
- 161 páginas
- Spanish
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eBook - ePub
Descripción del libro
En esta obra Nelly Robles García presenta un estudio antropológico de Mitla, ciudad prehispánica del valle de Tlacolula. La obra abarca desde el los vestigios dejados por los primeros pueblos nómadas hasta las últimas investigaciones arqueológicas en la región. El enfoque utilizado es holístico por lo que, además de presentar a los principales monumentos de la zona, se hace un análisis de histórico y antropológico del origen y florecimiento de uno de los principales centros mercantiles de todo Mesoamérica.
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Información
Categoría
Ciencias socialesCategoría
Estudios hispanoamericanosXI. Mitla y los orígenes de la arqueología oaxaqueña
AL SER UN SITIO de tal importancia histórica, además de su condición de ser totalmente visible, es decir, que nunca fue cubierto de tierra como el caso de otras zonas arqueológicas, y altamente atractivo por sus edificaciones y sus ornamentos, Mitla ha jugado un papel central en los orígenes de la arqueología no sólo de Oaxaca, sino en general de México.
La apasionante historia de la arqueología en Oaxaca tiene sus orígenes en las primeras descripciones hechas en el siglo XVI por españoles interesados en hacer algún recuento de los diferentes aspectos de la vida de los indígenas recién conquistados. Entre éstos, los zapotecas de Mitla fueron, sin duda, el grupo de Oaxaca mejor descrito en el periodo colonial y hasta el siglo XIX.
Esta comunidad zapoteca sufrió la destrucción no sólo de su estructura social, al haber sido seccionada por la congregación y puesta al servicio del nuevo gobierno, sino también de sus iconos religiosos y de su orgullo cultural. Algunos de sus monumentos sirven en la actualidad como cimientos de las edificaciones religiosas hispanas, como símbolo inequívoco del autoritarismo del nuevo régimen. De ahí la imagen resultante de edificios históricos superpuestos a los arqueológicos.
Aunado a esto, recordemos que las prácticas de violar tumbas y emprender la búsqueda de ofrendas e ídolos fue una lucrativa empresa tanto para misioneros como para los soldados saqueadores españoles en la recién conquistada América, ya sea por excesivo celo religioso o por el afán de lucro (Ortega y Monjarás, 1984). La Corona española había expedido un decreto en virtud del cual los tesoros encontrados en tumbas, montículos o pirámides debían declararse para ser repartidos entre el descubridor y el Estado, mitad por mitad, so pena para el primero, de no manifestarlo, de perderlo todo, además de la posesión de la pirámide o el entierro donde se hubieran descubierto (Ortega y Monjarás, 1984).

FIGURA XI.1. Plano de la ocupación colonial de Mitla, reconstrucción histórica del Grupo del Curato. Reprografía de César Alejandro Luna Álvarez. Fuente: Nelly M. Robles García y Alfredo Moreira Quirós, Proyecto Mitla. Restauración de la zona arqueológica en su contexto urbano, INAH, México, 1990. Biblioteca Colmex.
1. Cronistas y viajeros de los siglos XVI al XIX
La primera noticia sobre Mitla la dio fray Toribio de Benavente, quien escribió, a mediados del siglo XVI, sobre la visita a Mitla que hicieron fray Martín de Valencia y sus acompañantes en 1533. Éstos habrían descrito Mitla como un lugar que significaba “infierno”, y estaba constituida por grandes edificaciones de piedra, diferentes de todo lo que habían visto.
Años después, en 1580, el corregidor Alonso de Canseco fue el encargado de escribir la Relación de Tlacolula y Mitla, en obediencia a la Instructión y memoria de las relaciones que se han de hazer para la descripción de las Indias, que su majestad manda hazer, para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas. En esta Relación, compilada por Francisco del Paso y Troncoso, se describían los edificios de Mitla como “los dos de mayor grandeza que hay en esta Nueva España” (Del Paso y Troncoso, 1905).
En 1674, fray Francisco de Burgoa, en su Geográfica Descripción, también se ocupó de Mitla y del destino de los edificios, al describir el uso de cada recinto:
[…] se labró el palacio de los vivos y muertos […] edificaron en cuadro esta opulenta casa o panteón […] La última quadra tenía una puerta a las espaldas, a un espacio oscuro y espantoso éste estaba cerrado con una losa, que cogía toda la entrada, y por ella arrojaban los cuerpos que hauían sacrificado, y a los mayores señores o capitanes q’hauían muerto en la guerra […] la una sala era el palacio del sacerdote sumo, dode asistía y dormía, que para toda tenía capacidad la quadra […] La segunda quadra era de los sacerdotes y ministros. La tercera del rey cuando venía, y la cuarta de otros señores y capitanes, y siendo limitado el campo tan diferentes y varias familias [fray Francisco de Burgoa, 1989:258].
Fray Francisco de Ajofrín, quien realizó un viaje a América en el siglo XVIII, se aseguró de visitar Mitla. Según parece, llegó al poblado el 25 de mayo de 1766. En su Diario realiza descripciones de la distribución de los edificios, así como de sus materiales y sistemas de construcción. El principal legado de Ajofrín, sin embargo, lo constituye el primer dibujo de los famosos palacios de Mitla. De un trazo vacilante y rústico, este documento, hasta hace poco prácticamente desconocido, adquiere gran valor en esta perspectiva histórica.

FIGURA XI.2. Plano de Mitla por Elsie Clews Parsons, 1936. Reprografía de César Alejandro Luna Álvarez. Fuente: Elsie Clews Parsons, Mitla. Town of the Souls.
And other Zapoteco-Speaking Pueblos of Oaxaca, México, The University of Chicago Press, 1936, p. 288. Biblioteca Colmex.
And other Zapoteco-Speaking Pueblos of Oaxaca, México, The University of Chicago Press, 1936, p. 288. Biblioteca Colmex.

Panteón de los reyes zapotecas en Mitla
FIGURA XI.3. Dibujo de fray Francisco de Ajofrín. Reprografía de César Alejandro Luna Álvarez. Fuente: Francisco de Ajofrín, Diario del viaje a la Nueva España, selec., introd. y notas de Heriberto Moreno García, SEP, México, 1986, p. 135. Biblioteca Colmex.
En 1881 se editó por primera vez la Historia de Oaxaca, escrita por el padre José Antonio Gay. En esta obra se ocupa de Mitla, de la que escribió: “Los palacios de Mitla son una obra maestra de aquellas tribus eminentemente cultas, que se inmortalizaron levantando, entre otros, los grandiosos monumentos de Palenque […] En Mitla levantaron los antiguos zapotecas un templo al dios representado en aquel ídolo y un suntuoso palacio que fuera la residencia de los sacerdotes”.
Todas estas crónicas y descripciones, sin embargo, no detuvieron la creciente destrucción a la que había sido sometida Mitla por las razones ya expuestas, acción que desafortunadamente se había hecho costumbre entre los nativos zapotecos, quienes concebían de manera natural el hecho de participar en el paulatino deterioro de sus monumentos arqueológicos. Igualmente, los nuevos usos a que fueron sometidos algunos inmuebles contribuyeron a la destrucción de partes significativas del sitio, como fue la adaptación del Conjunto Norte como casa cural, el uso de la Tumba 2 como cisterna y la utilización del Grupo del Arroyo como conjunto habitacional y basurero, entre otras lamentables decisiones de las épocas colonial y más recientes.
A partir de 1540, la población de Mitla fue considerada cabecera de parroquia, razón por la cual fue necesario instalar allí un cura clérigo para “administrar católicamente a los indios”, quien se alojó con sus sirvientes, según Martínez Gracida, “en el departamento central del monasterio de las sacerdotisas que se encontraba en buen estado de conservación y el cual sufrió posteriormente varias reformas y composturas”.
De esta manera, aún hoy en día es posible percibir las modificaciones que se realizaron en el Conjunto de la Iglesia a partir de 1570 (Robles et al., 1987). Como se describió en capítulos anteriores, en el patio sur se construyó el templo católico de San Pablo, cuyos muros en su mayor parte fueron hechos con materiales producto del desmantelamiento de varios edificios prehispánicos. Este templo utilizó como cimentación el palacio prehispánico, e igualmente destruyó la parte poniente para dedicarla al nuevo atrio y su uso principal como cementerio.
El patio central fue modificado sustancialmente. Aunque básicamente sus muros y paneles de grecas fueron respetados, en sus espacios “se habían colocado techos con vigas de ocote, carrizo y tejas”. Todo el cuadrángulo fue porticado con pilares de sección cuadrada, y las habitaciones modificadas con muros y aperturas de ventanas y puertas, de tal manera que se le dio imagen de casa estilo español. En el lado oriente se abrió el acceso principal, demoliendo parte del muro para abrir una puerta, que se complementó con un pórtico techado con tejas apoyado en dos columnas monolíticas, procedentes obviamente del Conjunto de las Columnas.

FIGURA XI.4. Grupo de la Iglesia con modificaciones coloniales. Reprografía de César Alejandro Luna Álvarez. Fuente: Agustín García Vega, “Mitla”, en Dirección de Arqueología, Estado actual de los principales edificios arqueológicos de México. Contribución de México al XXIII Congreso de Americanistas, SEP, México, 1928, p. 138. Biblioteca Colmex.
El patio norte fue utilizado como caballeriza y basurero de la casa, para lo cual se canceló el acceso original y se abrió una angosta puerta por el lado sur. Las puertas originales del lado norte fueron tapiadas, y se demolió el muro norte para permitir el libre acceso de los animales sólo por el lado oeste (Robles et al., 1987).
Estas modificaciones para la casa cural, que fue utilizada durante toda la Colonia y hasta que entraron en vigencia las Leyes de Reforma en el siglo XIX, significaron al sitio prehispánico de Mitla una enorme destrucción.
Hasta 1832 se produjo un llamamiento mediante una “solitaria voz”. El regidor del ayuntamiento de Oaxaca, Antonio Valdés y Moya, realizó por encargo del gobernador José López Ortigoza un informe que describía el deplorable estado de destrucción del sitio. Ese informe constituía una urgencia para la protección del lugar (Schávelzon, 1990:46). A lo largo del siglo XIX continuó la degradación de los monumentos, a pesar de que tanto científicos como nativos expresaban la admiración y el orgullo por la muestra espectacular de arquitectura que representaba Mitla.

FIGURA XI.5. Demolición de las modificaciones coloniales, Agustín García Vega, Estado actual de los principales edificios arqueológicos de México. Contribución de México al XXIII Congreso de Americanistas, Dirección de Arqueología, SEP, México, 1928, p. 138. Biblioteca Colmex.
No fue sino hasta 1921 cuando, como ya se ha narrado, el gobierno mexicano procedió a recuperar los monumentos alterados durante la Colonia.
2. Primeras expediciones
Inspirados por los descubrimientos de Pompeya y Herculano de mediados del siglo XVIII en Italia, así como por toda la serie de tratados sobre la ciencia de lo bello y la filosofía del arte, se despertó en Europa el interés por las antigüedades; por lo tanto, la Nueva España no podía ser ajena a esta moda de entusiasmo arqueológico y estético. De esta manera, durante el siglo XIX una fuerte tradición entre los científicos europeos fue realizar viajes a “lugares exóticos” en busca de respuestas satisfactorias a la problemática planteada desde la filosofía de la Ilustración (Ortega y Monjarás, 1984).
Mitla, cuyos muros decorados con grecas seguían visibles a pesar de tanta destrucción, fue el sitio por excelencia para ser visitado. Su fama se había extendido entre los científicos de la época por las referencias que habían hecho los cronistas, al grado de que se implementó una interesante ruta de viaje entre la ciudad de Oaxaca y Mitla, que se cubría en dos días en carreta tirada por caballos. En el primer día se avanzaba hasta Santa María del Tule, lugar en el que, además de admirar el ahuehuete milenario, extraordinario ejemplar de vegetación nativa, se comía bien y se descansaba, para continuar al día siguiente hacia Mitla. El camino de carretas y caballos se internaba por el pie de monte, para seguir por lo que hoy es el impresionante valle de Díaz Ordaz, atrás de Yagul, pasando por el pequeño cañón que conforman los cerros al norte de Tlacolula, a un costado de La Fortaleza, hasta llegar a Mitla.
Los viajeros pasaban allí días realizando su documentación, hospedados en lo que posteriormente sería la posada La Sorpresa (hoy Museo Frissell), propiedad de la familia Quero, donde los exploradores participaban de un ambiente cosmopolita y podían departir con otros huéspedes. Asimismo, se les prodigaban atenciones que no encontrarían en ninguna otra casa del pueblo.
La primera noticia de Mitla en el siglo XIX es la narración del barón Alexander von Humboldt, redactada durante su viaje por el territorio mexicano en 1803. A pesar de no haber visitado personalmente el sitio, en su obra Vues des cordillères et monuments des peuples indigènes de l’Amérique, publicada en París y Londres en 1810, aparecen 32 láminas de sitios arqueológicos mexicanos, entre las que se incluyó el plano de los edificios y el dibujo de los paneles de grecas que habían realizado en 1802 el arquitecto Luis Martín y el coronel Pedro de la Laguna, quienes evidentemente transmitieron al barón la noticia de la importancia del sitio y demás datos a los que él hizo alusión. Con esta acción respondió al llamado hecho por Carlos IV, quien había ordenado un amplio reconocimiento del territorio, lo que devino en el descubrimiento de antiguas ruinas, objetos, estatuas, libros y muchas otras cosas.

FIGURA XI.6. Lámina XXX de Mitla por Guillaume Dupaix.
Fuente: Antiquités mexicaines. Relation des trois expéditions du capitaine Dupaix ordonnées en 1805, 1806, et 1807…, p. 66. Digital Collections from The Metropolitan Museum of Art Libraries, Nueva York.
Fuente: Antiquités mexicaines. Relation des trois expéditions du capitaine Dupaix ordonnées en 1805, 1806, et 1807…, p. 66. Digital Collections from The Metropolitan Museum of Art Libraries, Nueva York.
En 1806 arribó procedente de Bélgica el capitán Guillaume Dupaix, para llevar a cabo la misión de documentar las ruinas y otros elementos de la cultura del nuevo territorio. En su visita a Monte Albán realizó una exhaustiva descripción de la plaza central, que describió como “una explanada con una serie de montículos artificiales de forma cónica o piramidal, revestidos con losas grandes y cuadrilongas de varios tamaños de piedra barroqueña”.
Después, Dupaix y un amigo, el ilustrador Luciano Castañeda, se dirigieron a Mitla, donde estudiaron en detalle sus palacios y tumbas; sus comentarios escritos fueron complementados por dibujos panorámicos y planos llenos de excelentes detalles. Su trabajo fue publicado por lord Kingsborough en 1830 con el título Antiquities of Mexico. Otra publicación resultante fue Antigüedades mexicanas. Relación de las tres expediciones del capitán Dupaix en 1805, 1806 y 1807, editada en París en 1834.

FIGURA XI.7. Lámina XXXIV de Mitla por Guillaume Dupaix.
Fuente: Antiquités mexicaines. Relation des trois expéditions du capitaine Dupaix ordonnées en 1805, 1806, et 1807…, pp. 70-71. Digital Collections from The Metropolitan Museum of Art Libraries, Nueva York.
Fuente: Antiquités mexicaines. Relation des trois expéditions du capitaine Dupaix ordonnées en 1805, 1806, et 1807…, pp. 70-71. Digital Collections from The Metropolitan Museum of Art Libraries, Nueva York.

FIGURA XI.8. Fachada del Edificio de Mitla (midió y dibujó Eduard Mühlenpfordt), 1830. Traducción de la leyenda del centro, abajo del margen inferior: “Los palacios de los antiguos zapotecos en Liubaá o Mitla”. Reprografía de César Alejandro Luna Álvarez. Fuente: E. A. E. Mühlenpfordt, Los palacios de los zapotecos, ed. de Juan A. Ortega y Medina y Jesús Monjarrás Ruiz, ...
Índice
- Portada
- Índice
- Presentación
- Agradecimientos
- Introducción
- I. La región: aspectos físicos
- II. Mitla en la prehistoria y la transición del nomadismo a la vida sedentaria
- III. Mitla durante la etapa aldeana de Oaxaca
- IV. Mitla y el estado zapoteco de Monte Albán
- V. El abandono de Monte Albán y su impacto en la región de Mitla
- VI. La importancia regional de Mitla
- VII. El esplendor de Mitla durante el periodo Posclásico
- VIII. Interpretaciones del asentamiento Posclásico
- IX. La Conquista llega a Mitla
- X. Los zapotecos de Mitla sobreviven
- XI. Mitla y los orígenes de la arqueología oaxaqueña
- Conclusiones
- Bibliografía