Choque de titanes
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Choque de titanes

La victoria del Ejército Rojo sobre Hitler

  1. 528 páginas
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Choque de titanes

La victoria del Ejército Rojo sobre Hitler

Descripción del libro

Noviembre de 1941, la Blitzkrieg de la Wehrmacht había empujado al Ejército Rojo a las puertas de Moscú. Sin embargo, menos de cuatro años después, la hoz y el martillo ondeaba sobre las ruinas del Reichstag. Un símbolo elocuente del final de una pugna a vida o muerte que supuso el triunfo de la Unión Soviética sobre la Alemania nacionalsocialista, en el que fue, sin lugar a dudas, el frente decisivo de la Segunda Guerra Mundial.
Narrado con una prosa extraordinariamente ágil, en esta edición revisada y ampliada de la original When Titans Clashed, publicada en 1995, David M. Glantz, una de las principales autoridades en el estudio del ejército soviético, y Jonathan M. House, presentan una interpretación, novedosa en buena medida, de lo que en la URSS se conoció como la "Gran Guerra Patriótica", al abordarla desde la perspectiva soviética, tan a menudo sesgada u obviada.
Los autores, con información inédita de fuentes soviéticas clasificadas hasta la fecha, ofrecen un análisis del conflicto que renueva radicalmente nuestra comprensión de la experiencia de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Choque de titanes ofrece recientes revelaciones sobre la estrategia y las tácticas del Ejército Rojo y el papel de Stalin como su comandante supremo, nos acerca al surgimiento de innovadores comandantes fogueados en el fragor del combate, desvela numerosas operaciones militares que hasta el momento se habían pasado por alto o minusvalorado, señala los errores de cálculo alemanes en el camino hacia la capital roja, el efecto sobre el esfuerzo soviético del Día D y el "segundo frente" y el impacto devastador de la guerra sobre la economía soviética y la población civil. Un libro imprescindible para comprender por qué fue la bandera roja la que ondeó sobre el Reichstag y no la esvástica sobre el Kremlin.

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Información

Año
2020
ISBN del libro electrónico
9788412207910
Edición
1
Categoría
Historia

TERCER PERIODO DE LA GUERRA

Enero de 1944 - mayo de 1945

CAPÍTULO 12

El tercer invierno de la guerra

Las campañas fueron casi continuas desde finales de 1943 hasta mayo de 1945, interrumpidas solo por breves pausas encaminadas a que la maquinaria de guerra soviética se reorganizara para otra ofensiva a gran escala. Este periodo, conocido por los estudiosos soviéticos como el Tercer Periodo de la Guerra, fue testigo de la madurez final de ambas fuerzas armadas. Resulta por tanto apropiado examinar las fuerzas relativas de los dos antagonistas antes de continuar con la historia operacional de la contienda.

EL DECLIVE ALEMÁN

Después de Kursk, el poder y la efectividad combativa de los ejércitos alemanes en el Este entraron en una fase de declive prácticamente continuada. Los influjos periódicos de nuevos conscriptos y de equipo, especialmente para las unidades mecanizadas y las Waffen SS, dieron a los defensores los medios para llevar a cabo contraataques locales, algunos de los cuales, en particular en Rumanía durante la primavera de 1944, fueron bastante exitosos. A pesar de ello, estos ataques fueron cada vez menos efectivos, debido a la creciente sofisticación de las tropas soviéticas y al paulatino debilitamiento del nivel de entrenamiento y del equipo alemán.
Las formaciones de infantería alemanas estaban aún más empobrecidas que sus contrapartes mecanizadas. La división de infantería de 6 batallones se encontraba en gran medida indefensa ante un grupo móvil soviético. Muchas divisiones lucharon sencillamente como grupos de división, con un total de efectivos no mayor a los de un regimiento. En diciembre de 1943, tras mucho debate, Heinz Guderian se salió con la suya para que se reconfigurara el chasis de un viejo modelo de carro checo como cazacarros autopropulsado (el JagdPanzer 38t «Hetzer», que se unió al cañón de asalto Sturmgeschütz III [StuG III], armados ambos con un cañón de 75 mm). Por desgracia para la infantería alemana, nunca hubo ni los cazacarros ni los cañones remolcados de gran calibre suficientes para equipar más que a un tercio de la unidad contracarro de cada división.1 No obstante, debe hacerse costar en el haber la introducción a finales de 1943 de grandes cantidades de Panzerfaust (arma contracarro portátil), que facilitó una forma relativamente barata de destruir o dañar a un gran número de tanques soviéticos.
Los carros comenzaron a escasear en términos relativos. Los efectivos autorizados de una compañía de carros de combate disminuyeron de 22 en 1939 a 17 (sin duda superiores) en 1943. La falta de piezas de repuesto limitaba los esfuerzos de mantenimiento hasta en los carros que estaban disponibles. El 10 de marzo de 1944, por ejemplo, cuando el 2.º Frente Ucraniano del mariscal Kónev capturó un depósito alemán en Uman, en Ucrania, encontró unos 300 carros de combate alemanes inmovilizados, la mayor parte de ellos en espera de recibir piezas de repuesto.2 Además, el inadecuado suministro crónico de combustible limitaba todo movimiento motorizado o mecanizado; y el bombardeo de los campos petrolíferos por parte de los aliados no hizo más que empeorar el problema.
La paulatina retirada de los cazas de la Luftwaffe y de los cañones de 88 mm para la defensa del Reich, en conjunción con la creciente efectividad de la Fuerza Aérea Roja, hizo que las tropas alemanas fueran vulnerables a los ataques aéreos. Finalmente, aparecieron baterías antiaéreas ligeras en las divisiones Panzer y motorizadas, pero la formación media de infantería disfrutó de una defensa antiaérea muy poco efectiva.
La burocracia de guerra alemana hizo esfuerzos sobrehumanos para solucionar estos problemas de equipo. En octubre de 1943, Albert Speer llegó a un acuerdo con Heinrich Himmler para cooperar en la maximización de la producción industrial de Alemania. Convocó una reunión de cargos del Partido Nazi en Posen el 6 de octubre y los dos líderes hablaron sin ambages de la necesidad de una movilización total, en la que se demandaba el mismo tipo de entusiasmo para la producción que el que habían dedicado al espeluznante genocidio que entonces alcanzaba su punto culminante. Sin embargo, en la práctica, Speer ya había conseguido casi todo lo que era posible en términos productivos, especialmente dada la presión de los bombardeos aliados y la creciente proporción de la economía volcada en apoyo de las fuerzas armadas.3 Para finales de 1944, los extranjeros suponían un 22,1 % de la mano de obra agrícola alemana, un 24,9 % de los obreros industriales y un 11,2 % de las fuerzas gubernamentales y de seguridad.4 Las fábricas alemanas continuaban produciendo armas, pero carecían de la mano de obra y los materiales necesarios para contrarrestar la capacidad de sus contrapartes norteamericana y soviética.

ESTRUCTURA DE LA FUERZA Y DOCTRINA SOVIÉTICAS

Por el contrario, el Tercer Periodo de la Guerra marcó el desarrollo pleno de la estructura de la fuerza, el equipo y los conceptos tácticos y operacionales soviéticos. Antes de entrar en esta materia, merece la pena recordar que los soviéticos, como los alemanes, sufrían una gran escasez de efectivos. La enorme cantidad de bajas civiles y militares de la guerra, la exigencia de las grandes fábricas para mantener la producción de armas y la necesidad de recuperar las tierras devastadas ganadas a los alemanes, ejercía, todo ello, una gran tensión sobre la supuestamente inagotable reserva soviética de hombres. Los efectivos necesarios para crear nuevas unidades mecanizadas y de artillería solo se podía conseguir reduciendo el número de reemplazos de las unidades de fusileros. Además, debido a que los soviéticos estaban casi continuamente a la ofensiva, sufrían inevitablemente más bajas tácticas que los defensores alemanes. A grandes rasgos, durante el periodo final de la guerra, las unidades de combate soviéticas directamente involucradas en una ofensiva contaban entre un 22 % y un 25 % de bajas a la hora de alcanzar sus objetivos.5
Así, para 1944, la crisis de efectivos del Ejército Rojo era, a su manera, tan seria como la de su contendiente, la Wehrmacht. Muchas divisiones de fusileros tenían una fuerza efectiva de 2000 hombres o menos. El número de piezas de artillería orgánica de cada división disminuyó en favor de las unidades de artillería de ruptura no divisionales, que podían ser concentradas en los puntos críticos. Las formaciones de tanques y de la Guardia tenían una mayor prioridad en los reemplazos que las divisiones de fusileros, pero tenían tal cantidad de bajas que también ellas se encontraban a menudo mermadas de efectivos. Entre las unidades más castigadas estaban las compañías de ametralladoras situadas en la parte trasera de los T-34 como infantería de acompañamiento durante las operaciones de explotación o persecución. Por esta razón, a finales de 1942 los soviéticos habían comenzado a crear numerosas regiones fortificadas (ukreplennye raiony) que eran formaciones de economía de fuerzas compuestas por elementos de una alta potencia de fuego con pocos efectivos. Estas regiones consistían en batallones de ametralladoras y artillería destinados a ocupar grandes sectores de frente, liberando así a otras fuerzas de combate más capaces para su concentración a lo largo de los ejes críticos de ataque. Tales organizaciones, junto con unas medidas soviéticas de engaño efectivas y crecientes, explican de sobra el equivocado pensamiento alemán de que los superaban en número sin remedio; aunque era incuestionable que la superioridad del Ejército Rojo era abrumadora en los estrechos tramos de frente seleccionados para los ataques principales; en el resto de lugares, los alemanes combatían contra sombras compuestas por unidades de economía de fuerzas y oponentes imaginarios.
La disparidad resultante entre los efectivos autorizados y los verdaderos de muchas formaciones soviéticas ayuda también a explicar el aparente y sorprendente desempeño de algunos contraataques alemanes. La capacidad de una división de las Waffen SS al completo de efectivos y con prioridad en la recepción de las mejores armas alemanas para detener a un «cuerpo» o a un «ejército» soviético se debía más a la debilidad numérica de las formaciones soviéticas que a la supuesta superioridad táctica de los atacantes alemanes. Aun sin tener en cuenta las bajas, el cuerpo de tanques contaba con una cantidad autorizada de soldados menor que una división Panzer. Pese a que afirmaciones de esta naturaleza deben ser subjetivas, a título individual, el comandante y el soldado medios del Ejército Rojo eran probablemente tan efectivos como sus contrapartes alemanas en 1944-1945.
Durante el Primer Periodo de la Guerra (junio de 1941-noviembre de 1942), el Ejército Rojo desperdició una enorme superioridad numérica porque carecía de la capacidad para desplegar y maniobrar fuerzas. En el Segundo Periodo de la Guerra (noviembre de 1942-diciembre de 1943), ninguno de los contendientes gozó de una ventaja estratégica numéricamente abrumadora, pero los soviéticos habían desarrollado paulatinamente las capacidades de los efectivos y de las operaciones de engaño de cara a la creación de lo que los oficiales soviéticos llamaban una «correlación de fuerzas favorable» en el punto crítico. Durante el Tercer Periodo de la Guerra, los soviéticos tenían tanto el número de efectivos como la capacidad para destruir a las fuerzas alemanas, pero la crisis de la reserva de hombres demandaba un continuado énfasis en la sofisticación de los ataques de maniobra. Todavía se daban los asaltos frontales masivos aunque eran menos frecuentes y normalmente constituían ejemplos del inadecuado desempeño de comandantes del Ejército Rojo.
Desde el punto de vista estructural, el Ejército Rojo seguía con la tendencia de crear organizaciones plenas de armas combinadas, tanto para las fuerzas de fusileros como para las móviles. Los ejércitos de infantería (de armas combinadas) y de la Guardia consistían habitualmente en 3 o 4 cuerpos cada uno más un impresionante abanico de unidades de artillería, contracarro, morteros, «morteros de la Guardia» (Lanzaderas múltiples de cohetes Katiusha) y antiaéreas. Los ejércitos de la Guardia y los especialmente denominados ejércitos de choque tendían a tener una proporción mayor de artillería y tanques de apoyo a la infantería.6 Debido a que el Ejército Rojo mantenía la iniciativa estratégica, el NKO formó muchos menos ejércitos en 1944 y 1945. Sin embargo, a medida que el frente se fue contrayendo, el NKO procedió a la disolución de ejércitos mermados que operaban en teatros secundarios y asignó sus fuerzas a los frentes que operaban en sectores más activos. Durante este periodo, el NKO disolvió 5 ejércitos, formó 5 nuevos (incluyendo 1 de tanques, 1 de la Guardia y 1 aéreo) y renombró otros 3 ejércitos de tanques como unidades de la Guardia (vid. Tablas L y M en el Apéndice).
Las verdaderas innovaciones residían en la manera en que estas fuerzas fueron hechas a medida y empleadas. Las tropas de artillería, ingenieros y tanques reforzaron en todos los niveles a las unidades designadas para realizar el ataque principal. El Manual de Campaña de 1944 (Polevoi Ustav) del Ejército Rojo formalizó los procedimientos de una serie de técnicas que se habían desarrollado durante 1943, que incluían las ofensivas de artillería y aérea con el fin de proporcionar un apoyo continuo a las fuerzas de ataque terrestres. Y lo que es más importante, el Ustav destacaba la importancia de la maniobra, la sorpresa y la iniciativa, tres claves de la teoría alemana y soviética del periodo de entreguerras:
La maniobra es una de las condiciones más importantes para alcanzar el éxito. La maniobra consiste en un movimiento de tropas organizado con el propósito de crear la agrupación más efectiva y en situar esta agrupación en la posición más favorable para atacar al enemigo mediante un golpe decisivo para ganar tiempo y espacio. La maniobra debe ser simple en su concepción y debe llevarse a cabo de forma secreta, rápida, y de tal manera que se consiga la sorpresa del enemigo […].
Estar preparado para asumir la responsabilidad de una decisión arriesgada y llevarla a cabo hasta el final de forma persistente es la base de la acción de todo comandante en la batalla. Una audacia y una inteligencia osadas deberían caracterizar siempre al comandante y a sus subordinados. No se merece el reproche aquel que en su celo por destruir al enemigo no consigue su objetivo, sino aquel que, temiendo a la responsabilidad, permanece inactivo y no emplea todas sus fuerzas y medios en el momento apropiado para conseguir la victoria.7
Las publicaciones doctrinales de la mayor parte de los ejércitos modernos expresan ideas similares, pero el Ejército Rojo contribuyó con algo más que palabrería a estas ideas.
Aunque es cierto que el fracaso todavía recibía un duro castigo, el cuerpo de oficiales del Ejército Rojo, particularmente en las unidades móviles, estaba animado y dispuesto a asumir riesgos y tomar decisiones en la manera que fuese necesario.
Debido a que el Tercer Periodo de la ...

Índice

  1. Cubierta
  2. Título
  3. Créditos
  4. Índice
  5. Nota a esta edición
  6. Agradecimientos
  7. Prefacio a esta edición revisada y ampliada
  8. Preludio: 1918-1941
  9. Primer Periodo de la Guerra: Junio de 1941 - Noviembre de 1942
  10. Segundo Periodo de la Guerra: Noviembre de 1942 - Diciembre de 1943
  11. Tercer Periodo de la Guerra: Enero de 1944 - Mayo de 1945
  12. Apéndice: tablas estadísticas
  13. Nota sobre las fuentes
  14. Bibliografía