La sabiduría de la no-dualidad
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La sabiduría de la no-dualidad

Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger

  1. 816 páginas
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La sabiduría de la no-dualidad

Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger

Descripción del libro

Este libro viene a llenar un vacío inexcusable en la bibliografía filosófica contemporánea. En primer lugar, se trata de una iniciación tan rigurosa como accesible a una de las tradiciones de pensamiento más radicales de la India y de Oriente, el Vedanta Advaita o filosofía de la no-dualidad, según uno de sus más destacados representantes contemporáneos, Nisargadatta Maharaj.En segundo lugar, es también una introducción a uno de los principales filósofos del siglo XX, Martin Heidegger, desde una perspectiva novedosa e iluminadora, que revela la intuición no-dual como una clave interpretativa de su pensamiento.En tercer lugar, es una reflexión comparativa entre ambos pensadores, que trasciende la oposición Oriente-Occidente y establece puntos de encuentro entre los dos enfoques. De esta manera, La sabiduría de la no-dualidad sienta las bases para superar el actual punto muerto de la filosofía occidental y para generar el inaplazable diálogo intercultural.

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Información

Año
2008
Edición
1
ISBN del libro electrónico
9788472457287
Categoría
Filosofía
III. LA DOCTRINA ADVAITA EN TORNO AL “YO” A LA LUZ DE LA CRÍTICA AL SUJETO DE HEIDEGGER
«Ahora que se ha demostrado que el pensamiento de Heidegger fue influido por las ideas de la tradición filosófica del Este asiático, todo un capítulo de la historia de las ideas del Occidente moderno precisa ser reescrito Las lecturas de los textos heideggerianos habrán de ser realizadas desde ahora con lo que Nietzsche denominó un “ojo trans-europeo”.»
R. MAY, Heidegger’s hidden sources, p. x
«Vaya más allá de la dualidad, no haga diferencia entre Oriente y Occidente.»
NISARGADATTA, I Am That, p. 353
6. EL SENTIDO DE ESTA REFLEXIÓN COMPARATIVA
En la exposición realizada hemos intentado respetar el singular lenguaje de Heidegger para mostrar su pensamiento en sus propios términos. Sin embargo, en la reflexión comparada que nos pasará a ocupar nos saldremos parcialmente de los márgenes definidos por el estilo y la terminología heideggerianos, si bien –creemos– respetando las intuiciones que éstos buscan alumbrar. Hemos pensado a Heidegger; en adelante, pensaremos desde él. La exposición independiente realizada nos permite esta licencia, pues hace posible que el lector juzgue la propiedad o impropiedad del uso que hagamos de la misma. Esta libertad se ordenará, por una parte, a la búsqueda de claridad en la exposición, pues consideramos que el lenguaje de Heidegger es, en ocasiones, excesivamente auto-referencial y hermético (en este sentido, y a su pesar, sigue ligado al subjetivismo característico del pensamiento filosófico occidental); y se ordenará, por otra parte, a posibilitar la unidad interna de nuestro discurso, al permitirnos poner el pensamiento de Heidegger en relación con un pensamiento tan diverso –en su modalidad y en sus formulaciones– como es la enseñanza advaita.
EL DIÁLOGO ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
Presenciamos el final de un período histórico y todo insta a un cambio radical de civilización. Como ha hecho ver Raimon Panikkar,1092 en la medida en que la filosofía, en su acepción más amplia, es el saber relativo a las cuestiones últimas (a la comprensión básica que el ser humano tiene de sí y de su relación con el mundo) constituye la raíz de toda cultura y habrá, por ello, de tener un lugar prioritario en la configuración del mundo por venir. Sin un cambio en este nivel, muchas de las reformas realizadas a otros niveles –económicos, políticos, etc.– serán a la larga fútiles o, incluso, perversas.1093 La filosofía, entendida como la actividad concerniente a la esfera última de la vida, es la raíz de toda civilización; y la filosofía comparada, o el diálogo entre el pensamiento de las distintas tradiciones, será necesariamente la raíz de la nueva civilización intercultural, de alcance planetario, que ya comienza a ser una realidad. De aquí la prioridad creciente que se está otorgando en distintos ámbitos (en particular, en el mundo académico) a los estudios que buscan contribuir a dicho diálogo y a la comprensión y enriquecimiento mutuo entre las diversas tradiciones de pensamiento.
Pero este diálogo, para que sea un diálogo real –con lo que éste implica de voluntad sincera de conocimiento y de comprensión mutua–, no ha de obedecer simplemente a una motivación estratégica: la de hacer posible el asentamiento armónico del nuevo mapa mundial. Como indicamos en la introducción, ha de partir de la toma de conciencia de que la dinámica externa de confluencia planetaria que es la exigencia de nuestro tiempo –y uno de cuyos principales móviles parece ser, pura y duramente, el económico– está reflejando una dinámica más profunda y sutil; una dinámica cuyo móvil, no siempre consciente, es el de solventar la necesidad interna, esencial e inapelable que están experimentando las grandes culturas (muy en particular, la polaridad cultural Oriente/Occidente) de cuestionar y ampliar sus respectivos horizontes de auto-comprensión, unos horizontes que, en el presente momento de su desarrollo histórico, se patentizan parciales e insuficientes.
Tanto Oriente como Occidente están tomando conciencia –y sólo en esta toma de conciencia radica la condición de posibilidad de un diálogo real entre ambos– de sus límites internos y de la incapacidad de sus respectivas auto-comprensiones del hombre y del mundo para constituirse, aisladamente, en el fundamento del nuevo mundo intercultural que se avecina. En el caso de Occidente, estos límites se evidencian en el agotamiento de los sistemas filosóficos y en su creciente inoperatividad o incapacidad de aplicación a la vida; agotamiento que tiene sus últimos signos en un academicismo estéril, residuo de un pasado de pensamiento ya caduco, y en el formalismo huero de parte del pensamiento postmoderno. Se manifiestan en el vacío espiritual y existencial; en la neurosis individual generada por la espiral consumista, la tiranía de los media con su culto a la información enajenante y la competitividad sin límites; en la pálida unidimensionalidad de un mundo dominado por la visión y la mentalidad técnicas; en los graves desequilibrios ecológicos; etc.
En el caso de Oriente, sus límites se han puesto de manifiesto al tener que asumir que –en expresión de Heidegger– «la europeización de la tierra es destino mundial», es decir, que el modo de pensamiento griego que ha posibilitado el despliegue científico-técnico moderno y la actual era cibernética está llamado a ser un paradigma y un despliegue de alcance planetario.1094 Más allá de toda opinión de valor al respecto, es un hecho que la dinámica de los tiempos ha forzado a Oriente a abrirse al modelo de desarrollo occidental en lo que está siendo una dinámica histórica irreversible. Este modelo está poniendo de manifiesto lo que eran claras deficiencias en sus modos de vida y está cuestionando lo que había sido un sostenimiento acrítico de ciertos tabúes sociales y culturales; pero, a su vez, está generando una infinidad de problemas al quebrar unos sistemas de vida orgánicos de delicado equilibrio, en los que es imposible alterar una parte (por ejemplo, la relativa a los medios de producción) sin amenazar dicho sistema de modo global con el caos y el desorden. El resultado: bolsas inmensas de pobreza ante la quiebra de sus sistemas autónomos (a pequeña escala) de autoabastecimiento y subsistencia; un número ingente de marginados: personas que, sin haberlo solicitado, deseado ni previsto, han sido exiliadas de sus modos de vida y nunca podrán adaptarse a la mentalidad que reclama el nuevo; la amenaza de que todo un pasado tradicional y una gran riqueza cultural, que difícilmente armoniza con el paradigma griego de pensamiento que sustenta el mundo técnico, sea destruido y olvidado; el peligro de que Oriente quede abocado a un mayor desequilibrio del que Occidente ya está evidenciando a ciertos niveles –mayor, pues asimilará en pocos años, es decir, de forma inmadura, lo que Occidente necesitó siglos para alumbrar y consolidar–; etc.
Ahora bien, estos límites y peligros no dejan de ser la otra cara de una posibilidad histórica única: la de que, a través de la toma de conciencia de los propios límites culturales y del diálogo sincero, se alumbre un nuevo paradigma de pensamiento y de vida que integre las riquezas de Oriente y Occidente, neutralizando en lo posible los problemas generados por lo que ya se está manifestando como su respectiva insostenible parcialidad, y que ponga las bases de una nueva civilización. Peligro y posibilidad van siempre de la mano y ni la evidencia de lo primero debe oscurecer la presencia de lo segundo ni viceversa.
* * *
Occidente se ha caracterizado por el desarrollo de «el sector racional por el que el hombre se adueña teórica y prácticamente del mundo» (K. Dürckheim),1095 por el desarrollo de la conciencia objetivadora y diversificadora. En Oriente, este énfasis en el “adueñamiento” del mundo no ha tenido lugar, y aquí radica una de las lecciones que ha de aprender –y ya está aprendiendo– de Occidente. De hecho, la avidez con que los países orientales están asimilando las ciencias, técnicas y modos de vida occidentales no debe interpretarse como una mera búsqueda de poder y de bienestar ligada a un creciente despertar de su instinto consumista, ni sólo como fruto de la fascinación que está ejerciendo sobre ellos el estilo de vida (the american way of life) que les ofrecen insistentemente los medios de comunicación y frente al que sus hábitos tradicionales pueden parecer inferiores u opacos. Aunque esto último, lamentablemente, no deje de ser cierto, una mirada más profunda advierte, detrás de esta asimilación de los modos de vida occidentales, y más allá de las manifestaciones caricaturescas que inevitablemente cualquier movimiento humano incipiente y a gran escala trae consigo, un impulso genuino: «la necesidad de desarrollar un sector del espíritu humano que había quedado descuidado y, sin cuya maduración , [no] se es hombre integral: el señalado sector racional con que el hombre se adueña teórica y prácticamente del mundo».1096
A su vez, sería inadecuado –por parcial– interpretar el interés creciente de muchos occidentales por las formas de espiritualidad, filosofías y cosmovisiones orientales como una mera moda más; como un anhelo delicuescente y regresivo de horizontes mágico/míticos, pre-racionales o alógicos, cuanto más recónditos y ajenos a los familiares mejor, provocado por el “desencantamiento” que el carácter desorbitado de la visión productiva, calculadora y funcional de Occidente está trayendo consigo; como una búsqueda de alternativas espirituales –con el encanto añadido que siempre posee lo exótico y novedoso– que puedan suplir el vacío ocasionado por la actual crisis de imagen del cristianismo oficial. Sin que esto deje de ser parcialmente cierto, y sin que quepa negar la dimensión también caricaturesca que muchas veces acompaña a la asimilación de un Oriente dudoso por muchos occidentales, una mirada más profunda sabrá ver en todo ello un impulso genuino hacia el equilibrio, un movimiento que busca incorporar (de forma más o menos lograda) una actitud y una visión descuidadas y olvidadas en Occidente, sin las que el ser humano tampoco es un ser humano integral: la visión unitaria e integradora que Oriente ha mantenido viva; el vértice en el que, más acá de todo posible enfrentamiento y de toda relación de adueñamiento, hombre y mundo, sujeto y objeto, hombre y verdad, pensamiento y Ser dejan de constituir una dualidad; un vértice intocable para el pensamiento racional o re-presentacional, pero absolutamente cierto para quien ha realizado cierta praxis existencial y ha logrado acallar en sí el afán de dominio. El alumbramiento de este vértice no-dual trae consigo, efectivamente, un “encantamiento” del mundo, pero éste ya no tiene un carácter arbitrario o caprichoso, ni es el falso fruto de un movimiento nostálgico o evasivo (que busca algo así como los paraísos de la infancia individual y cultural) ante la crudeza de la dinámica inevitable de las cosas. Todo lo contrario, es un des-velamiento de la naturaleza misma del mundo y del yo desde su fuente y más allá de los velos impuestos por los condicionamientos, proyecciones y deseos de una pseudo-madura subjetividad individual afirmada exclusivamente en y desde sí misma.
Occidente ha desarrollado sus mejores posibilidades en lo relativo al dominio científico-técnico del mundo, pero también ha mostrado sus límites en los efectos perversos que este desarrollo ha traído consigo y en la enajenación que el hombre occidental experimenta crecientemente al saberse él mismo también víctima u objeto ...

Índice

  1. Portadilla
  2. Créditos
  3. Dedicatoria
  4. Abreviaturas
  5. Sumario
  6. PRÓLOGO
  7. INTRODUCCIÓN
  8. I. NATURALEZA DEL YO EN ELVEDANTA ADVAITA
  9. II. LA ENTRONIZACIÓN DEL SUJETO O EL OLVIDO DEL SER
  10. III. LA DOCTRINA ADVAITA EN TORNO AL “YO” A LA LUZ DE LA CRÍTICA AL SUJETO DE HEIDEGGER
  11. NOTAS
  12. BIBLIOGRAFÍA

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