También Dios pasa por Hollywood
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También Dios pasa por Hollywood

Doce conversiones de cine

  1. 266 páginas
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También Dios pasa por Hollywood

Doce conversiones de cine

Descripción del libro

Hollywood es un mundo peculiar de creatividad, poder, glamour y desencanto. Un paisaje propicio a la crisis, también espiritual, donde se dan cita judíos y católicos, ortodoxos, protestantes o mormones. Durante su "época dorada", no pocos vivieron una honda experiencia religiosa, en torno a la Iglesia Católica. La autora ha recogido doce retratos de algunas de las grandes estrellas de la historia del cine, que proporcionan nuevos matices sobre su verdadera personalidad.

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Información

Año
2017
ISBN del libro electrónico
9788432147296
Edición
1
V.
MARY ASTOR: CONVERTIRSE EN UNA ESTRELLA… Y EN UNA SANTA
La experiencia más gloriosa de mi vida
fue encontrar la fe [1].
MARY ASTOR
MARY ASTOR, UNA belleza típicamente americana y segura de sí misma, con un toque de patetismo, dejó una marca indeleble en el alma americana. ¿Quién puede olvidar sus actuaciones en El Halcón Maltés (1941), Cita en San Louis (1944), o La Gran Mentira (1941)?
Encontró a Dios por accidente, justo antes de alcanzar el éxito en su carrera profesional. Disfrutó de su fe recién encontrada como si estuviera en una «nube rosa», escribe, pero «retrocedió» cuando la vida se hizo dura[2]. A los cincuenta años empezó a beber de manera incontrolable para aliviar una pena que no sabía identificar. ¿Qué era? Rezó.
UNA INFANCIA SOLITARIA
Lucile Vasconcellos Langhanke nació el 3 de mayo de 1906 en Quincy, Illinois. Fue la única hija de Otto Ludwig Wilhelm Langhanke y Helen Vasconcellos.
Pasó sus primeros cinco años en un pequeño y sórdido piso que había encima de una taberna.
Otto había emigrado desde Berlín en 1889, cuando tenía dieciocho años. Cruzó el Atlántico en el entrepuente de un barco, soñando con calles pavimentadas de oro. Pero cuando llegó a Nueva York, su deficiente inglés y sus miserables ahorros le llevaron a Lawrence, Kansas, un enclave de inmigrantes alemanes, donde se matriculó en la Universidad de Kansas. Conoció a su esposa, diez años más joven que él, en una tienda de ropa de Topeka, donde trabajaba durante los veranos. Era la mayor de seis hermanos, criada en una granja de Lyons, Kansas, donde se casaron el 3 de agosto de 1904.
El mundo de su madre era tan «estrecho y limitado» como «amplio y variado» era el de su padre, escribe Mary en My Story: An Autobiography[3]. Otto era testarudo, trazaba planes inaprensibles sin interrupción. Una palabra, un ruido o un gesto le enfadaban, y salía airado de la habitación, donde dejaba a su esposa llorando. Helen, por su parte, como reveló su diario, rechazó a Lucile desde el principio. En este ambiente, Lucile tenía que pasar el tiempo sola —debajo de una cama o en un armario oscuro, donde muchas veces la mandaban castigada y se quedaba dormida.
El verano de 1913, la familia se mudó a una granja con una gran mansión de mediados de la época victoriana, donde comenzaron sus «verdaderos recuerdos». Le encantaba recorrer la exuberante campiña en sandalias y bata, en compañía del pastor alemán. Se escapaba a los grandes «escondites» de Cedar Creek, donde podía disfrutar del placer de saltar las rocas, mirar los pececillos, y gozar con el gorgoteo del agua y el radiante sol, viviendo en el mundo de hadas de los cuentos que había leído[4]. Sin embargo, Otto estaba cada vez más contrariado porque su inversión en un bosque de nueces y otros planes habían fracasado, y —como, a causa de la inminente guerra perdió su trabajo como profesor— la cría de aves de corral se había convertido en su único modo de subsistencia[5]. Con las nuevas circunstancias se produjo un cambio de actividad, lo que aumentó las tensiones, hasta que por fin respiraron con el trabajo en Highland School, la escuela de dos aulas que había en el pueblo.
En 1916, para su décimo cumpleaños, recibió un piano —su padre insistía en que debía ser una gran pianista—. Desde ese momento, escribe ella, nuestra relación degeneró en un «temeroso respeto»[6]. Para empeorar las cosas, ese otoño, la familia se mudó al centro de la ciudad después de que Otto se reincorporase a su trabajo como profesor. Un día dejó de tocar el piano porque soñaba con el campo, por lo que su padre le preguntó de buenos modos: «¿No quieres ser alguien?». A lo que ella respondió: «Soy alguien, soy yo misma». A lo que añadió sus objetivos alegremente: educación, trabajo, y más tarde, matrimonio e hijos. Para su sorpresa, esto provocó una charla atronadora de su padre marcada por frases como «eso no sirve para nada», mientras su madre le suplicaba que no la hiriese[7].
UNA BELLEZA PROMETEDORA
Los años que Lucile pasó en la granja le dieron una belleza natural que la hacía diferente de la afectación de las «chicas de ciudad»[8], que atraía a los chicos y dio a luz «la Gran Idea»[9]. Olvida el piano y en poco tiempo será actriz. Le encantaba el cine mudo y las estrellas de las películas, y compartía su entusiasmo con la vecina de la puerta de al lado, Marian, su primera amiga de verdad, y que «aunque era católica»[10], sus padres aprobaban su amistad.
«En el extraño e inescrutable trabajo de la Providencia», escribe Mary, «nuestro juego infantil de enviar cupones…me condujo a la carrera de actriz». Empezaron a participar en concursos, primero de bicicletas. Pero un día, Lucile vio el concurso de Motion Picture Magazine para encontrar «a la belleza de nuestra tierra» y decidió enviar una foto. Casi inmediatamente la revista la publicó, con las otras siete de ese mes. A pie de foto decía: «Las ganadoras de la fama y fortuna de este mes». De las cuatro finalistas anuales, a una se le prometía un contrato en un estudio.
Aunque Lucile solo estaba «contenta y halagada»[11], su padre vendió todos los muebles para financiar un frenético traslado a Chicago durante la primavera de 1917, llevando a la madre y a la hija «a un triste e incomprensible agotamiento»[12]. Pero no hubo discusiones. Para Otto, planear significaba actuar. Su texto de primer curso de alemán y el manual del profesor, publicado justo antes de que América entrara en la I Guerra Mundial, fue un fracaso. Pero Lucile tenía madera de estrella.
Al principio, el tiempo transcurrido en Chicago, al este de la calle cuarenta y siete fue «infeliz y deprimente», escribe, en los duros barrios del sur, con los severos profesores de la escuela pública, provenientes de la ciudad, donde estaba acabando el sexto grado[13]. Otto a duras penas conseguía ganarse la vida, así que Helen consiguió trabajo enseñando literatura inglesa y teatro en el Colegio Femenino Kenwood-Loring, al que Lucile asistía sin pagar las tasas. «Me encantaba la escuela», escribe. «Sentía que estaba aprendiendo otra vez». Mientras, Otto se centró en hacer de Lucile una estrella, contestando con entusiasmo a los «estúpidos anuncios»[14].
Lucile, con sus grandes ojos castaños, su bonita sonrisa, su refinamiento y sofisticación, empezó a atraer a los admiradores masculinos. Esto provocó que su asustado padre una noche le explicara los «hechos de la vida» tan burdamente, que a Lucile le produjo «repugnancia, asco y terror», llegándole a afectar física y emocionalmente[15]. Durante los siguientes cuatro años, se mostró tímida e introvertida. Sus relaciones con los hombres fueron desiguales. Casi todos eran veteranos de la I Guerra Mundial, algunos heridos, siempre mayores que ella. En junio de 1919, después de graduarse en la escuela elemental, su padre la aisló todavía más haciéndose cargo de su educación con un pre...

Índice

  1. PORTADA
  2. PORTADA INTERIOR
  3. CRÉDITOS
  4. DEDICATORIA
  5. ÍNDICE
  6. PRÓLOGO
  7. PREFACIO
  8. INTRODUCCIÓN
  9. I. DEMASIADO HUMANO: LA NECESIDAD DE CURACIÓN Y RECUPERACIÓN
  10. II. ALFRED HITCHCOCK CIERRA EL CÍRCULO
  11. III. EL SILENCIOSO CAMINO HACIA LA FE DE GARY COOPER
  12. IV. BOB HOPE Y SUS SEÑORAS DE LA ESPERANZA
  13. V. MARY ASTOR: CONVERTIRSE EN UNA ESTRELLA… Y EN UNA SANTA
  14. VI. EL VIAJE MÁS LARGO DE JOHN WAYNE
  15. VII. ANN SOTHERN: SOBREVIVIR CON FE Y OPTIMISMO
  16. VIII. CÓMO JANE WYMAN HIZO FRENTE A LA TRAGEDIA
  17. IX. SUSAN HAYWARD: DE BROOKLYN A LA ABUNDANCIA
  18. X. LANA TURNER: ENCONTRAR A DIOS Y LA SEGURIDAD EN SU INTERIOR
  19. XI. LA MILAGROSA RECUPERACIÓN DE BETTY HUTTON
  20. XII. ANN MILLER Y SU BÚSQUEDA DEL ORO ESPIRITUAL
  21. XIII. EL DRAMÁTICO VIAJE HACIA LA FE, LA CURACIÓN Y EL PERDÓN DE PATRICIA NEAL
  22. CONCLUSIÓN
  23. AGRADECIMIENTOS
  24. BIBLIOGRAFÍA
  25. MARY CLAIRE KENDALL