Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizá Gutenberg usó: el taller de José Francisco Borges en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil. Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada. Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar, y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré –o fui por ellas encontrado–. Le cuento los cuentos, y este libro nace.Eduardo Galeano

- 328 páginas
- Spanish
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Las palabras andantes
Descripción del libro
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Información
Categoría
Historia
Historia del tesoro que fue desenterrado y de cómo se cumplió su maldición
Bajo un sol de castigo, el cronista navega el río Caroní en busca del cazador de tesoros.
Cuando lo encuentra, le ofrece un almuerzo y recibe una historia.
Don Espíritu Morales besa el vaso y el ron desaparece. Se sirve otro, brinda:
—Por el pretexto.
La fuente de manjares de maíz, maíz tierno envolviendo el queso de chivo, maíz maduro abrazando el jamón, se evapora en un santiamén.
—¿Fuma? —pregunta don Espíritu. Es su manera de pedir tabaco.

En el salón familiar El Buen Gusto, a la sombra del techo de palo y palma, el cronista espera. Prueba algún bocado, bebe algún sorbito, y espera. Ha llegado el sancocho de pollo, humeante, caldoso, gustoso de cilantro, y don Espíritu se ha hundido en el tazón de loza blanca con bordes azules.

Agotado el sancocho, y antes de que el mojito de pescado ocupe toda la boca de don Espíritu, el cronista recibe sus primeras palabras. Y se entera de que el tesoro aquél había reunido las fortunas de veintiocho templos. Era el año 1817, tiempo de rebelión, tiempo de saqueos, y más de cincuenta mulas habían cargado el oro y las pedrerías de las iglesias hasta el convento de la misión de los padres catalanes, en San Serafín. Y allí el padre Inocencio había enterrado, en sitio secreto, el tesoro de los tesoros:
—Una noche de bebedera, lejos de aquí, lo supe. Me pasó el dato un nieto del nieto del fraile. Y no fue gratis, no joda.
El nieto del nieto exigió un veinticinco por ciento, y a don Espíritu le pareció justo.
Y viene el pescado.
Y después:
—¿Fuma?
Don Espíritu se echa unas pitadas y apura un vaso de ron.
Y cuenta. Un pescador lo llevó a las ruinas de la misión. Allí no había nadie. En una ceiba, vivía el fantasma del padre Inocencio, y a la gente le daba pavor. El pescador conocía a la única persona que hablaba con el muerto:
—Por darme el nombre, pidió el diez por ciento. Me pareció justo.


El turno del chivo. Una cazuela de chivo en leche de coco. Don Espíritu no deja ni rastros. Y de la guarnición, ni un arrocito.
—Don Machuca de Guasipati —prosigue— se entendía con el fraile de verbo a verbo. Me dijo que no llevara cuchillo ni revólver porque era fantasma asustón. Y allá fuimos.
Don Espíritu dirige una mirada implorante en dirección a la cocina. El cronista asiente, tranquilizando, y sirve más ron.
Y el protagonista espanta unas moscas, acomoda la silla:
—¿Sabe una cosa? Don Machuca cobró un veinticinco por ciento.
Y explica, queriendo convencer, o convencerse:
—Otro intérprete no había.
Y concluye:
—Me pareció justo.

Amedianoche, ocurrió la declaración del espectro.
Entre las ramas del árbol inmenso, una luz viboreó. La luz se desprendió de la copa frondosa y avanzó atropellando. Los intrusos recularon de un salto. Entonces la luz se detuvo y retrocedió, se metió en el árbol.
Asomando desde el hombro de don Espíritu, que le servía de escudo, suplicó don Machuca:
—No se vaya, padre.
Y al rato un bulto blanco y alto se recostó contra el tronco y comentó:
—Podría.

Fray Inocencio hablaba con voz gastada, por lo mucho que llevaba de muerto, pero sonaba bastante natural.
Don Machuca planteó el asunto.
—Podría—dijo la luz ensotanada.
Don Machuca quería concretar, y él repetía:
—Podría.
Siempre parapetado a espaldas de su cliente, don Machuca le susurró:
—Ofrezca.
Y don Espíritu ofreció:
—Por tu redención, triste alma en pena, ofrezco siete misas con sus responsos, catorce sudarios y veintiún rosarios que rezaré cada día, hasta que la paz vuelva a tu alma.

Entonces la luz relampagueó y desapareció. De nada valió que don Espíritu golpeara, con los nudillos, el tronco de la ceiba:
—Padre Inocencio, ¿está?
Y a nuevas fuentes humeantes han iniciado el viaje hacia la mesa, pero don Espíritu alcanza a contar. Tras muchos ires y venires, una noche el fantasma reapareció y con dedos blancos dibujó unos vaporosos signos en la oscuridad. Don Machuca tradujo: el padre exigía el cincuenta por ciento de todos los ingresos derivados del bien yacente, libre de gravámenes y limpio de polvo y paja. Al final se conformó con el cuarenta.
—Y a usted, ¿le pareció justo?—pregunta el cronista.
El cazador de tesoros suspende en el aire una cucharada de gordos frijoles rojos:
—No joda. ¿Usted ha discutido con difuntos, alguna vez?
Y don Espíritu acomete una jugosa madeja de hilos de carne bañados en tomate, pimentón y huevo, mientras una nueva botella de ron aterriza entre los platos.
Ala...
Índice
- Cubierta
- Índice
- Portada
- Copyright
- Epígrafe
- Agradecimientos
- Dedicatoria
- Ventana sobre este libro
- Historia de los siete prodigios
- Ventana sobre la palabra (I)
- Historia de la justiciera y el arcángel en el palacio de las pecadoras
- Ventana sobre la palabra (II)
- Ventana sobre la palabra (III)
- Historia del lagarto que tenía la costumbre de cenar a sus mujeres
- Ventana sobre el tiempo
- Ventana sobre las vísperas
- Historia del fatal encuentro entre el bandido del desierto y el poeta arrepentido
- Ventana sobre los seres y los haceres
- Historia del apóstol san Pedro en tierras de América
- Ventana sobre las paredes
- Ventana sobre los titulares de la crónica roja latinoamericana
- Ventana sobre los culebrones
- Historia del niño que se salvó del amor de madre y otros peligros
- Ventana sobre las dictaduras invisibles
- Historia del milagro de los mosquitos
- Ventana sobre la palabra (IV)
- Historia del regreso del arcángel
- Ventana sobre las prohibiciones
- Historia de la casa del maíz
- Ventana sobre los ciclos
- Historia de la resurrección del papagayo
- Ventana sobre la memoria (I)
- Historia de la sombra
- Ventana sobre la cara invisible
- Ventana sobre el reino que fue
- Historia del tiempo que fue
- Ventana sobre la memoria (II)
- Ventana sobre la llegada
- Ventana sobre la partida
- Ventana sobre las preguntas
- Historia del auriga
- Ventana sobre el adiós
- Historia del zapatero que huyó de los acreedores
- Ventana sobre la mar
- Historia de los brujos parranderos de la mar del sur
- Ventana sobre un hombre de éxito
- Historia de la intrusa
- Ventana sobre la diosa de la mar
- Ventana sobre el cuerpo
- Historia del hombre que quería parir
- Ventana sobre el alumbramiento
- Historia del superdotado, sus hazañas y su asombroso destino
- Ventana sobre el miedo
- Historia del tesoro que fue desenterrado y de cómo se cumplió su maldición
- Ventana sobre la herencia
- Historia de la redención de la pobreza
- Ventana sobre las máscaras
- Historia del arte de la fuga
- Ventana sobre la suerte
- Historia de don Muerte, la triste y el zopilote
- Ventana sobre el espejo
- Ventana sobre la muerte (I)
- Ventana sobre la muerte (II)
- Historia del vaquero que fue tigre
- Ventana sobre el error
- Historia de la pájara que perdió una pata
- Ventana sobre la palabra (V)
- Historia de la revelación divina sobre la canina aventura de este mundo
- Ventana sobre el arte (I)
- Ventana sobre el arte (II)
- Ventana sobre la palabra (VI)
- Historia del delfín que Satanás atrapó sin arpón y sin anzuelo
- Ventana sobre la historia universal
- Ventana sobre la palabra (VII)
- Historia del hombre que en el alto cielo amó a una estrella, y fue por ella abandonado
- Ventana sobre una mujer (I)
- Ventana sobre una mujer (II)
- Ventana sobre una mujer (III)
- Ventana sobre la música (I)
- Ventana sobre la música (II)
- Historia de los luneros
- Ventana sobre la palabra (VIII)
- Historia de un día en el café
- Ventana sobre la memoria (III)
- Historia del cazador
- Ventana sobre la ciudad (I)
- Historia de la segunda visitación de Jesús
- Ventana sobre el castigo
- Historia de otro día en el café
- Ventana sobre la ciudad (II)
- Historia del otro
- Ventana sobre la nuca
- Ventana sobre la cara
- Historia de la andariega del agua, que viajó río adentro y noche arriba
- Ventana sobre la utopía
- Ventana sobre la memoria (IV)
- Ventana sobre la memoria (V)
- Biblioteca Eduardo Galeano
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