En las diversas áreas de la vida, es más importante subir por la escalera correcta para llegar al último peldaño; sobre todo si por intentar llegar cuanto antes hasta arriba nos equivocamos de escalera. Otro rasgo que analizan los autores es la creciente dificultad, de forma especial entre los 25 y los 35 años, para tomar decisiones que entrañan compromisos. Ni precipitación ni pasividad. Ejercer la libertad exige muchas veces decidir; retrasarla más de lo conveniente puede llevar a llegar con retraso a algunas fases de la vida y quizá vivir en una inmadurez que se debiera haber superado.Este libro está pensando para ayudar a decidir y evitar el síndrome de Peter Pan.

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Acertar con tu proyecto de vida
Un GPS para orientarse
- 146 páginas
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Éxito personal1. ¿Quién es el hombre?
Un buen planteamiento es preguntarse quién y no qué es el hombre. Tampoco da igual preguntar quién es el hombre o quién es la persona humana. La segunda forma es más concreta. A la pregunta sobre quién, se puede contestar que tiene rasgos corpóreos y psíquicos; pero se resuelve, según Sellés, acudiendo a lo neurálgico: su intimidad. De todas formas, podemos decir que al hacer referencia a hombres pensamos en personas: seres con inteligencia, voluntad, afectos y la capacidad de dar sentido trascendente a su vida. La inteligencia se desarrolla con hábitos intelectuales, y la voluntad con virtudes. Los afectos, muy diversos, se deben orientar al servicio de la verdad y del bien, que son el fin de la inteligencia y de la voluntad. Con términos de la Filosofía se dice que la persona humana tiene cuerpo y alma; ambos son co-principios, pues se necesitan mutuamente. A esa realidad se le llama vida personal. Nos movemos, queda patente, en el ámbito del ser, no del tener.
El valor de cada persona
Se comprende el asombro de un alumno al escuchar a Leonardo Polo decir en la primera clase de un curso sobre Ética: Una persona humana vale más que todos los seres no personales del mundo (animales, galaxias, etc.). Para entender esta afirmación, es preciso conocer otros rasgos del ser humano: la libertad y la capacidad de amar. Ahora algunos intentan explicar la realidad prescindiendo de la dignidad que le confiere a la persona lo dicho antes; la consecuencia práctica es fijarse en aspectos importantes, pero parciales, de la realidad. Así, la tarea educativa se reduce a instruir, con predominio de los idiomas y las nuevas tecnologías. No se trata de negar lo que aporta ese conocimiento, pero limitar la tarea educativa a esa dimensión es empobrecerla. La lectura del libro ¿Quién es el hombre?, del citado Leonardo Polo, abre nuevos horizontes. Si apreciamos el sentido trascendente del ser humano y consideramos a cada persona como alguien querido por Dios, como único e irrepetible, vislumbramos el horizonte que se abre ante nosotros. Así se entiende que lo que se tiene es accidental, ante el valor de lo que se es. Polo afirma que la persona necesita una apertura vinculada a lo más radical del ser humano; no hace falta esperar a que madure, ni a que alcance el uso de razón, para ser digno del respeto y derechos que le corresponden por ser. En las últimas décadas se han buscado acuerdos, válidos para todas las culturas, en los que poner la base del respeto a los derechos humanos, cuestión interesante teniendo en cuenta la variedad cultural y la globalización. Quizá sea posible, pero el ser humano solo no puede dar razón completa de sí mismo; el hombre sin Dios es incomprensible. En 1948, al firmarse la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se logró un acuerdo muy alto, gracias a la aceptación de esos derechos sin preguntar dónde los fundamentaba cada representante de los países firmantes.
La importancia de acertar en la respuesta
Nos puede ayudar a saber buscar respuestas a problemas de la humanidad este relato: «Un científico, preocupado por los problemas del mundo derivados de la falta de alimentos en algunos lugares, buscaba medios para aminorarlos; pasaba días en su laboratorio buscando respuestas. Un día, su hijo de siete años entró allí y su padre, nervioso por la interrupción, le pidió que se fuera a jugar a otro lugar. Al ver que no era posible, pensó algo para entretenerle, se fijó en una revista que traía un mapa del mundo, ¡justo lo que precisaba! Con unas tijeras recortó el mapa en trozos y se los dio junto con una barra de pegamento, diciendo: «como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo roto, para que lo arregles». Calculó que al niño le llevaría horas recomponer el mapa, pero no fue así; a los pocos minutos escuchó al niño: «Papá, ya he acabado». Al principio no daba crédito a lo que veía; era imposible a su edad recomponer un mapa que no había usado. El padre miró lo que le enseñaba el niño: el mapa estaba completo, cada trozo estaba en su lugar. ¿Cómo lo había hecho? Le dijo: «Hijo mío, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo uniste las piezas?». «Papá, yo no lo sabía, pero cuando sacabas el mapa de la revista, vi que en el otro lado estaba la figura de una persona. Di la vuelta a cada trozo y los pegué. Al terminar, volví a dar la vuelta y vi que estaba el mundo». Nos jugamos mucho en saber el valor de la persona, empezando por la nuestra. Si ayudamos a cada uno, estamos contribuyendo a un mundo mejor. Así lo manifestaba un ejecutivo, quien, en su vehículo de alta gama, circulaba por una carretera de un país sudamericano. Pensaba en la reunión a la que asistiría cuando algo golpeó un cristal del coche; al mirar por el retrovisor, vio a un niño asomado en un camino lateral y supo que la piedra había venido de ahí. Dio la vuelta en el primer lugar que pudo y regresó en busca del niño. Paró el coche y vio a un chico de unos diez años; a su lado estaba otro, más joven, caído en el suelo sobre lo que parecía un cochecito de niño. Enfadado, le preguntó si había tirado la piedra. El chico le dijo que sí; llevaba a su hermano a casa cuando el cochecito volcó y su hermano paralítico se cayó al suelo. Intentó detener algún vehículo de los que pasaban para que le ayudasen; cansado de esperar, como se acercaba el atardecer, decidió tirar una piedra al primer coche que pasara. El ejecutivo pudo reaccionar de maneras diversas, pero lo hizo de un modo sensato: ¡qué me tengan que dar una pedrada en el parabrisas para que me pare a socorrer a un niño paralítico! Una forma es actuar según el dicho popular: «comamos y bebamos que mañana moriremos», o la del autor de Crimen y Castigo: Si Dios no existe, todo está permitido. En definitiva, o somos el resultado del azar del genoma humano o somos fruto de un proyecto amoroso de Dios; en medio caben situaciones de búsqueda personal. Si la respuesta es la segunda, a su luz podemos vislumbrar algo del sentido del dolor, del sacrificio por los demás… Dice Polo que la persona humana es una novedad radical porque cada una es creada directamente por Dios. El contraste entre los hombres posibles que no llegan a ser y los que son muestra la dignidad personal y un amor divino de predilección. El sentido de la vida se convierte en descubrir el amor con el que somos amados y corresponder lo mejor posible. La tarea más importante en la vida es aprender a amar y hacerlo mejor. Respetamos a quienes piensan de otra forma, pero no se puede tratar a las personas con menos dignidad que la que se deriva de este planteamiento, lo apoyemos en creencias religiosas o en otras convicciones.
Hacer buen uso de la libertad
El ser humano está condicionado, pero es libre. Su libertad no es total pero sí real. Lo que precede indica, siguiendo ideas de los autores Polo y Sellés, que la libertad personal tiene un norte, una estrella polar. Libertad no es sinónimo de independencia; la libertad tiene sentido si va unida a la responsabilidad. La capacidad de ser libres lleva a asumir las consecuencias de lo que hacemos; lo contrario no es auténtica libertad. Se entiende el miedo a usarla; por eso algunos tienen miedo a la libertad. Esa búsqueda se agudiza en los momentos de dolor; de ahí la fuerza del libro de Frankl El hombre en busca de sentido al resaltarla a raíz de su estancia en un campo de concentración nazi. Se puede ilustrar el riesgo de la libertad en este relato: «Un profesor iba de excursión con varios alumnos. En el campo vieron un lugar habitado; al llegar encontraron a un matrimonio y sus tres hijos; la casa era de madera, los vestidos sucios, sin calzado. El profesor le dijo al padre: aquí no hay posibilidades de trabajo, ¿qué hacen usted y su familia para sobrevivir? El otro le contestó: «Tenemos una vaquita que da varios litros de leche cada día. Parte la vendemos o la cambiamos por alimentos en la ciudad, con el resto hacemos queso, cuajada, etc., para nosotros». El grupo se despidió. Durante el regreso, el maestro le dijo a un alumno: Busca la vaquita, te la llevas y la dejas por el bosque. El joven, asustado, contestó al profesor que la vaca era el medio de vida para aquella familia. Pero el maestro insistió y el alumno lo hizo. Aquel suceso se quedó grabado en su memoria. Un día, agobiado por la culpa, regresó al lugar para intentar reparar el daño causado. Al llegar vio árboles, un coche en el garaje de una buena casa y niños jugando en el jardín. El joven pensó que aquella familia habría abandonado el lugar y vendido el terreno. Preguntó por la familia que vivía allí antes y le dijeron que llevaban muchos años viviendo allí. Entró a la casa y confirmó que era la familia que visitó unos años antes. Elogió el cambio y preguntó: ¿Qué hicieron para cambiar de vida? Le dijeron: teníamos una vaquita que desapareció; entonces tuvimos que hacer otras cosas, así logramos lo que ves». Cada uno sabe cuál es su vaquita.Piensa si debes abandonarla. En todo caso, es preferible no imitar al profesor y quitar la vaca a otros; les puedes dejar sin vaca ni alternativas. Esas decisiones son personales; no se deben tomar por otros.
Si en la bibliografía, o para saber más, proponemos la visión de la película titulada Marte, es porque si el que se queda en el planeta rojo hubiera sido un gato, no se habría generado el proceso de recuperación de ese personaje; con todo el respeto a los gatos, se piense lo que se piense sobre el ser humano, lo uno nos parece lógico, lo otro no se hubiera hecho.
2. Señorío sobre uno mismo
La persona humana es espiritual y corpórea. Ama con la energía espiritual, psíquica y corporal; pero necesita ser orientada por la razón, y en muchos casos por la fe. Solo con ese señorío de uno mismo podremos orientar nuestra fuerza en la dirección elegida; si no, se desparraman y nos quedamos sin fuerza para hacer lo debido. Como es lógico, esta cuestión se ha tratado desde la antigüedad; cuando Ulises se ata al mástil para no escuchar y seguir el canto de las sirenas, está jugando en el límite; a la vez, porque sabe sus limitaciones, toma precauciones. Hubo emperadores romanos que dejaron escrito que no se les obedeciera si daban órdenes estando borrachos. El poner el acento en la mayor o menor exigencia no es tan importante como tener claro el para qué de ese señorío. Si no tengo a quién darme, importa menos el poseerme.
En qué consiste
La templanza modera la atracción de los placeres y busca un razonable equilibrio en el uso de los bienes materiales. Busca el dominio de la voluntad sobre los instintos, pero no de forma despótica sino de forma inteligente, que lleva a mantener los deseos dentro de lo honesto. En el lenguaje coloquial, la palabra templanza tiene cierta carga negativa, pero la realidad no es así: es poseerse para darse. Si es importante controlar el apetito concupiscible, de lo que apetece –por ejemplo, sexo y comida–, también debe hacerse con el irascible, y enfadarse solo si la ocasión lo requiere, y con medida. No es negar fuerzas a la naturaleza es vivir el orden de la recta razón, que protege y cuida los valores superiores. Su misión es recoger las fuerzas de la persona y encauzarlas para convertirlas en fuente de energía para ser bien gastada. La templanza tiene un sentido de finalidad: restablecer el orden en el interior de la persona. Gracias a la templanza, las pasiones, en lugar de oscurecer la razón pueden colaborar con ella y discernir qué procede hacer para lograr el bien. La templanza es una virtud que aparta al hombre de aquello que le atrae en contra de la razón; el que la templanza, en ese sentido amplio, sea condición de otras es consecuencia de la primacía de la prudencia entre las virtudes morales. Modera el deseo y goce de lo que al hombre atrae con más fuerza y le resulta más difícil y costoso de moderar; no se limita a apartar del placer; solo del que le desvía del bien. Vicios opuestos a la templanza son la intemperancia (por exceso) y la insensibilidad (por defecto). El primero deja que sus pasiones ofusquen su razón; el otro considera que todo placer es nocivo; ambas actitudes son erróneas. El doctor Trigo, siguiendo la tradición de otros estudiosos, señala tres campos que moderar: la comida, la bebida y el apetito sexual. La abstinencia capacita para comer lo necesario; su contrario es la gula. No solo cuánto, sino también saber prescindir de algo si es oportuno. El término sobriedad deriva de medida, por lo que se aplica a diversas áreas. Aquí se trata del uso moderado de las bebidas alcohólicas y de omitir el consumo de sustancias que dificulten el uso de la razón. La templanza en la castidad ayuda a integrar la sexualidad en la personalidad; permite la unidad interna de la dimensión corporal y espiritual. La lujuria ciega la razón y lleva a actuar guiados por la pasión, sin respetar el derecho y la razón. Educar el corazón para amar bien es una meta valiosa.
Algunas ideas para pensar
Sócrates, hace veinticinco siglos, dijo: un hombre desenfrenado no puede inspirar afecto; es insociable y cierra la puerta a la amistad. Más tarde, el emperador Marco Aurelio, escribió: acuérdate también de esto siempre: para vivir felizmente basta con poco. Siglos después, Leonardo Da Vinci aseguró: no se puede poseer mayor gobierno, ni menor, que el de uno mismo. Pasando de los intelectuales a los humoristas, vale la pena recordar las viñetas en las que Mafalda señala un comentario de uno de sus inseparables amigos; éste encuentra una lata vacía y siente el deseo de darle una patada, pero piensa: un grandullón pateando latitas. Pasa de largo, venciendo lo que considera un impulso infantil; pocos metros después, se vuelve y da la patada que le apetecía dar; luego dice: ¡qué desastre! ¡Hasta mis debilidades son más fuertes que yo! Parece broma, pero personas importantes echaron su vida a rodar por no vivir el autocontrol. Alejandro Magno no vivía la moderación con el vino en las sobremesas que seguían a la cena; estando así, cometió atrocidades como ordenar incendiar una ciudad o dar muerte a su colaborador Cito; su propia muerte fue a consecuencia de un coma etílico. Resulta penoso que una tradicional recepción diplomática del 1 de enero se suspendiera por el comportamie...
Índice
- ACERTAR EN TU PROYECTO DE VIDA
- Introducción
- 1. ¿Quién es el hombre?
- 2. Señorío sobre uno mismo
- 3. Fuertes y magnánimos
- 4. Aprender a escuchar
- 5. Cultivar la amistad
- 6. Alcanzar la madurez adecuada
- 7. Usar de forma responsable la libertad
- 8. Conocer el verdadero valor del trabajo
- 9. El momento de tomar decisiones vitales
- 10. Una década gozne en mi vida
- 11. Quien acierta en casar…
- 12. Mi familia: una prioridad
- 13. Aprender a descansar
- 14. Forjarse un buen carácter
- 15. Hacer el bien y evitar el mal
- 16. Saber vivir en una sociedad consumista
- 17. El cultivo de la interioridad
- 18. Descubrir el sentido de nuestra vida
- 19. Aprender a amar mucho y bien
- Epílogo
- Anexo
- Créditos
Preguntas frecuentes
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