
- 150 páginas
- Spanish
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Descripción del libro
Desde que la serpiente logró con sus artimañas que Eva sucumbiera a ella en el Paraíso y arrastrara también a Adán, el problema de la tentación, entendida como deseo o estímulo irresistible de hacer o conseguir algo prohibido, ha sido un constante problema para el ser humano, y a su vez, origen y causa de la casi totalidad de infortunios y calamidades provocadas que han malogrado la estirpe de Adán desde que fuera expulsada del Edén. En el plano espiritual, la tentación constituye la principal preocupación del creyente. Ha sido redimido en Cristo, sus pecados lavados en el manantial de la Cruz; pero también llamado a partir de ahora a vivir una vida santa, lo que le plantea un reto descomunal: ¿Cómo resistir la tentación? Siendo que viene disfrazada con todo tipo de trucos y argucias, cual la serpiente en el Paraíso, es crucial saber identificarla y distinguirla. Y una vez identificada ¿cómo resistirla? Contestar a estas preguntas es el objetivo del teólogo suizo Alfred Kuen en este sencillo libro de divulgación, sin pretensiones académicas, escrito para el gran público en un lenguaje claro y comprensible, pero que será bienvenido por el gran público. Aclara muchos conceptos oscuros y confusos, con lo que contribuirá, sin duda, a equilibrar la mente de muchos miles de creyentes y reforzar sus defensas espirituales.
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Información
Categoría
Theology & ReligionCategoría
Christian MinistryCapítulo 1
Tentaciones y pruebas
¿Qué es una tentación?
El diccionario la define como “una atracción hacia algo prohibido, un movimiento interior que incita al hombre al mal”. Entre las palabras relacionadas encontramos: deseo, atracción, ganas... Es una ocasión que se nos presenta para realizar algo que sabemos que es malo, pero que nos promete un placer: mentir, vengarse, emborracharse... Los ejemplos que vamos a estudiar en los capítulos de la sección siguiente: “En el cementerio de los náufragos” nos mostrarán la gran variedad de formas que toma la tentación.
Todo placer legítimo puede convertirse en una ocasión de tentación cuando se nos presenta fuera del marco ideado por Dios (una relación sexual fuera del matrimonio) o en unas proporciones exageradas (comer, beber, leer, mirar la tele, jugar en el ordenador...). Por otra parte, lo que es bueno para alguien puede resultar ser una tentación para otro: comer una fruta con un alto nivel de azúcar es una tentación a la que debe resistir un diabético; un ex-alcohólico rechazará el vaso de vino que otro podrá beber sin problema. Pasa lo mismo con todas las dependencias: droga, juego, pornografía...
La tentación puede también manifestarse únicamente en la esfera mental. Pr. 24:9 dice que “el pensamiento del necio es pecado”, lo que podemos entender como las ganas de hacer locuras (actos reprensibles). Jesús dijo que la mirada de deseo dirigida hacia una mujer equivale a un adulterio, Mt. 5:28, y el apóstol Juan apunta que el que odia es tan culpable como el asesino, 1 Jn. 3:15. Albergar pensamientos culpables puede llevar a cometer actos culpables, pero el pensamiento en sí ya es reprensible. Si se me presenta semejante pensamiento, debo rechazarlo, pues resulta ser una tentación.
“El corazón del hombre se da a conocer en la tentación... Siendo tentado, el hombre conoce su corazón”, decía Dietrich Bonhoefer. Efectivamente, lo que nos tienta revela en nosotros una necesidad no satisfecha – quizás desde nuestra tierna infancia. Para alguien, se tratará de ternura, para otro, de poseer cosas, dinero para comprarlas, o el poder. Oswald Chambers dice que “las disposiciones interiores de la personalidad de alguien determina lo que le tienta desde fuera. La tentación pone a la luz las potencialidades de nuestra naturaleza”. Una tentación a la que hemos sucumbido es prueba que la razón por la que no hemos pecado antes debía ser la vergüenza o la timidez.
La tentación siempre nos ataca en nuestro punto de mayor vulnerabilidad.
En nuestro mundo actual, tentación equivale a: experiencia sexual. En Internet, el primer sitio bajo este mismo nombre propone un “club libertino de intercambio de parejas”. “La isla de la tentación” es un programa para parejas dispuestas a entrar en este juego. Así que, podemos entender que para personas que no se sientan atadas por normas éticas, “la mejor manera de resistir a la tentación es ceder a la tentación” y que “ningún recuerdo de nuestra memoria deja mayor insatisfacción que una tentación a la que hemos resistido” (James Branch Cabell) o como lo decía Oscar Wilde: “Puedo resistir a todo menos a la tentación”. Dado que, para ellos, la aventura sentimental (=sexual) es positiva.
¿Tentación o prueba?
La tentación es una incitación al mal a la que se trata de resistir, la prueba es un test sobre nuestras capacidades (las pruebas de selectividad) que puede tener resultados positivos. “Que nadie, ante la tentación, diga: ‘Es Dios quien me tienta.’ Porque Dios no puede ser tentado por el mal y él no tienta a nadie” Stg. 1:13, pero probó a Abraham, Gn. 22:1.
Las palabras griegas que designan la tentación y la prueba derivan de la raíz peira: intento, prueba. El sustantivo peirasmos quiere decir: el examen o la tentación; el verbo peirazô: probar. La traducción griega del Antiguo Testamento emplea este verbo para ‘tentar a Dios’: ponerle a prueba, BS: retarle, querer forzarle la mano (p. ej. Sal. 78:41: “Nuevamente, retaban a Dios y entristecían el Santo de Israel”).
El Nuevo Testamento emplea 36 veces el verbo tentar (12 de las cuales se encuentra en los Evangelios, en la tentación de Jesús), y 21 veces el sustantivo que puede traducirse por ‘tentación’ (“Cuando el diablo terminó de someterle a todo tipo de tentaciones, se alejó de él hasta el tiempo fijado.”BS) o ‘prueba’: “‘La semilla que cae sobre las piedras’ se refiere a los que oyen la Palabra y la aceptan con gozo; pero, como no le dejan echar raíces en ellos, su fe es pasajera. Cuando viene la prueba, abandonan todo” Lc. 8:13 BS. Según las versiones, encontramos esta palabra en un mismo pasaje traducido a veces por tentación o por prueba. Al final de su vida, Jesús dijo a sus discípulos: “Os habéis quedado fielmente conmigo durante mis pruebas” Lc. 22:28 BS. Darby traduce: “Pero vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis tentaciones”.
Satanás puede emplear cualquier cosa para incitar al hombre a pecar: incluso la ausencia de relaciones matrimoniales: “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia (por vuestra incapacidad para dominar vuestros instintos BS)” 1 Co. 7:5. La inmadurez de los recién convertidos puede también ser un medio. Pablo escribe a los Tesalonicenses: “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano” 1 Ts. 3:5. Jesús fue sometido a pruebas durante todo su ministerio: “Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle (BS: para tenderle una trampa), si era lícito al marido repudiar a su mujer” Mc. 10:2. “Más él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? (BS: ¿Por qué me tendéis una trampa?) Traedme la moneda para que la vea” Mc. 12:15. “Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo para probarle (BS: para tenderle una trampa): Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Lc. 10:25; cf. Jn. 8:6.
“Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que están tentados” Heb. 2:18; “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin (BS: cometer) pecado” Heb. 4:15.
Toda tentación es también una prueba y toda prueba puede ser considerada como tentación. Si los hombres que sucumbieron a lo largo de siglos hubieran resistido, esto les habría acercado a Dios y fortalecido para resistir a los ataques del Enemigo en estas mismas áreas.
Jesús nos pide que empleemos la oración para luchar contra la tentación: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil (BS: el espíritu del hombre está lleno de buena voluntad, pero la naturaleza humana es muy débil)” Mt. 26:41. En la oración modélica que Jesús enseñó a sus discípulos, les hace pedir a Dios: “guárdanos de ceder a la tentación”. “Y no nos metas en tentación”.
“No nos metas en tentación”
Esta traducción habitual de la sexta petición del Padrenuestro plantea un problema: ¿cómo conciliar dicha petición con la afirmación de la carta de Santiago?: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido (BS: son los malos deseos que llevamos dentro los que nos atraen y nos seducen). Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” Stg. 1:13-15.
J. Ellul dice que “la famosa traducción: ‘No nos metas en tentación’ o ‘no nos sometas a la tentación’ es absurda” (Si tu es le Fils de Dieu - Si eres el Hijo de Dios - p.17).
La traducción que hace la Bible du Semeur (Biblia del Sembrador): “Guárdanos de ceder a la tentación”, implica que:
- Podemos ceder a ella; la tendencia al mal está siempre en nosotros. Seremos liberados de la ‘carne’ y del ‘viejo hombre’ sólo cuando estemos en la presencia de Cristo, es decir después de nuestra muerte.
- Somos conscientes del hecho de que no tenemos en nosotros la fuerza para resistirla; por lo tanto acudimos a Dios.
- Él puede guardarnos para que no cedamos.
- La tentación es una fuerza exterior que nos atrae, a la que podemos ceder o resistir. Finalmente nuestro Yo decidirá.
- ¿Por qué ceder? Porque me atrae el placer; me da la gana; me cansa resistir. ¿Por qué siempre privarme? ¡Los demás no tienen tantos escrúpulos! No soy Don Quijote que nunca conoció los placeres de la vida ¡Sólo se vive una vez!
- ¿Por qué negarse a ceder? Porque soy cristiano y como tal tengo un Amo que condena lo que tengo ganas de hacer, llamándolo ‘pecado’. José dio a la mujer de Potifar la siguiente razón para explicar su rechazo: “¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?” Gn. 39:9.
- Puedo también imaginarme todas las consecuencias negativas que acaecerían si cediera a la tentación. David cedió. Dios le perdonó, pero no le libró de las consecuencias de su pecado en su familia y en su oficio como rey.
El mecanismo de la tentación
En su carta, Santiago nos presenta el mecanismo de la tentación, Stg. 1:13-15. Cuatro etapas conducen desde la tentación hasta la muerte:
- La tentación se acerca a nosotros. El pecado que habita en nosotros, Ro. 7:20, nuestra “carne”, Gl. 5:16-17 excita nuestros “malos deseos”. La palabra utilizada aquí para deseo puede también tener un sentido positivo (p.ej. 1 Ti. 3:1). Pero aquí, se trata de la “codicia o concupiscencia de la carne” (“los deseos del hombre abandonado a su suerte” –NdT. Lit. ‘entregado a sí mismo’. Ro. 13:14); “el hombre abandonado a su suerte con sus pasiones y sus deseos” Gl. 5:24; “los deseos totalmente humanos” a través de los cuales el diablo puede “seducir mediante el atractivo de la sensualidad” 2 P. 2:18; “Los malos deseos que animan la sed del hombre, abandonado a su suerte, a poseer lo que atrae a su mirada, y el orgullo transmitido por la adquisición de bienes materiales” 1 Jn. 2:16. En Stg. 1:14, la imagen procede del mundo de la pesca que Santiago conocía bien: el pez es atraído por el cebo, gira alrededor de él, lo examina y no ve el hilo al que va atado. Muerde – y goza por cierto un poco del gusano atado al anzuelo. De momento, no siente todavía ninguna manifestación desagradable de su mordedura. Es cuando el pescador lo engancha que se verá arrastrado contra su voluntad hacia su fatal destino. Cuanto antes mejor.
- En el v.15, cambia la imagen: el pecado será el fruto de una unión ilícita entre nosotros y el “deseo malo que llevamos en nosotros”. Como un hombre atraído por una prostituta, que cede finalmente a sus encantos y se une a ella, así el que cede a la tentación se une al deseo malo. La imagen muestra claramente que la decisión es tomada por el que consiente, con plena responsabilidad, al deseo malo, puesto que “Dios no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que ...
Índice
- Introducción
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Conclusión
- Créditos
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