Conversaciones sobre psicosomatología contiene los diálogos surgidos, entre sus autores, acerca de los temas desarrollados en un libro anterior (Sí, pero no de esa manera. Los fundamentos de la psicosomatología, de Luis Chiozza). Su contenido gira en torno de un modo de concebir la relación entre psiquis y soma, que surge con claridad de algunas afirmaciones de Freud, cuando, en 1938, en Londres, acercándose al final de su vida, se propone "reunir los principios del psicoanálisis y exponerlos, por así decir, dogmáticamente —de la manera más concisa y en los términos más inequívocos". Allí rechaza, con énfasis, el dualismo cartesiano, que equipara lo psíquico con la consciencia y lo somático con lo inconsciente.El libro lleva como título principal dos preguntas que configuran una clave en la obra de Victor von Weizsaecker, ¿Por qué allí? ¿Por qué ahora? Se apunta con ellas a lo que suele llamarse "la localización y el momento de la enfermedad", dado que ambas constituyen, sin duda, una incógnita que no siempre se resuelve y que la exploración de las motivaciones inconscientes contribuye a esclarecer.

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¿Por qué allí? ¿Por qué ahora?
Conversaciones sobre psicosomatología
- 240 páginas
- Spanish
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Descripción del libro
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Clinical PsychologyEnrique Racker escribe que un viejo sabio chino que había perdido sus perlas mandó sus ojos a buscarlas y sus ojos no las encontraron. Mandó entonces sus manos, sus oídos, y todos sus sentidos, pero ninguno de ellos pudo. Por fin mandó su no buscar… y su no buscar encontró sus perlas.
Dedicamos este libro a los seres humanos que, de algún modo,
se encuentran…
se encuentran…
Prólogo
Hace varios años, me encontré en una encrucijada al tener que decidir dónde formarme como psicoanalista. Despegué en Moscú y aterricé en Buenos Aires. Una de las primeras cosas que hice al llegar fue comprar las obras completas de Freud en castellano y varios libros de un autor argentino que encontré en los estantes de la misma librería. En aquel entonces, tanto la temática que abordaba como la cantidad de libros que había escrito llamaron mi atención. Era Luis Chiozza.
Trece años después, tuve la suerte de conocerlo y pude comprobar una vez más que, según creemos los rusos, la primera impresión acerca de algo, o de alguien, es la más “exacta”. Podría resumir lo que me ha impactado de su personalidad, desde nuestros primeros encuentros, en una frase: el pensamiento de Chiozza es lo que él es. Auténtico, profundo, conmovedor.
A partir de su generosa propuesta de trabajar juntos, el contacto personal me permitió comprender mejor sus ideas y profundizar en el estudio del psicoanálisis. Y, además, se abrió para mí la oportunidad, muy valiosa, de difundir su concepción del psicoanálisis en mi país de origen.
Conversando sobre el “proyecto ruso”, se hizo evidente la necesidad de elaborar una especie de síntesis de su pensamiento psicoanalítico. Así nació la idea de Sí, pero no de esa manera, que publicó en agosto de este mismo año y que se acerca a lo que podría considerarse un “libro de texto”.
Mientras Luis lo escribía, y leíamos juntos cada capítulo nuevo, surgió la idea de presentar sus contenidos en forma de diálogo y, quizás, de un modo más “amigable”, en otro libro, escrito con mayor soltura, que podría dar lugar a un acercamiento distinto con el lector.
Luego de grabar nuestras “conversaciones sobre psicosomatología”, las escuchamos y las corregimos para suprimir repeticiones inútiles, aclarar mejor algunos conceptos y organizarlas en los capítulos que forman el libro que hoy publicamos.
Siempre me generó mucha intriga, desde el principio de mi formación en psicoanálisis, que Chiozza fuera un autor frente al cual, dentro de la comunidad psicoanalítica, nadie permanecía indiferente. Junto a colegas que leían, valoraban y difundían su pensamiento, otros desestimaban completamente su obra, pero de un modo muy particular. Mientras algunos manifestaban su desacuerdo sin explicar jamás sus fundamentos (se solía escuchar, a lo sumo, “no estoy de acuerdo con la fantasía específica”), otros repetían sus ideas, muchas veces de manera incompleta, evitando cuidadosamente nombrarlo. Por fin, descubrí, con sorpresa, que Luis Chiozza integraba la galería de los autores que una gran cantidad de personas critica sin haberlos leído.
Entre los que entienden y valoran sus aportes, uno de ellos, Marco Aurelio Andrade, mi analista didáctico, fue quien me estimuló para que, finalmente, volviendo sobre mi intuición primera, decidiera acercarme a la obra del autor que hace trece años despertó mi interés.
Sólo en la obra de Chiozza pude encontrar una concepción que permite comprender lo indivisible de la unidad psicosomática del ser humano y que, además, aporta importantes recursos para el abordaje clínico de lo que llamamos “enfermedades del cuerpo”. Pude comprender, también, de dónde deriva la originalidad de su enfoque. La concepción chiozziana del psicoanálisis, que coincide con lo que denominó psicosomatología, surgió de los postulados freudianos que culminan en sus afirmaciones de 1938, cuando formula la segunda hipótesis.
El interés que despierta la psicosomatología que Chiozza plantea ha ido creciendo de manera continua y sostenida a través de los años, hasta el punto de constituir una escuela, y se ha difundido, además, en muchos países, en algunos de los cuales se han abierto centros que prosiguen con esos desarrollos.
El hecho de que, entre todos sus libros, este sea el primero que se editará en Rusia, y el primero que traduciré a mi idioma materno, me conmueve especialmente.
Oxana Nikitina
Octubre de 2018
Acerca de lo que el libro contiene
La idea central en la que se originan los pensamientos que aquí exponemos gira en torno de un modo de concebir la relación entre psiquis y soma, que surge con claridad de algunas afirmaciones de Freud, cuando, en 1938, poco después de su arribo a Londres, rechaza enfáticamente el dualismo cartesiano, que equipara lo psíquico con la consciencia y lo somático con lo inconsciente. A pesar de que esas afirmaciones fueron expresadas, de manera rotunda y categórica, por el creador del psicoanálisis, suelen permanecer ignoradas por la enorme mayoría de los colegas que integran la comunidad psicoanalítica.
En “Algunas lecciones elementales sobre psicoanálisis” (publicadas, junto con el “Esquema del psicoanálisis”, en 1940 después de su muerte), ocupándose de la naturaleza de lo psíquico, escribe algunos párrafos muy importantes, que citaremos textualmente. Quedarán incluidos, muy poco después, en “Esquema del psicoanálisis”, un ensayo acerca del cual Strachey (traducido por Etcheverry) dirá que “no es una obra para novatos, sino más bien un ‘curso de repaso’ para estudiantes avanzados”.
En un pequeño prólogo (al “Esquema del psicoanálisis”), Freud aclara que lo anima el propósito de “reunir los principios del psicoanálisis y exponerlos, por así decir, dogmáticamente —de la manera más concisa y en los términos más inequívocos”. Strachey agrega (siempre en versión de Etcheverry) que “tal vez en ningún otro sitio alcanza su estilo un nivel más alto de compendiosidad y claridad. Por su tono expositivo, la obra nos trasmite una sensación de libertad, que es quizá lo que cabía esperar de un maestro como él al presentar por última vez las ideas de las que fue creador”.
Escribe, entonces (en “Algunas lecciones elementales sobre psicoanálisis”):
La equiparación de lo anímico con lo consciente producía la insatisfactoria consecuencia de desgarrar los procesos psíquicos del nexo del acontecer universal, y así contraponerlos, como algo ajeno, a todo lo otro. Pero esto no era aceptable, pues no se podía ignorar por largo tiempo que los fenómenos psíquicos dependen en alto grado de influjos corporales y a su vez ejercen los más intensos efectos sobre procesos somáticos. Si el pensar humano ha entrado alguna vez en un callejón sin salida es este. Para hallar una salida, los filósofos debieron por lo menos adoptar el supuesto de que existían procesos orgánicos paralelos a los psíquicos conscientes, ordenados con respecto a ellos de una manera difícil de explicar, que, según se suponía, mediaban la acción recíproca entre “cuerpo y alma” y reinsertaban lo psíquico dentro de la ensambladura de la vida. Pero esta solución seguía siendo insatisfactoria.
El psicoanálisis se sustrajo de estas dificultades contradiciendo con energía la igualación de lo psíquico con lo consciente. No; la condición de consciente no puede ser la esencia de lo psíquico, sólo es una cualidad suya, y por añadidura una cualidad inconstante, más a menudo ausente que presente.
Más adelante, añade:
Todavía tenemos que defendernos de una objeción. Ella nos dice que, a pesar de los hechos mencionados, no es necesario resignar la identidad de lo consciente con lo psíquico. Y que los llamados procesos psíquicos inconscientes serían, justamente, los procesos orgánicos paralelos de lo anímico, hace mucho admitidos. Es verdad que esto reduciría nuestro problema a una cuestión de definición en apariencia indiferente. He aquí nuestra respuesta: sería injustificado, y muy inadecuado, destruir la unidad de la vida anímica en aras de una definición, cuando nosotros vemos, al contrario, que la consciencia sólo puede brindarnos unas series incompletas y lagunosas de fenómenos. Y, por otra parte, difícilmente se deba al azar que sólo tras el cambio en la definición de lo psíquico se volviera posible crear una teoría abarcadora y coherente de la vida anímica.
Poco después (en “Esquema del psicoanálisis”), expondrá lo que considera el segundo supuesto fundamental del psicoanálisis, declarando que es necesario poner el acento sobre esos presuntos concomitantes somáticos, reconocer en ellos lo psíquico genuino y buscar una apreciación diversa para los procesos conscientes.
La manera explícita, exenta de vacilaciones ambivalentes, con la que Freud, terminando la trayectoria de su vida, renunció en forma definitiva al dualismo cartesiano nos permite afirmar que ese, su modo de entender el psicoanálisis, presente en los Estudios sobre histeria (que publicó con Breuer), al que se adhirió, por fin, sin titubeos, constituye uno de los fundamentos principales de la psicosomatología en la que apoyamos numerosas investigaciones y una parte esencial de los pensamientos que en este libro exponemos. Cabe agregar que se trata, además, de una psicosomatología que, trascendiendo el campo de la medicina, e iluminando el territorio de la biología, fecunda el pensamiento filosófico de los seres humanos.
Nuestras “Conversaciones sobre psicosomatología” llevan como título principal dos preguntas que configuran una clave en la obra de Victor von Weizsaecker, ¿Por qué allí? ¿Por qué ahora? Apuntamos con ellas a lo que suele llamarse “la localización y el momento de la enfermedad”, y lo hacemos porque ambas constituyen, sin duda, una incógnita que la medicina no siempre resuelve y que se agiganta, hasta ocupar ...
Índice
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