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Emociones, intimidad y confianza
Olbeth Hansberg
Introducción
Desde la antigüedad, la filosofía se ha ocupado de las emociones aunque con frecuencia se les ha asignado un rol secundario frente a la razón: se ha discutido su naturaleza, su relación con la agencia y, sobre todo, en la filosofía clásica, su influencia para favorecer o impedir la acción moral. Para algunos, las emociones son vicios que hay que controlar, y no dejarse dominar por ellos. Las emociones se consideraban disruptivas de la razón, un obstáculo para la racionalidad práctica y un peligro para la autonomía de las personas. Algunos ejemplos preferidos son la cólera, el miedo en sus diferentes formas y grados, los celos y la envidia. Por otro lado, está la tradición de Hume y Adam Smith de considerar a algunas emociones como fundamentales para la acción moral: simpatía, respeto, compasión, indignación…, porque nos ofrecen razones y motivación para actuar, algunas a favor de nuestras obligaciones con otras personas: respeto, simpatía, empatía, ternura, amor; y otras como incentivos o como sanciones para actuar moralmente: culpa, vergüenza, remordimiento.
En las últimas décadas ha renacido el interés por la afectividad, sobre todo por las emociones. Las emociones constituyen actualmente un tema importante para disciplinas muy variadas, entre otras cosas, porque se ha investigado y puesto en duda la dicotomía drástica entre emoción y razón. La filosofía contemporánea se había ocupado más de otros estados mentales, principalmente de las llamadas “actitudes proposicionales”, como creencias, juicios, pensamientos, deseos, intenciones, etc. Ejemplos serían: “Juan cree que será posible vivir en Marte” o “María quiere que su hijo sea un gran científico”; y de las percepciones: de colores, de objetos, de estados de cosas, de situaciones, de ruidos, texturas, olores, sabores, etc. Las relaciones entre percepciones y creencias es una preocupación central de la filosofía, dado el interés por la adquisición de conocimiento y por el razonamiento. Sin embargo, la filosofía también ha estudiado otros estados y procesos mentales como las sensaciones, las imágenes, y más recientemente las emociones y otros estados afectivos, como los estados de ánimo, las disposiciones afectivas y temperamentos, entre otros. Actualmente existe un gran interés por estudiar los rasgos distintivos de las emociones y su relación con otros estados mentales.
Teorías de las emociones
A la pregunta ¿que son las emociones? se han dado respuestas muy diferentes: algunos, como los estoicos, han tratado de reducirlas a juicios o a creencias, otros a conjuntos de deseos y creencias, a juicios evaluativos, a percepciones o a estados semejantes a éstas. Sin embargo, cada vez se impone más una versión de las emociones como estados mentales sui generis que, aunque están íntimamente relacionados con otros estados mentales, no pueden reducirse a ninguno de ellos. Por otro lado, cada vez es más claro que muchos de los procesos y estados mentales no pueden estudiarse de manera aislada, sino que requieren de todo un sistema de otros estados mentales que les dan sentido. Debemos aceptar que existe una interacción constante entre los distintos estados mentales, y una de las cosas centrales a investigar, es la manera en que se relacionan para explicar nuestra vida mental y nuestras acciones.
Existe una gran diversidad de estados afectivos, desde los más primitivos hasta los más sofisticados y cualquier teoría de las emociones tiene que dar cuenta de esta diversidad. Aquí me ocuparé de dos grandes cuerpos de teorías de las emociones: las congnitivas y las perceptivas. Las teorías cognitivas que fueron originalmente una reacción frente a la tesis de que las emociones eran meros sentimientos o sensaciones. Las teorías cognitivas insisten en que las emociones son en parte estados cognitivos. En cambio, algunas teorías más recientes critican esta forma de considerar a las emociones y sostienen que son una forma de percepción. Discutiré los rasgos generales y los problemas a los que se enfrentan estos dos grupos de teorías.
Ambos grupos de teorías se ocupan sobre todo de los episodios emocionales, esto es, de procesos o estados mentales que tienen una duración relativamente corta, que son sucesos fisiológicos, que tienen una fenomenología característica, conducta expresiva no intencional y un componente motivacional, o una tendencia a la acción o que tienen que ver con acciones que se explican por la emoción.
Las teorías acerca de la naturaleza de las emociones ponen mayor énfasis en algunos de sus aspectos y las agrupan según lo que les interesa investigar. Esto quiere decir, exagerando un poco, que unos estudian el miedo de una rata ante un shock eléctrico, y otros examinan el miedo de una persona a hablar en público o el miedo a ser castigada por Dios. Es decir, a unos les interesa más explicar las emociones más primitivas que compartimos con los animales y su evolución, y a otros las emociones más sofisticadas y su relación con otros estados mentales y con las explicaciones de acciones intencionales. Sin embargo, una teoría general de las emociones tendría que dar cuenta de todos estos aspectos, o sostener que existen teorías distintas para las emociones básicas y para las emociones más sofisticadas, características sólo de los humanos.
Teorías cognitivas
Las teorías cognitivas sostienen que una característica de los estados mentales, incluyendo a las emociones, es su intencionalidad. La intencionalidad es, en su versión más simple, la idea de que las emociones están dirigidas a un objeto (tiene miedo a…, le indigna que… ) desde cierta perspectiva (como aterrador, ofensivo, apetitoso, etc.). Las emociones se consideran en gran medida como actitudes proposicionales, que tienen un contenido proposicional, o que al menos algún contenido cognitivo específico es necesario para cada emoción. A este tipo de teorías les importa dar cuenta de la intencionalidad de las emociones porque el propósito de considerarlas como intencionales permite entender cómo la emoción orienta al sujeto que la tiene, hacia el mundo y hacia otras personas. Y, además, permite prever, en muchos casos, qué acciones esperar de esa orientación hacia algo en el mundo. Las teorías cognitivas dejan de considerar a las emociones como divorciadas de la razón y asumen que éstas, o son en parte cognitivas o pueden combinarse con otros estados mentales para explicar acciones. Esto es, las conciben como razones para actuar porque pueden considerarse como “actitudes favorables” (como los deseos, las inclinaciones, los anhelos y otros estados conativos) con un contenido que, junto con las creencias pertinentes, permiten explicar acciones intencionales. Un ejemplo simple sería: “Elia no sale de noche, porque tiene miedo de que la asalten y cree que en las noches es más probable que esto ocurra”.
Ahora bien, este tipo de teorías han sido criticadas porque no dan cuenta de las emociones de seres no lingüísticos o de seres pre lingüísticos. También porque son versiones demasiado intelectuales que no reflejan lo que comúnmente entendemos por emociones, esto es, que son experiencias fenomenológicas, es decir, que sentimos algo cuando nos enojamos, o cuando muere alguien querido, etc. Estas sensaciones o sentimientos están presentes durante los episodios emocionales, sobre todo de algunas emociones como la ira, la indignación, el miedo, la culpa, el remordimiento, los celos, etc. Pero hay otras en las que lo que se siente es menos claro, como la esperanza. En todo caso a los filósofos cognitivistas les preocupan ante todo las emociones de humanos adultos que razonan y que pueden calificar sus emociones como razonables, adecuadas, exageradas dada la situación o francamente irracionales, etc. Esto es, les preocupan asuntos que tienen que ver, entre otros, con la explicación de la conducta intencional, con las relaciones de las emociones con otros estados mentales y con la moralidad.
Teorías perceptivas
Las teorías perceptivas, en cambio, pertenecen a una tradición distinta y son las más discutidas actualmente, en parte porque son más adecuadas para la investigación empírica. Pretenden dar cuenta de las emociones como adaptaciones evolutivas que cumplen ciertas funciones para la supervivencia, y que se encuentran en diversas especies hasta llegar a las emociones humanas que, aunque más sofisticadas, no son fundamentalmente distintas. Esta línea de investigación viene de Darwin, W. James, los neurofisiólogos, los etólogos, y en filosofía, de los neo-jamesianos actuales, como Jesse Prinz. Los partidarios de estas teorías toman en cuenta los avances tecnológicos, por ejemplo, para estudiar el cerebro, los descubrimientos empíricos, los experiment...