Francisco de Asís y tú
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Disponible hasta el 14 Jan |Más información

Francisco de Asís y tú

  1. 160 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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Francisco de Asís y tú

Descripción del libro

Francisco de Asís fue cima y abismo, genio y santo. Por eso, entrar en ese personaje tan denso y excepcional es encontrarse con no poco desconcierto y con sorpresas fascinantes. La intención de estas páginas es la de exponer algunos aspectos humanos y religiosos de Francisco para confrontarlos con el propio lector, aunque a las circunstancias históricas entre aquel y este las separen ocho siglos.

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Información

Editorial
PPC Editorial
Año
2014
ISBN de la versión impresa
9788428818025
ISBN del libro electrónico
9788428826648
1

EVOCACIÓN Y PROVOCACIÓN DE UN SANTO ENIGMÁTICO

Santo atípico y enigmático
Podrá parecer sorprendente y exagerado afirmar que no existen hechos, sino interpretaciones. Pero de lo que no se puede dudar es de que son las interpretaciones de los hechos las que realmente pasan a la historia y hacen historia. Esto sucede no solo con los hechos históricos, sino también con los personajes que han sido capaces de crear, forjar o destruir la historia y la cultura. Por eso, según quien narre la historia o la biografía de un distinguido personaje, cambia totalmente el signo de valoración de lo que fue y de cómo fue.
San Francisco es un personaje histórico, enmarcado entre 1182, fecha de su nacimiento, y 1226, año de su muerte, pero de ningún santo se ha escrito tanto como de él, rebasando el marco de la literatura piadosa. Por este santo se han interesado historiadores, literatos, teólogos, sociólogos, filósofos, artistas, cineastas, etc. En el cortejo de admiradores suyos hay católicos, protestantes, ortodoxos, heterodoxos, racionalistas, masones, panteístas e incluso ateos devotos. Conservadores, reformistas, tradicionalistas, revolucionarios, místicos y ecologistas se apoyan en él para justificar sus tesis o antítesis, sus actitudes y sus contradicciones.
Curiosamente, quien ha dado tanto que decir se propuso hablar poco y escribir menos. Aunque a un personaje se le descubre no solo por sus escritos y sus palabras, sino también por sus obras, gestos, actitudes e insinuaciones, incluso por sus silencios. Francisco de Asís es un santo con innumerables y contrastantes interpretaciones. Tal vez esa riqueza de perspectivas oculte la auténtica realidad de su existencia y cause no poco desconcierto.
Es el santo más interpretado y, por ello, más desfigurado, convirtiéndose así en un santo enigmático. El Pobrecillo impacta por su simpatía, sencillez, humanidad y bondad. Incluso por sus contradicciones. Evoca serenidad, humanidad y poesía. Cautiva por su nobleza, ternura y desinterés. Ha sabido sincronizar admirablemente santidad con poesía, canto con sufrimiento, alegría con pobreza, amabilidad con austeridad. Evangelio con humanidad. Inmanencia con trascendencia. Mística con acción. Religión con los problemas más sangrantes de la vida.
Es un caballero de la fe que avanza sin doblez y sin arrogancia, aunque con audacia y decisión, hacia los fines que se propone. Desprecia las mentiras piadosas, desconoce los pensamientos mediocres. No soporta la vulgaridad, no le van los subterfugios fáciles ni los melindres oportunistas.
Sabe respetar a todos aquellos que sobresalen, en lo que sea, sin ser halagador. No necesita halagar a nadie, pues desprecia los bienes temporales y no tiene ninguna pretensión de grandeza ni afán alguno de escalar puestos relumbrantes en la sociedad o en la Iglesia, pues entiende que la misma existencia es ya gracia y nobleza. Y vivirla con grandeza de espíritu es el mejor honor que se le puede tributar.
La magnanimidad forma parte de su talante vital. Huye del servilismo, aunque trata de servir a todos, y desenmascara las lisonjas de los aduladores y de los serviles. Logra ser totalmente libre sin hacer concesiones al egoísmo ni a la extravagancia. Es un aristócrata del espíritu y gran señor de un alma fina.
Con exquisita cortesía hacia todos supo ofrecer su afecto sin discriminaciones, pero con preferencia hacia los apestados de entonces, como eran los leprosos y los pecadores. Incluso es cortés y benévolo con los salteadores de caminos. Escucha y atiende al más ínfimo de sus semejantes. A todos trata con respeto y a todos habla con cortesía y amabilidad.
Es un santo sorprendente y atípico en una sociedad programada, como era aquella medieval, con lacerantes divisiones de clases entre buenos y malos, ricos y pobres, honorables y sospechosos, ortodoxos y heterodoxos, cristianos y herejes.
¿Habrá sido tan ciego, despistado e incapaz de ver lo malo y negativo que anida en el ser humano? No. Él era un gran observador que miraba y analizaba la realidad de frente, como se demuestra en el trato con las personas y en el contacto con las cosas. Pero decide fijarse con preferencia en lo más noble del alma humana y confiar incluso en el malvado, demostrándole la propia estima para darle tiempo a su propia recuperación.
Es que Francisco ve en cada ser humano más cosas de grandeza y de admiración que de desprecio y degradación.
Supo armonizar el realismo humano con el optimismo cristiano. Admira la grandeza del ser humano, pero no se escandaliza de la fragilidad humana, pues sabe que en la persona se encuentran misteriosamente conjuntados la cima y el abismo, lo bueno y lo malo, la gracia y la desgracia. Si el ser humano no es luz, al menos reconoce que es penumbra luminosa.
Él conoció y experimentó el mal en sus diversas manifestaciones espirituales y materiales, pero superó el pesimismo porque tenía inmensa fe en Dios creador y en Cristo redentor. Logró aunar esas dos inmensas verdades cristianas de la creación con la redención, tan discordantes aún en no pocos teólogos actuales.
Es jovial y alegre. Transmite a los suyos alegría y optimismo. Se hace hermano universal de todas las cosas y seres de la creación, a los que ha devuelto el uso de la palabra. En la naturaleza descubre la biblioteca de la divinidad, y en el mundo ve un poema bellísimo. Por eso alaba, canta y celebra.
Canta y celebra desde todos los seres, con ellos y a través de ellos, como juglar y trovador de un mundo que mira con ojos amorosos y con corazón penetrante, pues las cosas esenciales se esconden a la mente arrogante y se abren al corazón amante.
A él bien puede aplicarse aquello de Dante: «Luz intelectual llena de amor». Pasaba por este mundo con mente iluminada y con corazón ardiente. Tenía como método la cortesía, y como talante, la cordialidad.
Extraño destino el de Francisco
La figura de Francisco desconcierta no poco y resulta una especie de incógnita, pues, no obstante ser un hombre sencillo, se le considera come el santo para todas las estaciones y para las más diversas ocasiones. Profeta de la paz, aunque en su nombre se han creado no pocas divisiones internas en su propia familia. Ser evangélico que supo lograr la utopía de la pobreza y de la caridad; y sus seguidores, por motivos discutibles de fidelidad al fundador, han causado interminables reformas, divisiones e incomprensiones. Él propuso la gran fraternidad, y los suyos han causado enormes laceraciones internas. Durante siglos se reúnen los franciscanos, pero no consiguen aunar los franciscanismos. Se proponen colaborar universalmente, pero no renuncian a sus restricciones mentales y regionales.
¿Tan complicado y oscuro ha sido este sencillo y transparente fundador? ¡Ese cristiano singular ha sufrido tantos secuestros espirituales a lo largo de estos ocho siglos! Por tanto conviene descubrir su dimensión profundamente humana y evangélica para que hable a quien pretende ser eso: humano y cristiano.
La historia de la Orden franciscana es una secuencia de crisis, divisiones, polémicas y rivalidades. Ese extraño destino de Francisco continúa actualmente, aunque se celebren los más sonados y sonrientes encuentros de los miembros de las diversas familias franciscanas, pues ya no se trata de una familia, sino de varias. Cada una de ellas defiende sus derechos y sus razones de auténtica interpretación del espíritu del fundador de la Orden. Francisco sigue siendo enigmático y una incógnita por descifrar y por descubrir.
Pero él no pertenece solo a una familia religiosa. Es un cristiano singular de la Iglesia, que lo considera como el gran creyente, que sirve de modelo a quien pretende vivir la utopía del evangelio. Más aún, es un genio religioso en el que las demás religiones ven al gran hermano universal, como lo demuestran los encuentros de los líderes religiosos en Asís. Incluso es patrimonio del género humano, ya que ha entrado en el mundo de la cultura y en el «imaginario» social como inspirador de nueva humanidad.
Parece un destino o al menos un caso sorprendente. El hecho es que, desde hace más de un siglo, no pocos de los problemas centrales del mundo contemporáneo dan la impresión de alinearse con las principales tesis de la espiritualidad franciscana. Valga como señal: la justicia social, la promoción de los más desfavorecidos, el trato con la naturaleza, el valor humano de la economía, la cultura de la paz, el sentido de fraternidad universal, el aprender a habitar en el mundo, la visión estética de la existencia, la religión como promoción humana, los valores vitales, etc.
Los católicos tradicionales ponderan su gran fidelidad a la Iglesia. Los progresistas subrayan la sensibilidad que demostró con los pobres. Los ecologistas proponen su gran sintonía con todas las criaturas. Los laicistas de diversa tendencia admiran su sencillez y el modo de ser cristiano con actitud de gran libertad frente a las instituciones, las estructuras y al modo de celeb...

Índice

  1. Portadilla
  2. Dedicatoria
  3. Introducción
  4. 1. Evocación y provocación de un santo enigmático
  5. 2. Francisco o la divina inquietud
  6. 3. Francisco, dime quién es Dios
  7. 4. Francisco, mensajero de humanidad
  8. 5. Presupuestos para una cultura cordial
  9. Contenido
  10. Créditos