GuíaBurros: Cómo afrontar una perdida
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GuíaBurros: Cómo afrontar una perdida

Emocionales y materiales

  1. 144 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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GuíaBurros: Cómo afrontar una perdida

Emocionales y materiales

Descripción del libro

Los GuíaBurros son manuales básicos para aprender a utilizar una herramienta, realizar una actividad o adquirir un conocimiento determinado de manera sencilla y fácil.GuíaBurros Cómo afrontar una pérdida, emocionales y materiales, desde el proceso de perdida, muerte, separación, enfermedad, envejecimiento, quiebra... Hasta la toma de decisiones. Toda la información en una guía sencilla y muy fácil de leer.Un libro indicado para todos los perfiles, no es necesario tener conocimientos previos.

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Información

Editorial
Editatum
Año
2019
ISBN del libro electrónico
9788417681685
Categoría
Psicología

Introducción

Cualquier pérdida es un proceso que de pronto nos coloca fuera de nuestra zona de confort. Esta es realmente la cuestión de fondo que sacude la realidad cotidiana. Representa un sentido de desestabilización que en un momento va a producir una percepción de que todo lo que es habitual está a punto de cambiar. Aun cuando se produce en un aspecto concreto de la realidad, lo cierto es que va a generar movimientos en todo nuestro mundo.
Puede ser forzado por las circunstancias o incluso algo elegido desde un proceso de definición personal, pero en cualquier caso nos va a mover hacia un punto que resulta desconocido de antemano.
Lo habitual es que para la mente acostumbrada a funcionar de manera autónoma, esto produzca una sensación nada agradable. Estamos tomando contacto con la incertidumbre.
La incertidumbre es la adquisición de la conciencia –a veces difícil de digerir– de que estamos en un nuevo campo en el que no sabemos manejarnos ni tampoco tenemos la certeza de que sabremos hacerlo. Las cosas pasan a un punto en el cual dejan de ser –o al menos de manifestarse– del modo en que habitualmente lo hacían.
A pesar de todo, este factor es inevitable en la vida. Por mucho que lo pretendamos no estamos en condiciones de controlar todo, de gestionar todo, de saber todo. Es por esto que vivir en la incertidumbre con un cierto grado de confort, con confianza, sin miedo o a pesar de él, es el gran aprendizaje de cualquier vida. Y también por todo ello cualquier intento de vivir de espaldas a la vida, de tratar de evitarla o incluso eliminarla de la existencia cotidiana es un esfuerzo que nos consume, y que además está abocado al fracaso.
Nos abruma la necesidad de entrar en lo nuevo y desconocido, impuesto o no, mientras tratamos de no soltar del todo lo que ya conocemos de antes. A no ser que en este movimiento nos sea arrebatado o no podamos sostenerlo. Es en este momento cuando se presentan las emociones asociadas a lo injusto de una situación en la que sentimos cómo algo que nos es propio, sale de la vida cotidiana. La ira, la pena, la injusticia y la frustración que procede de juzgarnos y de sentir que, de algún modo, no hemos sido capaces de sostener, mantener y conservar algo que por derecho es nuestro.
En la definición de la pérdida hemos visto cómo una de las causas del dolor de pérdida es la sensación de incapacidad para mantener lo que consideramos que es nuestro. Probablemente la principal lección que acompaña al hecho de perder algo es, precisamente, que nada lo es. Que todo lo estamos haciendo en el presente y que lo que va a ocurrir en el futuro más o menos próximo no es más que la consecuencia de nuestras decisiones.
En cualquier pérdida se atraviesa por un proceso de duelo. Por este medio, se produce una transición de lo que era a lo que será, siempre teniendo muy en cuenta lo que está pasando en el presente. Esta es la lección imprescindible. Cómo ser capaces de avanzar a pesar de ello. Porque la realidad es que solo se puede avanzar.
La vida siempre es un camino hacia adelante. Nunca retrocede; como mucho puede quedarse estancada, pero no se detiene. Veremos algunas de las acciones que nos llevan a estancarnos, los miedos que subyacen en ellas y algunas ideas sobre cómo continuar.
Pero en todos los casos con una premisa básica: la reconstrucción de la persona tras un proceso de pérdida no la va a colocar nunca en el mismo lugar en el que estaba. No es una restauración de las condiciones previas. Tampoco significa que haya que dejar de ser quien se era antes. No cambiamos eso nunca. Solo cambiamos lo que hemos estado siendo para expresarnos de nuevos modos, para adoptar nuevos valores y tomar una perspectiva diferente. Esto es lo que nos hace tomar distintos caminos y darle un nuevo significado a nuestras vidas.
Porque perder no significa estar perdidos. De hecho significa estar muy vivos.

El proceso de pérdida

La sociedad somos todos, la creamos entre todos y la construimos con cada uno de nuestros actos cotidianos. Desde este punto, pasa a tener menos sentido la justificación que constantemente hacemos de que las cosas son de determinada manera porque la realidad es la que es. En realidad, no deja de ser una situación en la que delegamos constantemente la responsabilidad sobre lo que somos, hacemos y sentimos, en un ente aparentemente externo, pero que realmente surge de la expresión de lo que cada uno somos.
En este entorno, que hemos basado en la sensación de seguridad, se nos presenta una realidad en la que damos constantemente la espalda a la frustración, como algo a evitar. Vamos a plantear a lo largo de este texto la posibilidad de aprender a convivir con ella, como un ingrediente más de lo cotidiano. Un elemento al que, lejos de temer, podemos aprender a tomar como maestro que nos abre puertas, siempre que estemos dispuestos a atravesarlas.
Vivimos la pérdida como un desastre, normalmente en un entorno que nos bombardea con un concepto básico en todas nuestras relaciones: la seguridad. Se trata de una manera de alimentar la concepción de nuestra mente de que podemos controlar todo, prever todo, manejar todo. Esto es básicamente falso.
Si hay algo de lo que podemos estar completamente seguros es de que, tarde o temprano, experimentaremos una pérdida. Especialmente si tenemos en cuenta que ciertos procesos, como ocurre con la vida misma, están destinados a tener un final. Un final que podemos dar por cierto, y que además, desde un punto de incoherencia, parece que nos esforzamos en ocultarnos a nosotros mismos. Como si no fuese a ocurrir. Como si el hecho de no llamar a la muerte fuese a despistarla o a llevarla a olvidarse de nosotros.
El caso es que grande o pequeña, más o menos significativa, todos experimentamos esa sensación de que algo se va de nuestro lado y nos es imposible de sostener, por mucho que nos empeñemos y por más energía que pongamos en resistirnos a ello.
Podemos entender mejor qué es un proceso de pérdida si nos acercamos a algunas de las definiciones que se le pueden dar. Veamos algunas de ellas.
Ser privado de algo que se ha tenido, y que por tanto consideramos nuestro por derecho. Como si la posesión por sí misma nos pudiese garantizar la permanencia de lo poseído.
Experimentar el fracaso en el sostenimiento de algo que para nosotros es valioso o significativo. Un empleo, una relación, un determinado nivel de status social.
Reducción o minoración de determinados procesos o facultades. A lo largo de la vida vamos a experimentar de qué modo ciertos aspectos físicos o biológicos entran en declive. Veremos en los próximos capítulos, al hablar de enfermedad o envejecimiento, la manera en que parece que estemos obligados a mantener siempre un aspecto juvenil y vigoroso que, con la edad, va siendo cada vez menor y, la verdad, menos significativo. Pero que sin embargo nos negamos a menudo a aceptar como una evolución.
Experiencias destructivas o de quiebra. Situaciones en las cuales nuestras vidas se sacuden por efecto de circunstancias que nos superan, que nos tocan en la parte de reconocer que no podemos manejarlas y nos arrastran, y que además nos enfrentan a la realidad de que nunca podemos controlar todo, que una gran parte de las cosas que damos por seguras dependen de factores en los que no podemos intervenir. Nuestra vida es nuestra responsabilidad, pero en ella intervienen cosas que no van a depender de nosotros. Esto puede convertirse en algo realmente difícil de aceptar.

Tipos de pérdidas

Veamos cómo podemos realizar una clasificación de las pérdidas en función de los aspectos a los que afectan.

Pérdidas relacionales


Relaciones. Todas aquellas que tienen que ver con seres cercanos, humanos o no. Momentos en los que alguien que es importante en nuestra realidad, toma un rumbo que lo aleja de nosotros. Este alejamiento puede ser obligado o voluntario, temporal o permanente.
Fallecimiento.
Finales de relaciones
Abandono
Negaciones afectivas

Perdidas intrapersonales

Nosotros mismos. Las que significan toma de conciencia y comprensión de cambios personales que afectan de manera directa a cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Procesos que cambian, capacidades que se alteran, que se presentan de improviso y producen un gran cambio en la vida.
Enfermedad
Pérdida de capacidades físicas o intelectuales


Pérdidas materiales

Cambios que pueden ser incluso radicales en relación con nuestra realidad en el mundo. Variaciones en el modo en que entendemos quiénes somos, y que vienen de la estrecha relación que establecemos entre qué tenemos, qué hacemos y qué somos.
Pérdida de objetos y posesiones
Variación del nivel económico
Desempleo o quiebra
Pérdida de status social

Pérdidas evolutivas

Envejecimiento. Como ya hemos dicho, en un entorno que glorifica la juventud y penaliza la vejez, la toma de conciencia de que envejecemos es un motivo habitual de quebranto.

Las fases ...

Índice

  1. Introducción
  2. El proceso de pérdida