.
Sin embargo, no debe pensarse que el maestro es un ser distante y que no se puede hablar con él o ella. Si alguien tiene algo importante que decir, puede hacerlo, pero hablar con el maestro solo para parlotear sería tratarlo como un cubo de basura. En general, antes de ir a hablar con el maestro, es mejor que nos observemos y tratemos de hallar la respuesta por nosotros mismos; es mejor que seamos nuestros propios maestros, en lugar de asignarle a otros ese trabajo. Esta es la razón por la cual el maestro, y especialmente un maestro de Dzogchén, nos enseña a observarnos: quiere que descubramos nuestra verdadera condición, y siempre nos pide que nos hagamos responsables de nosotros mismos. ¿Por qué el maestro nos pide esto? No es porque le preocupe que lo molesten, sino porque sabe muy bien que acudir al maestro no es la solución; la solución radica en observarnos y resolver nosotros mismos nuestros problemas. Ahora bien, si no hallamos una solución, por supuesto que el maestro puede ayudarnos.
Si todo el mundo hiciera esto, las cosas serían mucho más fáciles. Quienquiera que desee decirme algo puede acercarse y hablarme directamente, sin necesidad de grandes ceremonias o de apartarme para hablar en privado –lo cual a mí no me gusta–. Cuando alguien dice que tiene que contarme algo muy importante, quedamos un día para hablar tranquilamente a solas, pero si bien cada tanto alguien viene con un problema serio, la mayoría de las veces no hay necesidad de tanto secreteo; lo que pasa es que esas personas creen que lo que quieren decirme es muy importante y confidencial. A veces incluso me dicen: «¡No tengo nada en particular que preguntarle, solo quiero estar con usted un rato!».
También hay personas que temen al maestro, aunque no entiendo por qué, pues yo nunca he querido asustar a nadie. Tal vez algunas personas tiendan a ver al maestro como un general y a sí mismos como soldados, y tengan miedo y no sepan si pueden o no hablar con él. En la relación entre el maestro y quienes siguen sus enseñanzas existen todas estas dificultades, pero la raíz del problema es que la gente no se observa a sí misma. Lo que falta es el principio de la bodhichitta; si lo cultivamos, sabremos cómo observarnos a nosotros mismos. En la enseñanza Dzogchén, en particular, el principio de la bodhichitta no radica en tomar votos –que en cualquier caso podríamos asumir por nosotros mismos–, sino en entrenarnos en la autoobservación.

Bodhichitta de la intención y bodhichitta de la acción

El Mahayana, que es la enseñanza de los bodhisattvas, habla de tres entrenamientos que primero debemos entender para luego poder aplicarlos.
El primer entrenamiento es la moralidad, que consiste en aprender a controlar nuestra propia existencia. Esto puede hacerse de dos maneras: Quiene...

Índice

  1. Cubierta
  2. Portada
  3. Créditos
  4. Prefacio
  5. Las Cuatro Comprensiones a Tener Presentes
  6. El Refugio
  7. La 'bodhichitta'
  8. La Contemplación
  9. El 'Vajra'
  10. La dedicación de méritos
  11. Glosario
  12. Índice de palabras tibetanas
  13. Notas
  14. Contracubierta