
- 104 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Curie y la radiactividad
Descripción del libro
Marie Curie fue un ejemplo para las mujeres que luchaban por el reconocimiento y la independencia y su contribución a la ciencia le mereció con dos premios Nobel. Su trabajo sobre la radioactividad amplió nuestros conocimientos de la física nuclear y produjo enormes avances en el tratamiento del cáncer, pero los peligros inherentes a su trabajo eran desconocidos.
"Curie y la radiactividad" presenta una brillante instantánea de la vida y la obra de Marie Curie y ofrece una explicación clara y accesible del significado e importancia del descubrimiento de la radioactividad y de las implicaciones que ello tendría para la vida en el siglo xx y el futuro.
Preguntas frecuentes
Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
- El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
- Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Curie y la radiactividad de Paul Strathern, Antón Corriente en formato PDF o ePUB. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.
Información
ISBN del libro electrónico
9788432317262Edición
1Vida y obra
Marie Curie nació con el nombre de Maria Skłodowska en Varsovia, el 7 de noviembre de 1867, la menor de cinco hermanos. Su padre era maestro de escuela, especializado en física y matemáticas. Su madre era directora del mejor colegio privado femenino de Varsovia, detrás del cual, en la calle Freta, vivía la familia.
Eran tiempos difíciles en Polonia, sometida entonces al dominio ruso. Tras el generalizado pero fracasado levantamiento de 1863, más de 100.000 polacos abandonaron el país. Muchos marcharon al exilio a lugares como París y Norteamérica, mientras que otros fueron enviados por la fuerza a Siberia. Tras el levantamiento, el control ruso se hizo cada vez más opresor. En la ciudadela del centro de Varsovia seguía habiendo ahorcamientos públicos cuando nació Maria. Allá por 1870, la madre de Maria contrajo la tuberculosis. En los mismos días su padre fue degradado en la escuela, en parte por ser polaco, pero también porque se sospechaba –con razón– que difundía sus principios nacionalistas entre los alumnos. El dinero ya escaseaba en la familia, pero no había llegado lo peor. En 1878, cuando Maria tenía diez años, su madre murió de tuberculosis y su padre fue despedido. Se vieron obligados a convertir la casa en pensión para llegar a fin de mes. Maria dormía en el salón, hacía los deberes cuando todos se habían acostado y se levantaba temprano para preparar la mesa con el desayuno de los huéspedes.
Las fotos de la época muestran a una Maria de aspecto corriente y expresión intensa. Tenía las mejillas abultadas de su madre, el pelo rizado recogido y labios gruesos y algo apretados. Pero su apariencia era casi lo único corriente en ella. En la escuela, en la que debía estudiar en un idioma extranjero, el ruso, demostró poseer una capacidad excepcional. Se graduó un año antes de lo habitual, a los 15 años, y obtuvo una medalla de oro. Y eso era todo. No había educación superior femenina en Polonia.
Como sus esfuerzos habían dejado a Maria con un aspecto algo pálido, fue enviada a pasar una temporada con sus tíos, miembros venidos a menos de la aristocracia terrateniente con pequeñas y remotas posesiones cerca de la frontera con Ucrania. Aquí Maria se encontró en «un oasis de civilización en un país de rústicos». Por primera y última vez en su vida vivió feliz y libre de preocupaciones. La tía Maria era una mujer liberada y quería hacer de sus hijas personas fuertes e independientes. La joven Maria y sus primas visitaban las casas vecinas de la aristocracia local, sorprendentemente culta. Allí se interpretaba música y se celebraban lecturas de literatura francesa y polaca, un cóctel embriagador que incluía a Chopin, Víctor Hugo, el gran poeta romántico polaco Mickiewicz y Słowacki, el Byron polaco, ambos habían muerto recientemente en el exilio. En los días festivos Maria y sus primas asistían a las fiestas campesinas vestidas con trajes típicos, bailando a menudo hasta el amanecer. Esto duró casi un año.
Cuando regresó a Varsovia, Maria se encontró con que su padre había perdido en desafortunadas inversiones el poco dinero que le quedaba. La familia vivía casi en la pobreza y Maria se puso a trabajar como profesora para aportar su sueldo a las depauperadas arcas familiares. También entró en contacto con la «universidad libre» de Polonia, una institución ilegal de carácter itinerante, para evitar su detección por las autoridades rusas. Como era la norma, aquí daba además de recibir. A cambio de libros y conferencias ocasionales, leía para las mujeres trabajadoras, difundiendo entre ellas la cultura polaca. En la universidad libre, el socialismo, la ciencia y el escepticismo estaban a la orden del día, y Maria no tardó en perder todo resto de creencia religiosa. Empezó a leer de todo en varios idiomas: Karl Marx en alemán, Dostoyevski en ruso y poesía en francés, alemán, ruso y polaco. Incluso intentó escribir su propia poesía y trabajó para la revista clandestina Prawda (que significa «verdad». No confundir con su posterior homónima rusa, que difundía lo contrario).
Por suerte, Prawda estaba dedicada a la nueva religión de la ciencia, y Maria no tardó en ver la luz. El álgebra críptica y las fórmulas banales de la poesía cedieron gradualmente el paso a la poesía de altos vuelos de la matemática pura y al romanticismo del descubrimiento científico. Maria había encontrado su tema. Pero ¿qué iba a hacer ahora con él?, ¿dónde podía estudiarlo con algún fin?
Maria hizo un pacto con su hermana mayor, Bronia, que quería estudiar medicina. Ella trabajaría en Polonia para financiar los estudios de Bronia en París, y luego a cambio Bronia la ayudaría a estudiar ciencias, también en París.
Bronia fue a París y Maria fue a trabajar como institutriz en la casa que un pudiente administrador tenía en el campo, a casi 100 kilómetros de Varsovia. Su tarea consistía en educar a las dos hijas de la familia, una de las cuales era de su misma edad. Pero este no sería ningún oasis de cultura en un idílico medio rural. Pasadas las modestas fiestas de la cosecha de la remolacha y llegados los helados barrizales del invierno, a Maria le impactó sobremanera la pobreza e ignorancia de los campesinos del lugar. Sin olvidar su formación en la universidad libre, organizó una clase para enseñar a leer y escribir el polaco a los niños. Por si esto fuera poco, seguía con su propia formación. «A las nueve de la noche», escribió a su hermana, «cojo los libros y me pongo a trabajar […] hasta he cogido la costumbre de levantarme a las seis para poder trabajar más». Dice estar leyendo no menos de tres libros a la vez: La Física de Daniel «de la que he terminado el primer tomo», la Sociología de Spencer en francés, y las Lecciones de anatomía y fisiología de Paul Bers en ruso. «Cuando no me siento capaz de aprovechar la lectura, trabajo sobre problemas de álgebra y trigonometría, que no permiten perder la concentración y me devuelven al camino correcto.»
Todo esto quizá suena un poco excesivo, pero no hay duda de que Maria estudió mucho durante las largas y nevadas noches invernales. Desde los días en que dormía en el salón se había acostumbrado a arrancar tiempo de las horas de sueño para el estudio. Ahora tenía por fin un objetivo: París. Cuanto más se sumergiera en el trabajo, más cortos se harían los tres años de trabajo rutinario, y tanto mejor preparada llegaría a Francia.
Pero hasta la empollona más sosa y decidida tiene ocasionales ataques de normalidad. Llegó el deshielo a los campos y con él las flores verdes y moradas de la remolacha, anunciando los largos y cálidos días estivales. El hijo mayor de los Zorawski regresó a casa a pasar las vacaciones. Kazimierz era estudiante de matemáticas en la Universidad de Varsovia, y un año mayor que Maria. Por lo que dice en sus cartas, ninguno de los otros jóvenes de la zona era «ni un poquito inteligente». Así que el rayo cayó, como suele ocurrir. Maria y Kazimierz se enamoraron.
Para cuando Kazimierz volvió a pasar las navidades, ya estaban hablando de matrimonio. Entonces los padres se enteraron de lo que había entre su querido Kaziu y su dedicada y formal institutriz, que además de no ser bella no tenía un duro. El matrimonio con una criatura tan desclasada era impensable para el hijo y heredero de los Zorawski. Mansamente, y quizá con cierto alivio, Kazimierz, que tenía entonces 19 años, se sometió a los deseos de sus padres. El romance había terminado. Maria estaba hundida, pero era lo bastante fuerte e independiente para no mostrar demasiado sus sentimientos.
Solo cabe imaginar lo que sufrió, apretando los dientes y mientras agotaba los años de su contrato. ¿Por qué no se fue? Kazimierz volvía de Varsovia cada vez que tenía vacaciones, y contra todo pronóstico, Maria no abandonó sus esperanzas. Año viene, año va. Cuando Bronia escribió desde Francia con la noticia de que planeaba casarse con un compañero estudiante de medicina, lo cual suponía que Maria pronto podría ir a París a vivir con ella, Maria hasta tuvo sus dudas. Pese a su anterior decisión casi obsesiva, habría estado dispuesta a dejarlo todo por Kazimierz.
Pero hubo amargura también. Cuando supo que su otra hermana, Helena, había sufrido un rechazo en circunstancias similares, encontró al fin un objeto legítimo para su ira. Al permitirse expresar sus sentimientos en una carta cada vez más emotiva en la que manifestaba su indignación por el sufrimiento de su hermana, podemos entrever algo de lo que había guardado para sí: «Puedo imaginar lo humillada que se ha sentido Helena en su orgullo […] si no les interesa casarse con chicas pobres, que se vayan al infierno […] ¿Pero por qué insisten en dar un disgusto a una criatura tan inocente?». Termina con una afirmación curiosa y reveladora: «Pero yo, incluso yo, mantengo una especie de esperanza de que no me desvaneceré por completo en la nada». Maria era consciente de los firmes rasgos de su carácter y de su imagen ante los demás. Su dedicación había exigido renuncia, y su sufrimiento negación de sí misma, pero no era una persona insignificante. Maria Skłodowska estaba ahora más decidida que nunca a hacer algo con su vida. Los años como institutriz la habían endurecido, cosa que hacía lo posible por ocultar. «A menudo la risa oculta mi profunda falta de alegría.» Pero cuando se reunió con la familia en Varsovia, les pareció evidente que algo había cambiado en ella, y se trataba de algo más que madurez, aunque ahora tenía 22 años.
Maria pasó otro par de años en Varsovia, trabajando como institutriz y ahorrando hasta el último grosz. Partió hacia París por fin en 1891, a los 24 años, edad a la que algunos de sus grandes contemporáneos estaban a punto de realizar grandes descubrimientos, cuando ella ni había empezado la carrera. A los 25 descubriría Einstein la relatividad, Marconi enviaría señales de radio a través del canal de la Mancha y Rutherford se lanzaría a la física nuclear.
Maria cogió el tren de Varsovia a París y viajó en cuarta clase, sentada en una butaca plegable de lona junto a su equipaje, durante los tres días que duraba el viaje. La meca intelectual de París ejercía en estos años una poderosa atracción sobre viajeros jóvenes sin blanca dueños de fuerza de voluntad y talento. El poeta francés Rimbaud llegó a pie desde Viena, como hizo el escultor rumano Brancusi desde Bucarest. Esta era la clase de competencia que se podía encontrar si se aspiraba al éxito en la Ciudad de la Luz. Maria se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Sorbona. Había 1.800 estudiantes, de los cuales solo 23 eran mujeres, y de estas, menos de un tercio francesas. En París la palabra étudiante tenía connotaciones pícaras similares a las que hoy pueda tener la palabra universitaria. Ningún padre respetable sometería a su hija a semeja...
Índice
- Portada
- Portadilla
- Legal
- Introducción
- Vida y obra
- Fechas importantes en la vida de Marie Curie y para la radiactividad
- Otras lecturas recomendadas