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LA INTERIORIDAD
COMO PARADIGMA EDUCATIVO.
ESTADO DE LA CUESTIÓN
ELENA ANDRÉS SUÁREZ
1. Una anotación previa
En la segunda anotación de los Ejercicios espirituales, san Ignacio aconseja que el ejercitante no discurra mucho, «porque no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gozar de las cosas internamente».
Deseo que este análisis, más que apuntar hacia el discurrir muchos datos estadísticos, nos acerque más bien al sentir y gustar internamente todo lo que tiene que ver con la EI, y ello porque deseo mantenerme fiel al espíritu que animó y sigue animando este camino de búsqueda y creación que en mi caso dura ya quince años.
Quizá dentro de no mucho tiempo podamos disponer de un fondo de datos lo suficientemente amplio que permita añadir a lo que aquí expondremos cifras que faciliten una lectura más científica de los niveles de aplicación y fiabilidad de la EI en las escuelas españolas 1. En este momento, los datos a los que podemos tener acceso nos hablan de un camino pedagógico en construcción. Ciertamente, los centros que más tiempo llevan aplicando en el aula los contenidos y metodología de la EI no pasan de los cinco años de andadura. Evidentemente me refiero a los proyectos que conozco y que tienen objetivos, contenidos y metodologías que personalmente sí califico como EI. Sin embargo, no hemos de olvidar que en España hay centros que desde hace veintidós años, como el colegio Montserrat, de Barcelona, llevan proponiendo y aplicando pedagogías que tienen mucho que ver con lo que hoy denominamos EI. No obstante, en este momento no disponemos de esas cifras científicamente contrastadas; así que acudiré al «cifrado y estadísticas del corazón», ejercitándome en re-cordar –volver a pasar por el corazón– y hacer memoria de algo que se ha ido gestando en lugares diferentes, junto a un gran número de personas y atravesando distintas fases.
No quisiera convertir esta aportación en una confidencia personal, pero tampoco puedo evitar en este «gustar internamente» algo que ha marcado mi vida y la sigue animando, conmoviendo, impeliendo hacia adelante y configurando mis opciones: comprobar cómo lo primerísimo que acude a la memoria del corazón son rostros de personas, nombres y apellidos, conversaciones, confidencias y sueños compartidos. De corazón deseo que todos aquellos –hombres y mujeres– que han acompañado mi camino en estos años, facilitándome los mejores medios para trabajar, para formar a educadores, para mejorar la propuesta, todos aquellos que incluso se han convertido en amigos, sepan que, sin nombrarlos, lo estoy haciendo. Mucho de lo que hoy puedo decir sobre la EI y su aplicación en los colegios españoles es deudor de todos ellos.
2. Punto de partida: certificando una mayor complejidad
Como hace unos años apuntó Javier Elzo 2, estamos ante una mutación histórica, mutación que comenzó en el último cuarto del siglo pasado y que continúa manifestando su evolución en lo que llevamos de este siglo. Este concepto de «mutación» también es utilizado por el gran epistemólogo español y director del Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas de Barcelona (CETR), Marià Corbí, que apunta hacia el hecho de que la sociedad que nos ha tocado vivir padece una de las mutaciones más profundas de la historia humana 3. Creo que aludir a la «mutación» social resulta central para entender el porqué del auge de la presencia de la EI en los colegios españoles y de otras propuestas de la misma raíz.
Para quien se interesa por profundizar en las claves de la configuración de nuestras sociedades occidentales no resulta ya nuevo aquello de que «no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época».
Cambio de época que tiene como una de sus características peculiares lo que Zygmunt Bauman denominó en 2007 como el pensamiento líquido, que da origen a sociedades líquidas.
Durante siglos, las estructuras sociales se mantuvieron estables; los límites y estándares instaurados por las mismas eran inalterables y hasta cierto punto también incuestionables. La sociedad occidental estaba compuesta por instituciones rígidas donde se valoraba lo perdurable, la unión, la tradición y la capacidad de comprometerse a largo plazo. Instituciones sociales como el matrimonio y la familia estaban creadas a partir de moldes que no dejaban lugar para la improvisación. Precisamente por la rigidez de las instituciones sociales y por la naturaleza de los valores que se enaltecían es por lo que el sociólogo Zygmunt Bauman califica a esa época como la modernidad sólida. La modernidad sólida y sus múltiples características parecen tan lejanas de la actualidad, donde lo característico es precisamente lo contrario: lo efímero, lo mutable y lo impredecible 4.
Este estado «líquido», que tiene mucho de caleidoscópico y de mezcla, está presente también en las pedagogías educativas, que
ya no solo se fundamentan en pensadores, referentes como antaño, sino que entran de lleno los mass media a través sobre todo de Internet y de las redes sociales, en este caso las educativas, en las que se generan complicidades y compromisos. Son redes que comparten una identidad pedagógica y que a su vez se diluyen en el colectivo educativo y su entorno (Carbonell, 2015). Así nos encontramos hoy con la presencia de pedagogías alternativas, sistémicas, lentas, no directivas, positivas, inclusivas, propias de las inteligencias múltiples, de trabajo cooperativo, por proyectos, el aprendizaje-servicio, etc., de las que podemos encontrar miles de páginas web, intercambios, con colaboraciones, recursos ...