Pedagogía del primer anuncio
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Pedagogía del primer anuncio

  1. 176 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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Pedagogía del primer anuncio

Descripción del libro

En el corazón de la misión evangelizadora de la Iglesia siempre ha estado el primer anuncio: el anuncio de Jesucristo. Pero, si cabe, este primer anuncio se ha hecho ahora más necesario y apremiante en un tiempo en el que poblaciones enteras -sobre todo en países de vieja cristiandad como el nuestro- van dimitiendo del Evangelio e incluso parecen perder el sentido y el deseo de Dios.Libro de cabecera para pastoralistas y catequetistas, escrito por uno de los principales catequetas en lengua española.

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Información

Editorial
PPC Editorial
Año
2013
ISBN de la versión impresa
9788428823876
ISBN del libro electrónico
9788428825337
1

De la apertura religiosa a la acogida del Evangelio

El título de este primer capítulo pone en relación dos momentos que diferencian bien la posición del hombre ante Dios y su revelación ofrecida en Jesucristo. Estas dos actitudes no agotan todos los modos en los que el ser humano se sitúa ante Él, simplemente ofrecen dos hitos a partir de los cuales se puede establecer un proceso por el que una persona, que está abierta a la trascendencia, resuelve dicha apertura en la acogida del Evangelio que Dios le ofrece por el anuncio de la Iglesia. Aunque el título pone en conexión ambos momentos, nuestra reflexión no dejara de tener en cuenta, al menos como referencia, los otros estadios que completan el proceso.
Nuestra intención, al centrarnos en esos hitos, viene determinada por el deseo de arrojar alguna luz sobre la problemática que ese paso lleva implícita y que muchas veces crea confusión, tanto en el mismo ejercicio de transmitir la fe como en la reflexión que sobre ella se genera.
La apertura religiosa por la que una persona se descubre abierta al infinito e invitada a trascender lo cotidiano para recibir como don una presencia sobre la que no tiene dominio, en ningún caso se confunde con la escucha concreta del anuncio del Evangelio y el reconocimiento por la fe de Jesucristo como el don que Dios le ofrece y el camino que le conduce a participar de la vida divina.
Esta distinción, no obstante, no significa negar la implicación que poseen ambos momentos. Es preciso considerar, también, la justa correspondencia entre la apertura religiosa y la acogida del Evangelio para que en verdad acontezca el proceso de alumbramiento en la fe respetando, a un tiempo, la gracia libérrima de Dios en su automanifestación y la libertad del hombre que se dilata en la misma acogida del don evangélico.

1. ALGUNAS ACLARACIONES SOBRE EL ENCUENTRO DEL HOMBRE CON DIOS

Antes de entrar en el desarrollo de nuestra reflexión, es preciso que dibujemos un marco de referencia que nos ayude a delimitar y dilucidar los pasos por los que una persona resuelve su apertura religiosa en la acogida del Evangelio. Este marco corresponde a lo que clásicamente se entendía como la relación entre la naturaleza y la gracia (véase J. C. CARVAJAL, 2003: 87-116; y para las aportaciones de K. Rahner, J. Alfaro y H. de Lubac, véase L. F. LADARIA, 1997: 3-30), que más recientemente se prefiere tratar bajo el título genérico del encuentro del hombre con Dios (para una visión panorámica del tema véase A. JIMÉNEZ, 1986: 3-21).
Nuestras indicaciones en este punto no pueden ser más que globales; no obstante, las aclaraciones que a continuación desgranamos, más allá de las matizaciones que fueran necesarias, nos ofrecen unos criterios que actúan de orientación y balizas para las ulteriores reflexiones y propuestas.
1. El hombre es una criatura llamada a la vida divina
La antropología cristiana confiesa que el hombre es creación de Dios, esto es, que no tiene en sí su origen; y que, a la vez, ha sido creado para participar de la vida divina, de modo que no es él quien se da a sí mismo su meta (para lo que sigue, véase: J. C. CARVAJAL, 2005: 107-135; A. LÉONARD, 1985: 33-41; L. F. LADARIA, 2007: 79-118). Por el acto creador, el ser humano siempre tiene una dependencia del Creador, y por su vocación divina también depende de Dios pero bajo otro título. Esto genera en la persona una doble paradoja. Por un lado, aun dependiente del Creador, el hombre posee una consistencia propia que le hace ser interlocutor de Dios y no una mera marioneta. Y por el otro, al estar llamado a un destino que supera su propia capacidad, solo lo puede alcanzar en un ejercicio de libertad por el que se abre a la acción preveniente de Dios que graciosamente le concede participar de su vida divina. De aquí se derivan varias consideraciones.
El hombre, en su libertad, puede tomar posesión del don de la creación recibido en su origen, vivirlo sin referencia a Dios e ignorar las múltiples llamadas que el Señor le dirige para que pueda consumar su vocación. Este proceso de autoafirmación y negación de cualquier tipo de dependencia respecto a su Creador es lo que en la Escritura se llama pecado (cf. GS 13). En consecuencia, este posicionamiento del ser humano ante sí, ante Dios y ante el mundo le genera tal estructura que condiciona la percepción que tiene tanto del fin divino que porta en sí como de la oferta de gracia que le llega desde Dios con la intención de realizar en él ese fin.
A pesar de la posición de pecado en la que se desenvuelve el hombre, tanto el don creacional como la oferta de gracia que Dios le brinda pujan, de diversa manera, para que este, sean cuales sean sus opciones, pueda reconocerse, de algún modo, llamado por Dios e invitado a consumar su vocación.
- Así es, por un lado, la experiencia de contingencia y limitación que acompaña al hombre es la ocasión que tiene para vivir su vida y persona como un interrogante y para activar la búsqueda de un fundamento que no radica en sí y que, sin embargo, necesita para asentar y proyectar su vida. En este punto, la aceptación de la dependencia de quien es el fundamento último, lejos de suponer una restricción de su libertad, aparece para el hombre como posibilidad y expansión de la propia existencia en medio de los azares de la vida y de la historia.
- Y por otro lado, las llamadas que Dios dirige al ser humano en lo profundo de su corazón y las propuestas de relación amorosa que le ofrece a través de los mediadores de su presencia son modos de activar la vocación divina que constituye al hombre y de dirigirla hacia la comunión divina.
Estos dos momentos se han de distinguir porque, además de ser etapas regidas por modos diversos de acercarse Dios al hombre en su proceso de consumación, el ser humano puede instalarse en el primero y negar el segundo, puede de algún modo reconocer su dependencia de Dios para vivir con sentido su experiencia de contingencia y cerrarse a la participación en la vida divina que necesariamente ha de recibir como don.
Sin embargo, como vemos, la distinción de ambos momentos no niega su correlación. La providencia divina, por la que se actualiza el acto creacional, y el consiguiente reconocimiento por parte de la persona de su dependencia del fundamento trascendente está en relación directa con el don de la gracia por el que Dios se entrega a sí mismo y por el que el hombre acepta entrar en íntima comunión de vida con su Creador. Así es, el reconocimiento y la aceptación de la dependencia divina se convierten en la llave que abre la posibilidad de comprensión y la actitud de acogida de la gracia por la que Dios se automanifiesta al ser humano. De este modo se ha de mantener, a la vez, la distinción y la correlación de estos dos momentos. De su justa relación se dilucida el acto de la transmisión de la fe y depende su buen ejercicio.
2. Dios siempre permanece libre en su gracia para con el hombre
En el punto anterior ya ha quedado planteada la problemática que atraviesa el encuentro del hombre con Dios, pero la hemos contemplado desde el punto de vista del ser humano, ahora la analizaremos bajo el ángulo de Dios.
Desde la perspectiva divina es preciso salvaguardar una afirmación de fe: Dios es absolutamente trascendente y nunca puede quedar determinado en la relación que ha querido establecer con el hombre. Si bien es verdad que Él ha creado al ser humano para hacerle partícipe de su vida divina, este proyecto no viene exigido ni por ninguna deficiencia propia ni por ninguna ...

Índice

  1. Didajé
  2. Portadilla
  3. Agradecimientos
  4. Presentación. Anunciar el nombre de Jesús
  5. 1. De la apertura religiosa a la acogida del Evangelio
  6. 2. La pastoral del primer anuncio
  7. 3. La explanación del kerigma en la precatequesis
  8. 4. ¿Cómo servir la presencia de Dios en tiempos de idolatría?
  9. Procedencia de los textos
  10. Siglas
  11. Bibliografía
  12. Contenido
  13. Créditos