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Jesucristo, horizonte de esperanza (II)
Este libro está disponible para leerlo hasta el 14º enero, 2026
- 336 páginas
- Spanish
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Jesucristo, horizonte de esperanza (II)
Descripción del libro
Segunda parte de la cristología de un de los teólogos más importantes del siglo XX en España: Manuel Gesteira. En este volumen se recoge el paso que va de la vivencia de los primeros seguidores de Jesús al concepto que va dando forma al discurso teológico sobre Jesús, el Señor.Obra dirigida a estudiosos de la teología, en especial de la cristología, a cargo de un maestro en este campo del saber.
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Información
ISBN del libro electrónico
9788428825511Categoría
Teología y religiónCategoría
Teología sistemática y éticaPARTE TERCERA
LOS NOMBRES DE CRISTO
Y SU SIGNIFICADO TEOLÓGICO
1
JESUS EL PROFETA
1. Jesús el Rabbí (maestro de Israel)
La tradición evangélica conserva el nombre de rabbí aplicado a Jesús, por lo general en hebreo (aunque transliterado al griego), y en alguna ocasión traducido a este idioma como «maestro» (cf. Mt 23,10) 1. Este título es frecuente en Marcos y especialmente en Juan 2, algo menos en Mateo 3. Lucas nunca utiliza el término rabbí –sin duda porque se dirige a un público más amplio que el estrictamente judío–; en su lugar prefiere el apelativo griego epistatês (praeceptor traduce la Vulgata) 4.
Con mayor frecuencia hablan los evangelios, sobre todo los sinópticos, de Jesús como «maestro» (didaskalos), que puede responder al rabbí hebreo (aunque con unas connotaciones más amplias sugeridas por el ámbito y la cultura helénicas) 5. Sin embargo aparece también una cierta tendencia a sustituir el didaskalos por kyrios 6.
No sabemos si Jesús realizó «estudios de rabinato» (valga el anacronismo). Pero, en todo caso, la gente le reconoce como tal, pues en ocasiones le da este nombre. Y Jesús parece comportarse como un rabbí: va acompañado de discípulos, interviene en la sinagoga (cf. Lc 4,16), utiliza ejemplos o comparaciones y disputa y argumenta como los rabinos; en algún caso comenta las Escrituras (cf. Mc 2,26).
Sin embargo, Jesús desborda la actuación propia de los rabinos y la supera. En primer término por una interpretación nueva de la Ley, que no se reduce a un mero comentario de textos, sino realizada desde la fuerza de la palabra viva y actuante de Dios. De ahí que no solo proclame el perdón de Dios, sino que se atreva a otorgarlo en casos concretos 7. Además, para Jesús, la presencia viva y actuante de Dios y su palabra no quedan reducidas a la Escritura, sino que la desbordan y acaecen también en la creación y en la vida misma (parábolas), y sobre todo en la vida del propio Jesús, que anuncia de forma directa e inmediata la sabiduría y la voluntad de Dios. ¿Será quizá un profeta?
2. La esperanza de Israel en la venida de un profeta
a) La figura del profeta en el Antiguo Testamento
Cuando hablamos de «profeta» no entendemos hoy tanto el que habla «antes» –o el que «predice» cosas que van a suceder posteriormente– cuanto el que habla «ante» el pueblo, verbalizando la presencia y la actuación de Dios y convirtiéndola en interpelación viva y actual (cf. Am 3,7-8; 7,14-15; Jr 20,7-9). Aunque siempre hay un cierto componente de futuro en la actuación profética, pero que remite no tanto a hechos futuros más o menos próximos, sino al futuro último, definitivo, del reino de Dios. Así puede decirse que todo el caminar de Israel es una gran marcha «profética», de por sí orientada hacia la realidad de Dios como futuro definitivo del hombre y de la historia.
Pues bien, al final del Antiguo Testamento, después del exilio, se apaga la voz de los grandes profetas. «Ya no hay profetas, y nadie sabe hasta cuándo», es un clamor que se deja sentir en Israel en la época del judaísmo tardío 8. A la vez que surge la esperanza de un retorno de los antiguos profetas 9.
b) La figura del profeta en el Nuevo Testamento
Tanto en la literatura intertestamentaria como en la mentalidad de tiempos de Jesús se refleja la esperanza en un retorno de la profecía, de la palabra viva de Dios. Una esperanza que se despliega en una doble dirección: 1) por una parte, en la expectación de la venida de un profeta: uno más en la serie de los antiguos profetas; 2) por otra, en ciertos ámbitos prevalecía la esperanza de la pronta venida de el profeta último, escatológico. Este profeta sería, o bien la reencarnación definitiva de una única figura profética que había ido mostrándose en los anteriores profetas 10, o bien consistiría en el retorno final de una de las grandes figuras proféticas veterotestamentarias: Moisés o Elías «redivivos» (cf. Lc 9,7-8) 11.
La identificación del profeta último con Moisés derivaba de una cierta exégesis de Dt 18,15-19, donde se habla de la venida de un profeta como Moisés en cuya boca pondría Yahvé su palabra definitiva. Por otra parte, el retorno de Elías como último profeta antes del fin de los tiempos aparece reflejado en la tradición tardía veterotestamentaria (cf. Eclo 48,10-11; Mal 3,1-3 y 4,1-2.6) 12. En ciertas tradiciones populares, este profeta último era considerado como idéntico al Mesías; en otras como un personaje distinto 13.
3. ¿Fue Jesús de Nazaret un profeta?
a) La opinión del pueblo
Parece bastante claro que la gente tenía a Jesús por profeta. En ello coinciden tanto los sinópticos como Juan. Así el pueblo afirma que «es un profeta como los antiguos profetas» o «como uno de tantos profetas», es decir, uno más en la serie (Mt 16,14 y par. Mc 8,18; Lc 9,19), así como Mc 6,15 y par. Lc 9,8 (en este caso como «profeta redivivo» o resucitado). Por otra parte, la fórmula «un profeta» reaparece en Lc 7,16 («un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo») y 39 («si este fuera profeta conocería quién es la que le toca»); Mt 21,46 (los príncipes de los sacerdotes «temieron a la muchedumbre, que le tenía por profeta»). Mientras el cuarto evangelio coincide en este punto con los sinópticos: también la gente da a Jesús el nombre de profeta (así la samaritana: Jn 4,19, o el ciego de nacimiento: Jn 9,17). Sin duda, estos textos reflejan la opinión de los contemporáneos de Jesús, ya que la comunidad primera no dio a Jesús este nombre, por lo que no puede provenir de ella.
Por otra parte, en diversos ámbitos de la época se refleja asimismo la opinión popular que remite a «el profeta». De hecho, Jesús es comparado con Elías (Mc 6,14s y par. Lc 9,8, así como Mc 8,28 y par. de Mt 16,14 y Lc 9,19). El título de «el profeta» en boca de la gente aparece en Mt 21,11, así como dos veces en Juan (6,14 y 7,40: en el primer caso vinculado al Mesías «que ha de venir al mundo»; en el segundo como figuras distintas). A estos pasajes habría que añadir el de Jn 1,20-21, donde el Bautista rechaza para sí el título de «el profeta» o de Elías.
Sin embargo, el título de profeta nunca aparece de forma explícita en boca de los discípulos para designar a Jesús en ninguno de los evangelios (la única excepción serían los discípulos de Emaús, que hablan de Jesús –ya después de la resurrección– como «varón profeta, poderoso en obras y en palabras ante Dios y ante todo el pueblo» (Lc 24,19). ...
Índice
- Portadilla
- Parte segunda. La interpretación de Jesús
- Parte tercera. Los nombres de Cristo y su significado teológico
- Notas
- Contenido
- Créditos