Capítulo 1
El caldo de cultivo
Los antecedentes de la Resilencia
La lucha por la supervivencia
Como decíamos en la introducción, la lucha por la supervivencia es algo que reside en la propia esencia del ser humano. Basta con revisar la Historia de la Humanidad para constatar que “los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para su superación. Así lo han mostrado tantos hombres y mujeres que, con el único recurso de la tenacidad y el valor, lucharon y vencieron en las sangrientas tiranías de nuestro continente” (Sábato, 2003).
Como dice Néstor Suarez Ojeda, “es poner vino viejo en odre nuevo”.
Y es que, si hay algo que nos define como especie, es la adaptación, responsable en buena parte de que hayamos llegado hasta donde lo hemos hecho. Seguro que, a lo largo de los capítulos, te vienen a la cabeza dichos populares o citas célebres en las que se refleja esta característica tan animal y a la vez tan humana. Una de las más difundidas (sale incluso en la película de “Conan el Bárbaro”), es la frase de Nietzsche: “Lo que no te mata te hará más fuerte”. De hecho, si durante la evolución sólo sobrevivieron los más fuertes, podemos hipotetizar que hay una cierta carga genética en nuestra especie relacionada con la fortaleza frente a la adversidad.
Si te interesa el tema puedes consultar la obra completa de Darwin, en www.cervantesvirtual.com.
Con esto no estamos diciendo que la resiliencia sea un sinónimo de la selección natural o de la adaptación. De ser así, estaríamos llamando de una manera diferente a algo que ya estaba definido. En realidad, de lo que se trata, es de ponerle nombre a aquello que sucede desde siempre, pero que, hasta estos últimos años, no había sido contemplado como parte de la realidad.
Ahora bien, para que pase a formar parte de lo posible, como mínimo hay que tener la disposición para mirar, más allá de lo que solemos ver. El peligro, a nuestro entender, es que nos eclipsen aquellas vidas ejemplares que son conocidas universalmente por lo extraordinario de sus actos. Atrapados por la épica con la que son relatadas sus historias, podemos despistar por el camino a los “héroes anónimos”. De hecho, la superación de la adversidad forma parte de la vida cotidiana de todos nosotros, y es muy probable que podamos rescatar ejemplos de resiliencia en personas cercanas, sin necesidad de acudir a los libros. Por ello te invitamos a realizar esta búsqueda de ejemplos cercanos, como entrenamiento para lo que más adelante llamaremos “el cambio de mirada”.
La búsqueda de la felicidad
Nuestra conducta responde a una serie de motivos, que tradicionalmente se clasifican en dos grandes categorías (Villamarín y Limonero, 2010):
Otra clasificación clásica es la Pirámide motivacional de Maslow (1968), en la que el autor propone una jerarquía de necesidades o motivos estructurados en diferentes niveles, relacionando motivos primarios.
a)Los motivos primarios, que tendrían que ver con lo que hemos comentado en el apartado anterior, la supervivencia de la especie, y, por tanto, la adaptación a las exigencias del ambiente que nos rodea. Están determinados genéticamente y aparecen en el mismo momento en el que nacemos (por tanto podemos decir que son innatos). Entre otros, podemos señalar los motivos biológicos (como el hambre o la sed) y los motivos de adaptación ambiental (como la evitación del dolor o el peligro).
b)Motivos secundarios, llamados también motivos sociales, que a diferencia de los anteriores son aprendidos. Lo que más nos interesa saber de este tipo de motivos, es que están en buena parte determinados por el entorno y la cultura en la que nos desarrollamos. No persiguen satisfacer ninguna necesidad biológica, pero a pesar de lo que pudiera parecer, pueden ejercer una gran influencia y control sobre los motivos primarios.
Un ejemplo de esta influencia de los motivos secundarios sobre las necesidades primarias lo encontramos en esta noticia de El País, aparecida al poco tiempo de que un terremoto, de 7 grados de intensidad, asolara Haití el 12 de enero de 2010: “La miseria vio reir a los haitianos al recibir a la selección brasileña de fútbol”.
Dada la construcción social de los motivos secundarios, es posible que la población haitiana, acostumbrada a vivir en la extrema pobreza, maneje una serie de motivos sociales centrados en necesidades de superación, evitación del daño, evasión, protección del otro y búsqueda de ayuda. En este sentido, siguiendo la propuesta de Maslow (citada en Villamarín y Limone, 2010), a pesar de que supuestamente las necesidades de autorrealización (consideradas por el autor como las que ocupan el lugar más alto en la pirámide de necesidades) sólo pueden ser cubiertas por la población haitiana, una vez que hayan conseguido que la población, como mínimo, esté bien alimentada y con unos mínimos de salubridad (agua potable) e higiene. No hay que perder de vista, que según este autor la tendencia a la autorrealización y al crecimiento, es algo inherente al ser humano, que organiza el resto de necesidades, por lo que puede motivar a la población haitiana a salir adelante, a pesar del contexto de adversidad con el que conviven.
Atender a los motivos secundarios, en ocasiones, a expensas de los primarios, puede resultar paradójico. Pero también podemos pensarlo como la búsqueda de satisfacción que nos reanima para seguir luchando.
Y es que la experiencia nos dice que “quien tiene u...