Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila
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Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila

  1. 294 páginas
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Facetas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila

Descripción del libro

Célebre por su prosa, por su humor y por la lucidez implacable de su expresión, Gómez Dávila se presenta aquí como objeto e inspiración del trabajo filosófico de un seminario prolongado y profundo, realizado con la colaboración de estudiosos colombianos y extranjeros y con el apoyo del Instituto Caro y Cuervo.

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Información

Año
2018
ISBN del libro electrónico
9789587812435
Categoría
Filosofía

El valor de lo inútil: comentario sobre las Notas de Nicolás Gómez Dávila

José Miguel Serrano Ruiz-Calderón
Cuando se trabaja para agradar a otros, se puede fracasar, pero las cosas que se hacen para contentarse a uno mismo tienen siempre la posibilidad de llegar a interesarle a alguien.
Marcel Proust, Pastiches et Mélanges

Un espectador feroz

De siempre se ha considerado que el concepto platónico de estilo es una consecuencia natural del concepto griego de logos, en el que cada idea es perfecta, tanto en la sustancia como en la forma: “Cuando un pensamiento se reviste de su forma esencial, resulta el estilo. El pensamiento y la forma son una unidad indivisible. El atributo característico y necesario del estilo es su inevitabilidad; la idea dejaría de ser ella misma si estuviera expresada de otra forma. Cualquier cambio en la forma causa un cambio en la sustancia”.1 Así lo creía Jean Starobinski (n. 1920), al postular una idea de estilo que, bien lejos de contraponer un fondo de ideas a una forma lingüística, esto es, bien lejos de percibir el estilo como simple ornamento, entiende que este nos suministra una serie de indicios develadores del escritor, hasta el extremo que en ocasiones se convierte en autor final y nos revela la verdad interna del autor.2 Recuérdese cómo Albert Thibaudet, con ocasión de su decidida reivindicación de Chateaubriand frente a quienes le reprochaban que sus textos autobiográficos estaban plagados de errores, omisiones y mentiras, no duda en replicar: “Su manera de ordenar a posteriori su vida es consistente con su arte”, tenemos que “ver su persona en función de su obra, y también como su consecuencia”.3 El estilo es no solo una regla de escritura, sino también, y de manera muy determinante, una línea de vida.
De aquí que no podamos sorprendernos cuando el pensador, ensayista y traductor italiano Franco Volpi (1952-2009) define la unidad entre estilo y pensamiento que presenta la obra de Gómez Dávila en las páginas dedicadas al vivero “Escolios a un texto implícito”, en el Dizionario delle opere filosofiche. Según este filósofo, que redescubrió y difundió las Notas y los Escolios –ocultos en su obra o, al menos, de difusión discreta– de nuestro escoliasta, el estilo e idea se funden en una unidad cristalina, de la que emana un aura particular, en concordancia con el singular proyecto estilístico de nuestro autor, según el cual la frase debe tener la dureza de la piedra y el temblor de una hoja.4 Una forma de eternidad, por decirlo con Nietzsche, “concisión que no síntesis, brevedad que no pequeñez”.5
Precisamente es en el estilo donde Frédéric Schiffter sitúa la oposición entre el intelectual y el reaccionario. Como dice el autor francés sobre los modelos de Voltaire o de Zola, Sartre había definido al intelectual como un novelista o un filósofo decidido a mezclarse en aquello que no le afecta y a enrolar su pluma al servicio de una causa política que trasciende su propia obra. Gómez Dávila, para quien las ideas de menos de mil años no son plenamente fiables, no tuvo nada de intelectual sartriano. Nada le parecería más degradante que servir de tonto útil a un poder instaurado o en proyecto de serlo o a la causa de los derechos del hombre. El reaccionario no tiene más que un ídolo: el estilo.6
Se confirmaría así el dictum de Robert Louis Stevenson: “El estilo es la marca indeleble de todo maestro”, al extremo de que el germen de no pocas obras es estilístico7 y el estilo es la esencia del pensamiento.8 No en vano, el radical norteamericano Henry David Thoreau (1817-1869) gustaba comentar: “En cuanto al estilo en la escritura, si uno tiene algo que decir, saldrá de él con la misma naturalidad con la que una piedra cae al suelo”. Comentario que determinó la pertinente valoración de la frase por parte de Robert Louis Stevenson:
Cuando la verdad fluye de la persona, vestida con el estilo adecuado y sin un esfuerzo aparente, es porque el esfuerzo se ha hecho –y el trabajo, prácticamente, se ha terminado– antes de sentarse a escribir. Sólo después de pensarla una y otra vez surgirá la expresión perfecta del mismo modo que cae del árbol una fruta madura; y cuando Thoreau escribía sentado a su mesa, totalmente despreocupado era porque había estado vigorosamente activo durante su paseo. Ya que ni la claridad ni la belleza del lenguaje llegan a una criatura viviente sino a través de una prolongada relación con el tema que se trae entre manos.9
Tal parece que el esfuerzo fragmentario, traducido en frases pulidas, diamantinas, despojadas de lo puramente ornamental, con la debida elipsis de lo inútil, frases forzadas hasta el máximo, reescritas –tal y como prueban las diferencias estilísticas entre Notas y Escolios– genera una composición completa que se expresa en el tantas veces citado escolio sobre el puntillismo en la escritura. Todo ello ha generado una obra ejemplar, la de Gómez Dávila, cuya intención él mismo había definido en un texto extraordinariamente expresivo, en el que comparece, “cómo no”, el proverbial ingenio verbal de su autor:
No es una obra lo que quisiera dejar. Las únicas que me interesan se hallan a una infinita distancia de mis manos. // Pero un pequeño volumen que, de cuando en cuando, alguien abra. Una tenue sombra que seduzca a unos pocos. ¡Sí! Para que atraviese el tiempo, una voz inconfundible y pura (n, 1954: 340).
Estaba en su natural hacerlo así, desde su propia experiencia. Además conviene no olvidar que el lenguaje no puede reducirse a la condición de mero instrumento en manos del escritor, sino que –tal y como nos recuerda el profesor de cultura española contemporánea de la Universidad de Princeton, Ángel C. Loureiro– lo constituye;10 así lo entendía Paul Valéry (1871-1945), al reconocer expresamente que no poco de lo que ofrece en su autobiografía es producto del lenguaje y de sus formas.11
Esta inconfundible y pura voz es la que nos deslumbra a sus lectores, la que nos apresa, impresionados todos por quien nunca buscó impresionar con lo que nos dejara escrito. Tan solo susurrar o susurrarse en una serie de textos que empezaron por ser notas al hilo de la lectura, para concluir convirtiéndose en frases preferentemente breves y puras, dotadas con los significados y matices más precisos.12 Frases inolvidables, mejores cuanto más breves y puras, en conformidad con la correspondencia entre estilo y contenido que hemos descrito.
En este punto, mucho hemos comentado los gomezdavilianos sobre la evolución que desarrolla la obra de nuestro autor desde unas Notas aurorales, escritas a la manera de programa-boceto, descripción de vida, a la luz de las categorías vitales diltheyanas de valor, propósito y sentido, cuando don “Colacho” rondaba el cuarto decenio de su vida, pasando por unos Textos que bien podemos definir como constitutivos de un ensayo fallido o al menos nunca completado, en la cincuentena, para culminar en la obra maestra de su última etapa, la que propiamente ha dado celebridad al bogotano, unos Escolios de plena madurez que luego fueron Nuevos y Sucesivos, prolongándose casi hasta el mismo momento de su muerte, con el fervor de una curiosidad que no desmayó nunca y de una pasión que no se apagaría sino con su vida.
Tal vez resulte pertinente convocar de nuevo a Robert Louis Stevenson y sus “Apuntes sobre el realismo”, en los que, después de reiterar que el germen de algunas obras es estilístico, contrasta a los artistas de indiferente energía e imperfec...

Índice

  1. Prefacio
  2. Introducción
  3. Gómez Dávila, ¿un ermitaño en el borde del mundo habitado?
  4. Nicolás Gómez Dávila: el surgimiento de una obra sucesiva
  5. El eclecticismo de un estilo
  6. Nicolás Gómez Dávila: dispersiones, asombro e incertidumbre
  7. Sobre un modo gomezdaviliano de escribir (y de leer)
  8. Contra el mundo: bolero desesperado de un amante no correspondido. Breve acercamiento a la escrituralidad en Notas
  9. Fantasía y represión en “De Iure”: una lectura psicoanalítica
  10. Vida y obra como partes de un mismo experimento
  11. El valor de lo inútil: comentario sobre las Notas de Nicolás Gómez Dávila
  12. La cotidianidad valorada: los valores en el pensamiento de Nicolás Gómez Dávila
  13. Facetas del pensamiento estético de Nicolás Gómez Dávila
  14. El fracaso del hombre: la antropología de Nicolás Gómez Dávila
  15. Abreviaturas
  16. Autores

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