
- 358 páginas
- Spanish
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eBook - ePub
Ciencia y espectáculo
Descripción del libro
La sociedad racionalista de la segunda mitad del siglo diecinueve y comienzos del veinte hizo de los nuevos conocimientos una demostración de poder y dominio de las fuerzas naturales por parte del ser humano, nunca antes alcanzado. Mostrar y confirmar estos nuevos alcances dieron origen a las academias y museos especializados, donde el hombre común podía asombrarse de aquello. Era su modo de ingresar a la modernidad. De este logro cientificista participaron también las masas, pero las elites y los charlatanes hicieron de ello una expresión a su alcance, donde además primaba ese sentido experimental de la ciencia incipiente colindante con la superchería y lo precario.
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Información
Cuerpo y psique: significar al sujeto
Un saber de lo cotidiano: apropiaciones del psicoanálisis en revistas culturales chilenas en la primera mitad del siglo XX1
Silvana Vetö
Hay muchos que hablan de Freud sin haberlo leído nunca.
Es que el freudismo constituye uno de los pilares de nuestra época.
Ser freudiano es, como ser marxista,
a veces una actitud más que un conocimiento.
Revista Hoy V: 232 (29 de abril de 1936).
Es que el freudismo constituye uno de los pilares de nuestra época.
Ser freudiano es, como ser marxista,
a veces una actitud más que un conocimiento.
Revista Hoy V: 232 (29 de abril de 1936).
Introducción
Las apropiaciones del pensamiento de Sigmund Freud en Chile, que datan de las primeras décadas del siglo XX, fueron más sistemáticas y creativas de lo que las historias “oficiales” del psicoanálisis local han sabido reconocer.2 No se trató de una recepción pasiva, sino, como enfatiza el término “apropiación”, de un proceso activo de adopción y adaptación, en el cual, con miras a abordar y resolver una serie de problemáticas sociales, aquellas ideas extranjeras fueron entremezcladas con saberes y prácticas locales, dando nacimiento a híbridos que podemos llamar, en plural, psicoanálisis chilenos.
Estas apropiaciones se dieron a ritmos diversos y en distintos campos culturales, de los cuales el que mayor interés ha concitado en nuestro país, ha sido el de la medicina, especialmente la psiquiatría, y más tarde también la psicología. No obstante, como en otros países, las áreas de apropiación del psicoanálisis fueron variadas y no siempre comenzaron por el campo médico o el campo psi (psiquiatría, psicología, psicoterapias). Como Elizabeth Roudinesco demostró para el caso francés,3 también en Chile los artistas, escritores, otros intelectuales y toda una gama de personajes pertenecientes, de manera general, a las elites ilustradas locales, abrieron la puerta al psicoanálisis antes y con menor resistencia que médicos y psiquiatras.
En términos generales, pueden distinguirse dos grandes vías por las cuales el pensamiento psicoanalítico ha sido apropiado en distintas partes del mundo, desde su aparición en Viena en el umbral del siglo XX. Una ruta ha sido la del saber “experto”, propio del campo psi, y vinculado a lo clínico-terapéutico, que no indagaremos aquí. Una segunda, menos investigada, que podemos llamar “no-experta”, es aquella de las heterogéneas lecturas e interpretaciones del psicoanálisis, realizadas por agentes sociales diversos, en sociedades urbanas, industrializadas, secularizadas y en vías de modernización. Sociedades donde, como Eli Zaretzky ha demostrado, los puntos de referencia tradicionales, como la familia y el Estado, tambalean y dan paso a la búsqueda de nuevos referentes para definir el propio proyecto de vida y el Yo, apuntando hacia el “mundo interior”.4
Valga precisar que esta distinción entre lo experto y lo no-experto, sin duda se construye y cobra relieve a medida que el psicoanálisis comienza a institucionalizarse hacia mediados del siglo XX. La institucionalización habitualmente pugnó por alejar de sí aquellas lecturas del psicoanálisis que lo expandían a públicos no especializados, buscando su aceptación y legitimidad como un saber científico más cercano a la psiquiatría y la medicina, que la literatura y el arte, como veremos más adelante. De este modo, es posible sostener que la división clara entre el saber experto y el no-experto es más bien una construcción producida por la institucionalización, que algo que existiría de antemano. Por lo mismo, en la etapa previa a la institucionalización, que es aquella de la que nos ocuparemos aquí, los límites entre lo experto y lo no-experto son mucho más difusos que lo que puede plantearse con posterioridad.
Como quiera que sea, esta segunda ruta de apropiación involucra públicos diversos de aquellos que se consideran –desde una perspectiva tradicional de la historia de las ciencias– propiamente científicos, o expertos. Se trata de un público para el cual el psicoanálisis forma parte de, y con cuyas lecturas se transforma en, un enjambre de saberes dispares acerca de los problemas que se enfrentan en la cotidianidad, como las relaciones familiares, la crianza, el amor, las relaciones de pareja, la sexualidad, la infancia, entre muchos otros. Sus medios privilegiados en nuestro país fueron algunos periódicos, magazines y revistas de amplia difusión en las primeras décadas del siglo XX,5 y tuvo ciertos rasgos, que pueden identificarse como estrategias comunes, que es posible delimitar y someter a análisis. En este escrito abordaremos, pues, los modos en que el psicoanálisis fue apropiado en algunos de dichos medios de prensa, particularmente las revistas Zig-Zag, Hoy, Alejandra y Pacífico Magazine, con algunas referencias a periódicos como El Mercurio, La Nación y La Tercera de la Hora. En todas estas fuentes, la preocupación principal no era el cuidado de la doctrina o la justeza de las interpretaciones, sino la penetración en la subjetividad y la cultura chilena a través de su simplificación, su traducción al lenguaje coloquial y, con ello también, como veremos, la depuración de ciertos elementos del psicoanálisis que parecían más difíciles de digerir.
Si bien en la época investigada, el tema sexual era el que llevaba la delantera en cuanto a aquellas preguntas que volverían legítima e incluso necesaria, para los lectores chilenos, la referencia al psicoanálisis, había otros temas por los cuales, para el público amplio, el psicoanálisis se volvía un saber acaso más seductor: los sueños, el amor, la muerte, la familia, los lapsus linguæ y actos fallidos, el chiste, el problema de las masas y las religiones, entre otros. Para estos lectores, como señala el epígrafe del presente texto, el psicoanálisis puede no haber sido un conocimiento concreto, un saber examinado, analizado y comprendido, sino una clave de lectura de la existencia, un marco de inteligibilidad, una actitud.
Como han demostrado diversos autores, en la época del Centenario la emergencia de grupos sociales medios y populares que, marginales al saber ilustrado, accedían a la producción del conocimiento (local y extranjero), transformaba significativamente el panorama cultural local.6 Se trataba de nuevos lectores y agentes sociales, que construyen a su vez tópicos de interés también novedosos y, con ello, van transformando la oferta cultural, expandiéndola y problematizándola. En ese contexto, durante las décadas de 1920 a 1940, vemos aparecer nuevas “figuras” de Sigmund Freud y del psicoanálisis, cuyo saber –para espanto de autores chilenos como el doctor Manuel Francisco Beca y el abogado Juan Andueza, sobre quienes volveremos– ya no era solo monopolio de la medicina y de los expertos, sino un saber accesible y potencialmente provechoso para todos.7 Aparece incluso como un punto de articulación entre la ciencia y la experiencia cotidiana, como una praxis que, a la vez que se afirmaba y legitimaba en la ciencia, se acercaba a los problemas del día a día. Como señala Sherry Turkle, se trataba más bien de una representación del psicoanálisis como fuente de respuestas y no de un impenetrable conjunto de teorías difíciles solo accesible para iniciados.8
En este sentido, es posible entender que el psicoanálisis comienza a ser leído e incorporado al bagaje cultural chileno, al menos al de aquellas elites ilustradas a las que apuntaban las revistas y periódicos que aquí estudiamos, en una época en la cual aquello que le sucede al ser humano en su existencia comienza a ser problematizado de manera más fuerte y sistemática que antes, a partir de la referencia laicizada a un “mundo interior”, entendido como psique. Se trata de aquel proceso –paralelo al de modernización/ industrialización–, que Nikolas Rose ha denominado “psicologización” de la sociedad.9 Este proceso, que supuso la creación de nuevos agentes sociales, nuevas técnicas y métodos de producción y validación de verdades, implicó también un replanteamiento de las relaciones entre el cuerpo y la psique, nuevas ideas respecto de los géneros y las relaciones entre ellos, reconsideraciones acerca de los modos de entender la sexualidad, teorías y conceptos novedosos respecto de las enfermedades y el malestar “nervioso”, lo que se manifestó e...
Índice
- Prólogo
- Introducción
- Parte I Vitrinas científicas: ilusionar al espectador
- Parte II Soportes disciplinarios: anunciar el saber
- Parte III Cuerpo y psique: significar al sujeto