Rafael Heliodoro Valle, destacado intelectual hondureño y mexicano, presenta en estas páginas el retrato histórico de quien fuera un importante actor de las conquistas de Cuba, México, Michoacán y Honduras.

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Semblanza de Cristóbal de Olid
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Información
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HistoriaCategoría
Biografías históricasLa conquista de Michoacán
…entonces Tzintzicha —llamado
despectivamente por
los mexicanos Caltzoncín,
“sandalia vieja”— gobernaba
en Tzintzuntzan; espontáneamente
se rindio a Cortés, a las gentes de Olid.
SALVADOR TOSCANO
despectivamente por
los mexicanos Caltzoncín,
“sandalia vieja”— gobernaba
en Tzintzuntzan; espontáneamente
se rindio a Cortés, a las gentes de Olid.
SALVADOR TOSCANO
Cortés tenía noticias seductoras sobre aquella tierra, desde la primera entrada, del soldado Villadiego (1521); luego por el soldado Parrillas, “a quien solía enviar para proveer de gallinas (de la tierra, es decir pavos) al ejército, llevados de los moradores del pueblo de Matlalzingo” (7, II: 4) y llegó a Tajimaroa el 23 de diciembre de 1522; y más tarde por el alférez Montaño, a quien acompañaron tres españoles, 20 señores mexicanos, un tarasco y otomí (7, II: 5), y un bravo lebrel, que pertenecía al soldado Peñaloza. Al regresó de Michoacán, los expedicionarios que capitaneaban Montaño y que habían llegado hasta Tzintzuntzan volvieron con los embajadores del Caltzoncí y asombrados por todo lo que habían visto, contaron a Cortés las excelencias de aquella tierra, Había muchos pueblos, muchas cosas de buen comer y de buen vestir, finos calzados de cuero de venado, sillas bien labradas, esteras y mantas blancas y costosas, diestros cazadores, adoratorios desde los cuales se levantaban en las fiestas “la gran algazara de sus instrumentos músicos, con continuos bailes y danzas de noche y de día, acompañadas de canciones tan tristres que parecían del infierno” (7, II: 10). aquella tierra aparecía en la imaginación tan extremeña de don Hernando como un nuevo imperio por conquistar,25 y en la que también había lagos e islas como en el Anáhuac, pero además unos pinares y unos cielos que caían suavemente hacía el mar.
Olid26 iba al frente de 70 jinetes27 y 200 peones bien aderezados.28 Le acompañaban buenos guías. Salió de Coyoacán a mediados de 1522, siguió por las orillas del río Lerma y parece que fue de allí a Toluca, Ixtlahuaca, Maravatió, Zitácuaro, Taximaroa (hoy Ciudad Hidalgo)29 y Tuxpan,30 para hacer alto en Tzintzuntzan (Huitzizila o “tierra de colibríes”),31 en donde estaba el palacio de Tzimtzicha y su ejército.32 Allí debía de ver “toda la dicha provincia y secretos de ella, y si tal fuese, que poblase en la ciudad principal” (1, p. 426); y establecerse si le pereciese conveniente (22, I: 27 y 31). aquella fue la primera entrada de los españoles en el valle de Toluca, el país de los matlazincas, que era uno de los colindantes del señorío purépecha. Hacia el 17 de julio, Olid estaba el Tajimoara —“era por la fiesta de Cabora cosquaro”. El Caltzoncí recibió la noticia de que iban hacia el 200 españoles, teniendo por capitán a Olid. Uno de los más leales al cacique, su hemano don Pedro Cuiniarangari33 —que iba en compañia del guerrero Nuzindire—, llegó a Tajimaroa convocando a la gente para resistir. No tardó Olid para salirle al encuentro; “y a la primera descarga de los arcabuces huyeron los tarascos”. Don Pedro fue capturado y tratado “con toda la consideración debida a su rango”, y al siguiente día le llevaron ante Olid y por medio del intérprete Xanaqua —que sabía tarasco, mexicano y español— pudo darse cuenta de que había gran discordía en la corte de Michoacán. Le puso en libertad, le colmó de presentes y le preguntó:
—¿De dónde vienes?
—El Caltzoncí me envía.
—¿Qué te dijo?
—Llamóme y me dijo: “Ve a recibir a los dioses34 a ver si es verdad de que vienen; quizá es mentira, quizá no llegaron sino hasta el río y se tornaron por el tiempo que hace de aguas. Velo a ver y házmelo saber, y si son venidos que se vengan de largo hasta la ciudad”. Esto es lo que me dijo.
—Mientes en esto que has dicho —respondió Olid—. No es así, mas nos queréis matar, ya os habéis juntado todos para darnos guerra; vengan presto si nos han de matar o quizá yo los mataré a ellos con mi gente de México.
—No es así. ¿Por qué no te lo dijera yo?
—Bien está si es así como dices. Tórnate a la ciudad y venga el Caltzoncí con algún presente y sálgame a recibir en algún lugar llamado Guangaceo,35 que esta cerca de Matlalcingo, y traiga mantas de las ricas, de las que se llaman “cazangari” y “curice” y “Zizuppa” y “Echereatancata” y otras mantas delgadas y gallinas, huevos y pescados de los que se llaman “zuecepu” y “acumarami” y “Vrapeti” y “Thira” y patos. Tráiganlo todo a aquel lugar. No se deje de cumplir y no quiebre mis palabras.
—Bien está —fue la respuesta de don Pedro—. Yo se lo que quiero ir a decir.
—Dí al Caltzoncí que no haya miedo, que no le haremos mal.
Así que fueron ahorcados dos indios de México “porque habían quemado unas cercas de leña que tanían en los cúes (templos) de Tajimaroa”, los españoles oyeron misa y pasada la ceremonía Olid llamó a cinco mexicanos y cinco otomíes y les dijo que acompañarana don Pedro. Llegaron a Vasmao, tres leguas antes de Matlalzingo, y después se concentraron dos ejércitos, cada uno de 8 000 hombres, en Indaparapeo y en Hetuquaro.
Don Pedro se presentó al Caltzoncí y le tranquilizó contándole que los españoles no iban en son de guerra, ponderándole “la fuerza de los caballos y el valor de los castellanos”. hubo largas deliberaciones de cacique a fin de tomar una decisión; alguien sugirió que el rey debería suicidarse o arrojaerce a un lago. El rey, aterrorizado, disolvió el conejo. aquella noche, después de ordenar que se apagaran todas las luces, salió una puerta secreta del palacio y se embarcó en compañía de sus hijos y de algunas de sus mujere, entró hacía las montañas de Vayamio y después de hacer correr la voz de que se había ahogado, se trasladó a Euruapan. Al tener aquella noticia, Olid dijo:
—Bien está, bien estábamos, que llegar tenemos a la cuidad.
Cansado de esperar a don Pedro, salió a marchas forzadas a Tzintzuntzan. Para obntener la ayuda de los dioses, los tarascos había sacríficado 800 cautivos a la diosa Xaratanga. La opinión continuaba dividida: unos decían que había que pelear; otros que era mejor recibir como amigo al invasor. Triunfaron los segundos, pues Olid fue recibido saliendo a su encuentro don Pedro y su hermano Huitzizilzi36 con gentes de guerra, y en otro pueblo trazaron una ra...
Índice
- Portada
- Presentación
- La expedición a México
- La conquista de Michoacán
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