La mente en meditación
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La mente en meditación

  1. 112 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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La mente en meditación

Descripción del libro

Desde los tiempos inmemoriales, el hombre se ha preguntado si existe algo inmutable y absoluto. Krishnamurti sostiene que para dar respuesta a esa pregunta, es imprescindible la meditación, es decir, la comprensión de la realidad, de lo que es y de lo que uno es.Más allá de las técnicas, prácticas y métodos hasta ahora conocidos La mente en meditación aporta un enfoque distinto sobre la meditación, que niega cualquier logro, propósito u objetivo que deba ser alcanzado por medio de la misma. Según el autor, mientras existe un meditador la meditación no tiene sentido; si hay un interés, ya sea conseguir paz interior, el silencio de la mente o detener el movimiento del pensamiento, meditar es tan sólo es una forma de evasión.

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Información

Año
2013
ISBN del libro electrónico
9788499882970
Edición
1
Categoría
Filosofía

1. HAY UN ORIGEN, UNA “BASE” INICIAL, DESDE LA CUAL SURGEN TODAS LAS COSAS

HAY UN ORIGEN, UNA “BASE” INICIAL, DESDE LA CUAL SURGEN TODAS LAS COSAS…

Es de enorme importancia conocer y comprender la profundidad y la belleza de la meditación.
Desde tiempos inmemoriales, el hombre siempre se ha planteado la pregunta de si existe algo más allá del pensamiento, más allá de las invenciones románticas y más allá del tiempo; siempre se ha preguntado, ¿existe algo más allá de todo este sufrimiento, más allá de todo este caos, más allá de las guerras, de la constante lucha entre los seres humanos? ¿Existe algo que sea inmutable, sagrado, absolutamente puro, no contaminado por ningún pensamiento ni por ninguna experiencia? Desde los tiempos antiguos, éste ha sido el interrogante de todas las personas serias. Para descubrirlo, para dar con eso, es imprescindible la meditación, pero no la meditación repetitiva que no tiene ningún sentido. Cuando la mente está libre de todo conflicto, de cualquier afán del pensamiento, entonces existe una energía creativa que es verdaderamente religiosa. Dar con esa energía que no tiene principio ni fin es la verdadera profundidad y belleza de la meditación, lo cual requiere libertad de todo condicionamiento.
La completa seguridad está en la inteligencia compasiva: una seguridad absoluta. Pero nosotros buscamos seguridad en las ideas, en las creencias, en los conceptos, en los ideales, nos aferramos a esas cosas, son nuestra seguridad, por falsas e irracionales que sean. Donde hay compasión con su inteligencia suprema hay seguridad, si lo que se busca es seguridad. En realidad, donde hay compasión, donde existe esa inteligencia, no hay problema de seguridad.
Así que hay un origen, una “base” inicial desde la cual surgen todas las cosas, y esa “base” inicial no es la palabra; la palabra nunca es la cosa. La meditación consiste en dar con esa “base” que es el origen de todas las cosas y que está libre de todo tiempo. Éste es el camino de la meditación, y bienaventurado es el que lo descubre.
8 de noviembre de 1981
La llama de la atención, págs. 42, 43 y 44

LA MEDITACIÓN ERA COMO ESE RÍO, SÓLO QUE NO TENÍA NI PRINCIPIO NI FIN…

Era realmente un río maravilloso, ancho, profundo, con muchas ciudades en sus márgenes, tan despreocupadamente libre y sin abandonarse jamás. Toda la vida estaba presente en sus orillas: verdes campos, florestas, casas solitarias, muerte, amor y destrucción; lo cruzaban largos y anchos puentes de graciosas formas y muy transitados. Otras corrientes y ríos se le unían, pero él era el río madre de todos los ríos, de los pequeños y de los grandes. Siempre llevaba un gran caudal, constantemente se purificaba a sí mismo y, al atardecer, era una bendición contemplarlo con el color intenso de las nubes oscuras y sus aguas doradas. Pero el lejano gotear en medio de aquellas gigantescas rocas que parecían congregarse para producirlo, era el principio de la vida y su final estaba más allá de sus orillas y de los mares.
La meditación era como ese río, sólo que no tenía ni principio ni fin, comenzaba y su final era su comienzo, no tenía causa y su movimiento era su renovación, siempre era nuevo, nunca acumulaba para llegar a viejo, jamás se contaminaba porque no tenía raíces en el tiempo. Es bueno meditar, sin imponer, sin hacer ningún esfuerzo, empezar gota a gota para ir más allá del tiempo y el espacio donde el pensamiento y el sentimiento no tienen acceso, donde no existe la experiencia.
Rajghat, Benarés, 18 de diciembre de 1961
Diario I, pág. 253

LA MEDITACIÓN ES UN MOVIMIENTO INTERNO DE LO DESCONOCIDO…

La meditación es un movimiento interno de lo desconocido. Uno no está allí, sólo hay movimiento, somos demasiado insignificantes o demasiado importantes para ese movimiento, el cual no tiene nada detrás ni delante, es esa energía que el pensamiento-materia no puede tocar. El pensamiento es perversión, porque es el resultado del ayer, está atrapado en la labor penosa de siglos y, por eso, resulta confuso, poco claro. Hagamos lo que hagamos, lo conocido no puede alcanzar lo desconocido, la meditación es morir para lo conocido.
Boletín de la KFA, 1969

SIN LA MEDITACIÓN EL CORAZÓN SE VUELVE UN DESIERTO…

El Sol ascendía en un cielo claro, uno no podía verlo porque se interponían muchas chimeneas, pero su resplandor llenaba el cielo; las flores en la pequeña terraza parecían cobrar vida y su color se volvió más brillante e intenso. Era una hermosa mañana, llena de luz, y el cielo se volvía de un azul maravilloso. La meditación incluía ese azul y esas flores, formaban parte de ella, se movían con ella, no eran una distracción. De hecho, no hay distracción porque la meditación no es concentración, la cual es exclusión, interrumpe, se resiste y, por tanto, genera conflicto. Una mente meditativa puede concentrarse, pero entonces no es una exclusión, una resistencia; sin embargo, una mente concentrada no puede meditar. Es curioso cuán importante se vuelve la meditación; no tiene principio ni fin, es como una gota de lluvia; en esa gota están todos los arroyos, los grandes ríos, los mares y las cascadas; esa gota alimenta la Tierra y al hombre; sin ella, la Tierra sería un desierto. Sin la meditación el corazón se vuelve un desierto, una tierra desolada. La meditación tiene su propio movimiento, uno no puede dirigirla, moldearla o forzarla, si uno lo hace deja de ser meditación. Este movimiento de la meditación cesa si uno es un mero observador, si uno es el que experimenta. La meditación es el movimiento que destruye al observador y al experimentador, es un movimiento que está más allá de todo símbolo, pensamiento y sentimiento; su rapidez no puede medirse.
París, 7 de septiembre de 1961
Diario I, pág. 102

LA MEDITACIÓN ES EL MOVIMIENTO DEL AMOR…

La meditación es una de las cosas más extraordinarias, y si uno no sabe lo que es la meditación, es como un ciego en un mundo de colores brillantes, de sombras y luz en movimiento. No es un asunto intelectual, sino que cuando el corazón penetra en la mente, la mente posee una cualidad muy distinta, entonces es realmente ilimitada, no sólo en su capacidad de pensar, de actuar eficazmente, sino también en el sentido de vivir en un vasto espacio en el que uno forma parte de todas las cosas.
La meditación es el movimiento del amor, pero no es el amor a uno o a muchos, es como el agua que uno puede beber de cualquier jarra, ya sea de oro o de barro, es inagotable. Y sucede algo peculiar que ninguna droga o autohipnosis puede producir, es como si la mente se adentrara en sí misma, empezando por la superficie y profundizando cada vez más hondo, hasta que “profundidad” y “altura” pierden su sentido y toda forma de medición cesa. En este estado hay completa paz, no el contento que se produce a través de la gratificación, sino una paz que posee orden, belleza e intensidad. Todo eso puede ser destruido, como se puede destruir una flor, y, no obstante, a causa de su misma vulnerabilidad es indestructible. Esta meditación no puede ser aprendida de otro, uno debe empezar sin saber nada al respecto y avanzar de inocencia en inocencia.
El terreno en el que la mente meditativa puede empezar es el de la lucha, el dolor y la dicha pasajera de la vida diaria, ahí debe empezar, estableciendo orden, y, a partir de ahí, moverse sin fin. Pero si lo único que le preocupa es producir orden, entonces ese mismo orden generará su propia limitación y la mente será su prisionera. De alguna manera, en todo este movimiento uno debe comenzar por el otro extremo, por la otra orilla, y no estar siempre preocupado por esta orilla o el modo de cruzar el río. Uno debe tirarse al agua sin saber nadar y la belleza de la meditación es que uno nunca sabe dónde se encuentra, adónde va o cuál es el fin.
Extractos, 1969
Meditaciones, págs. 22 y 23

2. LA MEDITACIÓN TRADICIONAL

CON LO QUE EMPEZAMOS ES TAMBIÉN CON LO QUE TERMINAMOS…

Interlocutor: ¿Qué sistema de meditación debería seguir?
Krishnamurti: Cuando empiece a practicar tendrá a la vez el principio y el final de esa práctica, es decir, con lo que empezamos es también con lo que terminamos, el principio es el final. Si practico, si copio, terminaré por ser un imitador, una máquina repitiendo; si mi mente sólo es capaz de repetir, de practicar día tras día cierto método, de seguir cierto sistema, al final la mente no hace más que copiar, imitar y repetir. Sin lugar a dudas esto es obvio, ¿no es cierto? Por tanto, en el mismo principio ya he fijado el curso que la mente deberá seguir, pero si no lo entiendo al principio no lo comprenderé al final. Eso es una verdad evidente.
De manera que he descubierto que el final está al principio. Los sistemas que dependen de promesas, de placer, de recompensas o castigos, vuelven a la mente mecánica, estúpida y embotada. Si al principio no hay libertad, es evidente que tampoco habrá libertad al final. El principio es lo más importante.
Chennai, 10 de febrero de 1952
12ª charla pública

UN SISTEMA DE MEDITACIÓN NO ES MEDITACIÓN…

Un sistema de meditación no es meditación; un sistema implica un método que se practica con el propósito de lograr algo al final; si practicamos cualquier cosa una y otra vez se vuelve algo mecánico, ¿no es así? ¿Cómo puede estar libre para observar y aprender una mente mecánica que ha sido entrenada, deformada y torturada a fin de ajustarse al modelo de lo que llama meditación, esperando alcanzar una recompensa al final?
Hay varias escuelas en la India y el Extremo Oriente donde enseñan métodos de meditación, lo cual es en realidad espantoso. Significa entrenar la mente de forma mecánica y, por tanto, la mente deja de ser libre y no comprende el problema.
De forma que cuando utilizamos la palabra “meditación”, no nos referimos a algo que hay que practicar, no tenemos método alguno. La meditación significa ser consciente, darse cuenta de lo que uno está haciendo, de lo que está pensando, de lo que está sintiendo, darse cuenta sin opción alguna, observar y aprender. Meditar significa ser consciente del propio condicionamiento –cómo ha sido condicionado por la sociedad en la que vive, en la que se ha educado, por la propaganda religiosa–, ser consciente sin elección alguna, sin distorsión, sin desear ser diferente. De ese darse cuenta surge la atención, la capacidad de estar completamente atento, entonces hay libertad para ver las cosas como realmente son; sin distorsión, la mente se vuelve lúcida, clara y sensible. Una meditación así genera una cualidad en la mente que permanece en completo silencio. Uno puede seguir hablando de esa cualidad, pero no tiene ningún sentido a menos que sea un hecho.
Roma, 21 de octubre de 1970
Más allá de la violencia, págs. 187 y 188

LA CONCENTRACIÓN NO CONDUCE A LA DICHA DE LA MEDITACIÓN…

Vamos a establecer una diferencia entre la concentración y la meditación. Cuando hablamos de meditación, la mayoría de nosotros pensamos en aprender tan sólo un truco para concentrarnos, pero la concentración no conduce a la dicha de la meditación. Examinen lo que sucede con lo que normalmente llaman meditación, no es más que un proceso de entrenar la mente para concentrarse en un determinado objeto o idea; se excluyen de ella el resto de pensamientos o imágenes, menos el que se ha elegido deliberadamente, intentando dirigir la mente hacia esa única idea, imagen o palabra. Ahora bien, esto sólo es la contracción del pensamiento, la limitación del pensamiento, y cuando otros pensamientos surgen durante este proceso de contracción los descartan, los dejan de lado; por tanto, la mente se vuelve cada vez más restringida, cada vez menos flexible, cada vez menos libre.
¿Por qué quieren concentrarse...

Índice

  1. Cubierta
  2. Portada
  3. Créditos
  4. Epígrafe
  5. Sumario
  6. Prólogo
  7. Hablar juntos de las cosas como dos amigos…
  8. 1. Hay un origen, una “base” inicial, desde la cual surgen todas las cosas
  9. 2. La meditación tradicional
  10. 3. Regresar de nuevo a la meditación
  11. 4. Sugerencias para los jóvenes
  12. 5. Si nuestra “casa” no está en orden…
  13. 6. En la vida diaria
  14. 7. La naturaleza
  15. 8. El meditador
  16. 9. El silencio, el espacio y lo eterno
  17. 10. “Lo otro”
  18. 11. Una luz para sí mismo
  19. 12. La “base”
  20. 13. Unas breves citas
  21. Bibliografía
  22. Fundaciones
  23. Contracubierta