LOS DIÁLOGOS DE PAZ EN TWITTER: EL PHATOS DISCURSIVO DE LA SUBJETIVIDAD POLÍTICA*
Chris Aleydi González Hernández
* El presente capítulo es resultado del proceso de investigación, titulado: “Subjetividades políticas 2.0: el caso de twitter”, para optar al título de Magíster en Investigación Social Interdisciplinaria de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
INTRODUCCIÓN
La incesante búsqueda de la interpretación del sujeto, sus representaciones, sus construcciones y sus relaciones son del interés de la cultura digital, pues es innegable que el sujeto en un espacio virtual se reconfigura y se reconstruye a sí mismo en relación con los otros.
La subjetividad política que se da en el escenario virtual permite observar y comprender cómo el sujeto se hace otro ante los procesos relacionales, reflexiona sobre su existencia social, se integra a una colectividad y asume una corresponsabilidad social.
Asimismo, la tensión entre lo instituido y lo instituyente de la política muestra rasgos particulares de la subjetividad que, si bien ya han sido analizados, el aporte desde la figura pública permite reconfigurar el paradigma político, sobre todo por el desborde tecnológico al que está sometido y que ha hecho recomprender categorías que parecían inmutables y perennes como la misma política. Se podría decir que en la contemporaneidad, las redes sociales, en particular Twitter, se constituyen en un espacio de confrontación política, que si bien no se asemeja a la enunciación de la plaza pública busca tener un efecto mayor en los participantes de esta.
En lo que respecta a la participación que los políticos tienen en las redes sociales, estos ven en la digitalidad una nueva forma de acercarse, de mostrarse más humanos y más sensibles ante los consumidores/productores de los espacios virtuales. Esta apropiación es conocida como la Política 2.020; donde la herramienta tecnológica permite vinculaciones más cercanas con los ciudadanos o con los posibles electores.
A esto se añade que la cultura digital permite realizar incursiones discursivas diferentes a las que se esperaría de una figura pública-política (discursos políticos), es decir, los discursos poseen la laxitud propia del medio; los ataques entre adversarios políticos son evidentes, las formas tensas de referencia, las desvalorizaciones respecto a ejecuciones y acciones emprendidas por uno o por otro son la comidilla predilecta en este medio. Por ejemplo, un tema de trascendencia nacional como los diálogos de paz se discute en redes sociales, como Twitter, y se reafirma a través de la respuesta de los ciudadanos y de los políticos. Juan Manuel Santos y el expresidente, y actual senador, Álvaro Uribe Vélez discuten en esta red social, visibilizando la subjetividad política y las nuevas formas de ejercer política.
En conclusión, la compresión de este fenómeno es imperativa, pues permite ver cómo la persona pública-política se incluye en la cultura digital y cómo los participantes a través de los discursos emotivos, ideológicos, de poder, se construyen como sujetos políticos.
EL SUJETO POLÍTICO Y SU PAPEL EN LOS NUEVOS ESCENARIOS DE INTERACCIÓN
El sujeto que enmarca su experiencia individual en sentidos socialmente establecidos, se caracteriza por una producción emocional de deseos/miedos que hacen que se constituya a sí mismo y que participe de una tensión constante entre su agenciamiento21 y la estructura.
Los mecanismos emergentes de interacción constituyen parte de la subjetividad, plantea Foucault (1991) que a partir de fuerzas externas de constitución o fuerzas propias de autoconstrucción. Lo anterior visibiliza tanto el poder ejercido por el sistema como el poder ejercido en las estructuras posicionando un horizonte complejo, problemático y contradictorio, elementos imperantes en la cuestión social actual.
El sujeto político desprovisto en la actualidad de la caparazón de autonomía, relación con la verdad y la autoformación -como se conoció en la modernidad-, hoy se reconoce como sujeto de derechos, producto de las revoluciones liberales y de la nueva crítica a la ética y a sus limitaciones.
Es así que el rápido florecimiento de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) en las últimas décadas ha promovido la participación masiva de personas en este medio, así como la transformación sustancial de los canales comunicacionales que permiten una interacción que hasta años atrás no se había logrado. Estos elementos convierten a estas tecnologías en una gran ventana de publicidad, mercadeo y diálogo, para todos.
Por lo anterior, partidos políticos y miembros de los mismos han encontrado en estas herramientas el posible fortalecimiento de la comunicación política entre élite política y ciudadanos. Con el uso de las nuevas tecnologías, en especial la Word Wide Web se permite a partidos y candidatos mayor captación de posibles votantes, divulgación de propuestas políticas, interacción con electores, entre otras cosas. No obstante, esta práctica se ha visto permeada por unas incursiones más motivadas por lo coyuntural, por le exacerbación o la deslegitimación.
En esta relación entre votantes - seguidores / políticos, y políticos / políticos en la red social es posible la comprensión de la subjetividad en la medida que los individuos se desenvuelven en diferentes contextos, allí el sujeto adquiere un carácter de formación camaleónico producto de las tensiones dadas en las relaciones sociales e interpersonales.
La subjetividad se constituye y se forma, básicamente, como intersubjetividad, esto es, que nuestra singularidad, nuestro sí mismo, es ante todo un acontecimiento relacional, un hecho vinculante que nos posibilita interactuar de diversas maneras, en tanto que tiene múltiples posiciones y voces frente al otro y frente a nosotros mismos (Gómez, 2010, p. 94).
Esta forma no implica que la subjetividad sea reducida al plano individual, es vivida y traspasada por los planos individuales y sociales cuyas expresiones y lenguajes son diferentes para cada uno de los planos, para converger en resultados subjetivos diferentes. El abordaje de la subjetividad implica la confluencia de diversas disciplinas, teorías y metodologías, para pensarse la realidad social, para pensar cómo se piensa esa realidad y emanciparse de las sujeciones que imposibilitan la libertad.
Las posibilidades políticas del sujeto actual se constituyen entonces en múltiples intentos de adhesión a la colectividad, de participación y validación de decisiones en común; de este modo toda forma de subjetivación política debe entrever la distinción que Mouffe (2007) propone alrededor de “lo político” y “la política”: la primera, relacionada con el ejercicio de tensión entre lo instituido y lo instituyente; y la segunda, con la teorización y el establecimiento de pluralidad de órdenes. Entonces la referencia a “lo político” tiene que ver con un nivel ontológico que comprende los meandros de la subjetividad, es decir, la posibilidad de ser y a la vez de producirse en el mundo político.
La constitución del sujeto político de hoy advierte diversos modos de reflexionar y de ofrecer contingencias para la subjetivación y la sujeción, una de ellas es la red como dispositivo, medio y modulación de una nuevo modo de hacer “lo político” y “la política”, situación que se pretende ejemplificar.
El sujeto político hoy puede disfrazarse con las dicotomías ancestrales del bien y el mal, tal como ocurre en el conflicto armado, entonces la paz -invocación histórica aclamada por muchos- se disfraza como un impulso egoísta. Las disputas antiterroristas, por ejemplo, que enuncian una “lucha contra el mal”, muestran una cara diferente de la maldad que responde a los intereses particulares y a los pactos provisionales, ejercicios carentes de empoderamiento de la comunidad y de una justicia en la que escasea la legitimidad democrática.
Así se reconoce la subjetividad política desde la reflexividad deliberativa pero con acción, donde el sujeto se asume como reflexivo y a la vez es reconocido por los otros de esa forma, un sujeto envuelto en emociones que muestran las dicotomías políticas y que posibilitan su reconocimiento.
LA NECESIDAD DE PARTICIPAR EN LA RED SOCIAL
La contemporaneidad trajo consigo alteraciones en los modos de ser y estar de los sujetos, encarnando nuevas prácticas comunicativas. La nueva generación de sujetos, configurada por los dispositivos actuales de construcción de subjetividades, exige una lectura en la que se articulen dichos dispositivos con el modelo de comunicación y las aprobaciones, usos e interacciones de los mismos.
Las metodologías habituales también sucumben ante la versatilidad del manejo de los contenidos que transitan en la red. Los referentes técnicos y teóricos privilegian el análisis de experiencias esbozando lo que es el intento por construir conocimiento fundamentado en la dimensión virtual; para esto es necesario transportar los saberes de lo cotidiano del sujeto a la complejidad presente en la web 2.0.
En esta época de derroche tecnológico es común encontrar diversas miradas, ya sea entre el pesimismo y el optimismo donde para unos el despliegue tecnológico es un caballo desbocado y para otros es la oportunidad para la inteligencia colectiva, permitiendo esta diversidad restar un significado válido a lo que se podría denominar la “época de cambios” por la abundancia de contradicciones, deseos y delirios.
Para algunos hay que pensar en un cuerpo humano con sus extensiones tecnológicas como lo plantea Perbalt (2010). Hoy se puede pensar incluso en un sujeto sin cuerpo, pues la pregnancia del internet y su virtualidad no necesitan de carne o huesos, internet permite la multiplicidad de los “yo”.
La virtualidad demanda del análisis de aquellas representaciones colectivas “una inteligencia distribuida en todos lados, continuamente valorizada y puesta en sinergia en tiempo real” (Castells, 1999) pese a que se está transitando entre dinámicas mediadas por dispositivos de poder en constante actualización. Esta misma condición exhorta a los saberes de las ciencias sociales a la construcción de conocimiento con sustento en los fenómenos de cuestión social.
La red despliega sus espectros capturando a cientos de usuarios en un espacio en el que las identidades, la imagen, y los conceptos son alterados. La virtualidad se convierte en una extensión del hombre permitiendo representar relaciones, posturas, tensiones, presiones y temores propios de su cotidianidad no ajenas a fenómenos del ámbito político. Lo virtual, como lo expresa el filósofo Pierre Levy (1995), no se trata de un estado irreal sino de un fenómeno que tiene como premisa la actualización, postura que rompe con las limitaciones estáticas materiales ancladas a las funciones de la dualidad mente-cuerpo; poniendo a la luz la brecha cada vez más amplia entre el ejercicio político en espacios físicos y virtuales.
La virtualidad, como otro modo de producir presencia en el ámbito político, adhiere a cientos de cibernautas a sus dinámicas con múltiples fuentes de poder en lo que respecta al ejercicio de lo político. El sujeto se estrena como proveedor y consumidor, una posición multifacética: su percepción de la mente y el cuerpo se desfiguran de aquello que consideraba real “supone la adquisición progresiva de nuevas configuraciones mentales y corporales, caracterizadas por articulaciones y superposiciones en la que confluyen lo cognitivo, lo sensorial y lo emotivo” (Amador, 2010, p. 144).
El sometimiento del sujeto a las reglas y normas por parte del sistema, despierta posibilidades de resistencia que encuentran su horizonte en espacios de huida, representados en los dispositivos de las redes digitales como lo es el Twitter, uno de múltiples dispositivos en donde se ven reflejadas las representaciones de las realidades subjetivas al convertir el sujeto en consumidor y productor de la actualización constante de la red digital.
Del mismo modo en que los sujetos persisten en accionar sus derechos políticos, la sociedad demanda herramientas innovadoras que les permitan su accionar como lo menciona la antropóloga e investigadora Paula Sibila (2008), las relaciones de poder ponen en evidencia las diversas fuerzas sociales que las atraviesan e inciden en la transformación de las realidades subjetivas a partir “experiencias virtuales” que tejen el entramado de relaciones sociales develando el desvanecimiento de las restricciones de la condición del cuerpo humano obsoleto, o de tecnologías incipientes del capitalismo industrial plasmados en equipos informáticos fijos, medios de transporte y comunicaciones por dispositivos móviles que brindan acceso a un catálogo de servicios digitales trascendentes en tiempo-espacio.
Si bien es cierto que las relaciones sociales actuales están en gran medida determinadas por las capacidades y oportunidades de acceder a los servicios digitales, a partir de aparatos creados por las “ciencias puras” con composiciones materiales, tecnológicas, genéticas, precisas, rigurosas, sin siquiera un mínimo margen de error, lo que a través de ellos se plasman es el reflejo de las expresiones imprecisas, problemáticas, ambiguas y complejas de las subjetividades. En contraste con las formas habituales de hacer política auspiciada por las estructuras dominantes del poder con métodos coercitivos, represores, mecánicos incubados el sen...