La educación popular de ayer y de hoy
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La educación popular de ayer y de hoy

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La educación popular de ayer y de hoy

Descripción del libro

Entre teorías y prácticas de la educación, hay algunas que duran algunos meses. Otras, algunos años, y otras, décadas y hasta siglos. Este libro reúne escritos sobre una de esas prácticas sociales: la educación popular.

En su versión actual, nació en Latinoamérica a comienzos de la década de 1960. Paulo Freire es, entre todos, el creador de ideas y el educador más recordado. Pero la educación popular es una invención latinoamericana de vocación colectiva y, como tal, sigue siendo una de las experiencias más ricas y vivas entre nosotros hasta el presente. Nada siguió igual luego del potente surgimiento de la educación popular. Más de cincuenta años después, sigue viva, activa en su vocación crítica, creativa, insurgente y transformadora.

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Información

Año
2020
ISBN del libro electrónico
9789876918220
Categoría
Pedagogía

CAPÍTULO 1
Concientización y educación popular

Hay una constatación común en todas las personas y grupos que poseen cierta sensibilidad social con referencia al continente latinoamericano: la existencia de una situación de profunda desigualdad, de injusticias y de opresión; y que tal situación debe ser cambiada urgentemente.
Sin embargo, solamente el descubrimiento de la necesidad de ese cambio no es suficiente. Es preciso avanzar más, buscar, comprender las causas reales que posibilitan esa situación estructural de injusticia y actuar sobre esas causas.
Muchas veces, esfuerzos bien intencionados de grupos de cristianos o no que desean la construcción de una sociedad más justa no producen un resultado eficaz por la falta de una fundamentación teórica correcta, de una visión más clara y más global de la realidad en la que viven y, consecuentemente, de las exigencias para una actuación efectiva.
Como el proceso de cambio es extremadamente complejo, son presentadas distintas estrategias para conseguir este objetivo. No vamos a discutirlas en este documento. Partimos de la posición de que es importante y fundamental la participación de las masas populares en la totalidad de ese proceso y presentaremos algunos presupuestos teóricos que deben ser tenidos en consideración en los esfuerzos por aumentar e instrumentar esa participación. Además de eso, indicaremos algunos elementos metodológicos que puedan ofrecer pistas para la orientación de un trabajo popular.
Muchas formas de movilización popular pueden ser utilizadas en el conjunto del proceso de transformación estructural. Tampoco vamos a intentar examinarlas en este documento. Restringiremos nuestra referencia al instrumento que hoy emerge como uno de los más importantes y más divulgados: lo que se denomina educación popular.
“Educación popular” es todavía un concepto vago e indefinido que ha sido aplicado, en su sentido más amplio, a programas educativos dirigidos a adultos de las zonas urbana y rural. En este documento, se da a esa expresión un sentido más restringido. Significará aquellos programas educativos que se colocan, o tienden a colocarse, en una perspectiva de superación de las actuales estructuras sociales a través de procesos que presuponen una efectiva movilización y participación popular.
Desde que la educación popular comenzó a ser divulgada y desarrollada en América Latina, surgieron programas educacionales, tanto en el medio urbano como en el rural, que, aunque semejantes en muchos aspectos, poseían metodologías y, muchas veces, contenidos diversos. Esa diversidad representaba una actitud de adecuación a contextos sociales diferentes (grupos indígenas, comunidades rurales, proletariado urbano). Representaba también, y con mayor razón, la expresión práctica de las diferentes posiciones políticas e ideológicas de los organizadores y responsables por tales programas, con relación a la sociedad donde actuaban. Todo programa educacional expresa una ideología de la cual es vehículo.
Este documento se dirige a grupos latinoamericanos que presentan ciertas características y objetivos comunes. Son grupos comprometidos con la difícil tarea de realizar las transformaciones estructurales necesarias para el establecimiento de un orden nuevo y más efectivamente justo en las sociedades latinoamericanas. Entre las constantes que sirven como indicadores de las posiciones de los grupos comprometidos con esa tarea, pueden ser apuntadas, muy sumariamente:
  1. Los cambios sociales en América Latina se deben traducir como transformaciones estructurales que alcancen, fundamentalmente, los niveles económicos y políticos de la sociedad, aquellos donde se localizan las contradicciones básicas vigentes en la inmensa mayoría de los actuales sistemas sociopolíticos.
  2. Estas transformaciones estructurales deben ser emprendidas como un verdadero programa histórico asumido por las clases explotadas como una tarea suya, como una forma nueva de asumir la dirección de la historia al transformar la totalidad de las estructuras y las relaciones.
Tanto los niveles como las ramas de enseñanza son distribuidas de manera tal que sean mantenidos los esquemas de estratificación social según criterios clasistas, estos esquemas muchas veces justificados y oficializados a través de esta propia distribución. El acceso a niveles superiores del sistema escolar es posibilitado, apenas, con carácter individual, jamás con carácter colectivo.
La explicación presentada para esa selectividad no es atribuida al origen de clase de los alumnos presentes en cada nivel y rama de enseñanza, sino a motivos que justifican esa propia selectividad, tales como las necesidades de especialización resultantes de la división social del trabajo, la capacidad y el mérito individual de los alumnos, etcétera.
Los mecanismos de selectividad no actúan apenas dentro de las sociedades nacionales. Ellos actúan también a nivel internacional, entre los países que integran el sistema capitalista. Los países dominantes mantienen, para sí, el privilegio de la investigación y del know-how de alto nivel, concediendo solo hasta un determinado límite. Quien controla el know-how y su uso posee un eficaz instrumento de dominación.
Además de la selectividad cuantitativa de los sistemas de enseñanza, se constata otro tipo de discriminación de las sociedades de clase: es aquella que determina lo que puede ser transmitido y aprendido.1
Justamente con los conocimientos más inmediatamente instrumentalizados y profesionalizadores, la educación hace vehiculizar conocimientos que justifican el orden social existente, resaltando su necesidad y su excelencia; crean, para los representantes de todas las clases, tanto populares como dominantes, expectativas y aspiraciones que no sobrepasan los límites necesarios para la manutención del orden vigente.
Dentro y fuera de las escuelas y universidades, la verdad social justificadora del orden vigente es oficializada y cuidadosamente transmitida. Para cada acontecimiento pasado al nivel de las relaciones sociales existe una justificación coherente con la totalidad de las estructuras en vigor. Así, la mayoría de los hechos tiene su explicación dentro de un sistema de interpretación de la realidad que se presenta a la sociedad como coherente, necesario y universal.
En la misma medida, las propias necesidades personales son traducidas en términos de expectativas y aspiraciones posibles dentro del sistema vigente. Varios sociólogos han demostrado cómo ciertos conceptos, aparentemente inocentes (refranes, eslóganes, etc.), transmitidos como saber oficial, establecen un tipo de condicionamiento mediante el cual todo cambio de estatus pretendido es individualizado, al mismo tiempo en que aparece como siendo siempre posible a los más esforzados y eficientes.2 A fin de cuentas, la verdad social es la verdad de las clases dominantes, o está a su servicio, y como tal, es un instrumento eficiente de control de una situación que a ellas interesa mantener.
¿Cómo se dan los procesos mediante los cuales, dentro y fuera de las escuelas, en la totalidad de las sociedades de clases, esta situación se oficializa y mantiene?

El proceso de la institucionalización en las sociedades de clases

Toda la interacción entre dos o más personas se realiza dentro de una estructura social determinada. En esa estructura, esa interacción, o se hace dentro de condiciones de realización predeterminadas, o se puede tornar, ella misma, base de nuevas situaciones predeterminantes. En este sentido, cualquier interacción entre dos o más personas (o entre personas y grupos, o entre grupos y grupos) puede ser considerada como una acción social, en dos sentidos: primero, porque es socialmente predeterminada (sus posibilidades y su mundo son anteriores a su propia realización); segundo porque tiene un sentido social, y ese sentido solo se explicita cuando la acción social está referida a sus condicionantes estructurales.
El proceso mediante el cual las acciones sociales son representadas e integradas en una estructura social puede ser definido como institucionalización. ¿Cómo se procesa, en sus formas más simples, la institucionalización? Ahora bien, toda situación social está condicionada por percepciones y representaciones sociales que, a su vez, determinan predisposiciones a ciertos comportamientos en cada uno de sus participantes. Cuando esas percepciones que cada uno tiene (de sí mismo, de los otros participantes de la situación social, de la propia situación total en que la acción se da) son el resultado de experiencias anteriores, controladas socialmente, pueden ser llamadas tipificaciones. Ahora bien, casi todos los comportamientos, personales y grupales, son tipificados, y aquellos que todavía no lo son terminan por serlo una vez que, al ser repetidos, reciben un significado social.
Una situación social está institucionalizada en sus términos más simples siempre que ella introduce acciones que son tipificadas (percibidas y significadas) igualmente por sus participantes.3 La institucionalización tiende a darse, por lo tanto, en cualquier modo de acción social que tenga una cierta continuidad dentro de una estructura social. Por otro lado, la propia estructura social resulta, en gran medida, de varias formas de institucionalización. En este sentido todavía, en la misma medida en que las institucionalizaciones cristalizadas bajo la forma de instituciones sociales integran la propia estructura social, cada una de estas instituciones solamente tiene sentido si está referida a esa estructura social global.
La conclusión más inmediata que se puede extraer de este breve análisis es el hecho de que toda institucionalización tiene una función eminentemente controladora: sobre las acciones que se dan dentro de la estructura social; sobre las instituciones resultantes; y sobre las relaciones posibles entre ellas (por ejemplo: la relación entre la institución educacional y la institución económica). Un determinado orden social es, así, una integración de acciones sociales institucionalizadas en el sentido de mantener, en conjunto, los esquemas del propio orden dentro del cual fueron generados. Es verdad que se puede concebir la posibilidad de instituciones sociales opuestas al orden vigente. Serían ejemplo un movimiento político revolucionario, la mafia, etc. Aun así, sin embargo, permanece la función controladora de la institución que, en estos casos, se ejerce en relación con sus propios miembros.
Toda acción social nueva es novedad durante muy poco tiempo. O ella tiende a extinguirse y, consecuentemente, no repetirse nunca más, o ella tiende a ser habitualizada y luego tipificada, y entonces institucionalizada, pasando a ser en una segunda instancia objetivamente aceptada y justificada dentro del contexto social en que se procesa; y subjetivamente tenida como posible y válida por los miembros de la sociedad. Aun las acciones consideradas más espontáneas son, también ellas, comportamientos sobre los cuales la sociedad ejerce su influencia o su control institucionalizador.
En las sociedades primitivas, anteriores a la división de clases, lo que era institucionalizado tenía el carácter de elemento social controlador. Sin embargo, las instituciones sociales eran establecidas en interés de todas las personas y, en este sentido, en interés del grupo social como un todo.
En las sociedades clasistas aparecen aspectos nuevos que vale la pena considerar con más detenimiento.
Aquellos que ejercen el control sobre el proceso de producción ejercen, necesariamente, otros niveles de control de la propia organización de la sociedad. Es un hecho conocido que las clases dominantes controlan la sociedad a partir del dominio que ejercen sobre los medios de producción y sobre el poder político. Es un hecho conocido, también, que esas clases echan mano de esquemas justificadores del orden social que establecen, así como de esquemas de control y represión de cualquier comportamiento, individual o colectivo, que pueda realmente amenazar el orden establecido. Traduciendo esos hechos a través de las categorías que explican el proceso de institucionalización social, se puede afirmar que, en las sociedades de clase, los grupos dominantes controlan también los procesos mediante los cuales la sociedad se institucionaliza. Esto significa que ellos ejercen un control directo sobre la formación de las instituciones sociales creadas para mantener el orden establecido y sobre el significado que es atribuido a esas instituciones, como se verá más adelante.
La estructura de la sociedad capitalista está representada por instituciones que sintetizan los intereses de las clases dominantes en la misma medida en que se constituyen como un sistema de control que garantiza la realización de esos intereses. Situaciones concretas de explotación de clases, grupos y fuerzas de represión, etc., son institucionalizadas y oficializadas, pasando a representar, en la sociedad, no a las clases dominantes, sino a la propia sociedad. Este sería el mecanismo básico de la dominación, y su sentido solo se torna claro cuando es estructuralmente interpretado.

El proceso de legitimación en la sociedad de clases

En una primera instancia, la sociedad institucionaliza acciones sociales, creando instituciones que garanticen, mediante el control, la permanencia del orden social vigente.
En una segunda instancia del proceso de institucionalización, se establecen justificaciones que dan sentido a esas instituciones y se crean sistemas normativos, resultantes de esas justificaciones, a través de los cuales son orientadas y controladas las acciones sociales institucionalizadas. Estos valores y normas justificadoras de las instituciones pueden ser denominados, en su conjunto, “legitimaciones”. Justamente a través de la legitimación las instituciones sociales son objetivamente explicadas y subjetivamente aceptadas.
Es fácil comprender que cada acción social institucionalizada, al recibir un significado social y al integrarse en un sistema normativo de control, se torna socialmente legitimada. Por otro lado, el conjunto total de legitimaciones que justifican la totalidad de las instituciones de una sociedad procura interpretar el propio significado de esa sociedad y de todo lo que se da en su estructura.
Conviene llamar la atención hacia ese doble aspecto del proceso de legitimación:
  • Este se constituye como una forma de conocimiento de la sociedad.
  • Este se traduce en términos prácticos en los sistemas normativos de las acciones sociales a las que ese conocimiento se refiere.
Siendo así, respecto de cada comportamiento individual o colectivo en la sociedad hay un modo de legitimación que traduce lo que es (o lo que significa) ese comportamiento dentro de una totalidad de significados y cómo puede darse ese comportamiento dentro de una totalidad de posibilidades de acción social, cuya explicación última está en la forma como la sociedad se explica para mantenerse en vigencia.
Las legitimaciones sociales atraviesan...

Índice

  1. Cubierta
  2. Acerca de La educación popular de ayer y de hoy
  3. Portada
  4. Prólogo. La educación popular de ayer y de hoy
  5. Presentación
  6. Introducción. Desde ayer hasta hoy: un libro de testimonios y memorias
  7. Capítulo 1. Concientización y educación popular
  8. Capítulo 2. La educación popular en América Latina
  9. Capítulo 3. Investigación participativa*
  10. Capítulo 4. Educación alternativa en la sociedad autoritaria
  11. Capítulo 5. Educación pública, educación alternativa, educación popular y educación del campo: caminos y convergencias, desvíos y divergencias
  12. Capítulo 6. Una educación para toda la vida. Lectura de fragmentos de un visionario
  13. Capítulo 7. Argentina: poemas escritos entre los Andes y Luján en octubre de 2016
  14. Escritos de Carlos Rodrigues. Brandão traducidos al español
  15. Créditos

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