Susurrar a la mente
eBook - ePub

Susurrar a la mente

Un mapa para liberarnos de los hábitos autodestructivos

  1. 463 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Susurrar a la mente

Un mapa para liberarnos de los hábitos autodestructivos

Descripción del libro

En esta obra inteligente y sugestiva, la reconocida escritora Tara Bennett-Goleman nos propone nuevas maneras de emanciparnos de los hábitos autodestructivos y encontrar una genuina libertad emocional.Combinando los últimos hallazgos de la psicología cognitiva, la neurociencia, la filosofía oriental y su experiencia con el método de susurrar a los caballos, Tara Bennett-Goleman nos ayuda a liberarnos de los obstáculos mentales más problemáticos para que podamos identificar los detonantes emocionales y los hábitos disfuncionales que operan en nosotros y en nuestras relaciones.Con claridad y lucidez, Susurrar a la mente nos proporciona las herramientas para que empecemos a crear patrones nuevos y positivos en nuestra vida y entorno.

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Susurrar a la mente de Tara Bennett-Goleman, Elsa Gómez Belastegui en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de Personal Development y Self Improvement. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.

Información

Año
2015
ISBN de la versión impresa
9788499884172
ISBN del libro electrónico
9788499884509
Edición
1

Parte II: Susurrar a la mente

8. Cambio de lente

Recuerdo una vez que estábamos en Nueva Delhi, una ciudad en la que el colosal volumen del tráfico llega a formar una masa inimaginable de camiones, coches, motocicletas, rickshaws motorizados y alguna que otra vaca. En los cruces de las avenidas principales, los semáforos pueden tardar varios minutos en cambiar debido a la interminable marea de vehículos que tienen que pasar.
Mi marido y yo íbamos en un taxi con el lama tibetano Tsoknyi Rinpoche a comprar algunas cosas que necesitábamos llevar a un encuentro de Mind and Life al que los tres íbamos a asistir en el pueblo norteño de Dharamsala. Avanzábamos muy despacio a través de la ciudad, continuamente a la espera de que la luz roja del semáforo, que parecía durar eternamente, cambiara a verde. Preocupados por que las esperas nos estuvieran retrasando tanto, estábamos todos un poco enfadados por lo mucho que duraba la luz roja.
Entonces nos dimos cuenta de que había grabadas en la luz roja unas letras luminosas plateadas que decían: ¡Relájese! Cuando vimos el mensaje, nos reímos tanto que efectivamente que nos ayudó a relajarnos.
Luego, al anochecer, compartimos otro taxi para ir a la estación de la Vieja Delhi a tomar el tren con destino a la reunión. El tráfico seguía siendo un caos enrevesado. Las calles abarrotadas nos obligaban a detenernos continuamente y solo muy de vez en cuando se abría un hueco por el que conseguíamos avanzar unos metros de un tirón. En las calles de la India, los coches llegan a estar prácticamente unos encima de otros, y sin embargo ninguno de los conductores parece pararse a pensar en los atascos tan desesperantes que crean de esa manera.
Preocupados por la posibilidad de perder el tren –y de perdernos el primer día de la reunión–, mi marido y yo empezamos a ponernos tensos, más aún que al mediodía. A medida que los carriles iban llenándose cada vez más de coches, nos sentíamos entrar de cabeza en el modo ansioso. En el momento en que la alarma empezaba a apoderarse de nosotros, Tsoknyi Rinpoche dijo con cordialidad: «Vais a ver cómo todo se despeja y llegamos al tren a tiempo. ¡Relajaos!».
Aquel recordatorio tan oportuno fue de nuevo el antídoto perfecto –esta vez del modo ansioso–. Y para gran sorpresa nuestra, el tráfico empezó a fluir por los carriles atestados con la misma facilidad que la lana fluye del ovillo. Llegamos al tren con tiempo de sobra.
El propósito de susurrar a la mente no es conseguir un estado beatífico o especial sentados en un cojín, sino poder afrontar con calma y claridad los atascos de tráfico y los empujones en las calles abarrotadas, los encuentros con personas difíciles y las relaciones extenuantes, y el escandaloso caos de nuestra propia mente.
Cuando se apodera de nosotros un modo negativo, cualquier problema que surge se hace inmenso mientras la perspectiva de opciones que tenemos se encoge. Y a veces un suave gesto de asentimiento –como aquel ¡Relájese!– es cuanto se necesita para pasar de la tensión angustiosa a la risa, y cambiar así a un modo seguro.

Cambio consciente de modos

Cuando era adolescente, mi madre y yo solíamos enfrascarnos en apasionantes debates psicológicos, y yo agradecía su franqueza y la perspicacia de sus puntos de vista. A veces era una ayuda poder hablar en términos teóricos, despersonalizando nuestra «locura» interpersonal. Una vez, hace varios años, acabamos discutiendo. Ella se quejó, desafiante: «¡No se puede cambiar a las personas!», y yo respondí con terquedad: «No se puede cambiar a las personas, ¡pero se pueden cambiar los patrones mentales!».
De repente, como si se hubiera encendido una luz en su cerebro y en el mío, continuamos examinando distintos temas a través de una lente psicológica y nos olvidamos de que estábamos discutiendo.
Es como el chiste de la bombilla: «¿Cuántos psicólogos hacen falta para cambiar una bombilla? Con uno basta…, pero la bombilla tiene que querer cambiar». Otro tanto ocurre con los modos.
Los modos, como todos los hábitos, se dividen en tres partes básicas: detonantes, rutinas y recompensas. Los detonantes son las señales que inician un modo. Las rutinas son todos los patrones habituales de pensamiento, sentimiento y comportamiento que adoptamos mientras estamos en un modo. Las recompensas las sentimos desde dentro; por ejemplo, un modo negativo puede ser un mero alivio de una emoción negativa aún más fuerte.
El sistema que constituyen los ganglios basales –la parte del cerebro que gestiona nuestros hábitos– se atiene a reglas de decisión sencillas. Primero, busca un desencadenante: la señal que le indica qué rutina aplicar. Cuando nos miramos al espejo nada más levantarnos por la mañana, la red de los ganglios basales nos dice que nos lavemos la cara y luego alarguemos la mano hasta el cepillo y la pasta de dientes. A continuación, registra la recompensa que dicha rutina provoca: la agradable sensación de estar despiertos y aseados. Esto refuerza los circuitos cerebrales en relación con ese hábito en particular.
Los desencadenantes de un modo pueden ser muy variados, pero suelen tener un claro significado simbólico mirados desde la perspectiva de ese modo. Un matiz del tono de voz o ciertas palabras, pongamos por caso, pueden tener una vibración de onda tan similar a la señal que originariamente provocó una reacción en el pasado que se conviertan en detonantes directos de un modo. Esas señales provocan la aparición de los comportamientos rutinarios aprendidos que constituyen el modo.
En el modo evasivo, por ejemplo, las emociones abrumadoras son los desencadenantes, y entre las respuestas del modo están todas las formas de retraerse que tiene la persona. La recompensa que refuerza dicho modo puede ir desde una sensación física hasta un beneficio emocional. En el modo evasivo, la consolidación se deriva de un descenso de la ansiedad y la agitación. Aunque rehuir una emoción intensa o el contacto con la gente tiene un coste obvio para la persona, el alivio que siente a nivel emocional activa los centros de recompensa del cerebro, que cimenta así los hábitos del modo. Y a estos hábitos automáticos nos aferramos, tengan sentido o no.
Este es el aspecto que tiene, visto desde fuera, un cambio de hábitos. Mi amigo KD conocía el origen y las señales de su patrón de comportamiento punitivo: «Me fui de casa a los dieciocho años, pero me llevé conmigo a mis padres –y su estilo de educación severo– guardados en lo más profundo. Me horrorizaba verme repetir su comportamiento, oír su tono de voz salir de mi boca. Vivía protegiéndome continuamente de la oscuridad e infelicidad que esperaba que se apoderaran de mí en cualquier momento, y estaba siempre listo para saltar.
»En una ocasión estaba auténticamente afectado por algo y cuando entré en casa mi hija adolescente estaba sentada en la cocina. No había fregado los platos. Crucé la cocina hecho una furia y la regañé con la misma brusquedad con que mi madre me habría regañado a mí».
La señal –la cocina desordenada– desató su reacción punitiva habitual.
Pero a raíz de esto hubo un cambio positivo: «Nunca olvidaré la forma en que me miró. Se quedó estupefacta al verme comportarme así. No se lo tomó como algo personal. Me miraba como si fuera yo un ser de otro planeta. Y como no lo interiorizó, para cuando terminé de recorrer la cocina de lado a lado, me di cuenta de la forma tan estúpida en que estaba actuando y cambié de actitud por completo».
Despertar a la realidad de este patrón patológico fue una recompensa en sí mismo. La clave para cambiar un modo está en examinar las señales y los sucesos rutinarios que lo provocan y en reemplazar las reacciones autodestructivas por otras más sanas, que entrañan su propia recompensa, más positiva.
Susurrar a la mente integra la atención plena con el cambio de hábitos. Esta atención plena integradora nos proporciona en primer lugar la consciencia de que es necesario cambiar cierto hábito de un modo y, además, el recordatorio continuo de que debemos poner en práctica la nueva alternativa positiva.
Sacar a la luz los procesos mentales automáticos y tomar consciencia de ellos es el paso primero y crucial. Mientras no seamos conscientes de ellos, poco podemos hacer al respecto. Solo cuando reconocemos un modo negativo y admitimos que lo es podemos empezar el proceso de cambiar el hábito.
El paso siguiente es reemplazar deliberadamente las respuestas habituales por otras más productivas. Y practicamos ese cambio en cada oportunidad que se nos presenta de forma natural…, cada vez que nos damos cuenta de que el modo ha comenzado o reconocemos una de sus señales.
Nuestra vida cotidiana está salpicada de señales que son indicio de nuestros modos. Lo mismo que unas vacaciones o un retiro pueden dejar temporalmente la pizarra en blanco al liberarnos de la influencia de nuestros automatismos habituales y permitirnos iniciar dinámicas nuevas, la consciencia atenta cultiva precisamente esta cualidad abierta, como de estar de vacaciones, que nos da más libertad para empezar a responder de forma nueva. Esa perspectiva nueva, que en el Zen se denomina «mente de principiante», es lo opuesto a la «psicoesclerosis», el agarrotamiento de una conducta que consolida y anquilosa nuestros modos habituales.1
Los modos son por definición transitorios; aun cuando nos arrastren durante horas o días o años, al menos tienen un final potencial. Considerando que son respuestas aprendidas, pueden cambiarse si aprendemos algo nuevo. Pero si para arrastrarnos a un modo bastan unas sutiles señales, para desengancharnos de un modo negativo hace falta un esfuerzo intencionado.
Haga la prueba: cruce los brazos, pero el brazo que normalmente pone debajo póngalo encima esta vez. Un poco extraño, ¿no? Esa es la sensación que puede producir al principio intentar cambiar los hábitos emocionales; parece raro, poco familiar. Pero al ir repitiendo la nueva respuesta una y otra vez, la extrañeza desaparece y la nueva respuesta se vuelve familiar. Con un esfuerzo continuado, acaba siendo la nueva respuesta automática habitual.
Nuestras zonas de confort –los hábitos fáciles en los que hemos ido cayendo– nos hacen complacientes en vez de impulsarnos a trascenderlas. Al principio, crear un hábito supone emplear energía cerebral, y resistirse a la atracción seductora de las rutinas automáticas exige esfuerzo. Así que es necesario desafiar a nuestros modos con una atención plena unida a una resuelta fuerza de voluntad para oponernos a las viejas dinámicas e iniciar otras nuevas.
Pero aunque para reemplazar una dinámica habitual por otra nueva se necesitan consciencia y esfuerzo, cuanto más repetimos el cambio, más se encargan de la operación rutinaria los ganglios basales y menos energía cerebral conlleva, puesto que la nueva dinámica se convierte entonces en nuestra nueva respuesta automática.
Cuando salimos intencionadamente de un modo negativo, nos hacemos con el control de nuestra mente. Los impulsores del cambio nos abren a una claridad mental que transmuta los modos negativos y permite que se abran paso formas de ser más positivas.
Tanto los modelos orientales como occidentales de los modos disfuncionales reconocen la futilidad de los hábitos profundamente arraigados que repetimos una y otra vez en nuestra vida y el sufrimiento que nos causan. Algunos, qué duda cabe, son más difíciles de cambiar que otros. Los modos negativos tienen un propósito emocional profundo y no atienden, por tanto, a la simple lógica. En parte, hemos construido nuestra personalidad utilizando esos modos como cimientos; cuando empezamos a desengancharnos de ellos, es normal que nos sintamos un poco desestabilizados. Es un cambio que puede provocar reacciones adversas, incluso dudas sobre si tiene algún sentido hacer cambios: si no somos esos hábitos emocionales, ¿quiénes seremos?
Los modos con los que nos hemos familiarizado nos definen hasta cierto punto, y por más que se trate de respuestas obsoletas que ya no tienen propósito alguno, puede ser un poco inquietante empezar a desalojarlos. Es posible que sintamos una punzante compasión al darnos cuenta de que durante tanto tiempo hemos tenido una idea distorsionada de nosotros mismos, o hemos creído que otra gente nos era fiel cuando en realidad no lo era. Pero cuando la visión engañosa se resquebraja y vemos lo que hay detrás de ella, deja de tener el mismo poder sobre nosotros.
Visto desde la perspectiva oriental, este cambio de consciencia es semejante a utilizar el cielo como punto de referencia en vez de dejar que nos defina una nube de ignorancia. Seguimos viendo la nube pero también su transitoriedad, su transparencia intrínseca, y sabemos que se evaporará tarde o temprano al fundirse en la calidez de la consciencia.
Cuando empezamos a liberarnos de modos que nos han tenido confinados, nos invade un sentimiento de desencanto con los hábitos emocionales incansablemente repetidos. Al liberarnos de los hábitos cognitivos y emocionales qu...

Índice

  1. Cubierta
  2. Portada
  3. Créditos
  4. Dedicatoria
  5. Sumario
  6. Prólogo del Dalai Lama
  7. Parte I: Modos de ser
  8. Parte II: Susurrar a la mente
  9. Parte III: Atender a los susurros del mundo
  10. Agradecimientos
  11. Notas
  12. Recursos
  13. Notas de la traductora
  14. Contracubierta