Capítulo 5
Las campanas de Génova y las epifanías nietzscheanas
Nietzsche se había trasladado a Sorrento para curarse. En vano. Las raras tarjetas postales de Nietzsche y las largas cartas de Rée enviadas a Naumburgo, a Franziska y a Elisabeth Nietzsche, se parecían a un boletín de salud que traduce en primer lugar la esperanza de una curación, informa de mejorías ligeras seguidas de recaídas, y finalmente confirma el fracaso de la terapia. Nietzsche vuelve al Norte con sus dolores oculares y sus dolores de cabeza, con la angustia de tener que retomar la enseñanza en Basilea y la impaciencia de poder consagrase a su vocación filosófica. En Sorrento, su yo más profundo había comenzado de nuevo a hablar. Sin embargo, ahora era más difícil imponerle el silencio, ahogar bajo la reanudación de antiguas tareas de profesor esta voz que hablaba de libertad del espíritu y de amor a viajar, ese «sí mismo, viejo y siempre joven» que aspiraba a experiencias nuevas, a nuevas ideas y a nuevos caminos. ¿Tendría que haber seguido a las sirenas del libre pensamiento o seguir siendo un propagandista wagneriano y profesor de filología en Basilea? ¿Cuál era la verdadera sirena? ¿Quién desviaba realmente al viajero Odiseo de su camino?
El 10 de abril, acompañados por Malwida hasta Nápoles, Brenner y Rée habían reemprendido el camino hacia el Norte después de una triste despedida de sus compañeros de viaje. Ahora Villa Rubinacci se había convertido en algo tremendamente silencioso y vacío, como Nietzsche le escribe a Rée:
He estado solo en la Villa Rubinacci hasta el viernes, cuando finalmente regresó la Srta. von Meysenbug —varios días postrado en cama, siempre mal, hasta hoy—. Nada está más desierto que su habitación sin Rée. Hablamos y callamos mucho acerca de los ausentes; ayer se constató que sólo su «apariencia» se había perdido. Por las noches jugamos al tres en raya. No hay lectura, Seydlitz está en cama; podríamos ser «enfermeros humanos» los unos de los otros, dado que nos alternamos en guardar cama. ¡Queridísimo amigo, cuánto le debo! ¡No me perderá jamás! Con sincero afecto su F. N.
Solo con Malwida y Trina, Nietzsche piensa todavía en su futuro. Medio en broma, anuncia a su hermana que ha decidido abandonar su cátedra de Basilea y casarse con una buena mujer, pero rica:
Nada más divertido que tu carta, queridísima hermana, que da de lleno en el clavo. ¡Me he encontrado tan mal! En el intervalo de catorce días he estado en cama seis, con seis fuertes ataques, el último de los cuales para desesperarse. Cuando me levanté, le tocó a la Srta. von Meysenbug guardar cama durante tres días a causa del reumatismo. Sumidos en nuestra desgracia nos reímos mucho juntos cuando le leí algunos pasajes escogidos de la carta. El plan al que debemos atenernos sin duda alguna en opinión de la Srta. von Meysenbug, y que debes ayudarme a llevar a cabo, es el siguiente: estamos convencidos de que a la larga es imposible continuar con mi vida como profesor de la Universidad de Basilea, que todo lo más podría conseguirlo a costa de mis proyectos más importantes así como del sacrificio total de mi salud. Es verdad que tendré que pasar allí el próximo invierno en estas circunstancias, pero para la Pascua de 1878 la situación llegará a su fin, caso de que resulte la otra combinación, esto es, el matrimonio con una dama que congenie conmigo, pero necesariamente adinerada. «Buena, pero rica», como dice la Srta. von Meysenbug, de cuyo «pero» nos reímos mucho. Con ella viviría los próximos años en Roma; lugar propicio para la salud, la compañía y mis estudios por igual. Este verano se llevará a cabo el proyecto en Suiza para que vuelva a Basilea ya casado. Diversas «personas» están invitadas a venir a Suiza, varios nombres para ti completamente desconocidos, entre los cuales, por ejemplo: Elise Bülow de Berlín, Elisabeth Brandes de Hannover. Atendiendo a las cualidades espirituales sigo pensando que Nat. Herzen es la más idónea. ¡Has hecho un buen trabajo idealizando a la pequeña Köckert de Ginebra! ¡Loa, honor y gloria! Pero la cosa es arriesgada; ¿y el patrimonio?
Con estos proyectos de cambio radical de su existencia en la cabeza, Nietzsche se prepara para abandonar Sorrento, donde el calor comienza a ser para él insoportable. La víspera de su partida escribe a su fiel amigo en Basilea Franz Overbeck:
La salud está cada vez peor, tanto que debo partir rápidamente, he estado en cama cada tres días. Mañana salgo en barco, quiero intentar una cura en Pfäffers, cerca de Ragaz [...] Es impensable que en otoño retome m...