La reforma de los apóstoles. Después de la muerte y resurrección de Jesucristo, los apóstoles tuvieron que confrontar los conceptos religiosos de saduceos y fariseos que habían contaminado la palabra de Dios, eran llamados generación de víboras. Como servidores de Jesucristo iban a la proclamación del verdadero evangelio, un evangelio que su autor era nuestro señor Jesucristo. El apóstol Pablo fue uno de los principales en la proclamación del evangelio ya que no solo predicó el evangelio a los judíos, sino que también a los gentiles. Y en el nuevo testamento podemos ver la fuerza que ejercían los judíos en el concilio de Jerusalén, querían aceptar a los gentiles convertidos sometiéndolos a la ley y sus tradiciones, y el evangelio fue contaminado con los conceptos judaizantes y religiosos. La ecuación teo-matema (Teo-Dios, matema-campo de estudios o instrucciones) el campo de estudio que los judíos querían someter a los gentiles a las leyes y tradiciones de ellos para de esta manera servir a Dios. Para los judíos era someter a los que no eran judíos a que se hicieran judíos, sometiéndolos y educándolos en la religión judía, incluyendo la ley total. En estas creencias en cuanto a Dios, creían que estaban avanzando en las instrucciones de lo que era el evangelio. Esta ecuación de los judíos era Cristo+sábado=evangelio, Cristo+circuncisón =evangelio, Cristo+ley de Moisés=evangelio, etc. Pero el apologista San Pablo presentó su defensa del verdadero evangelio, en el libro de Gálatas, Romanos, y Efesios. El apóstol presentó su defensa a la obra solamente de Cristo, y que no hay para Dios ni judíos ni gentiles, una decisión de Dios solamente de perdonar a toda la humanidad, y salvar a los escogidos, y elegidos por Dios, solo un pueblo redimido por la sangre de Cristo a quien Dios les ha dado vida en la resurrección de entre los muertos.
La situación en el contexto del nuevo testamento con el concilio de Jerusalén se componía en su totalidad en mayoría de judíos convertidos. Los judíos ejercían fuerza para que la ley y las obras de Moisés se implementaran, a todos los convertidos. Pedro es un ejemplo de su hipocresía, y Pablo tuvo que reprenderlo. Santiago era uno de los líderes en este concilio de Jerusalén, por esta razón, Santiago defiende las obras como evidencia de la fe. Las obras que Santiago se refiere están dentro del contexto mismo del nuevo testamento de las exigencias, y las demandas que hacían los judíos, con las influencias de los fariseos y saduceos. Sin embargo, el Espíritu Santo permite que el libro de Santiago permanezca en el canon, porque el enfoque interpretativo que tenemos que tener es objetivamente en Cristo. Finalmente, la fe del Espíritu, y las obras del Espíritu, es lo que se tiene que poner en evidencias. En el momento que la obra de Cristo del perdón de los pecados, y la salvación es condicionada por lo que el hombre tiene que hacer, y debe de dejar de hacer, pasa hacer una contaminación del verdadero evangelio. La fe que viene de Dios, y las evidencias que daremos de las obras, son las evidencias de las obras de Cristo, obras que Cristo había preparado antes de la fundación del mundo para todos los escogidos por Dios.
Una de las razones principales que muchos no creen es, porque preferimos creer en lo que realmente no es la fe verdadera, y queremos dar evidencia de esta fe, mostrando nuestras obras mismas, al mundo que nos está viendo. Esto tiene una fundación del orgullo propio que las personas esperan algo en regreso, cuando hacen o dejan de hacer lo que hacen. Una espera de bendiciones y recompensa, por la demostración de las obras en demostración de una fe, no es el curso o el rumbo que debe de llevar la vida cristiana que practicamos. Ponernos en evidencia delante de los hombres para ser juzgados por la humanidad no es lo correcto, no quiere decir que no debemos de dar un buen testimonio personal, pero esto no es para mostrarlo a los hombres. Las mismas enseñanzas bíblicas nos muestran que cuando hagamos buenas obras nadie debe de saberlo, ni siquiera tu mano derecha debe de saber lo que hace tu mano izquierda. No debemos de lucirnos en una demostración que tenemos más fe que otros porque hacemos más obras que otros. Por otro lado, Dios no está buscando en nosotros las obras para saber si tenemos la verdadera fe, de todos modos, es la fe, el Espíritu y Dios es quien nos la ha dado, así que Dios conoce los que son suyos y oyen su voz.
El fruto del Espíritu mismo se evidencia por sí solo. Las evidencias de las obras carnales no son de una fe del Espíritu. O sea, utilizamos la fe humana, y esto es querer vivir la vida del Espíritu equivocadamente porque será con una fe subjetiva. El hombre rico, insistía en que había vivido cumpliendo con todos los mandamientos, cumpliendo la ley de Moisés, y una vida de obediencia, para obtener la vida eterna. En realidad, Cristo era el cumplimiento de toda ley de toda la vida en obediencia, y quien nos puede dar la dádiva de la salvación. La fe verdadera estaba delante del hombre rico, con la fe del Espíritu Santo, que es la fe objetiva, se recibe toda la obra milagrosa de Cristo, incluyendo el perdón de los pecados y la salvación. No debemos enfocarnos en lo que tengo que hacer para ser salvo. Enfoquémonos en lo que Cristo hizo, y tuvo que hacer para nuestra salvación. La demostración de la fe, serán el efecto secundario de las evidencias de las obras del Espíritu. No son mis obras las que demuestran una fe verdadera, son las obras del Espíritu las que se evidencian por sí solas. La fe del Espíritu no necesita de mi aprobación o mi ayuda, para ver las evidencias de la fe verdadera, la fe del Espíritu opera en la buena divina voluntad de Dios solamente, y el compromiso de Cristo, quien conoce nuestro acostarnos y nuestro levantarnos.