THERIKA
En una vida pasada honró a un Buddha anterior, el Buddha Konagamana, con su delicada hospitalidad. Le recibió en una pérgola de ramas entrelazadas, suelo de tierra apisonada, flores y perfumes. Gracias a este acto meritorio, renació distintas veces entre dioses y hombres hasta hacerlo en una familia de casta brahmana de la ciudad de Vesali. Cuando el Buddha predicó allí, se hizo discípula suya. Más tarde, después de escuchar un sermón de Pajapati, decidió ingresar en la comunidad de monjas. Pero su marido no le dio permiso para hacerlo. Un día, mientras cocinaba, se produjo una gran llamarada que consumió del todo el curry que estaba preparando. Gracias a ese hecho cotidiano, aprendió la enseñanza budista sobre la impermanencia. Desde ese momento, y como hacían las que ya habían sido ordenadas, prescindió de joyas y adornos. Este detalle convenció a su marido de que su devoción era genuina y él mismo la condujo, acompañados ambos de un gran séquito, ante Pajapati, que la ordenó monja. Se destacó por su robustez física y espiritual.
Duerme tranquila, mi pequeña. Un manto te cobija que tú misma has tejido. Y por fin tus deseos se han secado como hierbas al sol dentro de un cuenco.
MUTTA
Su nombre significa «mujer libre» (libre en el sentido de iluminada, de alguien que se ha deshecho de sus ataduras). Procedía de familia brahmana. A la edad de veinte años se unió a la congregación de monjas de la mano de Pajapati, que fue también la que le enseñó a meditar. Este poema lo recitó en tres ocasiones: cuando lo «vio» delante de ella (un regalo del propio Buddha, que se le reveló como si estuviera sentado a su lado), cuando alcanzó la iluminación y cuando presintió que estaba a punto de morir.
Libérate de aquello que te ata. Como la luna, libérate de Rahu y sus mandíbulas oscuras y voraces. Con una mente libre y sin deudas ni nudos, aprende a disfrutar de la comida que les sobra a los otros.
PUNNA
De sus vidas anteriores se sabe que en una época fue un hada que habitaba la orilla del río Candabhaga. Como tal, en una ocasión ofreció una guirnalda de juncos a un pacceka buddha (un iluminado que no intenta ayudar a otros a alcanzar ese estado ni predica sermones y que por eso es conocido como «buda silencioso»), acción benéfica que con el tiempo la hizo renacer en el seno de una familia acomodada de Savatthi. Como a tantas otras, fue Pajapati quien la ordenó monja cuando todavía era muy joven.
Después de quince días, llena de sí la luna resplandece. Haz lo mismo y sé sabia poco a poco
y con tu propia luz ábrete paso por la densa ignorancia de la noche.
TISSA
Nació en Kapilavatthu y pertenecía al clan de los sakiyas. Era miembro de la corte de Bodhisat hasta que Pajapati la ordenó monja.
Practica sin cesar. No desmayes, practica. Practica hasta romper tus ataduras. Practica hasta ser libre del yo y sus opiniones, de los sentidos venenosos, de nuevos nacimientos.
OTRA TISSA
No se sabe nada específico sobre ella.
Aprovecha las oportunidades, ahora que las tienes, de cultivar tu luz más verdadera. O acabarás gritando en el infierno tanto tiempo perdido en otras cosas.
DHIRA
No se sabe nada específico sobre ella.
Aplaca tus sentidos. Renuncia a tus deseos. Cuando apagues tus llamas, serás por fin feliz y libre y puro gozo.
OTRA DHIRA O VIRA
No se sabe nada específico sobre ella.
Eres valiente y decidida y has practicado mucho hasta alcanzar un gran conocimiento. Este cuerpo es, por tanto, el último que tienes. ¡Pero cuidado, no permitas que la Muerte entre en él y lo lleve de regreso a la vida!
MITTA
Pertenecía a la tribu de los sakya y apenas se sabe de ella que no encontró la paz hasta que se convirtió al budismo y se hizo monja.
Tu fe te trajo aquí y ahora tus amigas son otras y las quieres por sus buenas acciones y sus buenas palabras. Cultiva tus virtudes y alcanzarás la paz definitiva.
BHADRA
No se sabe nada específico sobre ella.
Eres afortunada porque tu fe te trajo aquí. Y tu gran devoción te pone a salvo de aquello que dejaste atrás y para siempre.
UPASANA
No se sabe nada específico sobre ella.
Las aguas bajan bravas en el río feroz que gobierna la muerte. Si no pierdes la calma, no podrá cabalgar esa muerte tu cuerpo nunca más.
OTRA MUTTA
Fue hija de una familia brahmana pobre que vivía en el país de Kosala. Su padre, de nombre Oghataka, la casó con un brahmán también pobre y además jorobado que la hacía muy infeliz. Con el tiempo le acabó convenciendo de que le diera permiso para separarse de él y ordenarse monja budista. Se entregó tan a fondo y con tanto ardor a su nueva vida que no tardó en alcanzar el estado de beatitud suprema.
¡Estoy libre, estoy libre de tres cosas torcidas: el mortero y su mano y un marido de espalda jorobada! ¡Estoy libre, estoy libre del nacimiento y de la muerte y de las ataduras del pasado!
DHAMMADINNA
En la época del Buddha Padumuttara, vivía en Hansavati y trabajaba como sirviente. Por haber atendido a uno de los principales iluminados de su tiempo, al que cuidó mientras se recuperaba de un trance de carácter cataléptico, acumuló méritos gracias a los cuales renació sucesivamente entre dioses y hombres hasta hacerlo en el seno de la corte de Kiki, a la sazón rey de Kasi, como una de sus siete hermanas. Allí vivió en santidad durante 20.000 años. Al final volvió a nacer, en tiempos del Buddha histórico, en Rajagaha, donde se casó con un hombre acomodado. Un día su marido escuchó un sermón del Buddha y se quedó tan pensativo que, cuando regresó a casa, no se comportó como solía: dejó de sonreír a su esposa cuando le recibía, como siempre, apoyada en la ventana; dejó de devolverle el saludo con la mano que ella le hacía cuando entraba por la puerta, y dejó de invitarla a unirse a él cuando ella le servía la comida. Cuando él volvió, por decirlo de alguna manera, en sí, la mandó llamar y le anunció que, después de haber escuchado las palabras del Buddha, había entendido muchas cosas esenciales y que, a causa de ello, estaba considerando la posibilidad de ordenarse monje. De acabar haciéndolo, no volvería a tocar a una mujer y le dejaría a ella en herencia todos sus bienes. Dhammadinna le dijo que quería renunciar al mundo también ella. Su marido, entonces, aceptando su decisión, la envió en un carruaje dorado al monasterio de las monjas, donde se entregó con tanto fervor a la práctica del budismo que en poco tiempo alcanzó altos niveles de autorrealización. Después de un tiempo regresó a su hogar, encontrándose la sorpresa de que su marido, después de todo, no se había hecho monje. Pero como su interés seguía siendo genuino, aprovechó la circunstancia para que su exmujer le ayudara a comprender algunas cuestiones doctrinales. A sus preguntas ella contestó tan fácilmente «como un cuchillo corta en dos el tallo de un loto». Estas respuestas de Dhammadinna a su marido se consideran «palabra del Buddha» (Buddhavacana) y, como tales, fueron incorporadas a una sección del Majjhima Niyaka. El poema también aparece, cambiado a género masculino, en el Dhammapada. El Buddha dijo de ella que era la monja más dotada para la predicación.
Las ganas de ser libre y sofocar con mente clara los malos pensamientos y el deseo: así remontarás la corriente del río hasta tu origen.
VISAKHA
No se sabe nada específico sobre ella.
Haz lo que el Buddha te ha enseñado, no te arrepentirás. Lava tus pies y siéntate y medita apartada de todos.
SUMANA
Retrasó su ingreso como monja en la orden budista para cuidar a su abuela y a su hermano Pasenadi, rey de Kosala. Cuando la primera falleció, su hermano la acompañó a la comunidad fundada por Pajapati, que fue quien la ordenó. Aunque ya era una anciana, su devoción al Buddha había sido tan grande durante su vida como laica que ese mismo día, después de escuchar uno de sus sermones, alcanzó la iluminación.
Cuando veas que todo, hasta lo más pequeño, nace del sufrimiento, encontrarás la paz que necesitas para no desear nacer más veces.
UTTARA
No se sabe nada específico sobre ella.
Una vez que controles tus palabras, tus actos y tu mente y arranques de raíz cualquier deseo, podrás, serena y desapasionada, alcanzar el nirvana.
OTRA SUMANA
Nació en Savatthi como hermana del rey de Kosala. Después de escuchar el sermón del Buddha, ofrecido al rey Pasenadi, que comienza «Hay cuatro seres a los que hay que tener en cuenta» (se refiere al príncipe, a la serpiente, al fuego y al bhikkhu o monje, ya que cualquiera de ellos es capaz por igual de lo bueno y de lo malo), se convirtió al budismo. Como no quería abandonar a su abuela, solo cuando esta falleció fue, acompañada por el rey, a Vihara, donde, después de hacer grandes ofrendas de alfombras y chales a la orden, tomó los votos y se dispuso a recoger los frutos del Sendero Sin Retorno.
¡Descansa, venerable anciana, ya te toca! Con el mant...