Juan Carlos, un rey con antecedentes
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Juan Carlos, un rey con antecedentes

  1. 96 páginas
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  4. Disponible en iOS y Android
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Juan Carlos, un rey con antecedentes

Descripción del libro

El relato de la vida y milagros de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, aka Juan Carlos I –nieto de un rey y sucesor directo de un dictador–, quien, amparado durante casi cuarenta años por una Constitución hecha a su medida, ha hecho y deshecho a su antojo. Un minucioso trabajo periodístico que deja al descubierto todo un universo de corrupción real y de podredumbre política.

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Información

Año
2014
ISBN del libro electrónico
9788446041221
Categoría
Historia
IV. De pobretón a millonario
Juan José Morales publicó en la revista mexicana Gaceta del Pensamiento[1] un artículo, titulado «De mendigo a monarca multimillonario», en el que cuenta la pasión febril que Juan Carlos de Borbón siente por el dinero:
No sé por qué tanta gente se escandalizó al saber que (contenga la respiración y lea en voz alta a ver si le alcanza el aliento) Su Majestad, el rey don Juan Carlos Primero de Borbón, no sé, repito, por qué tanto escándalo al saber que el personaje en cuestión andaba la mar de contento cazando elefantes en África mientras sus súbditos pasan la pena negra viendo cómo no morirse de hambre en medio de una gravísima crisis económica y un desempleo galopante. Después de todo, la caza mayor es un pasatiempo de nobles multimillonarios, y Su Majestad, el rey de (sigue la retahíla de títulos) es precisamente eso: noble y archimultimillonario. Ya hace casi diez años, en 2003, la revista Forbes estimaba su fortuna en 2.500 millones de euros (más de 43.000 millones de pesos). Esa edición de la revista, dicho sea de paso, no llegó a circular en España. Todos los ejemplares fueron adquiridos por un ejército de misteriosos compradores que los hicieron desaparecer. Desde entonces, no se ha vuelto a calcular la riqueza personal del monarca.
Pero, como nos recuerda Morales, el ahora rey de España en la reserva no fue siempre tan acaudalado. «De hecho, el suyo es uno de esos hermosos casos, casi de cuento de hadas, de un mendigo que se vuelve millonario», asegura el autor del artículo. Y tiene razón, porque el día de su coronación, Juan Carlos no estaba en la indigencia, pero casi: con una mano en el cetro y la otra en actitud pordiosera, sableando a cualquier testa coronada a la que tuviera acceso. Así, según narra Juan José Morales, en 1977 escribió la siguiente carta petitoria al sah de Persia: «Me tomo la libertad con todo respeto, de someter a tu generosa consideración la posibilidad de conceder diez millones de dólares como tu contribución personal para el fortalecimiento de la monarquía española». Y continúa literalmente:
Según el escritor colombiano Fernando Vallejo, el monarca hispano se enriqueció brutalmente gracias a muy oscuros negocios en los que contó con el apoyo y complicidad de tenebrosos personajes, entre los que cita al georgiano Zourab Tchokotua, procesado en Mallorca en 1978 y 1992 por estafas inmobiliarias; el dueño de Fiat, Giovanni Agnelli, implicado en casos de corrupción en Italia, y Marc Rich, nacionalizado español y calificado como el delincuente más inescrupuloso de la era moderna, prófugo de la justicia norteamericana por 65 delitos y socio de la mafia rusa, y la empresa Halliburton del ex vicepresidente norteamericano Dick Cheney para la que se planeó el siniestro negocio de la destrucción y «reconstrucción» de Irak.
Morales menciona también las «mordidas» de Juan Carlos a algunos importantes empresarios, entre ellos el piadoso José María Ruiz-Mateos, que reconoció haber entregado al Borbón «cientos de millones de pesetas», lo que le supuso una querella por un supuesto delito de injurias contra el jefe del Estado, pero la cosa no fue a más porque alguien más inteligente que el rey pensó que, si el asunto iba a juicio, el fango iba a llegar hasta el pararrayos de Palacio, y no estaba la cosa para publicidades. También según Morales, el expresidente de la compañía petrolera francesa Elf declaró, durante un juicio por fraude, «haber entregado 55 millones de euros al monarca, con el cual –dijo– había tenido numerosas reuniones en su domicilio privado». Y añade:
Son precisamente las «comisiones» por parte de consorcios petroleros una de las principales formas de enriquecimiento de Juan Carlos. En su libro El negocio de la libertad, el escritor español Jesús Cacho dice que «una de las primeras formas conocidas fue el petróleo, las comisiones del crudo que importaba España para cubrir sus necesidades de energía. Nada más ocupar Juan Carlos I el trono a la muerte del dictador, Manuel Prado [y Colón de Carvajal, el hombre de confianza del rey] se dedicó a remitir varias misivas reales a otros tantos monarcas reinantes, especialmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del rey de España».
Una buena oportunidad de exprimirle algún dinerito extra a los jeques árabes, la tuvo don Juan Carlos con motivo de la primera Guerra del Golfo, cuando le sacó cien millones de dólares a su colega el rey de Arabia Saudita, a cambio de permitir a los aviones norteamericanos el uso irrestricto de las bases aéreas españolas de Rota y Torrejón durante la ofensiva contra Irak. […]
Ha sido también denunciado el rey por sus descaradas intervenciones en favor de grandes empresas españolas, como el banco Santander y Repsol. En el caso de México, hay que recordar aquel episodio en el que personalmente llamó a Vicente Fox para interceder por la empresa hotelera Riu, cuando a esta se le ordenó demoler –cosa que finalmente no hizo– los tres pisos de más que ilegalmente agregó a uno de sus hoteles en Cancún. […].
El portal Espía en el Congreso[2], dedicado a destapar asuntos «delicados», publicó el 13 de julio de 2014 un reportaje titulado «El sablazo de Juan Carlos y Corinna al príncipe Salman en su palacio de Marbella» en el que se detalla el vergonzoso episodio que el monarca y su amante protagonizaron en el año 2007. Coincidiendo con una visita a Marbella del príncipe Salman, hermano del difunto rey Fahd y gobernador de Riad,
el jefe del Estado no tuvo reparos en desplazarse hasta su palacio en la localidad malagueña como si de otro súbdito suyo se tratara. Y el motivo, a su juicio, lo merecía: un «sablazo» de 110 millones de euros para el negocio de su yerno, Iñaki Urdangarin. Para liberarse mentalmente de la humillación y sobrellevar el mal trago, se hizo acompañar de Corinna, con quien disfrutó luego inolvidables veladas de vino y rosas.
La historia la cuenta Diego Torres, socio de su yerno, en su libro Urdangarin y la Copa América, publicado con seudónimo[3] en Canadá, cuyo contenido reprodujo el intrépido «espía» en su blog:
«Todo empezó en junio de 2007 con la primera visita oficial del rey Abdulá bin Abdelaziz Al Saud, Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas. Aunque una vieja amistad había unido a don Juan Carlos con su padre, el fallecido rey Fahd, esta era la primera vez que se producía un acercamiento tan claro a su sucesor. Como culminación de esa visita, el 18 de junio el rey de España le concedió el Toisón de Oro al rey Abdulá, la mayor distinción que don Juan Carlos puede otorgar a título personal. Sin embargo, parece ser que las conversaciones sobre el patrocinio de Ayre tuvieron lugar con el príncipe Salman, hermano del fallecido rey Fahd y gobernador de Riad. Don Juan Carlos se desplazó sorpresivamente el 27 de agosto, interrumpiendo sus vacaciones en el palacio de Marivent para visitarlo en el palacio Al Riyadh que Salman posee en Marbella», recuerda Torres. Y añade: «Lo que pocos sabían en ese momento es que alguien más estaba ayudando al rey a gestionar la relación con los saudíes. Nos referimos a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que en esos momentos estaba negociando con Arabia Saudí un importante contrato de venta de carros de combate. Además, el 19 de junio, un día después de la concesión del Toisón de Oro al rey Abdulá, Corinna participó en la presentación del Fondo Hispano-Saudí de Infraestructuras en el palacio de El Pardo. Aunque sobre esto solo podemos especular, todo apunta a que Corinna también fue clave en el logro de los 110 millones de euros de patrocinio para el proyecto de Urdangarin».
El Espía en el Congreso afirma que «la aparición de Corinna se introdujo con efectos perversos», pues la prensa del corazón «suplantó y camufló el interés de las investigaciones judiciales sobre Juan Carlos». Y prosigue refiriendo el testimonio de uno de los personajes que lo vivió:
Todo ello solo tuvo el efecto de desviar la atención sobre el significado real de todos esos documentos. Tan solo suscitó un cierto entusiasmo informativo la especulación acerca de la celebración de una reunión de Urdangarin, en el mismísimo palacio de La Zarzuela, con Francisco Camps y Rita Barberá, que finalmente quedó perfectamente acreditada. Sin embargo, distraídos por los enigmáticos comentarios de la princesa alemana, los medios prestaron escaso interés a las gestiones del rey con Francisco Camps en relación a Ayre, que ni Urdangarin podría negar ya que es él mismo quien lo había puesto por escrito. Asimismo, casi pasaron desapercibidos los documentos que narraban las gestiones del rey con los presidentes de Iberostar y del BBVA.
A continuación, nuestro «espía» vuelve a citar el libro del socio de Urgangarin (atención a la tercera persona que emplea Diego Torres para hablar de sí mismo):
«En esta misma línea, parece que casi nadie se cuestionó cuál era ese tema tan importante y urgente relacionado con el rey que Urdangarin quería explicarle a Torres nada más acabar la recepción del Día de la Hispanidad. De ese modo, las gestiones de don Juan Carlos y Corinna con ciertas casas reales de Oriente Medio pasaron totalmente desapercibidas, y se corrió un tupido velo sobre la consecución de 110 millones de euros de patrocinio y sobre la presidencia de honor del proyecto por parte del príncipe Felipe».
Pero la «operación Copa América» se torció, lo que no extrañó a nadie conociendo a los chapuceros que la lideraban. Y, como dice nuestro espía «no pudieron alzar el trofeo, seguramente por vender el colmillo del elefante antes de cazarlo». Así lo cuenta Torres (y reproduce el «espía»):
«Dada la magnitud de la operación y la importancia estratégica del patrocinador, Urdangarin solicitó, suponemos que siguiendo las instrucciones del rey, la máxima discreción al respecto hasta que no se firmara la operación. El propio Perelló fue informado muy someramente, en espera de cerrar todos los flecos. Lamentablemente, todo se torció, pero por motivos ajenos al proyecto Ayre. El equipo Alinghi se enzarzó en una lucha legal con el BMW-Oracle que acabó con la celebración de la XXXIII edición de la Copa en la ciudad de Valencia. Con la desaparición del evento, el equipo Ayre carecía de sentido y el patrocinio logrado por el rey nunca se materializó».
«Sin embargo, independientemente del final de la Copa América en suelo español, hay un hecho fundamental que no puede ser pasado por alto. Don Juan Carlos logró reunir 110 millones de euros en patrocinio para el proyecto en el que estaba involucrado Iñaki Urdangarin. Y lo hizo por iniciativa propia, con una proactividad que sorprendió incluso a los más allegados. Nada más lejos de la famosa declaración leída por el yerno del rey acerca de que la Casa Real ni conocía, ni autorizaba, ni avalaba las actividades económicas de Iñaki Urdangarin», concluye Torres.
* * *
En este apartado dedicado al cumquibus del patriarca de los Borbones no puede faltar una mención expresa al asunto del expolio del patrimonio pictórico de los duques de Hernani, valorado en más de mil millones de euros, que algunas fuentes citan como origen de su extraordinaria e injustificable fortuna. La colección comprendía obras de Tiziano, Carpaccio, Van Dyck, Teniers, Rembrandt y Goya, entre otros prestigiosos y cotizados maestros de la pintura universal.
Fue en el año 1976, pocos meses después de la coronación de Juan Carlos, cuando el recién estrenado monarca, con la inestimable colaboración de Teresa Mariátegui Arteaga, casada en segundas nupcias con Manfredo Luis de Borbón y Bernaldo de Quirós, primer duque de Hernani, elaboró un plan para hacerse con la totalidad de la pinacoteca de su ilustre marido (681 óleos de inmenso valor) y vender una parte de la misma para disponer de un capital a buen recaudo fuera del territorio nacional. Se trataba de falsificar la sucesión del duque y destruir cualquier documento que probase la legítima propiedad para prevenir así futuras reclamaciones de los herederos del anciano aristócrata. En la operación participaron, además, algunos jueces y varios funcionarios de la Dirección General de Bellas Artes y del Ministerio de Economía y Hacienda. Participaron y siguen participando, pues sin su complicidad no podría mantenerse oculto el pillaje real.
La relación de los hechos es rocambolesca, pero de la etapa ruin de Rocambole.
En la noche del 23 de febrero de 1977, dos ladrones a sueldo, presumiblemente contratados indirectamente por el monarca, entraron en la vivienda de los duques de Hernani haciéndose pasar por criados, narcotizaron al resto del servicio y salieron de ella con 17 óleos de la colección particular junto con sus correspondientes títulos de propiedad, que se llevaron a Portugal por carretera. Unos días después, la propia Casa Real filtraría a los medios de comunicación la noticia del robo con allanamiento, pero sin mencionar la desaparición de los comprometedores documentos. Por fin, el 2 de marzo de 1977, la prensa se hizo eco del suceso presentándolo como un delito común.
Tras fallecer el viejo duque el día de Reyes de 1979, los Borbones reinantes arramblaron con el resto de la colección con relativa facilidad, pues buena parte de ella estaba depositada en el Museo del Prado y, para rematar la faena, falsificaron su testamento y pusieron a la viuda como heredera universal, pero en calidad de testaferro hereditario, con el compromiso de entregar la totalidad de las obras de arte a la familia real. Por último, aprovechando la falta de descendencia directa del duque, Juan Carlos firmó un discreto Real Decreto (que nunca fue publicado e...

Índice

  1. Portada
  2. Portadilla
  3. Legal
  4. Dedicatoria
  5. Presentación
  6. A modo de introducción
  7. Cita
  8. I. Juanito viene para quedarse
  9. II. De armas tomar
  10. III. El rey del mambo
  11. IV. De pobretón a millonario
  12. V. Todavía hay más
  13. Apéndice