Por primera vez en la edición en lengua española, el aficionado y profesional de la fotografía puede encontrar una completa guía del flash de mano enriquecida con fotografías, diagramas y esquemas realizados especialmente para este nuevo libro de la colección FotoRuta.
José Antonio Fernández, desde la experiencia de sus numerosos cursos sobre esta temática impartidos en Aula Imagenat, aborda paso a paso, con todo detalle y a través de gran cantidad de ejemplos, el modo de sacar provecho a todas las posibilidades del flash en el mundo de la fotografía. Después de la lectura de esta obra ningún secreto de la iluminación con flash quedará fuera de tu alcance.
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Una vez adquiridos los conocimientos teóricos, ¡ha llegado el momento de ponerlos en práctica!
A través de 24 sesiones fotográficas reales, explicadas con todo detalle, descubriremos las increíbles posibilidades que nos ofrece la iluminación con flash de mano.
Después de leer este capítulo, lleno de ejemplos, ideas y aplicaciones prácticas, el único límite para conseguir la imagen soñada lo pondrá tu imaginación.
Una tarde de surf
Las cosas no salen siempre como se planean. Una sesión que se suponía tenía como finalidad un retrato calmado de Iker Sagasti, fantástico surfista, acabó por convertirse en una serie de fotos pasadas por agua en las que todos lo pasamos en grande.
Esperaba conseguir una imagen que reflejase los momentos de meditación de un surfista ante la inmensidad del océano... estaba claro que una idea tan cursi no podía acabar como esperaba. Deseaba tener un atardecer en el que los rayos del sol rozasen el cabello de mi modelo mientras éste observaba el mar con una mirada de paz y respeto. Sin embargo, una gran nube con forma de “déjate de tonterías” se posó en el cielo y me fastidió el plan.
No me di por vencido y llegué a colocar un flash para imitar el efecto del sol; es algo que realizo habitualmente en las sesiones de exterior. Se trata de sacar la pestaña difusora, colocarlo como si de una luz de recorte se tratase (entre la 1H y las 2H) y acercarlo lo suficiente al modelo como para que la luz se introduzca en el objetivo.
Cuando ya me había dado por vencido, decidimos que era hora de hacer un cambio de planes: acercarnos al agua y mojarnos los pies. Le dije a Iker que quería hacerle una foto con el neopreno puesto y más cerca del mar. Justo cuando ya se había colocado el atuendo y estábamos dispuestos a avanzar, un rayo de sol apareció por el cielo. Rápidamente, le situé, una vez más, delante del sol y comencé a disparar utilizando como efecto la luz del sol e iluminando su rostro con una ventana de 60 x 60 cm con la que había estado trabajando.
Un flash con la pestaña difusora situado a las 2H y muy cerca del modelo, imita la luz del sol al atardecer. Podéis ver una foto del esquema en la página 40
El breve momento en el que un rayo de sol hizo presencia en la sesión
Pude hacer tres fotografías con esta luz, las revisé en la pantalla y me encantaron. La nube que antes había tomado forma de “déjate de tonterías” debió de ver mi cara de satisfacción porque acto seguido volvió a tapar al sol. Esta vez su mensaje era “¿a que fastidia?”. Consciente de que todas las señales me dirigían al mar, decidí que ya había esperado suficiente.
Situados en la orilla, Arkaitz, haciendo las labores de asistente, sostenía el flash y yo no paraba de decirle que se moviera de un sitio a otro. Ya no podía hacer lo que en un principio había pensado: no por culpa de Iker, que posó estupendamente; tampoco debido a Arkaitz, que hacía todo lo que le pedía sin protestar. La culpable era aquella nube que se carcajeaba a cada disparo fracasado que yo hacía.
Vamos a hacer otra cosa: envié a Arkaitz a por la ventana (al pobre lo tenía mareado) y coloqué a Iker sobre la tabla con un palmo de agua a surfear. La nube ya no era la única en reír... Barrika es una playa a la que acude mucha gente a practicar este deporte y muchos de los surfistas —algunos amigos de Iker— observaban con placer la ridícula situación. Creo que debe ser algo así como montar a caballo sobre una escoba en un hipódromo lleno de jockeys.
Lo curioso es que las fotos empezaron a salir bien; todo esto, entre risas contagiosas, también por parte de Iker, Arkaitz y Rosa, que documentaba en video toda la jocosa escena. Al final, optamos por otra posición aún más embarazosa: Iker remando en una orilla en la que ni siquiera podía introducir las manos en el agua; chapoteaba como un osito pescando salmones en Alaska.
Dentro del agua, continuamos con la sesión de retratos
INTENSIDAD
El sol se ocultaría por detrás de Iker en unos pocos minutos y, aunque yo aún albergaba la esperanza de que apareciese algún rayo entre las nubes, no fue así. Decidí entonces subexponer la luz ambiente lo suficiente como para obtener un cielo algo dramático sin hacer que el resto de la escena quedase muy oscura. Iker recibe algo de la luz del cielo pero no la suficiente como para iluminarle correctamente. Una vez decididos los parámetros (1/200 de segundo, f/5.6 e ISO 200), le pedí a Arkaitz que sostuviera el flash sobre la ventana plegable de 60 x 60 cm en forma de pétalos a un metro de Iker y ajustamos la potencia para esa distancia.
La luz de la ventana no sólo consigue que Iker salga perfectamente expuesto sino que también es capaz de congelar el agua que él mueve con sus brazos al remar o, mejor dicho, al chapotear. Esto ocurre porque el destello del flash es lo suficientemente corto como para congelar el agua. No es necesario emplear una potencia muy baja para que el flash dispare un destello muy corto: la potencia seleccionada en este caso fue de 1/4 y la duración del destello de, aproximadamente, 1/2500 de segundo.
De haber querido realizar esta fotografía congelando con la velocidad de obturación de la cámara, hubiese tenido que subir la sensibilidad—posiblemente entre 1200 y 1600— con el consecuente ruido y hubiese sido muy difícil que el cielo quedase tan dramático.
CALIDAD
La luz de la ventana es lo suficientemente grande para el modelo como para poder despreocuparme de las sombras, pues son suaves y degradadas y en ningún momento ocultan lo suficiente zonas de su cara como para que se pierda el detalle. Una luz dura, en una situación como esta, me hubiese obligado a estar pendiente del lugar donde estas sombras caían. Esto, muchas veces, no sólo depende de la posición de la luz sino también de la forma en la que el modelo si...