La filosofía del arte de Karl Marx
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La filosofía del arte de Karl Marx

Literatura y marxismo: una controversia

  1. 218 páginas
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La filosofía del arte de Karl Marx

Literatura y marxismo: una controversia

Descripción del libro

Es notable la originalidad del método que usa el autor para analizar la esté- tica de Marx. Lejos de ser un compendio de comentarios de Marx sobre arte y literatura, examina sus opiniones sobre estos temas como parte in- tegral de su pensamiento. En su tesis, el autor muestra la relación entre las cambiantes opiniones sobre el arte de Marx y el desarrollo de su teoría revolucionaria, que va desde su primera poesía romántica hasta El capital. En esta edición se agrega la controversia sobre Literatura y marxismo, entre Lifshitz, Kemenov, Levin, Rosenthal, que analizan a Tolstoi, Pushkin, Gogol, Shakespeare desde distintas perspectivas. El resultado es un debate vivaz sobre literatura y política.

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Información

Año
2018
Edición
2
ISBN del libro electrónico
9786070309014
Categoría
Literatur
Categoría
Literaturkritik
CAPÍTULO I
Los problemas estéticos ocuparon un lugar importante en la temprana vida intelectual de Marx. En sus días de universitario (1835-1841) estudió, además de derecho y filosofía, historia de la literatura —principalmente literatura antigua— así como estética alemana clásica. En la Universidad de Bonn, a la que ingresó en el otoño de 1835 como estudiante de derecho penal, Marx dedicó tanta atención a la historia del arte y de la literatura como a la jurisprudencia. Asistió a las conferencias de Schlegel sobre la literatura antigua; incursionó en la mitología antigua, tema que en esa época enseñaba el famoso Welcker; estudió arte moderno. En la Universidad de Berlín, Marx siguió únicamente un curso de historia de la literatura (las conferencias de Geppert sobre Eurípides, 1840-1841), pero su trabajo independiente en relación con el arte creador es de particular interés para nosotros: entre los libros que leyó en 1837 se cuentan el Laocoonte de Lessing, Historia del arte antiguo de Winckelmann, Allgemeine Betrachtunger über die Trieben der Thiere de Reimarus. En el curso de su transición al hegelianismo, Marx hizo un estudio profundo y completo de la Estética de Hegel, que sin duda leyó durante el verano de 1837.
Sin embargo, el interés del joven Marx por el arte no se limitaba a la teoría: hizo numerosos intentos de escribir poemas, los cuales, con algunas excepciones, no fueron particularmente exitosos. En Bonn escribió un poema filosófico que le envió a su padre (1835). Al periodo de Berlín corresponden cuadernos llenos de versos dedicados a su novia, igual que otros 40 poemas, el primer acto de una fantasía dramática titulada Oulanem y varios capítulos de una obra humorística, Scorpión und Felix,1 escrita en el estilo de Sterne y Hoffmann.
Según lo confesó el mismo Marx, hizo resueltos esfuerzos por suprimir su tendencia a escribir poesía; sin embargo, la tentación subsistió por muchos años. Todavía en 1841 publicó dos de sus primeros poemas en Athenäum,2 El conflicto entre el deseo de escribir poesía y la punzante necesidad de hallar en el campo de la ciencia una respuesta a los problemas de la vida, constituyó la primera crisis del desarrollo intelectual de Marx.
El resultado de esta batalla interior fue la renuncia completa a la poesía y la conversión a la filosofía de Hegel con su doctrina de la inevitable decadencia del arte en la época moderna.
En dos ocasiones anteriores habían surgido en la historia del pensamiento social alemán graves dudas sobre la posibilidad de una auténtica creatividad artística bajo las nuevas relaciones burguesas. Poco después de la revolución francesa, la filosofía clásica alemana había expresado una crítica estética de la realidad, y en las décadas de 1830 y 1840 reaparecen motivos similares en el movimiento radical-democrático que culmina con Marx.
Una sociedad basada en la ciega lucha de intereses egoístas, una sociedad cuyo desarrollo está sujeto únicamente a la mecánica “presión de las carencias” —el “reino de la necesidad” como lo llamó Schiller— no puede servir de suelo para una productividad artística auténtica. Tal era la opinión de la juventud radical alemana de la época cuando Hegel y sus colegas de Tübingen cultivaban su “árbol de la libertad”. Su evaluación negativa de la realidad implicaba una crítica del mundo feudal del privilegio y de dominio burgués de la propiedad privada. En la época moderna, escribía el joven Hegel, la poesía popular no conoce ningún Harmodio ni Aristogitón, “cuya fama será eterna porque mataron a los tiranos y dieron a sus conciudadanos iguales derechos y leyes iguales”. Hegel hacía contrastar la época de la decadencia con la era de la antigua ciudad-estado, cuando “el vínculo de hierro de la necesidad aún estaba adornado con guirnaldas de rosas”, y la mezquina alma prosaica del interés privado no ahogaba el amor a la poesía y la apreciación de la belleza. Los efectos paralizantes de la división del trabajo, la creciente mecanización de todas las formas de la actividad humana, la desaparición de la calidad en la cantidad, todas esas características típicas de la sociedad burguesa eran consideradas por Hegel como enemigas de la poesía, aun después de haber reconocido que el capitalismo, era el fundamento esencial del progreso.
Los “terroristas soñadores” de la revolución francesa (como describió Marx a los jacobinos) se rebelaban contra la economía burguesa no con el fin de aboliría sino más bien con el objeto de subordinar el mundo material de la propiedad a la vida política de los ciudadanos. El elemento de “ensueño” del punto de vista de los revolucionarios del siglo XVIII consistía precisamente en esa idealización de la capa superior política de la sociedad, dejando completamente de lado su sórdida base material. Y, en forma muy similar, los grandes idealistas alemanes, aun cuando criticaban la sociedad burguesa, hablaban meramente de la bajeza de la esfera económica en general, de su inferioridad respecto de las materias del espíritu. En el marco de la filosofía idealista sólo es posible una solución abstracta-espiritual de las contradicciones sociales. Schiller (y los románticos) enfatizaron la trascendencia estética del “reino de la necesidad”: el arte, como órgano de lo Absoluto, debería integrar lo que la historia ha dividido, distorsionado y convertido en antitético. Hegel, por otra parte, consideraba al conocimiento el arma suprema para la solución de las contradicciones existentes; su última palabra es una estoica reconciliación con la realidad, una negativa a embellecerla con rosas artificiales.
Así Hegel, pese a sus muchas vacilaciones, era resueltamente pesimista en cuanto a la posibilidad de la creación artística en la época moderna.
En el primer periodo de su vida espiritual independiente, Marx estaba completamente dominado por el romanticismo, y su actitud hacia Hegel era francamente negativa. Su romanticismo, sin embargo, era de tono radical, fichteano. Los “ataques al presente” alternaban con llamados poéticos a la “dignidad del hombre”, que avanza continuamente superando todos los obstáculos en su camino. En el Marx de esta época encontramos un entusiasta soñador (véase el poema Sehnsucht), un iconoclasta (Des Verzweiflenden Geber), y en general un hombre determinado a luchar contra los poderes eternos.
Und ihr schwindelt nicht vor Stegen,
Wo der Gottgedanke geht,
Wagt ihn an der Brust zu pflegen,
Eig’ne Grösse ist Hochgebet.3
El hombre puede perecer en ese desigual combate, sin embargo, hasta su derrota es un triunfo del espíritu humano:
Und ihr Fallen selbst ist Siegen.4
Despreciando a Hegel por su negativa a luchar contra la realidad, Mane lo llamó “pigmeo” y se burló de su Aesthetik:
Verzeiht uns Epigrammendingen,
Wenn wir fatale Weisen singen,
Wir haben uns nach Hegel einstudiert,
Auf sein’ Aesthetik noch nicht-abgeführt.5
El propio Marx describió su poesía como “idealista” en el sentido de que estaba dominado por el contraste establecido por Fichte entre “ser” y “deber ser”.6 En uno de sus poemas compara “lo que es” con un “teatro de monos”, y se burla de dos pomposos representantes de la época burguesa, matemáticos que reducen las emociones de los hombres a fórmulas matemáticas, y médicos que examinan el mundo como si fuera una bolsa de huesos y consideran el estómago asiento de la fantasía. La panacea para la vulgaridad, el sufrimiento y la repetición es la poesía:
Kühn gehüllt in weiten Glutgewanden,
Lichtverklärt das stolzgehob’ne Herz,
Herrschend losgesagt von Zwan und Banden,
Tret’ich festen Schritt’s durch weite Räume,
Schmettere vor Dein Antlitz hin den Schmerz,
Und zum Lebensbaum entsprühn die Träume,7
El mismo pensamiento se expresa aun con más claridad en otro poema:
Wohl Sänger, weigt mich Blütentraum,
Doch fass’ich auch in Himmelssaum,
Und bind’in goldenen Sternen;
Es klingt das Spiel, das Leben weint,
Das Spiel klingt fort, die Sonne scheint,
Es sprühn in eins die Fernen8
Aquí encontramos una transición hacia motivos típicamente schillerianos. En algún sitio existe un territorio donde todos son felices, donde vida y alegría son la misma cosa:
Bruderkuss und Herzenseinung
Schliesset alle in den Kreis,
Nicht mehr trennen Stand und Meinung,
Leibe herrscht und ihr Ce he iss.9
Pero ¡ay! ese reino de la felicidad existe únicamente en sueños:
Doch, ’s ist nur ein nichtig Träumen,
Das das warme Herzumfängt,
Das aus Staub und Erdenräumen
Sich zum Äther wogend drängt.10
Los dioses, envidiosos del hombre, impiden que se eleve por encima de las necesidades naturales: sólo en la fantasía poética el hombre es libre y feliz. Esta conclusión, que tiene sus semejanzas con el
Was unsterblich im Gesang soll leben,
Muss im Leben unstergehn11
de Schiller, expresa cierto grado de renunciación al romanticismo fichteano. En sus últimos poemas Marx se revela ya reconciliado con la vida. “Y estas últimas poesías —escribía a su padre— son, sin embargo, las únicas en las que brúscamente, como por un golpe mágico —¡ay! ese golpe me aplastó primero—, el verdadero reino de la poesía se me apareció brillando como un lejano palacio de hadas y haciendo caer hechas polvo todas mis creaciones.”12
En el verano de 1837 la visión del mundo de Marx sufrió una profunda transformación. La oposición a...

Índice

  1. CUBIERTA
  2. ÍNDICE
  3. TITLE
  4. COPYRIGHT
  5. LA FILOSOFÍA DEL ARTE DE KARL MARX
  6. NOTA DE LOS EDITORES
  7. PREFACIO
  8. LA FILOSOFÍA DEL ARTE DE KARL MARX
  9. CAPÍTULO 1
  10. CAPÍTULO 2
  11. CAPÍTULO 3
  12. CAPÍTULO 4
  13. CAPÍTULO 5
  14. CAPÍTULO 6
  15. CAPÍTULO 7
  16. CAPÍTULO 8
  17. CAPÍTULO 9
  18. CAPÍTULO 10
  19. CAPÍTULO 11
  20. CAPÍTULO 12
  21. CAPÍTULO 13
  22. CAPÍTULO 14
  23. LITERATURA Y MARXISMO Una controversia
  24. NOTA
  25. CRÍTICA LENINISTA
  26. LOS DETRACTORES DE SHAKESPEARE
  27. UNA RESPUESTA OBLIGADA
  28. SOBRE LOS CONFUNDIDORES OBJETIVOS DE LAS CLASES
  29. CÓMO SE ESCRIBEN LAS REFUTACIONES
  30. CAMBIEMOS EL CURSO DE LA DISCUSIÓN
  31. UN INCIDENTE INSTRUCTIVO
  32. LA ESENCIA DE LA CONTROVERSIA
  33. LA LITERATURA Y LA LUCHA DE CLASES
  34. LA SOCIOLOGÍA VULGAR Y LA METAFÍSICA

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