El desarrollo infantil comienza en la vida intrauterina, en una constante interacción de varios factores, que van desde la madurez neurológica al crecimiento físico y al desarrollo de una serie de potenciales relacionados con el comportamiento y las áreas cognitiva, afectiva y social del niño. Su desarrollo global depende de la relación entre las características heredadas y las experiencias vividas, mientras todo lo que le rodea es una fuente de cambios constantes que influyen en él y hacen que pueda pasar cualquier cosa.
Los primeros años de vida del niño1 están marcados por un acentuado desarrollo motor, físico, mental y social. En este periodo el pequeño es muy sensible y receptivo a todos los estímulos de su alrededor.
Es muy importante que el niño tenga la oportunidad de crecer realizando diferentes movimientos y se relacione con las personas y objetos que le rodean. Al garantizar que se desarrolle y crezca de manera adecuada, le ayudamos a convertirse en alguien capaz de responder a sus propias necesidades y a las de su entorno.
Gracias a la exploración, el niño desarrolla la conciencia de sí mismo y del mundo exterior, y esto es esencial para madurar sus habilidades que, a su vez, le llevarán a conquistar su independencia. Su sensación de autosuficiencia en el juego y con los demás lo impulsarán a moverse y a descubrir el mundo.
Si se desarrolla normalmente nos encontraremos con un niño bien adaptado, que explorará todo lo que le rodea disfrutando de experiencias concretas que le lleven a construir una serie de conceptos sobre los que ir asentando su desarrollo intelectual.
El pequeño, al vivir y crecer en el seno de una familia y de un grupo humano, depende totalmente de la relación que establezca día a día con personas y cosas. La coordinación de los ojos con las manos representa la actividad más frecuente y común en el ser humano.
Desde una edad muy temprana conseguimos coger objetos, transportarlos, lanzarlos y usarlos: para jugar, escribir, dibujar, pintar, comer, etc. Esta relación con los objetos requiere una actividad manual, guiada visualmente, que integra varias estructuras del cuerpo humano a la vez.
Al manipular un objeto, hacemos interaccionar un conjunto de músculos que aseguran el movimiento de hombros y brazos, antebrazo y mano, especialmente responsable de agarrar, así como los músculos oculares que regulan la fijación de la mirada y también el movimiento de la misma.
Cuando los padres piensan en el desarrollo de sus hijos, la mayoría recuerdan sin problema cuántos meses tenían cuando se sentaron, gatearon y caminaron. Sin embargo, si les preguntáramos a qué edad empezaron a coger objetos pequeños entre el pulgar y el índice, o cuándo comenzaron a pasar cosas de una mano a otra, comprobaremos que normalmente no se presta atención a estos aspectos del desarrollo.
Sin duda recordamos bien lo que corresponde a la motricidad gruesa o desarrollo motor grueso, pero generalmente no nos fijamos en el desarrollo motor fino o motricidad fina.
El desarrollo motor grueso lo vemos en nuestra capacidad para realizar movimientos con todo el cuerpo. Durante el primer año del bebé incluye voltearse, gatear y andar. Después viene el equilibrio, correr, saltar, trepar, etc. El desarrollo motor grueso es muy fácil de identificar y es ahí donde la mayor parte de las personas se fijan cuando les preguntamos cómo crece su hijo o su alumno.
El desarrollo motor fino es el modo de usar los brazos, manos y dedos. Esto incluye alcanzar, agarrar y manipular objetos como tijeras, lápices, cubiertos, etc. Esto es, es la capacidad de usar la mano y los dedos de manera precisa, de acuerdo con la exigencia de la actividad y se refiere a las destrezas necesarias para manipular un objeto.
El desarrollo de la motricidad fina es esencial para la interacción del niño con lo que le rodea, y lo necesita cada vez que se relaciona con las cosas y utiliza herramientas, en las actividades de la vida diaria. Su madurez comienza desde el nacimiento, y siempre en constante relación con el desarrollo motor grueso.
El uso de varios objetos diferentes, en las actividades de la vida diaria, favorece el desarrollo de la motricidad fina.
Cuando hablamos de motricidad fina o de destrezas manipulativas, nos estamos refiriendo a varias acciones que podemos resumir así:
Alcanzar: Extensión o movimiento del brazo para agarrar un objeto. | |
Agarrar: Coger un objeto con la mano. | |
Cargar/transportar: Agarrar y llevar un objeto de un lugar a otro. | |
Soltar voluntario: Dejar intencionadamente el objeto que tenía en la mano, en un tiempo y espacio específicos. | |
Uso bilateral de las manos: Uso conjunto de las manos para realizar una actividad. | |
Manipulación en la mano: Colocación en la mano... |