El diamante de Titzé es el título del primero de veinte cuentos para menores, en los que se conjugan la fantasía, la ternura y el buen humor, siempre tendiendo a exaltar los valores, o por lo menos a no sacrificarlos en aras del entretenimiento. Lo mismo puede decirse de los veinte poemas que lo complementan.

- 156 páginas
- Spanish
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El diamante de Titzé
Descripción del libro
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Información
Edición
1POEMAS
Anochecer
Ya van cerrando los ojos
las criaturas de la tierra,
desde el mar hasta la sierra
todas van a descansar.
Los árboles ya no cantan,
durmieron sus pajarillos,
pero hay un concierto de grillos;
¡la maleza va a cantar!
La sombra cubre la tierra
como con un manto suave,
como una madre que sabe
que precisamos dormir.
Y mientras toda criatura
se adormece en este suelo,
unos ojos desde el cielo
en silencio mirarán.
Las estrellas silenciosas
por no despertarte, niño,
vigilarán con cariño
mientras tú vas a dormir.
Gota de agua
Esta era una gota de agua,
una gota de rocío,
una gota en el estío
cuando todo seco está.
Trémula, sobre una hoja
de pasto se balanceaba,
y el polvo ya la llamaba
deseándola con avidez.
–Si yo soy tan pequeñita
–la pobre gota pensaba–,
¿por qué el mar donde yo estaba
no me viene a rescatar?
Ya presiento que la muerte
cruel y furtiva se acerca;
la tierra sedienta y terca
mi sepultura será.
¡Oh si pudiera volver
a aquella blanca neblina
que en la luz se difumina
y por los aires va a volar!
Y la grama dulcemente
le habló a nuestra gotita:
«El servir que no te aflija
pues servir es celestial.
«Baja siendo agua de vida
para los seres que mueren,
y que tu vida se beben
para hacerla renacer.
«Hazlo así, y pronto al océano,
por la senda del servicio,
oscura, larga y de suplicio,
para ser grande has de llegar.
Y así volverás al cielo
como juguetona nube;
porque al cielo siempre sube
quien aquí acepta servir.»
Pobre sol
Solecito, buen amigo
en la noche te extrañé
no estabas, yo soñé
que te habías muerto de frio.
¡Pobre sol! Te habías caído
y entre las hierbas del campo
temblabas tanto, tanto,
por el miedo y por el frio.
¡Solecito, solecito
como una redonda oblea,
cualquiera que te vea
hasta te querrá comer!
Yo corrí por la vereda
y llevaba una frazada
para cubrirte, y la almohada
para dormirme contigo.
Pero como era de noche
por la ribera del rio
quedé temblando de frio,
con mucho miedo también.
Pero luego amaneció,
de mi sueño desperté
y en el cielo te miré
sano y salvo, dulce sol.
¡Qué bueno que hay un Dios
que te quiere como yo,
con amor te cobijó
y no te has muerto de frio!
Colegiales
«Hoy no tengo ganas de salir,
hoy no tengo ganas de alumbrar;
hoy quisiera descansar,»
di...
Índice
- Una palabra a los adultos
- El diamante de Titzé
- La luciérnaga
- Las aventuras de Joselito
- Las vacas flacas
- Puente de piedra
- El higuerón
- El grillito jardinero
- Los patos y las tortugas
- Minino Fernández
- Hija del sol y la nube
- El decapitador decapitado
- Teorías
- El mercader codicioso
- La ovejita boba
- Mundos diferentes
- La princesa a la que todos deseaban ver
- La niña que se convirtió en hada
- La granja de las sorpresas
- Olín y el gorrioncito
- El último fantasma
- La importancia de ser doméstico
- POEMAS