1. Fundamentos
del método
Nos encontramos en un momento histórico en el campo de la educación. Asignaturas –y no disciplinas– inconexas, aprendizaje principalmente memorístico, centralización en el profesor, planes de estudio y metodologías que ofenden a la diversidad, son aspectos heredados de una cultura hija de la industrialización que se centra en el producto y no tanto en el proceso. Mientras tanto, en el horizonte comienzan a surgir cada vez con más fuerza metodologías activas que sitúan al alumno en el centro del aprendizaje de un modo en el que la relación con los iguales es clave para potenciar su crecimiento integral.
El presente trabajo se sitúa en lo que se denomina «modelo orientado hacia el desarrollo personal y social» (Fernández, Cechini, Zagalaz, 2003). Según los autores, cuatro modelos componen esta clasificación:
Por un lado podemos situar aquellos modelos orientados a la autoestima, que entienden esta como el aspecto clave para un adecuado ajuste emocional y de salud mental.
El presente libro hace hincapié en un modelo cooperativo e inclusivo frente a otros más orientados al ego y la competición, en los que se produce lo que Pérez Pueyo denomina «bajas de combate» (2005), alumnos que se encuentran fuera de clase por sentirse incapaces, desmotivados y faltos de interés. No es casual que el modelo de unidad didáctica aquí propuesto finalice con un montaje, exhibición o demostración de lo aprendido para que otros lo puedan disfrutar.
Por otro lado están los modelos orientados hacia la educación del desarrollo, según los cuales los profesores debemos establecer ambientes de aprendizaje que favorezcan el desarrollo del potencial personal de cada alumno. El presente modelo concede al alumno el protagonismo necesario para desarrollar sus capacidades y talento, a menudo oculto, gracias a la libertad creativa que se le otorga y al espacio de trabajo cooperativo que se establece, primero en cada grupo y después en la representación final.
El modelo de educación moral utiliza estrategias que refuerzan los diferentes valores, estableciendo jerarquías a través de situaciones en las que los alumnos deben solucionar el dilema. Debido al tiempo que requieren dichos dilemas morales y al poco tiempo disponible, el modelo que te presento no lo contempla, aunque no descarta su uso esporádico.
Por último, el modelo de responsabilidad trata de poner el acento en la autonomía personal y social en relación al propio cuerpo, así como a todas las emociones. Una vez más toma protagonismo la responsabilidad que cada alumno ostente dentro de su grupo, donde tiene que conocer sus límites primero y aceptarlos después como punto de partida para su madurez.
Para todos los que quizás necesiten categorizarlo todo, puede concluirse que esta propuesta reúne una buena dosis de los modelos orientados a la autoestima, a la educación del desarrollo y a la responsabilidad, y que, en definitiva, se podría tratar de un modelo humanista de orientación hacia el desarrollo personal y social, entendiendo al hombre como un ser en construcción constante, único e irrepetible.
La educación no puede sostenerse únicamente en aprender conocimientos, sino en un verdadero aprendizaje respecto a los cuatro pilares a los que atiende (Delors, 1996):
- Aprender a conocer, no solamente memorizando, sino desarrollando paralelamente la memoria asociativa y el deseo de aprender a aprender
- Aprender a hacer
- Aprender a ser
- Aprender a vivir juntos
¿Por qué la creatividad?
«Me ha ayudado a estar bien, me ha gustado porque
era un ejercicio de imaginación».
Dídac, 5º de Primaria
Actualmente, más de un 50% (datos EPA , febrero 2015) de los jóvenes que finalizan sus estudios universitarios menores de 25 años están en paro. Los viejos patrones de formación-trabajo con contrato a un año y finalmente por tiempo indefinido se están quedando obsoletos. Y es que nuestra época de cambios acelerados nos lleva a la necesidad de crear nuevas estrategias que nos permitan abrazar la incertidumbre, adaptarse ante cada nuevo escenario. «Se tendrían que enseñar estrategias que permitieran afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino (…) Es necesario aprender a navegar en océanos de incertidumbre a través de archipiélagos de certeza» (Morin, 1999). Como el propio Morin señala, no sabemos si estamos en la agonía de un viejo mundo que anuncia un nuevo nacimiento o una agonía mortal. Se hace más que recomendable abrir nuevas vías de desarrollo e impulso en nuestra sociedad. Como dijo un tal Einstein, «si quieres que las cosas cambien, no hagas siempre lo mismo».
Nuestro sistema educativo está enfermo. Sigue en muchos casos empeñado en que todos los alumnos vayan al mismo ritmo, con los mismos objetivos, como si de una ...