Padierna, Churubusco y Chapultepec
eBook - ePub

Padierna, Churubusco y Chapultepec

  1. 79 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Padierna, Churubusco y Chapultepec

Descripción del libro

Se presenta en estas páginas la crónica histórica de las principales batallas que marcaron uno de los momentos más difíciles en la historia del México independiente: la invasión norteamericana.

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Padierna, Churubusco y Chapultepec de Heriberto Frías en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de History y Mexican History. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.

Información

Año
2018
ISBN del libro electrónico
9786071653789
Categoría
History
Categoría
Mexican History

Asalto de Chapultepec

La batalla de Molino del Rey demostró plenamente todo el poder de resistencia de que eran capaces las tropas mexicanas, dirigidas con acierto, entereza y valor… Jornada fue aquella que costó al enemigo torrentes de sangre y varios elementos de guerra, sin lograr obtener las ventajas que merecían semejantes sacrificios.
El general Scott, como dijimos ya, dirigió sus fuerzas contra el Molino del Rey y sus posiciones adyacentes, creyendo adquirir trofeos inestimables y gran cantidad de pólvora, en cuyo concepto, y deseando avanzar por la vía occidental sobre México, amagándolo desde el mismo Chapultepec —golpe de terrible efecto moral sobre el ejército y la población—, tuvo cruel y profundo desengaño al ver el tristísimo resultado de la batalla que le costó considerables pérdidas. Vio que en los depósitos de Molino del Rey y Casa Mata no había el rico material de guerra que creyó adquirir, ni mucho menos pudo tener con tan arriesgada y sangrienta conquista puntos estratégicos que compensaran la suma de energías vitales y pecuniarias vertidas en sus operaciones del 8 de septiembre y las que le precedieron.
Bien sabido es que los generales Worth y Scott tuvieron agrio altercado porque aquél se oponía al proyecto de su general en jefe, juzgándolo inconducente y antiestratégico. Y efectivamente, poco avanzó el caudillo norteamericano después de la sangrienta jornada del Molino del Rey, si se tiene en cuenta que bien pudo evitar aquel choque general, rehuyendo las posiciones sobre las que lanzó sus brigadas, concretándose a tomar Chapultepec, para seguir sin obstáculo hasta la garita occidental de Belén.
Sin embargo, para la causa mexicana la acción de armas que hemos referido fue uno de los últimos desastres, uno de los últimos eslabones trágicos de la lúgubre cadena que, tendiéndose de oeste a oriente, limitó las fronteras de nuestra patria, retrocediéndola centenares de millas al sur.
Nuestras pérdidas en el Molino del Rey fueron terribles, pues cayeron en poder del enemigo, según sus mismos partes, más de 800 hombres, inclusive 51 oficiales, en su mayor parte de la brigada León; pero el adversario sufrió también hondamente, teniendo 58 oficiales y 729 soldados fuera de combate, amén de multitud de prisioneros y dispersos.
Mas si para el enemigo esta jornada fue costosa, para nosotros tuvo un efecto moral decisivo, produciendo el mayor desencanto en la población de la capital, estremecida dolorosamente por esta catástrofe, no obstante que el general Santa Anna la hizo celebrar como un triunfo, con repiques y dianas.
¡Quería el general en jefe arrojar velos de apoteosis triunfales a sus postreros descalabros!
¡Y pensar que todavía el día 7, en la misma víspera, se convirtió en paseo y regocijamiento público la extensión que ocupaban el oeste de Chapultepec, los Molinos, la Casa Mata y calzadas de Anzures y la Verónica!... ¡Pensar que de nuevo, después de tan inauditos desastres había sonreído la esperanza de victoria, tanto que la muchedumbre frenética de entusiasmo patriótico, saludó a Santa Anna con gloriosos vivas, redoblando con el griterío universal las sonoras cajas de guerra, los repiques de las campanas y el rimar flamígero, vibrante y bélico de cien trompetas y clarines!… ¡Triste apoteosis militar de aquel hombre siniestro que tanto había ido amontonando pesadumbres y atroces infortunios sobre la patria!

¡Traición! ¡Traición! ¡Traición!…
Resurgía la fatídica palabra, vibrando en todas las clases sociales con chasquidos de látigo vengador que azotara vergonzosamente encorvadas espaldas de esclavos.
¿Por qué, por qué no había cargado la caballería? —se preguntaban peritos y profanos en el arte de la guerra—, ¿por qué Santa Anna desguarnecía siempre las líneas que iban a ser atacadas, y cuando estallaba el conflicto no iba en auxilio de los angustiados combatientes, o cuando lo hacía era para llegar tarde como en esta batalla a cuyo campo se dirigió a la cabeza del 1er regimiento ligero, acudiendo sólo a presenciar los estragos de la infausta rota del bosque de Chapultepec?…
Habiéndose retirado los norteamericanos a Tacubaya dejando destacamentos en las posiciones conquistadas, con artillería ligera y gruesa para batir el bosque y lo alto del cerro, siguióse un duelo de artillería entre la suya y la nuestra, que contestaba dignamente desde la almenada corona del castillo. Pero al fin los enemigos tuvieron que abandonar el campo, hostigados por nuestros fuegos.
Del 8 al 11, el ejército norteamericano se concretó a reorganizarse, haciendo aprestos desde su cuartel general que estaba en Tacubaya, para dar un vigoroso asalto contra el poniente de la ciudad de México. Las tropas enemigas de Tlalpan, Churubusco y Coyoacán reforzaron en parte a las de San Ángel y Tacubaya y las avanzadas de las lomas, mientras otras fracciones tenían orden de hacer una demostración de ataque sobre las garitas de San Antonio Abad y la Candelaria.
El general Scott, después de haber hecho reconocimientos importantes por las regiones del sur de la ciudad, se decidió a efectuar el ataque, principalmente por el oeste, apoderándose de la altura de Chapultepec.
Con este objeto hizo instalar cuatro baterías para que bombardearan el castillo hasta destrozarlo, produciendo terrible efecto moral entre sus defensores. La primera, compuesta de dos piezas de dieciséis y un obús de ocho pulgadas, se instaló en la hacienda de la Condesa para batir el sur del castillo; defendiendo sus fuegos al mismo tiempo la calzada de Tacubaya y Chapultepec. La segunda, constituida de un cañón de veinticuatro y un obús de ocho pulgadas, se situó en la loma del Rey, frente al ángulo sureste del fuerte; colocándose, la tercera, con un cañón de dieciséis y un obús de ocho pulgadas, a doscientos cincuenta metros de los molinos; mientras la cuarta, con un grueso obús de diez pulgadas, quedó abrigada dentro del mismo edificio del Molino.
A estos elementos esenciales que para efectuar el bombardeo acumuló el adversario al poniente y sur del castillo, hay que agregar numerosa artillería de reserva, compuesta en su mayor parte de nuestros mismos cañones de sitio y plaza arrebatados en Cerro Gordo, Churubusco y Padierna, sostenido todo este apresto por densas líneas de infantería, cubiertas por baterías ligeras y Exploradores ligeros a caballo.
Hábilmente engañó Scott a Santa Anna, haciéndole creer que intentaría el ataque por el sur de México, enviando a la división Quitman de Coyoacán a unirse con la de Pillow, de día, amenazando las garitas meridionales; pero con orden de estos jefes de volver, en la noche, con el mayor sigilo y silencio a Tacubaya, donde estaba el cuartel general norteamericano.
El general Twiggs con la brigada Rayler y dos baterías de campaña quedaron ante dichas garitas en actitud amenazadora.
Nuestro general presidente cayó en el lazo, y al instante que supo lo de las maniobras enemigas contra el sur de la población, retiró fuerzas de Chapultepec y otros puntos para engrosar sus reservas, dirigiéndose con ellas hacia San Antonio Abad, Niño Perdido y la Candelaria.
Al amanecer del día 12, las baterías norteamericanas rompieron sus fuegos sobre el bosque y el castillo, produciendo espantosos estragos, y después de que aquéllas rectificaron sus punterías pudieron al fin enviar con el más terrible éxito sus cohetes a la Congréve, sus granadas y sus bombas de hierro…
Chapultepec apenas estaba defendido por muy ligeras obras de fortificación: en el exterior un hornabeque en el camino que va a Tacubaya. En la puerta de la entrada oriental: un parapeto, y en la cerca débil e impropia como defensa militar, que entonces rodeaba el bosque por la parte sur, se construyó una flecha, abriéndose en torno un foso de siete metros de profundidad. Éste debía rodear todo el bosque; pero semejante obra, como otras muchas que se empezaron a ejecutar en una posición que debió haber llamado poderosamente la atención de Santa Anna ante un enemigo que tan bien demostraba su designio de atacar la capital por el oeste, no quedó terminada, y apenas si se colocaron tablones y morillos cavándose al derredor algunas cortaduras entre zanja y zanja. Otras flechas tendiéronse al poniente y al pie del cerro, colocando fogatas y trampas en combinación, por el trayecto que se suponía siguieran las columnas asaltantes.
El recinto del edificio pomposamente llamado castillo se rodeó en gran parte con parapetos de sacos a tierra y revestimientos de madera, ramajes y adobes, blindándose los techos que cubrían los dormitorios del Colegio Militar y los principales depósitos.
Apenas siete piezas de artillería defendían esta posición tan descuidada, en suma, por Santa Anna: dos de veinticuatro, una de ocho, tres de campaña de cuatro y un obús de sesenta y ocho.
Era el jefe del punto el ilustre y benemérito general don Nicolás Bravo, quien tenía como segundo al general Mariano Monterde, contando con una guarnición de tropas bisoñas y desmoralizadas, que a la hora del conflicto sumaban unos 800 hombres, los que se distribuyeron en las obras del bosque y en la propia defensa del edificio, en lo alto del cerro.
En vano el general Bravo hizo ver a Santa Anna lo peligroso que era abandonar la posición al cuidado de tropas reducidas y de mala calidad (contingente de reclutas indígenas de varios estados), a los que no se supo o no se pudo, o tal vez no se quiso, ni se intentó, hacer penetrar en sus conciencias la fe patriótica, enderezando el viejo temple heroico de su raza hacia el denuedo provechosísimo de una gran resistencia ante el invasor.
Al amanecer del día l2, las baterías norteamericanas prin...

Índice

  1. Portada
  2. Ante la capital
  3. Batalla de Padierna
  4. Defensa de Churubusco
  5. Molino del Rey
  6. Asalto de Chapultepec