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Las empresas transnacionales no conocen límites
Gigantes llamados «megaempresas»
Un limitado número de actores domina todas las ramas del sector industrial, comercial y de servicios. Veamos algunos ejemplos: en todo el mundo, los cultivadores de cacao dependen para la venta de su mercancía de unas pocas empresas como Archer Daniels Midland, Cargill y Callebaut. Similares relaciones de dependencia encontramos en la industria del café, la cerveza, los plátanos, el transporte, el procesado de alimentos, la producción de medicinas, pesticidas, semillas, maquinaria agrícola, lácteos, hardware y software, en la industria cinematográfica o musical, o en la fabricación de chips; una lista interminable.
En las últimas décadas, Monsanto, DuPont y Syngenta han adquirido miles de empresas de semillas independientes y, en la actualidad, controlan más de la mitad del mercado mundial de semillas. En el terreno de los pesticidas, Bayer y Monsanto dominan el mercado mundial. La exportación de cereales a nivel mundial está en manos de Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill, Louis Dreyfuss y Glencore. En Estados Unidos, tres empresas controlan el 89% de la venta de refrescos. En la industria para el procesado de alimentos encontramos a Kraft, Unilever, Nestlé, General Mills y Danone; las demás empresas en este sector no desempeñan un papel de relevancia. Unas pocas farmacéuticas determinan qué medicamentos se desarrollan y bajo qué condiciones se venden. El comercio, almacén y transporte de materias primas y el desecho de residuos nocivos está en manos de tres gigantes: Vitol, Glencore y Trafigura, los tres con sede estatutaria en Suiza. Su volumen de ventas conjunto se eleva a 600.000 millones de dólares anuales.
Lo mismo sucede en el sector energético, donde la cantidad de empresas de gas y petroleras es muy limitada. Las tres petroleras más grandes de China, State Grid Corporation of China, China National Petroleum y Sinopec, alcanzan juntas un volumen de ventas de casi un billón de dólares, el doble que Shell. La empresa rusa Gazprom domina el suministro de energía en Europa. Dondequiera que se extraiga gas o petróleo, uno enseguida se topa con Schlumberger, empresa que opera en 85 países. Sus beneficios anuales se elevan a 48.000 millones de dólares, la plantilla consta de 100.000 empleados, y el número de patentes a su nombre es de 36.000. En China, las ventas por internet están en manos de tres grandes empresas: Tencent domina en el terreno de las aplicaciones chat, los motores de búsqueda de Baidu desempeñan el papel de Google, y Alibaba se encarga del comercio electrónico. Y las tres se apropian de forma despiadada del mercado mundial absorbiendo todo lo que pueden, a diestro y siniestro.
Tres gigantes, Universal, Sony y Warner, controlan el mercado de la música en gran parte del mundo. Y también detrás de las gafas de marca se esconde un oligopolio. En el caso de las gafas de sol, dos empresas, Luxottica y Safilo, ambas italianas, producen prácticamente todas las gafas de marca del mundo, no importa si se trata de Armani, Prada, Versace, Burberry, Dior, Hugo Boss o Gucci. Con un volumen de ventas anual de 7.300 millones de euros, Luxottica supera con creces a Safilo, que ingresa todos los años más de 1.000 millones de euros.
Los estudios cinematográficos de Hollywood siguen determinando qué películas se proyectan en el mundo. Las últimas décadas, el panorama mediático en Estados Unidos se ha concentrado de forma dramática para acabar controlado por unos pocos conglomerados de entretenimiento como Time Warner, News Corporation, Viacom y Disney. Y lo mismo sucede en otras partes del mundo: su oferta es decisiva. En segmentos del mercado independientes y con solapaciones, Microsoft, Apple, Google y Amazon ocupan posiciones tan fuertes que los convierten casi en monopolios. Pensábamos que internet iba a generar un crecimiento del número de oferentes, pero ocurrió todo lo contrario. Entendemos que en la navegación aérea o espacial existan unas pocas empresas clave, pero no es lógico que ocurra lo mismo con la producción de productos como vehículos o en la electrónica.
Las empresas de nueva generación basan su modelo empresarial en la combinación de una buena idea con algoritmos inteligentes. Esta fórmula deriva en nuevos monopolios basados en el principio «the winner takes it all» (el ganador se lo lleva todo). Hablamos de la generación Facebook, Instagram, Google y AirB&B.
Abrir los mercados
Los estudios sobre la economía y nuestras ideas acerca de cómo deberían actuar las empresas, parten de la idea de que los mercados son abiertos, de que los recién llegados consiguen hacerse un hueco con relativa facilidad, de que existe una fuerte competencia entre las empresas, y de que ninguna empresa puede moldear el mercado a su gusto. Pero la realidad es diferente: hasta consideramos normal que cuatro o cinco gigantes dominen un mercado concreto y que, en consecuencia, allí donde unas pocas firmas crecen sin cesar, otras muchas se queden con un palmo de narices.
En un artículo titulado «How mergers damage the economy» (cómo las fusiones perjudican la economía), publicado el 3 de noviembre de 2015 en el International New York Times, se advierte de que la existencia de esas gigantescas empresas impide la entrada al mercado de nuevas compañías. Además, esas megaempresas producto de interminables fusiones pueden elevar sus precios sin perder clientes. Añadamos a esto, comenta el periódico, que pactan, por ejemplo, precios y niveles de producción. Más que suficientes razones para preocuparnos.
Es comprensible que esas empresas tan grandes e influyentes detesten las normas que limitan su poder y su magnitud, y hagan cualquier cosa para sortearlas. Christian Felber aclara la razón: «La verdadera competencia obstaculiza el objetivo consistente en conseguir grandes beneficios. Cuanto más grandes y poderosos son los actores del mercado, más fuerte es su anhelo —y su capacidad— para eliminar la competencia, ya sea absorbiéndola, formando cárteles o ejerciendo influencia en la política para sortear con éxito la legislación que dificulta o impide la formación de cárteles» (Felber 2008: 31, 32).
La cantidad de empresas activas en muchos países ha crecido considerablemente las últimas décadas. Según las estimaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, son unas 61.000, con unas 900.000 sociedades operativas (Nauwelaerts, 2013). Estas cantidades sugieren la existencia de un enorme mercado, pero si las estudiamos en detalle vemos una imagen muy distinta consistente en una inmensa concentración de empresas. De hecho, son sólo unas cien compañías transnacionales las que ejercen el poder de mercado a nivel mundial. Gracias a ello, tienen mucho más poder qu...