Esta obra ha sido concebida para todos los profesores cristianos: los que viven latiendo en el corazón de la fe y los que se han enfriado, los que están trabajando en colegios religiosos como los que ejercen en centros públicos, los profesos en una orden religiosa o los padres y madres de familia, los jóvenes y los mayores.

- 176 páginas
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El profesor cristiano: Identidad y misión
Descripción del libro
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Información
Editorial
PPC EditorialAño
2013ISBN de la versión impresa
9788428824682
ISBN del libro electrónico
9788428826266
Categoría
Theologie & ReligionCategoría
Bildungstheorie & -praxisII
PROFESOR CRISTIANO Y ALUMNO
4
LA EDUCACIÓN COMO TAREA ANTROPOLÓGICA.
¿QUIÉN ES LA PERSONA?
Decíamos al comienzo que la educación es, ante todo, una tarea antropológica. Y, para un profesor cristiano, esta constatación general se refuerza, porque, para todo cristiano, el camino de su relación con Dios pasa por el servicio a los demás (en este caso a los alumnos como personas).
¿Qué significa que la educación sea una tarea antropológica? Que lo prioritario no son los contenidos o la capacitación, no son los programas ni las tecnologías utilizadas, sino las personas. La educación es una actividad que tiene su origen y su fin en la promoción de las personas. Y, como iremos viendo, no se refiere solo a la promoción del alumno, sino también a la del profesor. Si la actividad docente no sirve también para que la persona del profesor crezca, tampoco servirá para los alumnos. Por ello, «no será posible educar sin saber antes qué es el hombre y cómo es, hacia dónde se le debe conducir y cuáles son los principales caminos para ello»6.
Parece claro, por tanto, que todo aquel que se dedica a la educación debe comenzar revisando de modo profundo, radical, qué es lo que entiende por persona. Si educar consiste, ante todo, en acompañar a una persona a otras para que todas puedan llevar a plenitud sus vidas, para que todas crezcan en este encuentro, se impone tener sobre ello una conciencia clara; porque
toda labor educativa que trate de formar hombres va acompañada de una determinada concepción del hombre, de cuáles son su posición en el mundo y su misión en la vida [...]. La teoría de la formación de hombres que denominamos pedagogía es parte orgánica de una imagen global del mundo, es decir, de una metafísica. [...] Pero es perfectamente posible que alguien se entregue a una labor educativa sin disponer de una metafísica elaborada sistemáticamente y de una idea del hombre amplia y desarrollada. Ahora bien, alguna concepción del mundo y del hombre ha de subyacer en su actuación. [...] Las ideas o teorías que se tengan nunca dejarán de surtir sus efectos7.
Todo profesor, vinculada a su cosmovisión, a sus valores, tiene –de modo explícito o no– una imagen de quién es la persona. Y en función de ella actuará como docente. Por eso no cabe la asepsia educativa. Y, si fuera posible, no sería educativa. Toda educación propone y realiza una visión del mundo y, particularmente, del ser humano. Y así hay muchas visiones distintas del ser humano, la mayor parte de las cuales no hacen honor a lo que la persona es. En función de cada una de ellas, la educación tenderá a ser de un tipo u otro. La educación podrá promocionar a la persona, o ser una educación meramente informativa, o estar al servicio de los intereses del mercado laboral…
1. Diversos modelos de ser humano personalizadores y despersonalizadores
Hay tradiciones culturales llenas de sabiduría. Una de ellas es la de los indios náhuatl de México, que comparan al ser humano con un árbol.
El árbol tiene una copa llena de hojas, que es la parte más visible y vistosa del árbol. También tronco y raíces, que se hunden en la tierra. La copa, lo exterior, es lo que se ve y lo que asciende al infinito. Las raíces quedan ocultas, pero son las que sujetan y alimentan al árbol.
En el ser humano, la copa llena de hojas representa todo lo que se ve de nosotros sin esfuerzo: nuestras pertenencias, nuestra riqueza, nuestro porte, nuestros títulos, nuestra profesión y prestigio, los papeles que desempeñamos en la vida, etc. Y resulta que en nuestra sociedad se presta máxima atención a todo esto, a lo estrictamente exterior, a lo que, viéndose de él a las claras, parece constituirle por entero. Queremos tener más sueldo, mejor aspecto. Y respecto de los hijos, solemos querer que tengan mejores notas, mejor carrera, más actividades, mejores perspectivas profesionales.
Pero en el ser humano las raíces son lo que sostiene a las personas: sus creencias, sus valores, sus convicciones, el sentido de la vida; en definitiva, el modelo de ser humano que se les presenta. Y estas raíces no dependen de lo que se tenga, ni del colegio al que se haya enviado al niño, ni de contar con estudios superiores, ni de tener una dilatada cuenta corriente. Estas raíces no se compran ni se aprenden en instituciones. Por otra parte, no todas las raíces llevan savia que alimente a las personas. Algunas son destructivas y acaban secando el árbol.
¿Cuáles son las raíces que se presentan de modo más habitual en nuestra sociedad? Es decir, ¿cuáles son los modelos de ser humano más generalizados en ella?
En realidad podemos distinguir varios:
– «Homo ludens». Lo importante es pasarlo bien, divertirse y «estar a gusto consigo mismo». El problema es que cuanto más se centra la vida en querer pasarlo bien, peor se pasa y más se aburre el joven.
– «Homo faber». Lo importante es la productividad y el éxito. Lo significativo es aumentar la copa del árbol. De ahí que se eduque, sobre todo, para que haya resultados: buenas notas, éxito profesional, éxito económico. Pero en este caso se trata al niño, al joven o al adulto como una máquina: se espera de ellos un rendimiento y se les valora en función de los resultados. Se contempla en el joven, en el niño, la futura pieza de un engranaje laboral y productivo, por lo que deja –ya hoy– de importar como persona.
– «Homo posidens». Lo importante es tener: el coche, la casa, el chalé, la «play», el móvil, el MP4. Al final, en la mayoría de las ocasiones, es la persona la que es tenida por sus cosas, y no acaban estas nunca de esclavizar lo suficiente.
– «Homo videns». Lo importante es dedicarse a ver la vida como espectáculo y no como participante. Personas que no se comprometen en nada, cuya función es contemplar cómo van las cosas y criticar, limitándose a ser actores de su vida, pero no autores. Pero los que se quedan en su casa viendo pasar la vida, lo que verán pasar será su propio entierro.
– «Homo salus». Lo importante es la salud corporal, estar en buena forma y con aspecto siempre juvenil. Pero conviene ser realistas, pues esta pretensión, justa en sí misma, ha de ser relativa, ya que los años van mostrando cada vez a cada persona su limitación. Además, vivir para cuidarse y conservarse no se conjuga bien con la tendencia humana a dar de sí su propia vida, a desgastarse en función de lo que merece la pena.
¿Cuál es nuestro modelo de persona? Es necesario aclararlo, ya que, en función de él, cambia todo. Y es que la educación puede tener un doble sig...
Índice
- Portadilla
- Dedicatoria
- Presentación
- I. El profesor cristiano
- II. Profesor cristiano y alumno
- III. Acompañamiento espiritual y evangelización
- IV. Educar desde la realidad y para la realidad. Acción y compromiso social
- Notas
- Contenido
- Créditos
Preguntas frecuentes
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