1. «Tempus fugit, sicut nubes, quasi fluctus, velut umbra»
«Quien sea capaz de ver la totalidad es filósofo,
quien no, no».
Platón
Desde su origen, el hombre se ha agrupado en comunidades que para subsistir tuvieron que tomar decisiones, coordinar esfuerzos y llevar a cabo acciones enfocadas hacia el progreso y el bienestar común. Así pues, toda organización humana es una realidad antropológica, una agrupación de personas que comparten una meta común. Desde tiempos remotos las organizaciones sociales han sido dirigidas por personas que se han encargado de guiar sus pasos hacia fines determinados. En los albores de la Historia el concepto de autoridad estaba rodeado por una especie de aura mágico-religiosa.
El líder era concebido como un ser superior al resto de los miembros del grupo, con atributos y cualidades especiales. Los héroes de las batallas eran elegidos por los pueblos para liderar su rumbo; sus palabras y sus acciones tenían gran poder sobre el destino de gran número de personas. El héroe era por lo general un varón ilustre y célebre por sus hazañas y virtudes; en la mitología era un ser engendrado por un dios y un ser humano. Para Homero, la figura del héroe está representada por un guerrero notable por su bravura. Hesíodo hace del héroe un ser mítico, casi siempre bienhechor, que habita en las islas Afortunadas bajo la égida de Cronos. A partir del s. V pasó a ser un mortal semidivinizado después de su muerte al que se rendía culto. El héroe epónimo era el que daba su nombre a un determinado lugar.
En definitiva, un individuo, al demostrar su superioridad ante la comunidad, se convertía en su líder. Podemos constatar que a través de la Historia, en los diferentes pueblos y culturas de todos los tiempos surgen siempre hombres y mujeres que se destacan por ejercer esta función. Incluso se consideraba que estos poderes o atributos especiales se transmitían biológicamente de padre a hijo o que eran un don de los dioses, es decir, que nacían con ellos.
El arte es la expresión más bella de alma capaz de recrear las cosas más grandes y hermosas de este mundo definiéndolas por sus detalles. Hasta donde llega la memoria humana, el arte de liderar ha sido uno de los imperativos esenciales del hombre.
El liderazgo en la vida de los pueblos es también una expresión natural en el origen y desarrollo del ser humano. La supremacía personal, la influencia individual, se dio ya en sociedades sin estado desde la época primitiva cuando el hombre aún era cazador, pescador y recolector. El líder era el hombre más hábil y más fuerte. Con el transcurso de los siglos, en la época de la Grecia clásica, el liderazgo comenzó a pasar de la fuerza a la inteligencia. Allí empieza la incesante búsqueda de un liderazgo a favor del bienestar colectivo, lo que hoy se conoce como «bien social».
Sócrates, 335 años a. C. hablaba del liderazgo como un arte, la más noble y grande de las artes, donde el artista no impone el interés del más fuerte sino que defiende el interés del más débil sobre el que tiene autoridad.
Sin embargo, el liderazgo como disciplina sistemática es muy joven y reciente.
Desde el origen de la Humanidad, pasando por todas las cunas de las distintas civilizaciones hasta nuestra época, el liderazgo fluctuó entre el bien y el mal, pudiendo ser eficaz y ejemplar para las sociedades, pero también su azote y reprensión, solo que en este caso no deberíamos llamarlo liderazgo sino tiranía, dictadura o terrorismo; las palabras son importantes, tienen connotaciones concretas. Tampoco es conveniente adjetivarlo para crear matices que lo alejan de su auténtica esencia o desvían de su verdadero significado.
Antes de la Primera Guerra Mundial en 1914, la mayor parte de los integrantes de la fuerza laboral de todos los países desarrollados eran empleados, aunque no trabajaban para una organización: prestaban servicios a un amo, textualmente a un amo, como mano de obra contratada o como aparceros, empleados domésticos, o aprendices u oficiales en tiendas de artesanos. Solo los obreros de las fábricas trabajaban para una organización y, de todas formas, solo representaban una pequeña minoría: no superaban 10% de la fuerza laboral. Sí, las cosas han cambiado.
El hecho de que en la actualidad se hable de liderazgo no significa que los líderes se hayan «inventado» hace poco, sino que su importancia en una sociedad globalizada, y más aún, en las empresas como organizaciones básicamente humanas, ha hecho recaer la atención sobre ellos. En una comunidad moderna, el líder no es necesariamente el jefe, aunque esto sea lo más deseable. Observando empresas caemos rápidamente en la cuenta de que no es lo mismo ser jefe que ser líder.
Las cualidades que identifican al jefe son:
- El poder: como dominio, imperio, facultad y jurisdicción que se supone para mandar o ejecutar una cosa
- La costumbre: como hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto
- La investidura: como carácter que se adquiere con la toma de posesión de ciertos cargos o dignidades
Y las cualidades que podemos resaltar como identificativas del líder son otras bien diferenciadas:
- La autoridad moral
- El poder de convencer
- El conocimiento y la habilidad para lograr los objetivos
La autoridad moral
«Nada tiene tanto éxito como una buena reputación».
John Huston
La autoridad moral del líder es el poder que tiene una persona sobre otra que le está subordinada en función del crédito y la confianza que por su mérito y fama se le da en determinada materia. La autoridad moral se conquista con la coherencia entre el hacer y el ser; es el resultado de una práctica efectiva de los valores, las decisiones libres y la racionalidad del pensamiento.
También se establece en función de la edad, la dignidad o la dependencia filial, todas ellas cualidades muy desnaturalizadas en nuestra actual «yuppi-progresista» sociedad light. A la gente no le gusta aquello que no puede entender; le molestan los sentimientos que no comparte y acaba por odiar todo aquello que envidia.
La forma de ejercer la autoridad siempre ha de ser acorde con la salvaguarda de la dignidad del hombre.
Es la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo. No es fe ni servidumbre a ciegas, ni consecuencia del arrastre de un deteriorado carisma personal, sino una reacción consciente y libre que esas personas producen gracias a su honestidad, su valía y su actitud hacia los demás.
Peter Drucker señala en su libro Gerencia para el futuro que la esencia del liderazgo radica en el desempeño, y por tanto no se trata de una cuestión de carisma. El carisma es en realidad «la perdición de los líderes», porque «los vuelve inflexibles, convencidos de su infalibilidad, incapaces de cambiar: Dwight Eisenhower, George Marshall y Harry Truman fueron líderes singularmente eficientes y, sin embargo, ninguno de ellos tenía más carisma que un pez muerto».
La autoridad moral, base de la credibilidad, nace del ejemplo, de la coherencia entre las palabras y el comportamiento. El jefe militar que ordena ocupar una trinchera enemiga mientras él huye hacia la retaguardia, el gánster que exige honradez, el corrupto que pide que los demás sean honestos, el político que se llena los bolsillos de dinero público o abusando de su cargo, podrán pronunciar sonoras proclamas, arengas y discursos, pero solo convencerán a los tontos y a los fanáticos.
«Los esclavizadores saben bien que mientras está el esclavo cantando a la libertad se consuela de su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas».
Vida de Don Quijote y Sancho, Miguel de Unamuno
El poder de convencer
«Es más fácil hacer leyes que gobernar».
León Tolstoi
El líder debe convencer al resto de la comunidad y a él mismo de la validez e importancia de la causa que abandera. Convencer no es vencer ni imponer. Por desgracia, hay momentos en los que las élites que dirigen las naciones, las organizaciones, las instituciones y las empresas parece que han perdido todo su poder de convicción, pues ni ellos mismos se creen lo que afirman y acaban por obligar a que todos acaten sus decisiones.
Es muc...