El libro de los abrazos es una síntesis perfecta del imaginario más inspirado de su autor. Celebraciones, sucedidos, profecías, crónicas, sueños, memorias y desmemorias, deliciosos relatos breves en los que hasta las paredes hablan.Un libro ilustrado por partida doble: a la mirada luminosa de Galeano se suman sus grabados."Los grandes escritores caminan en la cuerda del equilibrista y arriesgan el cuello con cada palabra. En Memoria del fuego, Galeano fue un acróbata triunfante. En El libro de los abrazos, se desprende de la cuerda y levita." (Alan Ryan, The Washington Post, Estados Unidos.)"Lea una historia por día y será usted feliz la mitad del año. Lea una historia por día y estará usted triste la otra mitad. Cada página es tan hermosa como el libro." (Koos Hageraats, HP/De Tijd, Holanda.)

- 272 páginas
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El libro de los abrazos
Descripción del libro
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Información
Categoría
HistoriaLa función del arte/1
DIEGO no conocía la mar. El padre, Santiago Konvadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayudame a mirar!

La uva y el vino
UN hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:
—La uva —le susurró— está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.

La pasión de decir/1
MARCELA estuvo en las nieves del Norte. En Oslo, una noche, conoció a una mujer que canta y cuenta. Entre canción y canción, esa mujer cuenta buenas historias, y las cuenta vichando papelitos, como quien lee la suerte de soslayo.
Esa mujer de Oslo viste una falda inmensa, toda llena de bolsillos. De los bolsillos va sacando papelitos, uno por uno, y en cada papelito hay una buena historia para contar, una historia de fundación y fundamento, y en cada historia hay gente que quiere volver a vivir por arte de brujería. Y así ella va resucitando a los olvidados y a los muertos; y de las profundidades de esa falda van brotando los andares y los amares del bicho humano, que viviendo, que diciendo va.

La pasión de decir/2
ESE hombre, o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran, en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.

La casa de las palabras
A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se ser vía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino...
La función del lector/1
CUANDO Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos.
Mucho caminó Lucía, después, mientras pasaban los años.
En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquia, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas.
Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.
Lucía no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto le ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo.
La función del lector/2
ERA el medio siglo de la muerte de César Vallejo, y hubo celebraciones. En España, Julio Vélez organizó conferencias, seminarios, ediciones y una exposición que ofrecía imágenes del poeta, su tierra, su tiempo y su gente.
Pero en esos días Julio Vélez conoció a José Manuel Castañón, y entonces todo homenaje le resultó enano.
José Manuel Castañón había sido capitán en la guerra española. Peleando por Franco había perdido una mano y había ganado algunas medallas.
Una noche, poco después de la guerra, el capitán descubrió, por casualidad, un libro prohibido. Se asomó, leyó un verso, leyó dos versos, y ya no pudo desprenderse. El capitán Castañón, héroe del ejército vencedor, pasó toda la noche en vela, atrapado, leyendo y releyendo a César Vallejo, poeta de los vencidos. Y al amanecer de esa noche, renunció al ejército y se negó a cobrar ni una peseta más del gobierno de Franco.
Después, lo metieron preso; y se fue al exilio.

Celebración de la voz humana/1
LOS indios shuar, los llamados jíbaros, cortan la cabeza del vencido. La cortan y la reducen, hasta que cabe en un puño, para que el vencido no resucite.
Pero el vencido no está del todo vencido hasta que le cierran la boca. Por eso le cosen los labios con una fibra que jamás se pudre.
Celebración de la voz humana/2
TENÍAN las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras. Los presos estaban encapuchados; pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.
Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:
—Algunos teníamos mala letra —me dijo—. Otros eran unos artistas de la caligrafía.
La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie: en cárceles y cuarteles, y en todo el país, la comunicación era delito.
Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas
por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Ro sencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se con taban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuesta.
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

Definición del arte
PORTINARI no está —decía Portinari. Por un instante asomaba la nariz, daba un portazo y desaparecía.
Eran los años treinta, años de cacería de rojos en Brasil, y Portinari se había exiliado en Montevideo.
Iván Kmaid no era de esos años, ni de ese lugar; pero mucho después, él se asomó por los agujeritos de la cortina del tiempo y me contó lo que vio:
Cándido Portinari pintaba de la mañana a la noche, y de noche también.
—Portinari no está —decía.
En aquel entonces, los intelectuales comunistas del Uruguay iban a tomar posición ante el realismo socialista y pedían la opinión del prestigioso camarada.
—Sabemos que usted no está, maestro —le dijeron, y le suplicaron:
—Pero ¿no nos permitiría un momento? Un momenti...
Índice
- Portada
- Legales
- El mundo
- El origen del mundo
- La función del arte/1
- La uva y el vino
- La pasión de decir/1
- La pasión de decir/2
- La casa de las palabras
- La función del lector/1
- La función del lector/2
- Celebración de la voz humana/1
- Celebración de la voz humana/2
- Definición del arte
- El lenguaje del arte
- La frontera del arte
- La función del arte/2
- Profecías/1
- Celebración de la voz humana/3
- Crónica de la ciudad de Santiago
- Neruda/1
- Neruda/2
- Profecías/2
- Celebración de la fantasía
- El arte para los niños
- El arte desde los niños
- Los sueños de Helena
- Viaje al país de los sueños
- El país de los sueños
- Los sueños olvidados
- El adiós de los sueños
- Celebración de la realidad
- El arte y la realidad/1
- El arte y la realidad/2
- La realidad es una loca de remate
- Crónica de la ciudad de La Habana
- La diplomacia en América Latina
- Crónica de la ciudad de Quito
- El Estado en América Latina
- La burocracia/1
- La burocracia/2
- La burocracia/3
- Sucedidos/1
- Sucedidos/2
- Sucedidos/3
- Nochebuena
- Los nadies
- El hambre/1
- Crónica de la ciudad de Caracas
- Avisos
- Crónica de la ciudad de Río
- Los numeritos y la gente
- El hambre/2
- Crónica de la ciudad de Nueva York
- Dicen las paredes/1
- Amares
- Teología/1
- Teología/2
- Teología/3
- La noche/1
- El diagnóstico y la terapéutica
- La noche/2
- Los llamares
- La noche/3
- La pequeña muerte
- La noche/4
- El devorador devorado
- Dicen las paredes/2
- La vida profesional/1
- Crónica de la ciudad de Bogotá
- Elogio del arte de la oratoria
- La vida profesional/2
- La vida profesional/3
- Mapamundi/1
- Mapamundi/2
- La desmemoria/1
- La desmemoria/2
- El miedo
- El río del Olvido
- La desmemoria/3
- La desmemoria/4
- Celebración de la subjetividad
- Celebración de las bodas de la razón y el corazón
- Divorcios
- Celebración de las contradicciones/1
- Celebración de las contradicciones/2
- Crónica de la ciudad de México
- Contrasímbolos
- Paradojas
- El sistema/1
- Elogio del sentido común
- Los indios/1
- Los indios/2
- Las tradiciones futuras
- El reino de las cucarachas
- Los indios/3
- Los indios/4
- La cultura del terror/1
- La cultura del terror/2
- La cultura del terror/3
- La cultura del terror/4
- La cultura del terror/5
- La cultura del terror/6
- La televisión/1
- La televisión/2
- La cultura del espectáculo
- La televisión/3
- La dignidad del arte
- La televisión/4
- La televisión/5
- Celebración de la desconfianza
- La cultura del terror/7
- La alienación/1
- La alienación/2
- La alienación/3
- Dicen las paredes/3
- Nombres/1
- Nombres/2
- Nombres/3
- La máquina de retroceder
- La pálida
- La mala racha
- Onetti
- Arguedas
- Celebración del silencio/1
- Celebración del silencio/2
- Celebración de la voz humana/4
- El sistema/2
- Celebración de las bodas de la palabra y el acto
- El sistema/3
- Elogio de la iniciativa privada
- El crimen perfecto
- El exilio
- La civilización del consumo
- Crónica de la ciudad de Buenos Aires
- La querencia/1
- La querencia/2
- El tiempo
- Resurrecciones/1
- La casa
- La pérdida
- El exorcismo
- Los adioses
- Los sueños del fin del exilio/1
- Los sueños del fin del exilio/2
- Los sueños del fin del exilio/3
- Andares/1
- Andares/2
- La última cerveza de Caldwell
- Andares/3
- Dicen las paredes/4
- Envidias del alto cielo
- Noticias
- La muerte
- Llorar
- Celebración de la risa
- Dicen las paredes/5
- El vendedor de risas
- Yo, mutilado capilar
- Celebración del nacer incesante
- El parto
- Resurrecciones/2
- Resurrecciones/3
- Los tres hermanos
- Las dos cabezas
- Resurrecciones/4
- La maromera
- Las flores
- Las hormigas
- La abuela
- El abuelo
- Fuga
- Celebración de la amistad/1
- Celebración de la amistad/2
- Gelman
- El arte y el tiempo
- Profesión de fe
- Cortázar
- Crónica de la ciudad de Montevideo
- La alambrada
- El cielo y el infierno
- Crónica de la ciudad de Managua
- El desafío
- Celebración del coraje/1
- Celebración del coraje/2
- Celebración del coraje/3
- Celebración del coraje/4
- Un músculo secreto
- Otro músculo secreto
- La fiesta
- Las huellas digitales
- El aire y el viento
- La ventolera
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