2. La presencia transformadora
«Qué pena que por creer que haces poco no hagas nada.»
BURKE
Vivimos tiempos turbulentos en los que es fácil desorientarse y desviarse del rumbo. En este contexto es necesario, hoy más que nunca, recuperar la inspiración, el entusiasmo y la motivación, para avanzar co-creando juntos una nueva realidad.
Necesitamos claridad, seguridad en nosotros mismos y autoestima, para mantener el rumbo sin perdernos. Necesitamos capacidad de comunicación, confianza, determinación y valentía si queremos sobrevivir a estos tiempos con salud y equilibrio.
En la medida en que vemos y sentimos la necesidad de un cambio, y somos capaces de demostrar que este es beneficioso para los demás, tenemos una mayor influencia. A veces resulta difícil, porque los que te rodean ni perciben ni entienden esa necesidad. En estas circunstancias es fundamental que creas profundamente en los beneficios que el cambio te aportará. Cuando el anhelo por conseguirlos es más fuerte que tu insatisfacción presente, encuentras la energía necesaria para dar el paso.
Puede que algunas personas no te entiendan, no te apoyen y te critiquen. También es posible que el cambio conlleve ciertos gastos, necesidad de traslados, o un sentimiento de soledad. A todo esto lo llamo el coste del cambio. ¿Qué es lo que nos ayuda a afrontar el coste del cambio? Estamos dispuestos a pagar ese coste cuando el descontento presente es mayor que lo que suponga el coste, y cuando el ideal futuro es potente y atractivo.
Mientras la insatisfacción del momento actual es “tolerable”, la persona suele preferir no cambiar y quedarse en la zona de confort sin asumir riesgos.
Cuando el malestar que uno siente le impulsa al cambio, necesita además ser capaz de liderar su proceso interior para que se dé una verdadera transformación. Es un autoliderazgo que tiene claro lo que quiere en el futuro y se aplica a ello con energía y determinación. Entonces es capaz de liderar el cambio externo así como el interno.
Una vez que uno inicie el cambio le será más fácil si encuentra un mapa que lo acompañe en el proceso de transición y le marque unos indicadores que le guíen hacia la luz. Tener un mapa es de una gran ayuda para recorrer el camino, saber dónde uno está y hacia dónde va. Pero uno tiene que saber leer el mapa y entenderlo, siendo consciente de que el mapa no es el territorio.
Veamos algunas características y valores de la persona que tiene presencia transformadora. Vamos a ver cómo es, qué ofrece, qué hace y qué practica la persona que es capaz de influir y transformar.
Presencia brillante
Cuando te sientes pleno
brillas con autenticidad.
Una persona cuya presencia es brillante practica y vive cualidades y valores esenciales. Brillar es el resultado de una Presencia integrada. La persona ha integrado sus sombras y sus luces, su historia, sus aparentes contradicciones y sus diferentes yoes. Gracias a esa integración vive la unidad en su propia diversidad. Y en esa unidad está la fuerza de su brillo.
Una presencia brillante ofrece luz, gracias a la cual tienes la posibilidad de despertar a lo que puedes ser y hacer. La luz de una persona brillante te hace salir de las sombras, si quieres. Aunque no quieras, te facilita que lo puedas ver y decidir. Depende de ti abrir los ojos para ver.
En la Biblia ya se nos habló de esta posibilidad. «La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones. Quien procede lealmente se acerca a la luz para que se manifieste que procede según la verdad.» (Jn. 3, 20-21).
Cuando somos conscientes de estar actuando o de haber actuado mal, de tener mala intención, preferimos estar en la sombra y no brillar. Nos cohibimos. En cambio, una presencia luminosa es íntegra y no tiene nada que esconder. Aceptar e integrar nuestras sombras en nuestra vida nos ayuda a ser más luminosos; para ello debemos salir y afrontar sin temor los “diablos” internos. Estamos en un combate espiritual interior en el que es importante estar atento y alerta. Estar despierto para no dejarse llevar por la fuerza de los miedos, de la rabia, de los deseos y de los hábitos que nos atrapan y nos alejan de lo esencial.
Para que tu presencia sea brillante necesitas tener la capacidad de liberarte de las influencias que te empequeñecen, de las que te apagan; aquellas que disminuyen tu capacidad de amar, de brillar, de darte cuenta, de sentirte libre y de estar en paz. Esas influencias vienen de fuera y también de tu pasado y de tus hábitos.
Para liberarte debes ser firme, mantenerte en los raíles y no permitir que esas influencias te desvíen ni te descarrilen. Ser firme es estar enraizado en tu ser y ser flexible para no romperte con el viento de las influencias externas.
Ten una presencia brillante
- Atrévete a mostrarte. No te escondas.
- No temas hacer el ridículo. No temas el rechazo ni la incomprensión. Tú sabes por qué haces lo que haces. Hazlo con brillo. Cree en ti y en tus buenos propósitos.
- Protégete de las personas cuya influencia te empequeñece. Aprende de ellos y fortalécete para que en su presencia no te hagan sombra. Son como tus maestros que te hacen replantear tus bases y tus raíces. Te ayudan a conectarte con ellas para mantenerte firme y no hundirte. Es bueno relacionarte con quienes te respetan y valoran por lo que eres. Te ayudan a brillar. Pero quienes con su presencia te plantean desafíos son quienes te empujarán para que sigas un camino de fortalecimiento personal.
- Escribe afirmaciones acerca de lo que te hace brillar. Por ejemplo:
- La grandeza del mar me inspira y suelto lo que me ancla para abrirme a nuevos horizontes.
- Confío en que cada desafío aparece porque soy capaz de afrontarlo.
- Soy libre para ser feliz.
- Respeto mi intuición.
- Me permito sentir.
- Tengo derecho a ser yo. Soy.
- Soy fuerte y puedo ser. Puedo estar. Puedo hacer. Yo puedo.
- Soy auténtico y vivo mi propia vida.
Escribe las tuyas, y cada mañana medita sobre ellas para integrarlas y practicarlas durante el día.
- Revisa tus acciones: si a veces haces cosas que prefieres esconder, quizás es mejor que no las hagas. Actúa siempre desde la claridad y la honestidad, esto mantiene tu brillo.
- Mira en tu interior. Esto te ayuda a centrarte. Si en vez de mirar hacia dentro te comparas con los demás y te distraes con lo que ocurre a tu alrededor, tu brillo disminuye en alcance y en intensidad.
Presencia de plenitud
Cuando estás en un estado de plenitud, tu presencia influye.
Estás conectado con tus raíces: con tu esencia. Vives los valores que te mueven y dan sentido a tu existir. Vives con una actitud de cuidado y de servir, sin deseo de imponer sino de compartir. Mantienes las creencias que te permiten ser y fluir. Cuestionas y descartas aquellas creencias que te limitan y te impiden brillar. Brillas cuando te sientes pleno.
El estado de plenitud te lleva a un estado de gozo, de dicha, de tranquilidad, de armonía, de bienestar y de amor; es un estado en el que estás liviano, fluyes y te sientes libre internamente. No sientes cargas, agobio ni estrés. Al contrario, te sientes etéreo como la luz, luminoso como un ángel y con una actitud positiva que te lleva a un compromiso con la realidad.
Tapar las fugas
Para sentirte completo debes dejar de buscar fuera lo que está en tu interior desde siempre. Naciste con ello, pero no te enseñaron a mirar hacia dentro y te pasaste la vida buscando en el exterior. Esto provocó desencuentros en el camino, decepciones e insatisfacción.
La insatisfacción surge de un vacío interior que quieres llenar. «La búsqueda en el plano de las apariencias no aplaca la sed de ese “algo” que no puede definirse con precisión. Mientras no se descubra el “ser” y no se viva desde ese “centro”, falta lo más importante. Se sufre. Las personas buscan el “agua de vida” que aplaque definitivamente su sed. Pero la buscan en el lugar equivocado. La plenitud no puede alcanzarse con cosas.» 3
Cuando eres como un cubo agujereado, no importa cuánta agua eches, el cubo nunca se llena. Corres tras los deseos provocados por la insatisfacción y dejas de estar presente. Estás pendiente de conseguir algo, y cuando lo consigues se disuelve en unos instantes como el azúcar en la boca. Permaneces en un estado de deseo continuo. Y la insatisfacción parece insuperable.
Otras fugas de energía que te vacían son los miedos, la inseguridad, el apego y la dependencia. Bloquean la experiencia de amor, paz, libertad y felicidad, o te alejan de ella. Afrontar y superar esos estados es necesario para que en tu vida haya más armonía y plenitud.
Para tapar los agujeros del cubo, a nivel personal has de detener los pensamientos inútiles, dejar de crear sentimientos negativos y fortalecer las actitudes positivas. En la relación con los demás se trata de no mantener conversaciones inútiles ni recrearse en la queja, en la crítica ni en las culpas. Es cuestión de cuidar lo que piensas, lo que sientes y lo que compartes.
Se trata de darte cuenta y ser consciente de que eres el creador de tus pensamientos y sentimientos; que un pensamiento puede bloquear tu capacidad de sentirte pleno y realizado, y que un pensamiento te puede llevar a la tristeza o a estar irritado. Un solo pensamiento puede ser la llave de la puerta que se abre a los valores del ser. Ha de ser un pensamiento puro, potente, claro y concentrado. Has de creer en ese pensamiento. Creas lo que crees.
Fortalecerte
Para superar los estados que llevan a vaciarse es imprescindible cultivar los valores propios, nutrir el alma y así fortalecerse. Una vez fortalecida, el alma alcanza un estado de plenitud en el que la vida tiene sentido: uno ama su vida y lo que hace.
Te fortaleces conociéndote y aprendiendo a gobernar tus energías internas. Cuando comprendes de dónde surge lo que piensas, lo que sientes y hacia dónde te lleva lo que estás pensando, aprendes a dominar tu mundo interior.
Fortalecer tu capacidad de respetarte y de amarte te ayudará a crear y a mantener tu plenitud. Cuando mejoras tu autoestima, te resulta más fácil superar los miedos y recuperas tu poder interno.
Ante lo imprevisto
Siempre puede ocurrir cualquier cosa en el instante siguiente al que estás viviendo, pero preocupándote por lo que pueda pasar, se te escapará la plenitud de ese momento. Lo mismo te ocurre si te lamentas por lo que ya pasó o te quejas por lo que sucede ahora.
Cuando ocurre algo que no esperas, abrazar lo imprevisto y aceptar el cambio te ayuda a seguir brillando en la plenitud de ese instante. Para ello hay que tolerar el contratiempo, el cambio, la situación o las personas. Tolerar, entendido no como aguantar y cargar con algo que no deseas, sino como aceptación y plena comprensión, desde la cual hay apertura al diálogo y al cambio. A veces, en vez de tolerar aguantamos porque no sabemos poner límites, y sin darnos cuenta dejamos de brillar. Al asumir cargas que no nos corresponden perdemos capacidad de diálogo y el cambio se vuelve brusco y difícil.
Cuando toleras desde la comprensión y la seguridad personal, sabes poner límites respetándote a ti mismo. Entonces tienes capacidad de afrontar lo que la vida te depara. La combinación de la tolerancia con l...