Repensar ocho conceptos clave de la moral
  1. 224 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Descripción del libro

Repensar la moral cristiana es repensar una dimensión esencial del cristianismo. Este libro ha sido ideado especialmente para un público reflexivo que se hace preguntas sobre algunos aspectos importantes de la moral cristiana que se han vuelto más o menos problemáticos al encontrarse expuestos a la revolución intelectual de la modernidad y al sufrir el choque del pluralismo contemporáneo. Estos conceptos son la moral, la conciencia, el pecado, la naturaleza, la vida, el placer, la persona y el sentido.

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Repensar ocho conceptos clave de la moral de Francesc Torralba Roselló,Josep M. Esquirol Calaf,Antoni Gomis Lladó,Gaspar Mora Bartrés,Antoni Nello Figa,Begoña Román Maestre en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de Filosofía y Ética y filosofía moral. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.

Información

Editorial
PPC Editorial
Año
2013
ISBN de la versión impresa
9788428825689
ISBN del libro electrónico
9788428826211
Categoría
Filosofía
1

MORAL

GASPAR MORA
1. Introducción: la importancia de la pregunta moral
Comenzamos este volumen con una reflexión general sobre la moral. En un primer momento será bueno definir algunos términos, y especialmente aclarar un aspecto conceptual importante: utilizaré las palabras «ética» y «moral» como sinónimos. Sería largo ahora hacer un resumen de las inacabables discusiones sobre el sentido de uno y otro término y sobre las diferencias propuestas por las diferentes escuelas y autores. Quizá en otros artículos de este mismo volumen los autores los emplearán de manera diferenciada. Aun así, yo los tomaré como términos sinónimos. Si conviene poner de relieve algún matiz, lo explicaré directamente. Ética y moral se refieren al comportamiento humano, no propiamente al comportamiento fáctico, sociológico, sino a la manera en que la persona ha de comportarse. A la manera en que responde a la pregunta moral.
La pregunta moral cualifica a nuestra especie humana y nos hace nobles, responsables y dubitativos. La pregunta misma es formulada diversamente en las diferentes culturas: qué hay que hacer, cómo se comporta un buen hijo de mi pueblo, que mandan nuestros dioses o nuestros dirigentes... A Jesús se la hicieron de dos maneras: cuál es el mandamiento más grande de la ley (cf. Mt 22,36) y qué debo hacer para alcanzar la vida eterna (cf. Mc 10,17). En el trasfondo, sin embargo, hay una cuestión radical, común, básica: la pregunta ética. Nuestra tradición teológica dice que la estructura mental humana tiene un componente ético constitutivo. Toda persona, por el hecho de serlo, experimenta que no puede hacer el mal y que debe hacer el bien, es decir, que hay un bien y un mal ante ella, y que su decisión es calificable éticamente. Esta experiencia radical, sin embargo, es formal, es decir, no propone aún qué es bueno y qué es malo. La búsqueda de lo que es bueno y de lo que es malo es la búsqueda más ancestral y más noble de nuestra experiencia humana. Discernir el bien ético y distinguirlo del bien espontáneo, del bien interesado, del bien útil, del bien estético, del bien agradable, del bien deseado, del bien emotivo o del bien egocéntrico, tanto personal como colectivo, es una obra de filigrana del espíritu humano, en la que la humanidad todavía está del todo implicada.
Nuestro momento histórico vive una experiencia ética especial, fruto del proceso social y cultural de los últimos siglos. Eso marca de una manera nueva tanto el planteamiento moral general como la cuestión, muy viva desde la perspectiva cristiana, del lugar y el papel del mensaje ético evangélico en el presente y el futuro de nuestro mundo plural. Por eso es bueno hacer memoria, aunque sea rápidamente, del proceso histórico como marco para entender la situación en la que ahora nos encontramos.
2. El camino de nuestra historia
a) La «modernidad ilustrada» y sus planteamientos éticos
El pensamiento y la moral cristiana tuvieron una posición hegemónica en Europa durante toda la Edad Media, que comenzó a agrietarse con la crisis de la modernidad. El acento antropocéntrico de la modernidad ilustrada tuvo un fuerte componente ético y se presentó como una alternativa a la moral cristiana, que fue acusada de ser heterónoma y de destruir a la persona y la libertad; la ética ilustrada era la «moral humana», la búsqueda de la verdadera realización de lo que es humano. Los primeros pasos contra todo lo que es religioso –y especialmente contra el cristianismo– fueron muy agresivos. Los grandes pensadores de la primera modernidad ejercieron un ateísmo militante de raíz antropológica: para que el hombre y su libertad sean posibles hay que destruir a Dios (Feuerbach, Marx, Freud, Nietzsche, Sartre...).
La tensión y el conflicto entre «moral cristiana» y «ética humana» marcaron a los pensadores cristianos hasta llegar al Concilio Vaticano II. Allí se replantearon las relaciones entre el pensamiento cristiano y lo que se llamó el «mundo de hoy», descrito al principio de Gaudium et spes1 y que sobrevuela todo el Concilio. Leído con nuestros ojos unos cuarenta años después, notamos que aquel «mundo de hoy» era en concreto nuestro mundo occidental, marcado por la modernidad, secularizado, ateo y agnóstico, movido por la búsqueda de lo que es humano: los derechos humanos, los valores humanos, la razón, el progreso, la libertad, la ética humana.
A partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia quiso superar el enfrentamiento y se abrió al diálogo y a la colaboración2. Y el diálogo era precisamente en el ámbito de la moral y de los valores humanos, como la búsqueda de la paz (Pacem in Terris, de Juan XXIII), el progreso de los pueblos (Populorum progressio, de Pablo VI), los derechos humanos (Mater et Magistra, de Juan XXIII), incluso la sexualidad y la familia, aunque con poco éxito (Humanae vitae, de Pablo VI). Fue un intento de acercamiento al ámbito ético prescindiendo de la cuestión teológico-religiosa, mucho más difícil. Moral cristiana y ética humana podían dialogar.
Eso abrió en el ámbito cristiano una cuestión muy tratada a partir de 1960: la especificidad de la moral cristiana. Se exigió esta pregunta por diversas razones, pero especialmente una: la moral cristiana había vivido siempre con una cierta convicción de la propia bondad por contraposición al error y la malicia de lo que no es cristiano, especialmente el mundo ateo, revolucionario, liberal, destructor de la tradición y del orden divinos.
Cuando se creó el clima de diálogo honesto, la primera constatación fue que aquel «otro» mundo hablaba de valores tan nobles como la justicia, la paz, la libertad, el respeto a toda persona e incluso la fraternidad que también el mensaje cristiano profesa. Se hizo inevitable, pues, la pregunta por lo que es específico, propio de la moral cristiana. Influyeron también en el planteamiento del tema los conocimientos históricos sobre la propia tradición moral cristiana, influida no solo por el mensaje evangélico, sino también por el Antiguo Testamento, por la ética grecorromana y por las tradiciones de los pueblos centroeuropeos; también influyó en ello la expansión universal de las misiones católicas. El anuncio del Evangelio a culturas y pueblos muy alejados del mundo cristiano latino exigió la búsqueda del núcleo del Evangelio, a fin de no transmitir, juntamente con el mensaje cristiano, las tradiciones morales propias de nuestro mundo cultural mediterráneo o europeo. Todo ello requirió un replanteamiento de las posiciones morales formulado como búsqueda de lo que es específico de la moral cristiana. Pasados los años, esta cuestión derivó en otro planteamiento, hijo del anterior: la relación entre la moral autónoma y la ética de la fe.
Todas aquellas reflexiones, enmarcadas en el intento de promover el diálogo entre el mundo cristiano y el mundo moderno, fueron positivas, pero había carencias e inexactitudes en el propio planteamiento, demasiado hijo todavía de una tradición teológica con una mirada de corto alcance. Más adelante volveré a referirme a ello.
b) Los problemas y los desafíos actuales
No han transcurrido demasiados años, pero el clima ha cambiado de manera ostensible, y eso puede ayudar a hacer un planteamiento más adecuado de la cuestión. El «mundo de hoy» no es nuestro mundo occidental, marcado por el progreso técnico y la secularización, sino el mundo entero, con un conjunto enormemente amplio de tradiciones culturales, ética y religiosas, y con conflictos entre culturas y civilizaciones, y no solo entre países. Es la posmodernidad.
En relación con el tema que nos ocupa, creo que nosotros estamos hoy marcados por dos importantes experiencias. Por un lado, el desencanto ante los grandes proyectos de la modernidad. La ciencia, el progreso, la democracia, la libertad, la realización humana o los derechos humanos siguen siendo elementos básicos de nuestra cultura, pero ahora están marcados por una fuerte carga de desencanto, de miedo. De hecho, el siglo XX ha sido el más terrible de la historia, y el responsable de eso no ha sido la religión, sino que más bien ha sido la víctima. Por otro lado, el choque del pluralismo. Hoy percibimos una amplia pluralidad de experiencias humanas: hay pluralismo cultural, religioso... y también pluralismo ético.
En este clima se plantea con fuerza la cuestión del pluralismo religioso, y en la Iglesia se ha puesto en marcha con mucho empuje el diálogo entre religiones y confesiones. Es una tarea esencial, sin duda, pero creo que existen dos peligros en los que caemos a menudo y que conviene evitar: uno es ignorar el diálogo con el mundo agnóstico y secularizado, que avanza entre nosotros, como si fuese un diálogo inútil o imposible o como si el diálogo sobre la ética y los valores humanos interesase menos a nuestra sensibilidad cristiana; el otro es promover el diálogo interreligioso, pero ignorar su dimensión ética, quedarnos solo en encuentros religiosos de oración y de intercambios místicos, y prescindir de temas como la justicia en el mundo, la paz, la sexualidad, los derechos humanos o la vida humana.
La cuestión moral está en el centro del gran desafío de nuestro mundo. Ignorarlo es pasar de largo del verdadero problema que tenemos planteado hoy. En nuestro mundo globalizado y tan interrelacionado hay intereses personales y colectivos inconfesables que conducen a enfrentamientos, guerras y amenazas, que destruyen la convivencia y ponen en peligro el futuro. Este es un problema muy grave de nuestro tiempo. Tiene, sin embargo, un aspecto positivo: todos podemos estar de acuerdo en que eso es ética y humanamente inaceptable. Aun así, el desafío no es solo este, y tal vez ni tan siquiera es el más grave. La cuestión seria en nuestro mundo plural y pluralista es que hay diversas concepciones de la vida humana, de...

Índice

  1. Portadilla
  2. Presentación, de Pere Lluís Font
  3. 1. Moral, Gaspar Mora
  4. 2. Conciencia, Antoni Nello
  5. 3. Pecado, Antoni Gomis
  6. 4. Naturaleza, Josep M. Esquirol
  7. 5. Vida, Francesc Torralba
  8. 6. Placer, Gaspar Mora
  9. 7. Persona, Begoña Román
  10. 8. Sentido, Francesc Torralba
  11. Contenido
  12. Créditos