El primer relato de este insólito volumen es una exclamación canina cuya brevedad aborta cualquier comentario. Pasemos, pues, al segundo.El segundo relato de este insólito volumen es la larga odisea de cuatro individuos que recorren los procelosos mares de la noche en busca de una ítaca imposible o, tal vez, simplemente quimérica. Tanto, al menos, como la vida misma. Estamos en vísperas del día que la liturgia civil de nuestro tiempo dedica a las madres, esos dechados de bondad, esas impecables abstracciones. El objetivo final de la cuadrilla es ofrecerles unas dulces serenatas a sus respectivas progenitoras, pero el horizonte del amor filial se va diluyendo a medida que las incontinencias de la ciudad (y del recuerdo) van aflojando unas voluntades nunca demasiado firmes. Atrapados por la lógica de una parranda febril, Bernabé, Tito, Albino y el Oruga visitan oscuros tugurios donde bailan sin entusiasmo la danza de la seducción retribuida. Conocen y palpan a damas memorables destinadas al olvido, entre ellas la formidable Cuadrafónica, un festival de turgencias y elocuencias que les muestra el paraíso de la tentación. Avanzan, dudan, discuten, retroceden. Oscilan como perfectos varones entre la inmarchitable virtud de sus santas viejitas, sus novias y sus esposas, y la perdición de la carne femenina.

- 258 páginas
- Spanish
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Mamá duerme sola esta noche
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Literatura generalMAMÁ DUERME SOLA ESTA NOCHE
UN CUENTO LARGO, MUY LARGO
A la memoria de mi hijo Darío.
A ninguna ciudad se la ama o se la odia por sí misma, sino por sus habitantes.
Por algún lado se empieza, así que empecemos por aquí:
no vale ninguna penalidad meterse en averiguandas para conocer de quién fue la sesuda idea, el caso es que a todos les pareció sencillamente estupenda y, cuando a la hora de la comilona en el restorancín de cada vez y de siempre se la platicosearon a Bernabé,
que era el único que faltaba,
Bernabé se arremolinó desde los zapatines hasta la melena alborotada y en un santiamén,
o en dos cuando mucho,
aspaventeó que él también estaba más puesto que un condón:
cómo carambanes no.
—Sólo que no tengo ni un mugre centavo partido en cuatro partes: reaccionó de golpe bajo y se le desparramó la salsa de la euforia por los ladrillos y se le chorreteó por las fauces de las alcantarillas hasta alcanzar las puertas mismas del drenaje más profundo de su subsuelo.
Eso ya se sabe, carnalito, le contestaron: a estas vertiginosas cimas nevadas de la quincena nadie tiene, y con la compradera de los regalos de mañana menos, todos andamos anclados en la penúltima pregunta y con la marrana miseria pegosteada en los destuetanados huesos, pero para eso contamos con la cajonera de ahorros, ¿no?
—Ah, pues sí, tienen razón, por supuesto que sí: reconoció Bernabé recogiendo su animosidad escaramuzadamente maltrecha, volviéndosela a poner como segunda piel hecha a la medida y reconociendo que le quedaba muy requetebién.
Aistá, le dijeron los otros: habla con Cajas Destempladas y alégale con sincero alegato que requieres un préstamo auténticamente urgentérrimo, sólo es cuestión de hacerle la llorona con genuidad y listo, además de que no puede necearte que no así nada más, con entonación burlona y astuta, con gesto despreciativo y escalofriante; no, es mula dispareja y cuadradísimo del cacumen como todos los contadorsetes del planeta mundo, pero comprensivísimo cuando olfatea que hay contantes y sonantes réditos de por medio, ¿verdá?
Verdat.
Y ahí están ambos dos, frente a frente y a la par, clavándose los ojos:
sarcásticos los unos, los obesos; incrédulos los otros, los recelosos:
cuatro ojos sopesándose como a través del agua sucia de una palangana:
pero Bernabé, además, fisgando con visión periférica un letrerito en la pared:
Señor,
mándame pena y dolor,
mándame males añejos,
pero lidiar con pendejos,
no me lo mandes, Señor.
Y otro que a lo mejor venía más al caso:
Para pedir te haces chistoso,
para pagar te haces pendejo.
El sujeto era un remedo de dandy modelo comedieja musicalera que respiraba muy a gusto en su oficina cuchitrilesca,
que mañoseaba en lo oscurito para otorgar el vistazo bueno a la buenez de las empleadas nuevas,
que disfrutaba de lo lindo las carencias monetarias de sus subordinados,
que se complacía enigmáticamente con el ciclorama grisáceo de la burocracia y conocía, sobre todo, el avieso artilugio de mover el rabo según el humor acróbata de los amos.
Curiosamente, como para demostrar que a final de cuentas y cuentos no poseía tan pésima entraña, que alguito le quedaba de madre, Cajas Destempladas estaba en un plan decentoso, vanguardial, y con el corazón idéntico a pan remojado en cafecito con leche de vaca negra, así que no hubo necesidad de ningún tragedión panteonero destinado a manipularle la conmiseración, por el contrario, escuchó la vil mentirosilla con paciencia de santito recién canonizado y un talante de excelencia incondicional y, para que ni el peor inmortal ponga en dudamiento o entredichez la esperanzadora nobleza humana, concedió desembolsar la marmaja sin retobos ni fantochadas, sino al contrario:
dándose aires de señorío y nítida generosidad y hasta:
—Le das un abrazo a tu mamacita de mi parte, por favor: solicitó al término de la cordialísima entrevista, enmascarándose, ladino, de agradable y sonrisimpaticón, el muy cagada de mono araña.
Y Bernabé, bastante sorprendido ( y desconfianzudo aún), con un alargamiento de labios más postizo que una dentadura postiza, respondió con sencillez de arlequín y suavidad de papel higiénico:
—Sí, gracias, señor Álvarez («tetrabelodonte», mascó mentalmente; desde chico se aprendió la palabreja y desde entonces la utiliza para insultar descalificar burlarse de alguien; te...
Índice
- Cubierta
- Portada
- REENCARNACIÓN, UN CUENTO CORTO, MUY CORTO
- MAMÁ DUERME SOLA ESTA NOCHE, UN CUENTO LARGO, MUY LARGO
- Créditos
- Contenido
- Colofón
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