Capítulo 1.
¡Tu vida se parece a ti, pero
tú no eres tu vida!
Cuando nos tropezamos con problemas de dinero, reaccionamos. Primero, con alguna emoción; podemos sentir miedo, angustia, culpa, desesperación, frustración... y luego buscamos soluciones para resolver rápidamente el problema. Y, por supuesto, como el dinero es algo real, material, buscamos soluciones en el mundo real, material. En el mundo exterior. Y esto puede parecer normal. Porque en efecto el dinero pertenece al mundo de la materia, a ese mundo social, económico, exterior. Así que hacemos cosas, realizamos actos concretos. Trabajamos más, tomamos un segundo trabajo e intentamos ganar más dinero para ponernos a cubierto. Y, cuando la cosa empieza a andar, a veces se presenta un acontecimiento exterior que nos obliga a gastar todo el dinero que habíamos apartado, lo cual nos coloca de nuevo en la carencia. Y entonces volvemos a recurrir a la misma solución y nuestra vida puede resumirse en trabajar para simplemente sobrevivir. Y como no tenemos otras soluciones, aceptamos nuestra suerte. Podemos tener deudas, ganarnos bien la vida y estar siempre en números rojos, tener un trabajo en el que nos pagan un sueldo mísero o tener un trabajo bien pagado, pero tan difícil y en el que pasamos tanto tiempo que no podemos vivir.
Pues bien, querido amigo lector, si este es tu caso, has de saber que también fue el mío. Cuando has hecho todo lo que podías y la cosa no funciona, eso quiere decir que la solución está en otro nivel. Einstein proponía la metáfora siguiente para plantearse un problema y encontrar una solución. Decía: «Imaginemos que estamos en un edificio y que en el segundo piso de ese edificio hay un problema. Si recorremos todos los apartamentos del segundo piso para encontrar la solución, nos quedaremos en el nivel del problema. Si subimos al tercer o al cuarto piso, saldremos del problema y entonces sí podremos encontrar una solución». De modo que si has probado todas las soluciones del mundo exterior y no te han surtido efecto, ¡bien! porque estás preparado para experimentar otra cosa. Y es importante verificar que un sistema no funciona porque entonces estaremos preparados para intentar otras vías.
Así que esto es lo primero que hay que hacer. La mayoría de las veces, cuando piensas en el dinero, ¿cuáles son tus pensamientos, las emociones que están asociadas con él? La mayoría de las veces, cuando piensas en el dinero, ¿hay inquietud, miedo, estrés u otra cosa? ¿Cuáles son los pensamientos habituales, cotidianos, que mantienes respecto al dinero?
Estas preguntas que te hago, te pido que las respondas ahora por escrito. Tómate el tiempo de hacer este proceso por escrito. Escribir te permite sacar al exterior y clarificar las cosas que tienes en la mente. Y, en los días próximos, obsérvate, estate atento a todos esos pensamientos, a esas emociones que brotan de ti cada vez que gastas dinero, que miras tus cuentas, que alguien te habla de dinero o que ves un coche precioso, una casa maravillosa. Cada vez que estás en contacto con el dinero o con las cosas que permite el dinero o las que impide el hecho de carecer de él.
En la tabla siguiente, vas a apuntar en la columna «dinero» las situa...