
- 192 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Verbos de vida
Descripción del libro
Hay un tema que interesa por igual a los hombres y mujeres de hoy: la salud. La salud no es sólo un fenómeno que va de la mano de la naturaleza. Es también un arte. La salud se aprende. Necesita un sujeto que la sepa conjugar. En ella hay implicados muchos verbos, como nacer y morir, trabajar y descansar, vivir y convivir, mirar y acariciar...
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Información
Editorial
PPC EditorialAño
2014ISBN de la versión impresa
9788428819053ISBN del libro electrónico
9788428826525III
VERBOS DE VIDA:
APRENDER LA SALUD
1
LA SALUD NUESTRA DE CADA DÍA...
Y LA VIDA SE HACE VERBO…
Cuando aprendí a conjugar los verbos caí en la cuenta de que esas palabras –con variación de tiempo y modo, número y persona– eran un reflejo de la vida misma. Como en la vida, había verbos agradables y apetecibles, otros eran molestos y temidos, otros insignificantes o sólo tenían valor sobre el papel. Ya entonces el pasado me producía nostalgia o alegría según los casos, el presente lo deseaba largo o fugaz en función de lo que había que conjugar, y el futuro no todos los verbos me lo pintaban del mismo modo.
Poco a poco fui cayendo en la cuenta de que no todos eran amigos de la vida, aunque estuvieran muy metidos dentro de su discurrir. Y empecé a comprender que en la trama de los días y de los meses, no hay palabras mejores ni peores que los verbos. ¿De qué serviría un amor no conjugado, un pan que no se come, un cariño que no acaricia? El verbo es el ejercicio de la palabra, el movimiento del corazón, la exteriorización de lo que se vive por dentro y la interiorización de lo que nos rodea por fuera. El verbo está al servicio de la vida, la hace y la expresa, la modula y la extiende en el tiempo. ¿Y qué sería de la muerte, ese sustantivo tan familiar y temido, si no caminara sin tregua sobre las alas de su verbo? Es él quien hace que la muerte sea también mía, la mía.
Me costó aún más entender –aún estoy en ello– que no hay arte más difícil que el de conjugar la vida misma. ¿Cuál es su verbo? No uno, sino muchos, tantos como respiraderos tiene el alma, y secretos y necesidades el corazón. ¿Y cuál es su tiempo? Todos: pasado, presente y futuro; más aún, primaveras y otoños, noches largas como la sombra de la tristeza y días que fluyen como agua de torrentera. También son variados sus modos, sí, indicativos, imperativos, condicionales…; y, obviamente, hay singular y plural, y todas las formas pronominales: del yo al tú, del nosotros al vosotros… ¡Ah! ¿y el sujeto? Ahí nos perdemos. ¿Quién lleva las riendas de tanta cabalgadura? ¿Quién conjuga de verdad estando, como estamos, metidos de hoz y coz en la marea de las circunstancias? Cuando digo “nací”, ¿no debería decir más bien que “fui nacido”? Y si amo, ¿no habré de reconocer que primero fui amado?
El viaje que ahora anunciamos y estrenamos por los Verbos de vida quiere adentrarse por esa puerta en la espesura de la vida. Con mirada limpia, con buenos ojos. Con sana intención: la de sacarle partida a cada uno de ellos, pasándolos por el cedazo de un discernimiento saludable, auscultando su sentido oculto. Serán verbos regulares e irregulares, cotidianos y puntuales, de buena y mala prensa, agradables al oído y molestos. Por todos ellos circula un aliento de vida; en todos, incluso en los duros de conjugar, se abre un resquicio por donde asoma, purificada y limpia, la luz.
Verbos de vida es una nueva sección de este libro. Está pensada y escrita para quienes aman entender más desde el corazón que desde la cabeza, para quienes piensan la vida para vivirla (y no al revés). No habrá, por tanto, largos discurrires (perdón por este verbo maltratado) ni recetas. Serán simplemente sugerencias, señales que apuntan, símbolos que insinúan, mensajes lanzados como caricias que no buscan respuesta sino destinatario/a; frases cortas en busca de alguien que las saboree y complete. ¡Buen viaje!
GESTAR
Cuando la vida empieza
“Llevar y sustentar la madre en sus entrañas el fruto vivo de la concepción hasta el momento del parto”.
Así define el diccionario de la Real Academia el verbo “gestar”. No suena mal porque, al fin y a la postre, es cierto lo que dice. Pero ¡qué poco dice! Sabe a libro, páginas de celulosa en las que vamos dejando sólo un atisbo de vida. Nada más. La vida es, casi siempre, otra cosa.
Que las palabras no nos cierren la puerta al misterio y al paladeo de la verdad. Allí donde la vida empieza se dan cita, en concierto silencioso, muchos verbos. No sé cuántos. Tal vez nadie lo sepa, y es bueno que así sea.
Allí donde comienza, la vida es tan débil y, al mismo tiempo, tanta promesa que necesita de muchos verbos. De lo contrario, se sofoca, sufre.
Donde la vida empieza hay ante todo amor, amor conjugado hasta multiplicarse, repartido hasta crear algo nuevo. Sí, sólo el amor hace ser de verdad. “Porque te amo, eres”. “Soy amado, por tanto existo”.
¿Dónde queda ese genérico y casi aséptico “sustentar?”. ¡Qué poco dice, aun diciendo tanto! Nada dice de la calidad del sustento. Nada, del hermoso intercambio que acontece allí donde fuimos más que nutridos. ¿Cómo explicar un “sustento” entre cuyos ingredientes necesarios están aquellos que no obedecen a ninguna fórmula química? ¿Cuál es la fórmula del cariño, del dar gratuito?
La vida empieza donde es acogida. Acoger: tal vez nunca un verbo se familiarizó tanto con la realidad significada. ¡Hermoso y ya lejano habitáculo, lugar de una hospitalidad que no tiene parangón posible! Acoger es decir sí a la vida de alguien a quien recibes en tu casa y le das tu propia vida. Y siempre será así.
Una lógica misteriosa y entrañable: fuimos como grano de trigo que, en la porfía estupenda de la vida, viene de la debilidad. Gestar es cuidar y estar pendientes, esperar con saludable e inquieta expectación, a ser posible sin acostumbrarse a un hecho tan cotidiano como único y original.
En la vida así gestada hay más asombro que rutina.
En la conjugación de la vida, ¡cuántas hay que se frustran antes de estrenarse! Se rompió la cuerda por la parte más débil. Se suspendió la función sin haber comenzado el ensayo. Se retiró una silla de la mesa puesta. La muerte le hizo trampa a la vida.
Cada uno de nosotros viene de una larga noche de sombras, donde la nada era nuestra única morada. Amaneció cuando fuimos llamados por nombre, y, tal vez en la noche, se encendió para siempre la estrella de nuestra vida.
Cada uno de nosotros fue, deseablemente, el fruto de un diálogo hecho de muchos verbos. De un hombre y una mujer.
Pero gestar la vida, como la vida misma, todavía tiene nombre femenino. ¿Qué será de la vida...
Índice
- Portadilla
- Presentación
- I. Cuando decimos salud… Más allá de las apariencias
- II. Por donde circula la salud
- III. Verbos de vida: aprender la salud
- Contenido
- Créditos